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Textos y Resúmenes de Psicología

Material de estudio para estudiantes de Psicología y carreras relacionadas.


“(...) ¿lo que aprende, es lo que él aprende? Pero alguno aprende rápidamente la lentitud. Y es que se ha dicho, no lo que él aprende, sino cómo aprende.” (Aristotéles)


Es Aristóteles el fundador de la lógica a título de ciencia. Dos razones lo demuestran, a saber:  
a) con conciencia filosófica separa la indagación lógica de todo otro saber.
b) Es quien por primera vez concibe y realiza una exposición sistemática de los filosofemas lógicos. Ello señala al reclamar, en el último capítulo de su Tratado sobre las Refutaciones Sofísticas, creó una nueva disciplina frente al arte, exento de principios universales de los retóricos.
La reflexión lógica se origina en el período cosmológico justamente cuando se advierte la diferencia entre observación empírica y pensamiento. Solo el pensar descubre la verdad; los sentidos suministran mentira y engaño. El valor del pensamiento se exagera en extremo; incluso se declara que sus adquisiciones pueden ser paradójicas a los sentidos.
Otro estímulo de los orígenes de la lógica llegó a ser el problema de los caracteres cualitativos de las cosas. Empédocles por ejemplo sostenía que las cosas eran mezclas de elementos; pero no resolvió el problema de ahí derivado: ¿Cómo es posible comprender las cualidades de los elementos?
Los primeros filósofos griegos acentúan el valor del pensamiento conceptual. Solo la razón, el logos, es apta para conocer. Esta orientación adquiere en los pitagóricos una forma específica, para ellos, conocimiento es determinación conceptual.
Otra determinación específica del pensar se vislumbra en las argumentaciones de Zenón de Elea.
En sus polémicas, tomó razonamientos de acuerdo con un método denominado dialéctico; que consistía en admitir a manera de hipótesis lo que afirma el adversario para sacar de ahí lógicamente consecuencias absurdas que lo confundían. Por ej.: Zenón acepta hipotéticamente la multiplicidad y el movimiento para demostrar que tal pensamiento es absurdo. Para refutar a sus adversarios urdió toda una serie de argumentos -Aquiles y la tortuga- contra la realidad del movimiento. Si una tortuga parte con ventaja sobre Aquiles, que la sigue, éste no podrá alcanzarla jamás, porque para hacerlo tendrá que llegar antes a la posición precedente ocupada por la tortuga, la cual, mientras tanto, se habrá desplazado otro intervalo por pequeño que sea, y así sucesivamente, de tal modo que la distancia entre Aquiles y la tortuga no se reducirá nunca a cero por contrario: lo que interesa es que el movimiento es irracional, puesto que el concebirlo lleva conclusiones absurdas. Como se observa, el criterio aquí empleado es el principio lógico de la contradicción: no puede afirmarse y negarse lo mismo de algo. Por esta vía dialéctica se iniciaba el descubrimiento de las leyes del pensar.
La segunda etapa de la filosofía griega (del 1400 al 450 a.de C.), representada por los sofistas y Sócrates, es de gran importancia en desarrollo de la lógica. Puede decirse que con ella comienza a deslindarse el campo de esta última disciplina.
Los sofistas, convirtieron la retórica [1] de un arte tradicional en una técnica, realizan investigaciones lingüísticas y llegan a ser los creadores de la gramática y de la sintaxis: hacen estudios sobre las partes en la oración, el uso de los vocablos, la sinonimia y la etimología, Gorgias, Hipias y Protágoras se destacan en estos trabajos.
La retórica tenía un carácter oratorio; así se vieron impulsados los sofistas a bosquejar una doctrina del arte de probar y refutar. Protágoras escribió un tratado “Sobre el arte de refutar”, y formuló la ley de los juicios contradictorios diciendo que para cada cuestión pueden darse dos proposiciones en pugna. De este modo llega a descubrir teóricamente el proceso lógico que ya Zenón había aplicado en su dialéctica. La afición a disputar se llama erística (de eristeké, disputa y techné, arte). La actitud erística condujo directamente a un negativismo radical, con Gorgias (483-375), quien termina por declarar que explicar y conocer la existencia es imposible. Para Gorgias: 1°. el ser (el ser de los eléatas, el ser invariante, inmutable) no existe; de que existiera, no podría conocerse, 2 °. aún en el caso de que existiera, no podría conocerse, 3°. admitiendo que se conociera, no sería posible comunicarse de un hombre a otro.
