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Textos y Resúmenes de Psicología

Material de estudio para estudiantes de Psicología y carreras relacionadas.



La coherencia mantenida por Freud entre la forma de concebir la práctica del Psicoanálisis y la construcción de la teoría en que se sustenta sorprende por revelarse hasta en los detalles más inesperados. Así, en el articulo " El uso de la interpretación de los sueños en el Psicoanálisis" escribe:
"Es que la interpretación completa de un sueño de esta clase coincide, ni más ni menos, con la ejecución del análisis integro. Si se lo ha registrado al comienzo del análisis es posible que se lo comprenda sólo a su término, muchos meses después.
Es el mismo caso del entendimiento de un síntoma singular (por ejemplo el síntoma principal):
Todo el análisis sirve para esclarecerlo; en el curso del tratamiento es preciso buscar aprender, en su serie, ora este ora este otro fragmento del significado sintomático, hasta que resulte posible conjugarlos a todos. Siendo así, de un sueño que sobrevenga al comienzo del análisis tampoco es licito pedir mas" 1.
De los sueños que interpreta en "La interpretación de los sueños", el que aparece al comienzo del capítulo VII, llamado "del niño que se abrasa" 2, resulta particularmente ejemplar de esa forma de trabajar que conjuga fragmentos de a poco sin apresurarse a la síntesis, ni por una exposición que cierre todos los planteos y que no sacrifico la verdad ni por la comprensión, ni por ser aceptado . Lacan lo compara con el buen arqueólogo, aquel que cuando encuentra algo que no puede explicar deja el hallazgo en su lugar hasta que otros descubrimientos ayuden a entenderlo3.
Este sueño, ciertamente inquietante, no es como otros que aparecen en su libro, soñado por él ni por ninguno de sus pacientes. Se lo comenta alguien que estando en análisis con Freud, lo ha escuchado en una conferencia sobre el tema. Llega así a nosotros como un sueño anónimo. De un tiempo indeterminado y de un soñante que podría ser cualquiera.
Por otra parte, el contenido manifiesto parece confirmar mas la creencia en el poder premonitorio de los sueños que la tesis de la realización de deseos y la explicación que Freud nos da justificaría mejor su inclusión en el capítulo de los "sueños de comodidad" que en el de la "Psicología de los procesos oníricos" capítulo que abre y en el cual es retomado varias veces.
No obstante esto, Freud lo ubica allí casi como un enigma.
Recordemos que la situación en la situación en la que nuestro sueño se produce es la de un padre que cansado de haber velado a su hijo durante el día al llegar la noche se retira a descansar a una habitación contigua a la del féretro y deja a un anciano en su lugar. Al fin se duerme y llega el sueño: En él, el niño se acerca, lo toma del brazo y con una mirada llena de reproche le dice: -Padre, entonces, ¿no ves que me abraso?.
En ese instante, despierta, ve un fuerte resplandor que viene de la habitación de al lado y sin vacilar se dirige a ella para comprobar, con espanto, que el anciano que allí había dejado se ha dormido y que un cirio caído junto al cadáver del niño, está quemando la mortaja y parte de su brazo.
La interpretación que Freud da si bien es sencilla, es incompleta y él mismo lo advierte en el texto. Dice que la elaboración fue posible por sumarse el deseo de dormir al de que el niño este vivo.
Así cuando ocurre el accidente (vela caída, incendio) el resplandor de las llamas sobre los párpados del durmiente crean la preocupación de que ocurra lo que efectivamente está pasando, pero el deseo de continuar el reposo y poder descansar se asocia al de que el niño no ha muerto creando un sueño que al mismo tiempo que prolonga el descanso de uno alarga la vida del otro.
Más allá de eso Freud no puede avanzar. La frase que pronuncia el niño no encaja en esta explicación, Freud lo advierte y sólo se limita a señalar que ella se debe componer de dichos realmente pronunciados en vida y enlazados de algún modo, con sucesos importantes para el padre. Plantea la conjetura de que la queja "me abraso" quizás fue pronunciada en medio de la fiebre mientras duro la enfermedad que causo la muerte. Por otra parte el reproche de no ver debe proceder de alguna oportunidad que si bien quedara sin esclarecer por las circunstancias en que este sueño llega a sus oídos, debió ser rica en afectos.
