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Textos y Resúmenes de Psicología

Material de estudio para estudiantes de Psicología y carreras relacionadas.

“La interpretación de los sueños” de S. Freud fue publicada en 1900 con el siguiente epígrafe: “Flectere si nequeo superos, acheronta movebo”. ¿Cuál fue el sentido de este epígrafe, elegido por Freud para inaugurar la obra que dio origen al psicoanálisis?. Un epígrafe que quedó acuñado y no será retomado en ninguna obra posterior.
El citado epígrafe es extractado por S. Freud de la obra de Virgilio “La Eneida”. Con esta mención poética al río Aqueronte, Virgilio hace referencia a los dioses del infierno. El “infierno” de Freud fue descubrir el sentido de los sueños y el Inconciente.
Desde hace 4000 años, tenemos señales de que los sueños han representado para el hombre, una fuente inacabable de conocimiento y sabiduría, una fuente vista con gran interés y atención.
El año 1896 estuvo signado para S. Freud por la muerte de su padre, en el prefacio de la segunda edición de la Interpretación de los sueños, en 1908, Freud reconoce que ese trabajo fue un modo de reaccionar al episodio.
El primer sueño que analizó y publicó fue el “sueño de la inyección de Irma”. Él ubica dicha producción onírica, como un sueño paradigmático. El sueño de los sueños.
No se cansó de repetir que el sueño, lo mismo que el síntoma y las formaciones del inconsciente, son una realización de deseo.
Si, como propone Elizabeth Roudinesco, Freud “es a la vez el soñante, el intérprete, el teórico y el narrador", en el tránsito de la escritura -a partir de la muerte de su padre y el análisis del sueño paradigmático de Irma- se evidenciaría que, en tanto el mito de la muerte del padre como un sueño, se pueda decir que contiene la clave del deseo de Freud, o al menos suministra ciertas señales para identificarlo.
“...apiádate del hijo, apiádate del padre,
alentadora, te lo ruego, tu que todo lo
puedes. No en vano te encargó Hécate
los bosques del Averno. ”

La Eneida , libro VI, Virgilio

Introducción
Descubrir la naturaleza del sueño fue para Freud un largo y no tan exitoso recorrido en los inicios de la publicación de “La interpretación de los sueños”, no obstante ello, si por algo se lo recuerda a Freud es por ir en busca de las profundidades y enseñarnos que el sueño es la vía real de acceso al inconsciente. Las nuevas perspectivas abiertas por Freud estaban llamadas a abolir las precedentes y aparece en la noción de sueño la complejidad eficaz de su interpretación y la ilusión fundamental de la cura.
Sus primeros pacientes depositaron en él la confianza suficiente como para contarle sus sufrimientos, sus sueños, sus síntomas. Freud abandonó cada vez más la mecánica de la sugestión deliberada y pasó a confiar en el flujo de asociaciones libres de los pacientes. Esto, abrió el camino para el análisis de los sueños. Y el análisis de éstos le permitió, en primer lugar, inteligir el funcionamiento del aparato psíquico y la forma en que influye en la producción de nuestros pensamientos; quedó así en posesión de un nuevo instrumento de abordaje técnico: la interpretación. Por otro lado, el análisis de los sueños posibilitó su propio “autoanálisis” y sus consecuentes descubrimientos de la sexualidad infantil (1905) y del complejo de Edipo(1897). Con “La Interpretación de los sueños” Freud opera una ruptura cuyo efecto será la teoría del inconsciente, ruptura que se produce en relación con las teorías e ideologías que el propio Freud manejaba.
Recordemos que el término “inconsciente” (no consciente) ya estaba en boga en la época anterior a Freud, pero aún este término no conformaba un concepto. El propio Freud lo utilizaba Y en las publicaciones “Estudios sobre la histeria” comienza a ocuparse del inconsciente planteándolo ya como una parte extraña de la conciencia, ya como una doble conciencia.
Pero es en “La interpretación de los sueños” donde elaboró las ideas que dan origen al psicoanálisis. La relación con sus pacientes, en particular con Elizabeth von R., lo llevaron a querer fundamentar científicamente esas ideas que a través de su trabajo clínico se le presentaron.
En ese sentido, fiel a las demandas científicas de la época, dominado por el esquema de las ciencias naturales intenta justificar científicamente el inconsciente y elaboró para ello el “Proyecto de psicología para neurólogos”. En esta obra tratará de encontrar el basamento orgánico del aparato psíquico (carta 52 a Fliess) y allí se topará con un límite para su teoría que le hará modificar su pertenencia epistemológica.
Ve que los fenómenos psíquicos poseían una dimensión propia, acontecían en un lugar, pero ese lugar, no era otro que el aparato psíquico, que construirá en “La interpretación de los sueños” y no en el que desarrolló en su Proyecto.
Desarrollo
En la obra Die Traumdeutung da inicio a un nuevo campo de saber, por que en ella el autor a través de su trabajo teórico, produce un nuevo objeto de conocimiento: el inconsciente. Rompe con todo lo anteriormente conocido produciendo una nueva “revolución copernicana” en el campo de los fenómenos psíquicos, que separa definitivamente el inconsciente y la conciencia.