La doctrina de Sócrates (469-399) rechaza relativismo y escepticismo: su método tiene el designio de obtener conocimientos universalmente válidos. Sócrates hace del examen de sí mismo un método filosófico. Nosce te ipsum (conócete a ti mismo): he ahí su principio.
Con Aristóteles culmina el período sistemático de la filosofía griega. Su obra; su composición es muy heterogénea. Puede distribuirse el corpus aristotelicum en seis apartados, sin contar el grupo de las obras espurias. a) Tratados de Lógica, b) Filosofía Primera (Metafísica), c) Filosofía y ciencia de la naturaleza, d) Psicología, e) Filosofía Práctica, f) Filosofía poyética, g) Tratados Espurios.
Federico Solmsen en su libro Evolución de la lógica y retórica aristotélicas de 1929, ha puesto en práctica el principio genético para ordenar e interpretar los textos de estas disciplinas con éxito. Cabe destacar que glosar e interpretar los escritos lógicos bajo el título general de Lenguaje, opinión y verdad; los tres conceptos describen el origen y desarrollo de la lógica aristotélica.
El ORGANON (TRATADOS DE LÓGICA) está compuesto por: Categorías, Peri hermeneias; Primeros Analíticos, Segundos Analíticos, Tópicos y Refutaciones Sofísticas.
En el presente trabajo, nuestra intención era trabajar exclusivamente la Retórica; pero visto y considerando que en sus Tratados de Lógica, Aristóteles también aborda algunas cuestiones que más tarde retomará en su obra Retórica, es por tal motivo que indagamos algunas cuestiones tratadas en El Organon. Específicamente en Refutaciones Sofísticas, Tópicos.
Surgen así varios interrogantes: ¿Qué es la dialéctica? ¿Las conclusiones que se buscan y se sacan mediante la Tópica y la Retórica son solamente conclusiones dialécticas? ¿Cuál es la clasificación de conclusiones que propone en los Tópicos? ¿Aristóteles reconoce que en la dialéctica, se hace uso de la inducción y del silogismo? ¿Se podría afirmar, que Aristóteles distingue entre lo que denominaríamos razón teórica de tipo matemático, o físico matemático, la razón de la cual él se ocupó en su Organon, y otro tipo de razón que, a diferencia de la primera no tiene el carácter de exactitud, de precisión, de exclusividad, la cual es la que se aplica a problemas humanos prácticos, respecto de los cuales cabe una apreciación en la que se puede dar un más o un menos, un mejor o menos bueno, un peor o menos malo, y que opera, no por deducciones rigurosas, antes bien, por deliberación?




ESTRUCTURA LÓGICA DE LA CIENCIA
Aristóteles es el primer filósofo que se propone la tarea de investigar la estructura lógica de la ciencia, es decir, la doctrina de las formas del pensar científico, pues, por dialéctica se había entendido la teoría de las Ideas en un sentido fundamentalmente metafísico. Elabora un sistema con todos estos ensayos dispersos. Dice I.Düring, los escritos del Organon surgieron al filo de reflexiones sobre el uso y sentido del lenguaje en sostenido contacto con los sofistas y retóricos de la época. El término “lógico” se inclinó en sus orígenes a su raíz de Logos-palabra. Más tarde, en las Categorías y en el Peri hermeneias va tomando la doctrina sentido noético, pero aún en esos dos tratados y en los Tópicos, los filosofemas están recargados de reflexiones gramaticales.
El tránsito de una lógica gramatical, a una lógica noética tuvo lugar en torno del concepto de opinión, ello recuerda los conceptos platónicos de doxa (opinión) y epistémee (conocimiento).