Lo más importante que aquí quedó sin develar es donde está el deseo inconsciente que éste sueño realiza, ya que no podemos pensar que tenga algo de reprimible el afán de ver con vida otra vez al hijo que ese mismo día se ha estado velando. Tampoco es inconsciente, el otro colaborador que señalamos en esta formación onírica, el deseo de dormir. Freud lo atribuía al Preconciente, lugar de retirada ésta instancia para ese deseo mientras dura el dormir y desde donde continúa una vigilancia relajada.
Por esto decíamos que hasta aquí este análisis no había descubierto a su "socio capitalista" y a pesar de ello Freud no duda en incluirlo en el capítulo final de "La interpretación de los sueños" para vincularlo de esta manera con los desarrollos mas elaborados que despliega en el texto.
Volver sobre él nos permitirá ubicar una concepción del deseo inconsciente y de qué entendemos por " su realización" que al no aparecer completa, ni con demasiada claridad en ningún lugar de su obra resulta problemática.
Adrede elijo el término concepción y no, teoría del deseo porqué no parece que la reflexión de Freud sobre el deseo constituya una teoría, más bien surge una teoría del deseo en el Psicoanálisis recién a partir del retrajo que hace Lacan 4.
El deseo ingresa en la obra de Freud casi como un anticipo del concepto de pulsión y a medida que este va ganando terreno lo va perdiendo el deseo, de hecho el sitio donde aparece mas señalado es en "La interpretación...", en 1900 y mucho menos en "Psicopatología de la vida cotidiana" de 1901 (no incluimos aquí el "Proyecto de psicología para neurólogos" por ser anterior y por no considerarlo Freud, parte de su obra)ambos anteriores a los "Tres ensayos de una teoría sexual" de 1905.
El concepto de pulsión tiene la ventaja, para Freud de incluir un origen corporal. Recordemos que para Freud el interior del cuerpo es la genuina fuente de libido a lo largo de toda su obre, desde los "Tres ensayos..." hasta el "Esquema de psicoanálisis". No habría entonces en Freud una teoría del deseo, sino que su lugar estuvo ocupado por aquello que llamará su grandioso mito. Las pulsiones, ellas como concepto y en tanto vinculadas al cuerpo seguramente aparecieron a sus ojos mas especificas y precisas que el de deseo5
Por esto quedaron puntos incompletos en su obra y es en esos puntos donde la teoría del deseo articulada por Lacan rearma el conjunto de los textos freudianos provocando un desplazamiento.
Lectura de Lacan, violencia simbólica sobre la textualidad freudiana en un punto difuso que sólo es posible reconstruir a partir de los fragmentos y repeticiones en el texto original (tal como sucede en la práctica con los relatos analizantes) que sitúan el deseo como resultado de una operación entre el sujeto y el Otro primordial y la pulsión como el montaje heteróclito, hecho de cosas disímiles recortadas en ese encuentro donde él se constituye.
Hallazgo de Lacan en la excavación de Freud para ubicarnos en la metáfora conque comenzábamos.
La respuesta que Freud alcanza a develar con respecto al deseo, es sobre su naturaleza psíquica. ¿Por qué es la única moción que el inconsciente puede aportar para la formación del sueño?. ¿Por que de él no podrían provenir ni refutaciones, ni juicios, ni preocupaciones (como la del sueño que comentábamos)?. El planteo es claro y terminante: ellas sólo encuentran cabida en el material del como resto diurno, y sólo cuando consiguen enlazarse al deseo inconsciente pueden producirlo por el refuerzo que reciben de este otro componente. Ninguna otra operación del alma podría aportar el empuje necesario, sólo el desear reúne el capital indispensable para poner en marcha la maquinaria del sueño.
Ello es así porque el desear es la forma inicial del funcionamiento psíquico y el inconsciente la conservación de esa actividad primordial, la forma básica, primaria sobre la que luego se ira trazando todo el movimiento del pensar.