Un recorrido por los textos de Freud anteriores a la publicación de “La interpretación de los sueños” nos permite inteligir como su producción teórica se moviliza y se cuestiona en contacto con la clínica. Ana O. es la que le pide a su colega Breuer que la deje hablar, Emmy es la que le dice a Freud, por favor no me hipnotice más, cambie de técnica, la hipnosis no sirve para el objeto que Ud. está investigando. Es Emmy también quien le pide que le deje contar sus sueños.
Recorrer los textos desarrollados por Freud anteriores a la publicación de “La interpretación de los sueños”, nos permitirá conocer las vicisitudes que lo motivaron y los obstáculos que el autor tuvo que atravesar para producir la teoría del inconsciente.
En dicho texto nos dirá: voy a demostrar, en ese suceso que es el soñar, que les ocurre a todas las personas, que el hombre piensa donde no es, que es pensado, que él no piensa, que la verdad está en otro lugar de donde él cree que está; que su síntoma no es un síntoma sino un deseo sexual infantil reprimido.
Acerca del epígrafe de “La Interpretación de los sueños”
“La interpretación de los sueños” de S. Freud fue publicada en 1900 con el siguiente epígrafe “Flectere si nequeo superos, acheronta movebo”. ¿Cuál fue el sentido de este epígrafe, elegido por Freud para inaugurar la obra que dio origen al psicoanálisis?. El citado epígrafe, quedó acuñado y no será retomado en ninguna obra posterior.
Extractado de la obra de Virgilio “La Eneida” en el libro VII, verso 310, se puede leer “Si no logro mover a los dioses del cielo, moveré en mi favor al Aqueronte” 1 .
Con esta mención poética al río Aqueronte, Virgilio hace referencia a los dioses del infierno. En la obra de Homero “La Odisea” hay una descripción del mundo subterráneo de los infiernos en el que aparece el río Aqueronte. Es el río que las almas, que van al infierno deben atravesar en la barca de Caronte. Es un río casi estancado, de márgenes fangosas y cubiertas de cañaverales. Dicha descripción coincide, según el diccionario de Mitología griega y romana, de P.Grimal, con la del río homónimo que había en el Epiro, en la costa oeste de Grecia.
Parece ser que este río recorría un país salvaje y durante cierto trecho se perdía en una falla profunda. Al reaparecer, cerca de su desembocadura, formaba un pantano insalubre en un paisaje desolado.
En otro pasaje de la obra, Virgilio alude a Orfeo  quien cruzará dos veces el río Aqueronte en búsqueda de su amada esposa Eurídice, desciende a los infiernos y con los acentos de su lira encanta a los dioses infernales. Hasta las Danaides dejan de llenar su tonel sin fondo, y por un instante se suspenden las torturas de los condenados. Finalmente Hades y Perséfone consienten, ante tales pruebas de amor, en restituir a Eurídice a la vida. Hades agrega una condición, que Orfeo no se voltee a verla antes de haber salido de su reino.
Pero Orfeo no soporta la duda ¿no se habrán burlado de él? Poco antes de cruzar el límite se da vuelta, entonces solo podrá ver como Eurídice se desvanece y muere por segunda vez.
La oportunidad paso y Orfeo ya no podrá volver a ingresar al infierno.
Hades es la inevitabilidad... de la muerte.
La Eneida es un poema simbólico y también es la epopeya del destino. Utiliza los dos poemas homéricos en una compleja imitación, exalta la figura de Augusto y glorifica la historia de Roma a través del relato de los orígenes de la ciudad. Comprende doce libros, en los que se cuentan las penalidades por las que tiene que pasar su héroe, Eneas, para cumplir la misión que el destino le ha encomendado como representante idealizado de un pueblo, misión que no es otra que refundar Troya. Los seis primeros libros constituyen una especie de Odisea, pues narran las peripecias de Eneas, desde su huida de Troya hasta su arribo a Italia, mientras que los seis restantes son una especie de Ilíada ya que relatan las guerras de Eneas en suelo itálico para conseguir establecer allí la raza troyana.
Los poemas homéricos sirvieron de base a Virgilio desde el punto de vista formal, pero en el aspecto ideológico y religioso el poeta imprime a su obra un cuño netamente romano.
Mensaje de los Dioses
Los sueños y el enigma que los envuelve, han acompañado siempre la historia de la humanidad. No hay pueblo que no se les haya acercado con temor, esperanza o revelación.
Desde hace 4000 años aproximadamente, tenemos señales de que los sueños han representado para el hombre, una fuente inacabable de conocimiento y sabiduría, una fuente vista con gran interés y atención.
El libro de los sueños más antiguo, llamado “Libro de los sueños ierático” fue redactado en Egipto alrededor del 2000 a.C., se trata de un tipo de texto de consulta una especie de diccionario de los sueños en los que se explicaba todo lo que una persona podía encontrar en su interno mundo onírico, también sostenían la idea que el sueño era un mensaje divino o un modo de comunicación de los muertos y los mismos eran considerados como imágenes que reproducían con similitud el estado del soñante.
