Freud, S. - La deformación onírica


Texto extraído de "Interpretación de los sueños", (Cap. IV) .

Existen sueños de contenido penoso que no muestran indicio de una realización de deseos.
Continúan durante el reposo los sentimientos penosos de la vida despierta, existen sueños de angustia, en los que esta sensación displacentera se apodera de nosotros hasta que su misma intensidad nos hace despertar.

A)- Información preliminar
* Dos profesores me habían propuesto para el cargo de profesor extraordinario, a más de sorprenderme me causó alegría.
* Me dije que no debía fundar esperanzas, pues el ministerio había hecho caso omiso de todas las propuestas que le habían sido dirigidas.
* Recibí la visita de un colega y amigo, quien se contaba entre aquellos cuya suerte me había servido de advertencia.
* Él estaba menos resignado que yo, y, esa misma tarde venía de una visita al ministerio.

Tuve un sueño de contenido y formas singulares. Dos ideas y dos imágenes:
a)- Mi amigo R. es mi tío. Siento un gran cariño por él.
b)- Veo ante mí su rostro, pero como algo cambiado y como alargado, resaltando la rubia barba.
Prescindo de la segunda mitad del sueño.

Interpretación de este sueño:
Pienso: "Qué disparate". Pero no pude apartar de él mi pensamiento.
Me dije: "Tu opinión de que este sueño es un desatino significa una resistencia interior contra la interpretación y no debes dejarte vencer por ella".
"R. es mi tío". No he tenido más que un tío, mi tío José, protagonista de una triste historia. Llevado por el ansia de dinero se dejó inducir a cometer un acto que las leyes castigan severamente y cayó bajo el peso de las mismas. Mi padre se disgustó mucho y solía decir que mi tío era un imbécil.
Quiero decir que R. es un imbécil. Esto me parece desagradable e inverosímil.
Mi tío José es un delincuente y R. tiene una conducta intachable. Sin embargo, también ha sufrido los rigores de la Ley por haber atropellado a un muchacho.
Recuerdo una conversación con N., otro de mis colegas, sobre el mismo tema. El también ha sido propuesto para el cargo de profesor, y me felicitó por haber sido objeto de igual honor; felicitación que yo rechacé conociendo el valor de tales propuestas. N. tiene en contra suya una denuncia, un vulgar chantaje. Dice: "A usted no tienen 'pero' que imponerle".
Con el recuerdo de esta conversación se me revela el delincuente de que precisaba para completar la comprensión. Mi tío José (imbécil y delincuente) representa a mis dos colegas, que no han alcanzado aún el nombramiento de profesor, uno por imbécil y el otro por delincuente.
No tendré que perder las esperanzas de ser nombrado, yo estoy libre de ambos reproches.
Respeto y estimo a mis colegas, pero el sueños expresa el deseo de que así fuese.
Después de ocurrírseme que R. es mi tío, experimento en el sueño un tierno cariño hacia él. Mi tío no me inspiró nunca cariño ninguno. Me parece falso y exagerado. El cariño no pertenece al contenido latente, se halla en oposición a dicho contenido, y es apropiado para encubrirme su sentido. La deformación demuestra aquí ser intencionada, constituyendo un medio de disimulación. Mis ideas latentes contienen un insulto contra R., y para evitar que yo me dé cuenta de ello llega al contenido manifiesto todo lo contrario, un cariñoso sentimiento hacia él.

La coincidencia de los fenómenos de la censura con los de la deformación onírica nos autoriza a atribuir a ambos procesos condiciones análogas de la formación de los sueños, dos poderes psíquicos del individuo (corrientes, sistemas), uno de lo0s cuales forma el deseo expresado por el sueño, mientras que el otro ejerce una censura sobre dicho deseo, y le obliga de este modo a deformar su exteriorización. El privilegio de que dicha segunda instancia goza es el del acceso a la conciencia. Nada del primer sistema puede llegar a la conciencia sin antes pasar por la segunda instancia, y ésta no deja pasar nada sin ejercer sobre ello sus derechos e imponer a los elementos que aspiran a llegar a la conciencia aquellas transformaciones que le parecen convenientes.
El devenir conciente es para nosotros un especial acto psíquico, distinto e independiente de los procesos de inteligir o representar, y la conciencia se nos muestra como un órgano sensorial, que percibe un contenido dado en otra parte.