El ordenamiento de los escritos lógicos se debe, al parecer a Andrónico de Rodas. Así procedió a observar que Aristóteles en las Categorías se ocupó del concepto, de la palabra aislada; en el Peri hermeneias, de la proposición, en los Primeros Analíticos, del silogismo; en los Segundos Analíticos, de la prueba científica; en los Tópicos, de las inferencias dialécticas, y en las Refutaciones Sofísticas, de los pseudorrazonamientos. En la época culminante de su concepción lógica, Aristóteles se afirmó en la idea de vincular los principios lógicos a la naturaleza del conocimiento científico. Por ello es correcto caracterizar la lógica aristotélica por su triple tarea:
1) Metodológico: en la lógica se alecciona sobre el arte de investigar, conocer y probar.
2) Propedéutica: en su actividad docente, más tarde la designa con el nombre de órgano (instrumento) de la investigación científica.
3) Además de ser metodológica y propedéutica, ventila los problemas del conocer científico y, por ello, la cuestión ontológica de la verdad. La lógica de Aristóteles también es una lógica epistemológica. Esta lógica se ocupa fundamentalmente de tres dominios a saber: a) La doctrina  del concepto, b) La doctrina de la proposición, c) La doctrina  del razonamiento. Este último apartado tiene que ver tanto con los Primeros Analíticos, como la Tópica, la cual tiene que ver con el razonamiento epagógico. El tratado de las Refutaciones Sofísticas es algo así como la contraluz de toda la doctrina del razonamiento, tiene a su cargo el estudio de los falsos razonamientos, para prevenir del error. Tanto en los Primeros como en los Segundos Analíticos, Aristóteles considera temas fundamentales de la demostración científica y del conocimiento, y reflexiona sobre ellos, también en estas obras y otras, se asoma a Una lógica de la interrogación.
Desde el punto de vista de su validez, puede hablarse de tres clases de razonamientos dentro de la lógica aristotélica, a saber:
a) el razonamiento apodíctico, el que concluye partiendo de premisas verdaderas;
b) el razonamiento epagógico, cuya conclusión solo es probable (dialéctica, en la acepción aristotélica);
c) el razonamiento erístico, contencioso, que procede de principios que parecen probables pero que no lo son. Se trata de un silogismo aparente, es decir, de un paralogismo.
“Solo la ciencia conclusa es apodíctica; la que está en formación, epagógica” (Aristóteles)


Lo fecundo de la tarea aristotélica en el tratado de las Refutaciones Sofísticas, es el haber dado una teoría de los falsos razonamientos, una teoría acerca del error, ello es, acerca de los silogismos contenciosos, que toman lo falso como verdadero y recíprocamente. En definitiva, Aristóteles se empeña en mostrar los caminos que conducen al error, para salvaguardar los que llevan a la verdad.
La Tópica (o Tópico) contiene la doctrina del razonamiento sobre lo probable. El término deriva del griego topos, lugar, lugar común. En este autor un sentido preciso. Afirma: “Hablamos de lugares (topoi) con relación a inferencias dialécticas y retóricas” (Retórica, I, y ss.). La Tópica es el método que enseña a descubrir los puntos de vista apropiados, los lugares comunes eficaces para discurrir los puntos de vista apropiados, los lugares comunes eficaces para discurrir sobre un tema cuya solución no rebasa el campo de lo probable. En efecto, estos razonamientos son probables, no son apodícticos. De ahí que la Tópica sea denominada dialéctica por el filósofo.
Este uso del término “dialéctica” separa a Aristóteles de Platón, pues, éste último, la define como la teoría de las Ideas en un sentido ontológico-metafísico. En cambio, Aristóteles confirma el concepto de dialéctica de los retóricos, vincula al término dialégesthai, disputar, bien que se afana en fijar los términos de lo probable y las vías lógicas para probarlo.




LA DIALÉCTICA ARISTOTÉLICA
En la propia Tópica (libro VIII) ubica el filósofo el objeto y el método de la dialéctica. Imagina un diálogo entre dos interlocutores los que se empeñan en fundar el razonamiento buscado. Advierte que el punto de partida a saber, la interrogación. Del estudio y consideración de ésta, la pregunta, hay que obtener el lugar (topos) desde el cual hay que fundar el argumento.
Para Aristóteles La dialéctica no es el método único de la filosofía, sino que, por el contrario, es el método para tratar sobre la mayor o menor probabilidad de las opiniones en materia práctica, principalmente políticas y jurídicas, en vista a hallar la solución relativamente de mayor prudencia. En el campo de la lógica no produjo solamente la obra del Organon, que con alguna justificación podría considerarse como un tratado del pensamiento apodíctico y sistemático sino que produjo también estudios sobre la Retórica y la Tópica, es decir, sobre el pensamiento dialéctico, respecto del cual además hay múltiples análisis en otras varias de sus obras.