En Babilonia y en general para los pueblos orientales el sueño representaba esencialmente una conexión nocturna con el más allá: como el bajar de la noche, donde el sol se sumerge en el océano para darnos nuevas fuerzas, así el hombre de noche se sumerge en el más allá donde puede obtener fuerzas vitales de los sueños. Los sueños proveen nuevas energías, profetizan el futuro y son sobre todo portadores de sabiduría y guía de nuestra vida.
Junto al gran interés por los sueños, se desarrolla también el interés por quien interpreta estos sueños y revela a todos, sus secretos. Para sobresaltar la importancia dada a las imágenes nocturnas se habla, todavía en el antiguo Egipto, de una “medicina onírica”, la posibilidad de curarse a través del escuchar los sueños: “transmiten la curación a cada enfermo y son como frutos maduros, que logran recoger sólo los que atienden pacientemente”.
Vemos como muchos de los poetas griegos, han elogiado y prestado sus voces al canto de imágenes misteriosas, traídas por la noche: Esíodo, llama a los sueños “hijos de la noche y hermanos del sueño”.
En la antigua Grecia el sueño también era considerado profético, se lo veía como una expresión de sabiduría divina y como tal, los sueños, vienen escuchados por su poder de profetizar y conjurar desgracias futuras, pero se intuye desde ya, la profunda relación que tienen con el ánimo humano y como están de alguna manera, en relación con nuestro estado mental, se puede observar como éstos representaban funciones psíquicas importantes del todo naturales y que al mismo tiempo explicaban una función sanadora del ánimo humano.
Aristóteles (384-322 a.C), nos comenta Freud, muestra conocer algunos de los caracteres de la vida onírica. Así el de que los sueños amplían los pequeños estímulos percibidos durante el estado del reposo (“una insignificante elevación de la temperatura de uno de nuestros miembros nos hace creer en el sueño que andamos a través de las llamas y sufrimos un ardiente calor”), y deduce de esta circunstancia la conclusión de que los sueños pueden muy bien revelar al médico los primeros indicios de una reciente alteración física no advertida durante el día.
En los dos estudios que Aristóteles consagra a esta materia pasan ya los sueños a constituir objeto de la Psicología. No son de naturaleza divina sino demoníaca, pues la Naturaleza es demoníaca y no divina o dicho de otro modo no corresponden a una revelación sobrenatural, sino que obedecen a leyes de nuestro espíritu humano, aunque desde luego este se relaciona a la divinidad. Los sueños quedan así definidos como la actividad anímica del durmiente durante el estado de reposo.
La obra más extensa y antigua con respecto a los sueños, conservada hasta nuestros días, data del 200 d.C. y su autor fue Artemidoro de Dalcis, diecisiete siglos antes de Freud, intuyó sorprendentemente muchos de los elementos de la psicología onírica de hoy en día. Existe una recopilación de más de tres mil sueños, sus interpretaciones y símbolos que fueron estudiados por esta máxima autoridad.
En conclusión, los autores antiguos, no consideraban el sueño como un producto del alma soñadora, sino como una inspiración de los dioses, y señalaban ya en ellos las dos corrientes contrarias que habremos de hallar siempre en la estimación de la vida onírica. Se distinguían dos especies de sueño: los verdaderos y valiosos, enviados al durmiente a título de advertencia o revelación del porvenir, y los vanos, engañosos y fútiles, cuyo propósito era desorientar al sujeto o causar su perdición.
Después de la Edad Media, la actitud de los filósofos con respecto al sueño fue contradictoria: considerada falsa, absurda y tan insensata como pueden serlo las palabras de un demente, la actividad onírica seria desvalorizada por René Descartes (1596-1650), quien de hecho era partidario de invalidar el testimonio de los sentidos en materia de establecimiento de la realidad. Spinoza (1632-1677) por el contrario atribuyó al sueño un lugar específico. En la Etica, negando que la suspensión del juicio pudiera considerarse un efecto de nuestra libre voluntad, éste sostuvo que en nuestros sueños hacemos una y otra vez la experiencia de ese límite. “No creo que exista ni un hombre que durante el sueño piense tener el libre poder de suspender su juicio sobre lo que sueña, y de no soñar lo que está soñando; sin embargo, sucede que, incluso en los sueños, suspendemos nuestros juicios cuando soñamos que estamos soñando”.
Hegel (1770-1831) rechazó el sueño por ser una actividad que se sustrae al análisis dialéctico racional, pero entre la mayoría de los poetas y filósofos del romanticismo alemán, y algunos de sus sucesores, desde von Schelling (1775-1854) hasta Nietzsche (1844-1900), pasando por Schopenhauer (1788-1860), el sueño se encontraba, por el contrario en el núcleo de sus preocupaciones, sistemas y teorías.
Como lo ha demostrado Michel Foucault, con la declinación del romanticismo y el desarrollo de un pensamiento positivista que inscribió la sinrazón en el orden de la enfermedad, el sueño quedó relegado al rango de producto puro de la actividad cerebral y, por ello, desprovisto de sentido.