Mi segunda instancia, que domina el acceso a la conciencia, distingue a mi amigo R. con una exagerada efusión de ternura, es porque las tendencias optativas del primer sistema quisieran designarle, calificándole de imbécil, en persecución de un interés particular, del que dependen.

Los sueños de contenido penoso pueden ser interpretados como realizaciones de deseos porque ha tenido efecto una deformación onírica, el contenido penoso sirve de disfraz de otro deseado. Contienen algo penoso para la segunda instancia, pero cumplen un deseo de la primera. La segunda instancia actúa, con respecto al sueño, definitivamente, y no con carácter creador.

B)- Análisis
Dos interpretaciones no se contradicen, sino que se superponen. Existe un doble sentido habitualmente de los sueños y, en general, de todos los demás productos psicopatológicos.
La no realización de un deseo significa la realización de otro.
Los sueños negativos de deseos: su contenido manifiesto se halla constituido por la negación de un deseo o por algo evidentemente indeseado.
El deseo de que me equivoque es una de las fuerzas determinantes de estos sueños que aparecen siempre en el curso del tratamiento, cuando el enfermo entra en estado de resistencia contra mí, al ponerle al corriente de mi teoría de la realización de deseos.
El segundo de los factores motivadores de estos sueños negativos de deseos: en la constitución sexual de muchos hombres existe un componente masoquista, surgido por la transformación en su contrario de los componentes agresivos sadistas. Son masoquistas "ideales" cuando no buscan el placer en el dolor físico que se les causa, sino en las humillaciones y torturas espirituales. Estas personas pueden tener sueños negativos y displacientes, sin que los mismos sean en ellos otra cosa que realizaciones de deseos y satisfacción de sus inclinaciones masoquistas.
En la interpretación de estos sueños llegamos siempre a temas de los que no hablamos sino a disgusto o en los que nos es desagradable pensar. El penoso sentimiento que tales sueños despiertan es idéntico a la repugnancia, que tiende a apartarnos (con éxito casi siempre) de la reflexión o discusión sobre tales temas. Este sentimiento de displacer, que retorna en el sueño, no excluye, sin embargo, la persistencia de un deseo. Todo hombre abriga deseos que no quisiera comunicar a los demás, y otros que ni aun quisiera confesarse a sí mismo.
Creemos justificado enlazar el carácter displaciente de todos estos sueños al hecho de la deformación onírica y deducir que si se muestran deformados y aparece en ellos disfrazada la realización de deseos hasta resultar irreconocible, es precisamente porque existe una repugnancia o una intensión represora orientadas contra el tema del sueño o contra el deseo que de él emana.

El sueño la realización (disfrazada) de un deseo reprimido.

Los sueños de angustia  constituyen un orden especial de los sueños de contenido penoso, cuya interpretación, como realizadores de deseos, habrá de tropezar con la máxima resistencia. No corresponden a una nueva faceta del problema onírico, sino al problema general de la angustia neurótica. La angustia que en los sueños sentimos sólo aparentemente queda explicada por el contenido de los mismos. Al someter el contenido onírico a la interpretación, advertimos que la angustia del sueño no queda justificada por el contenido del mismo. La angustia está soldada a la representación que la acompaña, y procede de una fuente distinta.
Existe una íntima conexión entre la angustia onírica y la neurótica. La angustia neurótica procede de la vida sexual, y corresponde a una libido desviada de su fin, y que no ha llegado a su empleo. Los sueños de angustia poseen un contenido sexual, cuya libido correspondiente ha experimentado una transformación en angustia.

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