Según Aristóteles, en la Tópica no pertenece solamente a las disputas de los sofistas, sino que pertenece también al campo de lo dialéctico en tanto que este campo queda estrictamente diferenciado del área de lo apodíctico.
Acentúa que las conclusiones que se buscan y se sacan mediante la Tópica y la Retórica son solamente conclusiones dialécticas, y no constituyen un pensamiento apodíctico.
En los Tópicos sostiene la siguiente clasificación de conclusiones:
1) Tenemos una conclusión apodíctica, cuando la conclusión se obtiene partiendo de proposiciones verdaderas y primarias, o de proposiciones cuyo conocimiento a su vez ha derivado de proposiciones verdaderas y primarias.
2) Tenemos una conclusión dialéctica cuando ella es extraída de opiniones.
3) Tenemos una conclusión erística o sofística cuando se basa sobre meras apariencias de opiniones que no son efectivamente.
4) Finalmente, hay conclusiones erróneas, equivocadas o deficientes, desde el punto de vista de las proposiciones particulares de determinadas ciencias.
Pero lo que nos interesa son las conclusiones dialécticas. Cabe preguntar, entonces: ¿Tales conclusiones se diferencian de las apodícticas desde el punto de vista formal? Algo es seguro, las conclusiones dialécticas se diferencian de las otras clases de conclusiones más bien por la índole de sus premisas. Aristóteles clasifica las conclusiones desde el punto de vista de las premisas.
Conclusiones dialécticas son aquellas que tienen como premisas opiniones respetables, que parecen correctas y aceptables (endoxa). Esas opiniones, o endoxa, son aquellas proposiciones que parecen correctas o bien a todos, o bien a la mayoría, o bien a los sabios, o, entre éstos, a los más conocidos y respetables.
Tiene importancia la observación de Aristóteles de que, mientras el pensamiento apodíctico parte de premisas generales e indiscutibles, por el contrario, el pensamiento dialéctico, es decir, toda discusión o todo debate, surge de proposiciones concretas en torno a problemas concretos.
A pesar de la diferencia entre la lógica de lo apodíctico por una parte, y la dialéctica, por otra, Aristóteles reconoce que en la dialéctica, se hace también a veces uso de la inducción y del silogismo. Dice que hablamos de topos (topoi), tópicos, en relación con las conclusiones dialécticas y retóricas. Los topos o tópicos se refieren a objetos jurídicos, morales, políticos, y de muchas otras clases.
De los Tópicos puede derivarse un silogismo o un entimema. En el Libro I, Capítulo 2 de la Retórica, acerca de los silogismos o entimemas propios dice Aristóteles que “son los que se derivan de las premisas que se refieren a cada una de las especies y de los géneros (que le interesan o competen exclusivamente). Es decir: existen premisas de lo físico con las que no se puede componer un entimema ni un silogismo de lo moral u otro que se refiera a esto”.
¿A qué se refiere Aristóteles cuando menciona en la Retórica: entimema o silogismo de lo moral? ¿Se diferencian todos específicamente? ¿No puede haber mixtura en los entimemas y silogismos como se produce en los diferentes géneros?
El autor estudia también la técnica del debate, del diálogo, de la controversia práctica. En primer lugar, comienza con el arte de la pregunta: cuando se quiere preguntar, se tiene ante todo que descubrir el tópico del cual debe seguirse la conclusión dialéctica.
En segundo lugar, se tiene que establecer la pregunta particular, y ponerla en un orden determinado; y, finalmente, presentarla al otro en forma adecuada. Concibe a la dialéctica como una especie de argumento, o de argumentaciones, sobre la base de opiniones y probabilidades, en contraste con la demostración científica.