Los trabajos de Alfred Maury, Karl Scherner y el Marqués H. de Saint Denys, combatieron esa concepción y se aplicaron a la exploración del sueño en tanto que manifestación de la actividad psíquica dando paso al descubrimiento realizado por S. Freud (1856-1939).
La Muerte del Padre: El Camino al Averno
El año 1896 estuvo signado para S. Freud por la muerte de su padre, en el prefacio de la segunda edición de la Interpretación de los sueños, en 1908, Freud reconoce que ese trabajo fue un modo de reaccionar al episodio: “para mí, este libro, tiene, en efecto, una segunda importancia subjetiva, que sólo alcancé a comprender cuando lo había concluido, al comprobar que era una parte de mi propio análisis, que representaba mi reacción frente a la muerte de mi padre, es decir, frente al más significativo suceso, a la mas tajante pérdida en la vida de un hombre. Al reconocerlo me sentí incapaz de borrar las huellas de tal influjo...”
A partir de este punto enlazamos la importancia de la obra de Virgilio y la trascendencia que tuvo para el autor de la Interpretación de los sueños. En la misma el héroe Eneas, al igual que Freud, descienden a los infiernos para encontrarse, entre otros personajes con sus respectivos padres , Jacob y Anquises.
Eneas en el libro VI, le expresa a los dioses su más íntimo deseo: “...es esta la puerta que conduce al rey de las regiones inferiores y al lago tenebroso en que refluye el Aqueronte, sólo pido una gracia: poder llegar a ver a mi padre querido cara a cara, que me enseñes el camino y descorras las puertas sagradas a mi paso”.
En Freud tal como lo señala E. Roudinesco “En los meses siguientes, ese tema de la muerte del padre y los recuerdos ligados a él aparecen como fuente de varios sueños, y sobre todo los que Freud denomina “los sueños de Roma”. Entre estos recuerdos, el de la humillación como judío que, según se la había narrado, el padre sufrió sin reaccionar, estaba vinculado al cuarto de los sueños romanos, en el cual se manifestó su deseo de que un encuentro previsto con Fliess se realizara en Roma y no en Praga”.
En la carta del 3 de diciembre de 1897 le escribe a Fliess “...ya sabrás que lo ocurrido en Praga demostró que yo tenía razón. Cuando la vez pasada decidimos encontrarnos allí, los sueños desempeñaron un gran papel en la elección. Tú no querías ir a Praga, y seguramente recordarás por qué; al mismo tiempo, yo soñé que estaba en Roma, que paseaba por sus calles y me admiraba del gran número de nombres alemanes que ostentaban las calles y los comercios. Al despertarme comprendí inmediatamente que la Roma de mi sueño era en realidad Praga, donde todos sabemos que la titulación de calles con nombres alemanes es una demanda popular. Así, pues, mi sueño daba por cumplido el deseo de encontrarme contigo en Roma, más bien que en Praga. Por otra parte, mi añoranza de Roma es profundamente neurótica: está ligada a mi admiración de escolar por el héroe semita Aníbal, y, en efecto, tampoco yo llegué este año a Roma desde el lago Trasimeno, como no llegó él 6 ”.
El relato de la humillación paterna 7 había provocado en el joven Sigmund una relación admirativa con Aníbal. Esa identificación fue la primera de las identificaciones heroicas de Freud. Por otra parte Fliess representó una imagen paterna que frustra un deseo de Freud, deseo que se realiza en el sueño.
En otra carta a Fliess del 23 de octubre de 1898 le anunció el abandono de su proyecto, “...Por otra parte, tampoco puedo concentrarme lo suficiente como para hacer otra cosa sino estudiar la topografía de Roma, pues el anhelo de ese viaje me atormenta cada vez más. Los sueños yacen en total reposo; me falta el incentivo de preparar el libro para su publicación, y la brecha que quedó en la psicología, así como aquella otra que dejó el ejemplo analizado a fondo, son sendos obstáculos a todo intento de conclusión, que hasta ahora no he logrado.”
Die Traumdeutung 
La interpretación de los sueños es un libro que rompe con el “saber médico” y con la psicología de la época. Como dice Elizabeth Roudinesco su autor “es a la vez el soñante, el intérprete, el teórico y el narrador. Para llevar a cabo su empresa, Freud utiliza doscientos veintitrés sueños: cuarenta y siete son suyos, ciento setenta y seis provienen de pacientes o allegados.” Las ediciones posteriores se fueron actualizando con notas y agregados. En la primera edición contaba con una lista bibliográfica de 80 libros, en la última tenía dos listas de 260 y 200 libros respectivamente. Es que Freud se daba cuenta de la importancia de este texto en el interior de la teoría que iba desarrollando. Como escribe James Strachey en la introducción a la edición inglesa: “el más importante de todos los descubrimientos obsequiados al mundo...” 
La obra se puede dividir en tres grandes partes. En la primera es donde describe los trabajos sobre el sueño escritos antes de él. La segunda está compuesta por cinco capítulos: el método de la interpretación de los sueños, la teoría de la formación del sueño, la desfiguración onírica, el material y las fuentes del sueño y el trabajo del sueño. En la tercera parte constituye el famoso capítulo VII, donde desarrolla la teoría del funcionamiento del aparato psíquico: consciente, preconsciente e inconsciente.