Buscando ilustrar introduce una mítica vivencia de satisfacción que sería el modelo de como se establece esa genuina actividad del inconsciente. Una experiencia que produce, en la satisfacción de la necesidad alimentaria del lactante por medio de la asistencia ajena, la inscripción en la memoria de un par de huellas mnémicas asociadas entre sí: la huella del estado de necesidad y la de la satisfacción obtenida quedaran ligadas, a partir de aquí, para siempre. De modo tal que ante el nuevo surgimiento de la necesidad, la excitación que produce ese apremio de la vida urgido por el principio del placer encontrara en su camino a la descarga la huella de aquella satisfacción provocando una alucinación.
Es este movimiento intentando investir la huella de una satisfacción pretérita lo que Freud llamará deseo, que a partir de esta experiencia comienza a desplazarse en una órbita que ya no es mas la de necesidades y organismos.
Esa distancia a recorrer que queda marcada entre dos huellas, deja entre paréntesis, en la definición del deseo, su satisfacción. Más aun, la posibilidad de alcanzarla se presentará como un anti-deseo, ya que para Freud el deseo es ese intento, ese empuje que describe y no su logro, el sólo hecho de que el mismo sea realizado durante el dormir excluye el requisito de cualquier satisfacción "real": "A una corriente, de esa índole producida dentro del aparato (psíquico), que arranca en el displacer y apunta al placer, la llamamos deseo", escribe en "La interpretación de los sueños".
Entonces ese sueño enigmático que recordábamos al principio, realiza el deseo, como todos, pero en el punto más incomodo; en el más cruel, pero que es también el de su surgimiento, el de la falta de objeto aquí por su pérdida irreparable. La falta se representa en este hijo perdido, en ese objeto donde Freud escribirá catorce años después que allí se reconoce la ultima esperanza del Narcisismo de los padres cuando las admoniciones de la vida han forzado su renuncia en el propio yo.
No es en la presencia del hijo, en haberle estirado la vida unos segundos mas donde este sueño realiza el deseo inconsciente, sino en esa frase lastimera e inexplicable en principio, que presentifica la pérdida original en la que el deseo se experimenta.
El reproche del niño es todo el dolor, toda la desesperación en que es vivido el deseo porque la falta en que se causa sacude la modorra del yo-placer arropado con sus objetos, su cara no es la sonrisa de la satisfacción, sino la exasperación de la ausencia.
Ese es el llamado de una voz de niño que despierta, recriminación agónica que profundiza la impotencia del padre ante lo que no tendrá remedio.
¿Entonces, no ves. ? Con esta pregunta la ilusión de hijo, del padre, se derrumba, ilusión que se recorta sobre el fondo de una mirada paterna que se espera que proteja, que cure, que sobre todo vea. Pero el padre que no ve ha sido alcanzado por el deseo, no en lo que se podría imaginar que tiene de romántico, incluso de optimista, sino en su costado mas desgraciado, el que tensa todo su ser en una búsqueda imposible que horada cualquier figura narcisista 6
Padre reprochado por no haber podido hacer nada mientras su hijo se abrasaba, no bajo las llamas de un cirio caído, sino en las de una enfermedad ante la cual todas sus miradas fueron impotentes y nada pudo torcer el desenlace fatal. Por eso la vida se le va de las manos a quien es invocado en tanto Padre.
Paradójicamente el deseo vive en tanto su objeto falta. Es necesario para hablar de deseo que el objeto esté por lo menos ausente. Que clase de ausencia es esta es lo que responderá Lacan al retomar los textos de Freud y darles un nuevo espesor, que si bien Freud no desconocía totalmente, tampoco es del todo justo decir que eso ya estaba en su obra.
En el modelo de la vivencia de satisfacción se produce un desfasaje entre huellas mnémicas por estar suspendida la satisfacción del auxilio ajeno, la madre. Por esto el deseo deja de circular entre necesidades y objetos adecuados para recorrer un circuito que a partir de allí encerraran un nivel de imposibilidad.
Sí el principio del placer apunta a una identidad de percepción, su punto ciego es que al buscar repetir una presentación (del objeto) trabaja con representaciones.
El niño en el llamado sin saber que se hace oír, en ese acto, aliena su necesidad en lo que el Otro sancionara como pedido, como demanda. La falta orgánica de la que ha brotado genera en paralelo algo que eleva su respuesta a la potencia de imposibilidad real. El llanto adquiere, por la intromisión de la madre el estatuto de significante, se vuelve vehículo de un sentido a descifrar y la respuesta a ese sentido imprime, no lo que el niño necesita, sino lo que este Otro desea que él desee.