Aristóteles se preocupa de la prudencia no solo en su Ética a Nicómaco, sino también en los Tópicos. En los Tópicos, se plantea algunas cuestiones sobre la relación entre las especies y los géneros y sobre la relación de los géneros entre sí; y, a este respecto, menciona que muchos sostienen que la prudencia es tanto virtud como conocimiento, y que ninguno de esos dos géneros se halla comprendido dentro del otro; aunque ciertamente no todos admitan que la prudencia sea conocimiento. No obstante, si alguien admite la verdad de este aserto, observa Aristóteles en los Tópicos, I, 6; III,3 y en la Retórica, I, 9, que entonces tendrá que estar necesariamente de acuerdo con que los géneros del mismo objeto deben hallarse subordinados el uno al otro, o ambos bajo un mismo género, que es lo que efectivamente sucede en este caso con la virtud y el conocimiento, pues ambos caen bajo el mismo género; ya que cada uno de los dos es a la vez un estado y una disposición.
En otro pasaje, añade Aristóteles en la Ética a Nicómaco que “con relación a la prudencia, podemos comprenderla considerando cuáles son las personas que llamamos prudentes. Lo propio del prudente parece el poder de deliberar de manera acertada sobre las cosas buenas y provechosas para él, no parcialmente, como cuáles son buenas para la salud o el rigor corporal, sino sobre cuáles lo son para el bien general (...). Llamamos prudentes con relación a alguna cosa a los que calculan bien lo conveniente para cierto fin, que no es objeto del arte”.
Aristóteles en su Ética a Nicómaco, I, 8; VI, 1, 3, 7, 11, 12 y 13; y en la Retórica, I, 11, señala que “la ciencia política y la prudencia son el mismo hábito, pero su esencia no es la misma. De la prudencia que se aplica a la cuidad, hay una, considerada como arquitectónica, que es la prudencia legisladora; la otra, que concierne a los casos particulares, recibe el nombre de común, y es la prudencia política. Ésta es práctica y deliberativa, porque la decisión es como lo último que debe hacerse en el gobierno. Por esto, solo de los que descienden a la práctica  se dice que gobiernan, porque solo ellos ejecutan acciones (...). En algunos casos se habla de prudencia referida o aplicable a un solo individuo. Pero en otros muchos casos la prudencia se refiere a diferentes objetos: en aquellos otros casos se llama o bien economía, o bien legislación, o bien política, la cual es o deliberativa o judicial (...)”.
Con estas consideraciones, Aristóteles está estableciendo un vínculo entre la descripción que de la prudencia da en su Ética a Nicómaco y en los Tópicos las consideraciones que ofrece sobre el debate, la argumentación y la deliberación. Y en su Retórica, dice que “la prudencia es aquella virtud del entendimiento que capacita al hombre para tomar decisiones sensatas”.
¿Se podría decir entonces que la prudencia se refiere al juicio sobre los problemas prácticos de la conducta humana; pero sobre todo, a las cuestiones prácticas de la conducta social?
Pero, ¿cómo comenzó su Política y su Ética Aristóteles? Empezó afirmando que la polis y la vida civilizada eran posibles porque, en general, la humanidad poseía ese mínimo de “virtud cívica” y de logos que les permite distinguir el bien del mal y lo justo de lo injusto. Así empezó en la Retórica afirmando que generalmente la humanidad tiene la suficiente inteligencia para acceder a ella por medio de un argumento razonado. Este creencia es el fundamento de la democracia; un gobierno libre no tiene futuro allí donde se puede tratar a los hombres como a un rebaño sin entendimiento. De esta manera, desde las primeras líneas de la Retórica, nos encontramos en un universo diferente al socrático o platónico, y respiramos un aire distinto. Aristóteles llama retórica al modo culto de argumentación de las escuelas filosóficas.
Naturalmente, Aristóteles, reconoce que la oratoria popular está expuesta al abuso y, como en respuesta directa a Sócrates, dice: “Si se argumenta que quien hace un uso injusto de la facultad de hablar puede hacer mucho daño, esta objeción es igualmente aplicable a todo lo bueno”. Aristóteles se consuela con la creencia de que: a) “la retórica es útil, porque lo verdadero y lo justo son por naturaleza superiores a sus contrarios”, y que b) “generalmente hablando, lo que es verdadero y mejor es naturalmente más fácil que pueda convencer”, y que c) “los hombres tienen la suficiente capacidad natural para alcanzar la verdad y, desde luego, en la mayoría de los casos, la consiguen”.