Esta obra fue puesta en venta el 4 de noviembre de 1899, la primera edición le fue encargada al editor Franz Deuticke, éste coloca en el libro la fecha de 1900, a pedido del autor. La edición fue de 600 ejemplares. En los primeros dos años se vendieron sólo 228 ejemplares. La tirada original recién se agotará luego de ocho años.
El propio Freud en el prefacio a la segunda edición acredita estas afirmaciones, cuando recuerda “el silencio de muerte” que había recibido su obra. Esta sensación lo siguió acompañando aún en 1909 donde expresa en un agregado al capítulo primero su amargura y queja ante la indiferencia de la comunidad científica de su época que no le dedicó tan siquiera críticas a su obra.
Tal fue la sensación, que en su Presentación Autobiográfica de 1923 retoma el tema expresando: “La interpretación de los sueños, aparecida en 1900 casi no fue mencionada en las revistas especializadas”
A pesar de ello, meses después de la publicación de “Die Traumdeutung”, Freud le escribió a su amigo Fliess, el 12 de Junio de 1900. En esta carta le manifiesta su más cara ambición con respecto al reconocimiento que esperaba obtener por su descubrimiento sobre el sentido de los sueños, y le escrbe:
“...¿Crees que en esta casa podrá leerse algún día una placa de mármol que diga así?:
Aquí, el 24 de julio de 1895, se le reveló al doctor Sigmund Freud, el enigma de los sueños.
Por el momento parecen escasas las perspectivas de que ello ocurra. Cuando leo, empero, las últimas obras psicológicas (Mach: Analyse der Empfindungen, segunda edición; Kroell: Aufbau der Seele, etc.), todas las cuales persiguen objetivos similares al de mi obra, y cuando compruebo qué pueden decirnos sobre los sueños me regocijo como el enano del cuento, «porque la princesita no lo sabe...”.
Hubo que esperar mucho tiempo, recién en los años ochenta se colocó la placa de mármol en la villa Bellevue donde la familia de Freud pasaba sus vacaciones a fines del siglo XIX. En dicha placa rezan las mismas palabras que Freud le había escrito a Fliess.
Como resalta Lacan, el descubrimiento freudiano del sentido de los sueños, encerraba un importante carácter dramático, que el propio Freud le revela a Fliess en la carta posterior a la de la famosa placa.
En la carta 138 se lee: “en lo que se refiere a los grandes problemas aún no hay nada decidido. Todo es vacilante impreciso, un infierno intelectual, cenizas superpuestas y en las tenebrosas profundidades se distingue la silueta de Lucifer-Amor. La opinión de la gente sobre el libro de los sueños ya me resulta indiferente, y hasta estoy empezando a deplorar su destino. Es claro que la gota de agua no ha podido desgastar la piedra. No tengo noticias de ningún otro comentario publicado, y las ocasionales apreciaciones por las personas con quienes me encuentro son aún más ofensivas que la silenciosa condenación general. Yo mismo no encuentro hasta ahora nada que prefiriese ver corregido. Su contenido es cierto y seguirá siendo cierto”.
Lacan escribe, sobre esta emocionante carta: “es una imagen de ondas, de oscilaciones, como si el mundo entero estuviese animado por una inquietante pulsación imaginaria, y, al mismo tiempo, una imagen ígnea, donde se perfila la silueta de Lucifer pareciendo encarnar la dimensión angustiante de lo vivido por Freud. Esto es lo que vivió alrededor de sus cuarenta años, en el momento decisivo en que era descubierta la función del inconsciente.
La experiencia del descubrimiento fundamental fue para Freud un cuestionamiento vivencial de los fundamentos mismos del mundo... Freud vive en una atmósfera angustiante, con la sensación de hacer un descubrimiento peligroso” .
El Sueño de la Inyección de Irma
El primer sueño que Freud analizó y publicó fue el “sueño de la inyección de Irma”. En “La Interpretación de los sueños” él ubica dicha producción onírica, como un sueño paradigmático. El sueño de los sueños
En la historia del psicoanálisis fue permanentemente analizado por diferentes autores, entre los que podemos destacar se encuentran Erickson, Kouth, Lacan, Anna Freud, Anzieu, Schur, etc.
Sin embargo, agotar su interpretación es imposible, aún en los sueños mejor interpretados solemos vernos obligados a dejar en tinieblas determinado punto, pues advertimos que constituye un foco de convergencia de las ideas latentes, un nudo imposible de desatar, pero que por lo demás no ha aportado otros elementos al contenido manifiesto. Esto es entonces lo que podemos considerar como el ombligo del sueño, o sea el punto por el que se halla ligado a lo desconocido.
Como señala Emilio Rodrigué este es “un sueño que lleva el peso histórico de haber sido soñado para ser analizado, y analizado a fin de cumplir un destino muy particular”. Es decir, es un sueño que debe entenderse dentro del autoanálisis que realizaba Freud.