La condición de tener que hacer pasar la necesidad por los caminos de la demanda, por ese "molino significante" le roba a la primera su objeto, si es que alguna vez lo tuvo, para imponerle las leyes de su respuesta. Es por esto que las supuestas funciones vitales más simples de los animales se pueden encontrar tan profundamente alteradas en el hombre: Asma, suicidio, anorexia y transexualismo, son los nombres de los extremos más evidentes de este extravío.
No hay satisfacción universal a la demanda dirá Lacan tratando de capturar esta dificultad que creo en el seno mismo del aparato psíquico un agujero en torno al cual se arremolinaran las representaciones que intentan representar aquello que ha producido al deseo como si fuese un objeto7 .
La necesidad al tiempo que encontró en el pecho materno el primer objeto en que alienarse y en la vivencia de satisfacción las primeras huellas de una representación vacía, ha quedado pérdida para siempre. El deseo en cambio, pura negatividad, encontrara en los bordes del cuerpo de los que ha partido una fijeza cuyo disfraz apenas alcanzará a ocultar su constante retorno
Mas allá de la necesidad y más acá de la demanda se ubica esa grieta que lo simbólico ha trazado en la carne, su esencia es no poder ser colmada por ningún objeto demandable. Su ser esta descentrado con respecto a todos ellos, y los intentos del Otro por responder a esa demanda con los objetos de necesidad tienen como resultado el aplastar su trayecto e implican la peor ignorancia en que se puede incurrir, la de esa dimensión de deseo que es el trasfondo de toda demanda, cuyos efectos Lacan sitúa.8 El deseo entraña la paradoja de articularse a un pedido engañoso cuya respuesta linda con su muerte9.
Esta dimensión Freud la conocía y por ello excluía con particular insistencia la satisfacción a las demandas de sus pacientes sobre todo las amorosas y Jones nos cuenta el altercado con Ferenczi con respecto a este punto.
Ya en su trabajo "Sobre la mas generalizada degradación de la vida amorosa" observaba la existencia en la pulsión de algo que atentaba contra la posibilidad de una satisfacción plena. Pero que además, ello no era un obstáculo, un carácter extraño a ella, sino su esencia. Una represión que no es la que más se conoce y que luego articulara en tres tiempos, sino otra más antigua y misteriosa que la "primordial", ésta que Lacan permite ubicar en el punto mismo de la entrada del sujeto al lenguaje y que provoca esa falta en el ser que es el deseo, al tiempo que funda la pulsión en el psiquismo, apuntalamiento en Freud.
Mucho antes que se produzca la escisión del aparato psíquico en un funcionamiento consciente y otro inconsciente, la imposibilidad de satisfacción plena, esencia de la pulsión y motor de su empuje constante; ya opera en un sujeto que aun no dividido ha perdido lo más valioso de sí en las redes del lenguaje. No porque él transmita ninguna prohibición, ya que ellas serán producto de las articulaciones concretas del discurso, sino por ser la primera e insuperable barrera que su satisfacción encuentra10.
La otra represión, ahora si, la "Primordial" se efectuará luego y tendrá como correlato la división del aparato psíquico, en el Nombre del Padre, a fuerza de contrainvestidura y ligada a la prohibición del incesto. Pero hasta tanto la pulsión ya instalada en el psiquismo será susceptible de otros destino pulsionales: transformación en lo contrario y vuelta sobre la persona propia11. Luego el Padre, como nombre y no en tanto persona, es decir en tanto orden que pueda aparecer reglando las presencias y ausencias de la madre, las satisfacciones a las demandas y sus interdicciones establecerá esa fijación de la que habla Freud en el artículo "La represión", entre la pulsión (Representanz) y el representante (Vorstellung) de modo tal que a partir de allí permanecerá inmutable y el representante seguirá ligado a ella.
Así el deseo de los deseos será el deseo de la madre y este orden paterno que ha enlazado un objeto prohibido a un goce imposible cubrirá con las imágenes de Edipo una satisfacción que nació pérdida.


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