Resulta pertinente puntualizar que las páginas más oscuras de la historia -reciente- hacen que todo esto parezca excesivamente optimista, pero, sin semejante fe, los hombres buenos sucumbirían a la desesperación. Porque allí donde Sócrates buscó la certeza absoluta de las formas y de las definiciones perfectas -sin encontrarlas jamás- y donde Platón abandonó el mundo real cambiándolo por un mundo celeste de Ideas y Formas inmutables, Aristóteles abordó el problema del conocimiento desde un punto de vista cercano a lo que denominamos sentido común. Al sistematizar la lógica por primera vez y al inventar el silogismo como su principal instrumento, el autor distinguía dos formas de silogismo, el dialéctico y el retórico. Los dos empiezan con proposiciones que se creen verdaderas;  el dialéctico, con las que se creen necesariamente y siempre verdaderas; el retórico, con proposiciones que se creen probables aunque no siempre verdaderas. Aristóteles llamó al silogismo retórico un entimema, y el Diccionario griego-inglés de Liddell-Scott-Jones define el término como “un silogismo que se deduce de premisas probables”. Cabe destacar que la distinción no surge de la diferencia entre las capacidades de los instruidos dialécticos y las de los hombres ordinarios, sino de la naturaleza del material que estos últimos deben emplear en sus Asambleas y Tribunales de Justicia. La naturaleza de las decisiones que se deben tomar en ellas obliga a los ciudadanos, como legisladores y jueces, a que la discusión se centre sobre probabilidades, más que sobre certezas absolutas e inalcanzables.
Los hombres no tienen que deliberar sobre lo que es cierto sino sobre lo que es incierto y sobre lo que, en su opinión, no son más que probabilidades. Ésta es la mejor guía que pueden encontrar, explica Aristóteles al discutir el entimema, ya que puede decirse que “ninguna acción humana es inevitable”.
En definitiva, tal como lo afirma I.F.Stone decimos: “El punto de vista aristotélico ilumina y alienta, mientras que los puntos de vista socrático y platónico son frustrantes y están calculados para socavar en los hombres la fe en su capacidad de gobernarse a sí mismos”.


CONCLUSIÓN ABIERTA
A modo de conclusión decimos lo siguiente:
- Resulta pertinente puntualizar que Aristóteles en los Tópicos, Libro I, 1, 2., habla de dos razones, mejor dicho, dos clases de razón: “una con la cual contemplamos de entre las aquellas cuyos principios no admiten ser de otra manera; otra con la cual contemplamos las que admiten que los principios puedan ser de otra manera (...). Llamamos pues, a la una científica y a la otra, calculadora, porque deliberar y calcular son aquí lo mismo, pues nadie delibera  sobre cosas que no admiten ser de otra manera”.
- Se podría afirmar, entonces, que Aristóteles distingue entre lo que denominaríamos razón teórica de tipo matemático, o físico matemático, la razón de la cual se ocupa en su Organon, y otro tipo de razón que, a diferencia de la primera no tiene carácter de exactitud, de precisión, de exclusividad, la cual es la que se aplica a problemas humanos prácticos, respecto de los cuales cabe una apreciación, en la que se puede dar un más o un menos, y que opera, no por deducciones rigurosas, antes bien, por deliberación?
- ¿Esta segunda clase de razón es la que se podría denominar el logos de la acción humana? ¿Se trata de la razón que, en términos aristotélicos, inspira la denominada virtud de la prudencia...?
- Concibe a la dialéctica como una especie de argumentaciones, sobre la base de opiniones y probabilidades, en contraste con la demostración científica.
- Puede hablarse de tres clases de razonamientos dentro de la lógica aristotélica desde el punto de vista de su validez a saber:
a) el razonamiento apodíctico, el que concluye partiendo de premisas verdaderas;
b) el razonamiento epagógico, cuya conclusión solo es probable (dialéctica, en la acepción aristotélica);
c) el razonamiento erístico, contencioso, que procede de principios que parecen probables pero que no lo son. Se trata de un silogismo aparente, es decir, de un paralogismo.
- A pesar de la diferencia entre la lógica de lo apodíctico por una parte, y la dialéctica, por otra, Aristóteles reconoce que en la dialéctica, se hace también uso de la inducción y del silogismo.

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