Con la interpretación del sueño de la inyección de Irma, Freud elabora su hipótesis de que el sueño tiene un sentido que constituye la realización alucinatoria de un deseo sexual, infantil, inconsciente y reprimido. Aquí se entrelazan los conceptos de regresión (del polo motor al polo sensitivo: carácter alucinatorio), deseo (vivencia de satisfacción donde diferenciamos necesidad de deseo), lo sexual infantil (Complejo de Edipo) y lo inconsciente reprimido (la represión es una operación por medio de la cual el sujeto intenta rechazar o mantener en el inconsciente representaciones ligadas a una pulsión, cuya satisfacción ofrecería el peligro de provocar displacer)
Le damos el nombre de trabajo del sueño al proceso que transforma el sueño latente en sueño manifiesto, y labor de interpretación, a aquella otra que persigue el fin contrario, o sea el de llegar desde el contenido manifiesto a las ideas latentes, destejiendo la trama urdida por el trabajo del sueño: “desfiguración onírica”, originada por la censura.
Este proceso es producto del funcionamiento de cuatro leyes: 1) La condensación, que es una inclinación a formar nuevas unidades con elementos que en el pensar de vigilia habíamos mantenido sin duda separadas. A consecuencia de ello, un único elemento del sueño manifiesto suele subrogar un conjunto de pensamientos oníricos latentes; 2) El desplazamiento que es la rapidez por la cual cambian intensidades psíquicas (investiduras) de un elemento sobre otros; de suerte que a menudo en el sueño manifiesto un elemento aparece como más nítido y, por ello, como el más importante, pese a que en los pensamientos oníricos era accesorio; y a la inversa; 3) La figuración donde en el sueño el camino a lo inconsciente no puede representar las relaciones lógicas entre los elementos que lo componen pero sí modificarlas y disfrazarlas y 4) La elaboración secundaria que se produce a través de nuestros propios pensamientos y de nuestras fantasías.
Freud plantea que los sueños poseen un sentido: éste siempre se configura como una mascarada. Y descubre el modelo de funcionamiento del aparato psíquico el cual se rige por las mismas leyes que el chiste, los actos fallidos y el síntoma.
Como dijimos anteriormente Freud tuvo un sueño, que llamó el “Sueño de la Inyección de Irma” en la noche del 23 al 24 de Julio 1895 en Bellevue, estando de vacaciones con su familia:
En un amplio hall. Muchos invitados, a los que recibimos. Entre ellos, Irma, a la que me acerco en seguida para contestar, sin pérdida de momento, a su carta y reprocharle no haber aceptado aún la «solución». Le digo: «Si todavía tienes dolores es exclusivamente por tu culpa.» Ella me responde: «¡Si supieras qué dolores siento ahora en la garganta, el vientre y el estómago!… ¡Siento una opresión!…» Asustado, la contemplo atentamente. Está pálida y abotagada. Pienso que quizá me haya pasado inadvertido algo orgánico. La conduzco junto a una ventana y me dispongo a reconocerle la garganta. Al principio se resiste un poco, como acostumbran hacerlo en estos casos las mujeres que llevan dentadura postiza. Pienso que no la necesita. Por fin, abre bien la boca, y veo a la derecha una gran mancha blanca, y en otras partes, singulares escaras grisáceas, cuya forma recuerda al de los cornetes de la nariz. Apresuradamente llamo al doctor M., que repite y confirma el reconocimiento… El doctor M. presenta un aspecto muy diferente al acostumbrado: está pálido, cojea y se ha afeitado la barba… Mi amigo Otto se halla ahora a su lado, y mi amigo Leopoldo percute a Irma por encima de la blusa y dice: «Tiene una zona de macidez abajo, a la izquierda, y una parte de la piel infiltrada, en el hombro izquierdo» (cosa que yo siento como él a pesar del vestido). M. dice: «No cabe duda, es una infección. Pero no hay cuidado; sobrevendrá una disentería y se eliminará el veneno…» Sabemos también inmediatamente de qué procede la infección. Nuestro amigo Otto ha puesto recientemente a Irma, una vez que se sintió mal, una inyección con un preparado basándose en propil, propilena…, ácido propiónico…, trimetilamina (cuya fórmula veo impresa en gruesos caracteres). No se ponen inyecciones de este género tan ligeramente… Probablemente estaría además sucia la jeringuilla.
Este sueño, se produce luego de una conversación mantenida con su amigo Otto (restos diurnos), a quién pregunta por el estado de Irma, éste le contesta: “ Está mejor, pero no del todo bien” 11 . En el tono de voz, Freud advierte que Otto lo desaprueba, poniendo esto en marcha la producción de su sueño, ya que él mismo observa: “Esa sensación penosa no fue clara para mí, ni la expresé en modo alguno” 12 . Se ocupa luego de redactar un resumen sobre el caso, para justificar la dirección de la cura por el deseo de liberarse de la responsabilidad del fracaso del mismo. La escritura produce otra escritura en el trabajo del sueño.
Freud no solamente está como terapeuta, sino como creador del inconsciente y su renombre se relaciona con el funcionamiento del mismo.
Solicita a su paciente que le permita ver aquello que la perturba, la paciente no sin reticencias, accede. Por medio de las asociaciones, con relación al punto de las resistencias de Irma, Freud nos muestra que hay dos mujeres 13 más en juego: “Entonces, he comparado a mi paciente Irma con otras dos personas que también se mostrarían renuentes al tratamiento. ¿Qué sentido puede tener que yo, en el sueño, la haya permutado por su amiga? Tal vez que me gustaría permutarla; o bien la otra despierta en mí simpatías más fuertes, o tengo más alta opinión de su inteligencia. Es que considero a Irma poco inteligente, porque no acepta mi solución. La otra sería más sabia, y por eso cedería antes. Después la boca se abre bien; ella me contaría más cosas que Irma”. Desearía encontrar esa “dócil” paciente que le permita recorrer rápidamente el camino hacia la confirmación de su teoría.
En aquel período consideraba que la labor terapéutica consistía en dar a conocer al paciente una interpretación de sus producciones inconsciente, dando sentido a sus síntomas, siendo condición necesaria para la cura, que el paciente, aceptase tales conclusiones. Irma no acepta su solución, por ello en su sueño Freud produce estas condensaciones.
Elisabeth Roudinesco nos describe quienes eran las personas que intervinieron en el sueño de Freud, “Otto es Oskar Rie, Leopold es von Fleischl-Marxow y el doctor M. es Josef Breuer y Irma es la condensación de Emma Eckstein y Anna Lichtheim”.
Así como sabemos hoy que Anna O. es Bertha Pappenheim, podemos suponer que Irma es Anna (ananás se leía en la botella de licor junto a otros datos mencionados en el sueño). Anna Hammerschlag, viuda de Lichtheim, en cuyo homenaje Freud llama Anna a su hija.
Lacan rastreo... propil... propilena... A esto se asocia la cómica anécdota del jugo de ananás obsequiado en las vísperas por Otto a la familia. Al destapar la botella olió a agua ardiente. Alguien dijo: Démosle a los criados. Pero Freud más humano –dice- con sensatez: “Eso no, también a ellos podría hacerles daño”. Esto le permite asociar que el olor amílico, olor que se encuentra en la sustancia sexual, despertó el recuerdo de la serie química: amil…propil, metil, y este recuerdo proporcionó al sueño el preparado basándose en propil.
En el sueño ve impresa en gruesos caracteres las formula de la trimetilamina
CH3
AZ CH3
CH3
¿Esta formula tendrá que ver con Fliess?, sí, por que en sus elucubraciones la trimetilamina cumple cierto papel a propósito de los productos de descomposición de las sustancias sexuales.
En el análisis que realiza el mismo Freud enuncia que esto lo conduce a la sexualidad, esto es, aquel factor al que adscribe la máxima importancia en la génesis de las afecciones nerviosa que intenta curar. Intuye que por eso la fórmula de trimetilamina ha adquirido tanta importancia en el sueño.
Lacan expresa, el sueño que culminó una primera vez estando ahí el ego, con la imagen horrorosa del interior de la garganta, culmina una segunda vez en una fórmula escrita, la de la trimetilamina…Al igual que el oráculo la fórmula no da ninguna respuesta a nada. Pero la manera misma en que se enuncia, su carácter enigmático, hermético, sí es la respuesta al sentido del sueño. Se la puede calcar de la fórmula islámica: No hay otro Dios que Dios. No hay otra palabra, otra solución a su problema que la palabra 14 .
La fenomenología del sueño de la inyección de Irma nos permite distinguir dos partes. La primera es el surgimiento de la imagen terrorífica, angustiante verdadera cabeza de Medusa, algo innombrable, el fondo de la garganta, el abismo del órgano femenino del que sale todo la vida como el pozo sin fondo de la boca por el que todo es embullido y la imagen de la muerte en la que todo acaba, ya en la enfermedad de su hija que pudo ser mortal, esta la muerte de la enferma perdida en una época contigua a la de la enfermedad de su hija, considera por Freud como una retaliación del destino, una Matilde por otra Matilde. Leemos en Freud el siguiente párrafo: “En la garganta veo una mancha blanca... La enferma, que sucumbió a la intoxicación, llevaba el mismo nombre que mi hija mayor. Hasta el momento no se me había ocurrido pensar en ello, pero ahora se me aparece este suceso como una represalia del Destino y como si la sustitución de personas hubiera de proseguir aquí en un distinto sentido: esta Matilde por aquella Matilde; ojo por ojo y diente por diente. Parece como si fuera buscando todas aquellas ocasiones por las que me puedo reprochar una insuficiente conciencia profesional”.
Interpretación del Sueño: Lacan
Es Freud quien habla por intermedio de este sueño y quien nos dice –sin haberlo querido, sin haberlo reconocido en un principio, y reconociéndolo únicamente en su análisis del sueño y es decir mientras nos habla- algo que es al mismo tiempo él y ya no lo es:
“Soy aquel que quiere ser perdonado por haber osado empezar a curar a estos enfermos, a quienes hasta hoy no se quería comprender y se desechaba curar. Soy aquel que quiere ser perdonado por esto. Soy aquel que no quiere ser culpable de ello, porque siempre es ser culpable transgredir un límite hasta entonces impuesto a la actividad humana. No quiero ser eso. En mi lugar están todos los demás. No soy allí sino el representante de ese vasto movimiento que es la búsqueda de la verdad, en la cual yo, por mi parte, me borro. Ya no soy nada. Mi ambición fue superior a mí. La jeringa estaba sucia, no cabe duda. Y precisamente en la medida en que lo he deseado en demasía, en que he participado en esa acción y quise ser yo, el creador, no soy el creador. El creador es alguien superior a mí. Es mi inconsciente, esa palabra que habla en mí, más allá de mí” 15 .
Momento de Concluir
Freud escribió su primer texto sobre los sueños con la pesada carga de la muerte de su padre, Padre de la Horda, asesinato del Padre, Padre edípico, Padre muerto, Padre simbólico.
Freud en cuanto al complejo de Edipo se declaró desde muy temprano como seguidor de Sófocles. Tanto el asesinato del padre como el goce de la madre por parte del hijo se producen sin que Edipo lo sepa, son inconscientes. El sujeto freudiano esconde o reprime el deseo edípico inconsciente de matar al padre y ese deseo va a retornar bajo la forma de síntoma. Se estructura en la constitución del deseo inconsciente de la muerte del padre y su posterior regreso sintomático desde lo reprimido. Freud considera que en la medida en que un sujeto pueda encontrarse con la función del padre muerto, sin reprimirla, podrá acceder a la dimensión de la realidad de su deseo.
Lacan señala en su Seminario “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” que en los mitos freudianos de la muerte del padre se perfila la regulación del deseo de Freud.
Cabe cuestionar el motivo de la recurrencia freudiana sobre la muerte, por asesinato, del padre. La insistencia sobre el asunto alerta sobre su implicación inconsciente. Resulta difícil no inferir una verdad reprimida del sujeto Freud, con relación a los mitos de la muerte del padre, al igual que existe algo de lo que no quiere saber nada el sujeto en el síntoma neurótico.
Freud no se cansó de repetir que el sueño, lo mismo que el síntoma y las formaciones del inconsciente, son una realización de deseo. De aquí que al considerarse el mito de la muerte del padre como un sueño se pueda decir que contiene la clave del deseo de Freud, o al menos suministra ciertas señales para identificarlo.
Lacan considera que los enunciados de los mitos freudianos habría que tratarlos como al contenido manifiesto de un sueño.
Cada una de las diversas figuras del padre freudiano dejan ver su inconsistencia: ¿ el padre edípico sin saber porqué moría dejaba un pueblo lleno de dificultades, el “Urvater” era un tirano caprichoso y Moisés aparece como un padre descuidado y olvidado por su propio pueblo. El padre como síntoma en Freud, exceptuado de castración, viene a darle consistencia al Padre, lo hace ex-sistir.
La siguiente anécdota ilustra, en Freud, lo necesario de la constitución del síntoma de un padre exceptuado de castración que supliera a un padre inconsistente. Su padre le había contado que en una ocasión un cristiano le quitó de un manotazo el gorro que llevaba puesto al tiempo que le espetaba "judío, bájate de la acera" ¿Y tú que hiciste? le preguntó Freud al padre, quien respondió : "me bajé a la calle y recogí el gorro". "Esto no me pareció heroico de parte del hombre que me llevaba a mí, pequeño, de la mano. Contrapuse a esa situación, que no me contentaba, otra que respondía mejor a mis sentimientos: la escena en que el padre de Aníbal, Amilcar Barca, hace jurar a su hijo ante el altar doméstico que se vengará de los romanos. Desde entonces tuvo Aníbal un lugar en mis fantasías", escribió Freud en el capítulo V de la "Tramdeutung".
“Esta es la alternativa, o no pienso o no soy, elección seductora como lo ven, que es el inicio de lo que se le ofrece al sujeto desde que se introduce la perspectiva de un inconsciente, en tanto hecho de esta dificultad del acto sexual, ven aquí como se reparte.
El no soy del lado del para el otro. El acto sexual es llamado a asegurar, ya que allí se funda, algo que podemos denominar un signo viniendo del no pienso, de donde soy como no pensante, para llegar al no soy, donde soy como no siendo” 16 .
Irma abre bien la boca, él mira en lo profundo de su garganta, no se despierta, no vacila ante ese otro agujero, encuentro fallido con lo real.
¿Qué desea una mujer? La solución no está en la respuesta sino en el quehacer de la aventura de su descubrimiento, el enigma es allí, saber que quiere una mujer.
Y Freud supo oír la respuesta: ésta no pertenece al orden de la necesidad, ni al de los roles a desempeñar, ni al de las tareas por realizar, sino que concierne directamente al deseo. Ahora bien, la respuesta freudiana es igual a la respuesta histérica: quiere un amo, es decir, un padre en tanto que amo.
¿Que deseaba Irma?.
Una solución que su maestro (amo) Freud, no le otorgo por que la jeringuilla estaba sucia.

2 comentarios:

este texto me sirvió muchísimo, no sólo para el seminario sino también para la materia Psicología

Piaggio fue uno de los mejores profesores que ha tenido la facultad de Psicología de la UNR.

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