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Lacan, J. - El estadío del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica



La concepción del estadio del espejo que introduje en nuestro último congreso, hace trece años, por haber más o menos pasado desde entonces al uso del grupo francés, no me pareció indigna de ser recordada a la atención de ustedes: hoy especialmente en razón de las luces que aporta sobre la función del yo [je] en la experiencia que de él nos da el psicoanálisis.
Basta para ello comprender el estadio del espejo como una identificación en el sentido pleno que el análisis da a éste término: a saber, la transformación producida en el sujeto cuando asume una imagen, cuya predestinación a este efecto de fase está suficientemente indicada por el uso, en la teoría, del término antiguo imago.
Esta forma por lo demás debería más bien designarse como yo-ideal, si quisiéramos hacerla entrar en un registro conocido, en el sentido de que será también el tronco de las identificaciones secundarias, cuyas funciones de normalización libidinal reconocemos bajo ese término. De igual manera, el paso, en la estirpe, del grillo peregrino de la forma solitaria a la forma gregaria se obtiene exponiendo al individuo, en cierto estadio, a la acción exclusivamente visual de una imagen similar, con tal de que esté animada de movimientos de un estilo suficientemente cercano al de los que son propios de su especie. Y estas reflexiones nos incitan a reconocer en la captación espacial que manifiesta el estadio del espejo el efecto en el hombre, premanente incluso a esa dialéctica, de una insuficiencia orgánica de su realidad natural, si es que atribuimos algún sentido al término "naturaleza".
La función del estadio del espejo se nos revela entonces como un caso particular de la función de la imago, que es establecer, una relación del organismo con su realidad o, como se ha dicho, Innenwelt con el Umwelt.
Pero esta relación con la naturaleza está alterada en el hombre por cierta dehiscencia del organismo en su seno, por una Discordia primordial que traicionan los signos de malestar y la incoordinación motriz de los meses neonatales.
Este desarrollo es vivido como una dialéctica temporal que proyecta decisivamente en historia la formación del individuo: el estadio del espejo es un drama cuyo empuje interno se precipita de la insuficiencia a la anticipación; y que para el sujeto, presa de la ilusión de la identificación espacial, maquina las fantasías que se sucederán desde una imagen fragmentada del cuerpo hasta una forma que llamaremos ortopédica de su totaIidad, y a la armadura por fin asumida de una identidad enajenante, que va a marcar con su estructura rígida todo su desarrollo mental. Pero esa forma se muestra tangible en el plano orgánico mismo, en las líneas de fragilización que definen la anatomía fantasiosa, manifiesta en los síntomas de escisión esquizoide o de espasmo, de la histeria.
Pero, de edificar sobre estos únicos datos subjetivos, y por poco que los emancipemos de la condición de experiencia que hace. teóricas quedarían expuestas al reproche de proyectado en lo impensable de un sujeto absoluto: para eso hemos buscado en la hipótesis aquí fundada sobre una concurrencia de datos objetivos la rejilla directriz de un método de reducción simbólica.
Este momento en que termina el estadio del espejo inaugura, por la identificación con la imago del semejante y el drama de los celos primordiales (valorizado por la escuela de Charlotte Bühler en los hechos de transitivismo infantil), la dialéctica que desde entonces liga al yo [je] con situaciones socialmente elaboradas.
A estos enunciados se opone toda nuestra experiencia en la medida en que nos aparta de concebir el yo como centrado sobre el sistema percepción-conciencia, como organizado por el "principio de realidad" en que se formula el prejuicio cientificista más opuesto a la dialéctica del conocimiento, para indicarnos que partamos de la función de desconocimiento que lo caracteriza en todas las estructuras tan fuertemente articuladas por la señorita Anna Freud: pues si la Verneinung representa su forma patente, latentes en su mayor parte quedarán sus efectos mientras no sean iluminados por alguna luz reflejada en el plano de fatalidad, donde se manifiesta el ello.

 [Resumen]


Castel, R. - El orden psiquiátrico -


Szasz, T. - La enfermedad mental


El concepto de enfermedad mental tuvo su utilidad histórica pero es, en la actualidad, científica y médicamente anticuado, y moral y políticamente dañino por las razones que veremos en este artículo.
En 1961, Thomas Szasz, médico psiquiatra, psicoanalista y actualmente Profesor Emérito de la Universidad del Estado de New York, publicó “El mito de la enfermedad mental”, que inició un debate mundial sobre los denominados trastornos mentales. Szasz anota que la mente no es un órgano anatómico como el corazón o el hígado; por lo tanto, no puede haber, literalmente hablando, enfermedad mental. Cuando hablamos de enfermedad mental estamos hablando en sentido figurado, como cuando alguien declara que la economía del país está enferma. Los diagnósticos psiquiátricos son etiquetas estigmatizadoras aplicadas a personas cuyas conductas molestan o ofenden a la sociedad.Si no hay enfermedad mental, tampoco puede haber hospitalización o tratamiento para ella. Desde luego, las personas pueden cambiar de comportamiento, y si el cambio va en la dirección aprobada por la sociedad es llamado cura o recuperación.
Por consiguiente, las intervenciones psiquiátricas deben ser definidas con claridad como voluntarias o involuntarias. En las voluntarias, la persona busca la ayuda del profesional movida por sus problemas. Típicamente, el individuo es un beneficiario de la intervención del psiquiatra. En las involuntarias, la sociedad impone la intervención. Típicamente, el individuo es una víctima de la acción del psiquiatra, en tanto que la sociedad(la familia) es la beneficiaria. La psiquiatría involuntaria es incompatible con los principios de una sociedad democrática y libre, y debe ser abolida.


LA FABRICACIÓN DE LA LOCURA


En 1970, Szasz publicó “La fabricación de la locura: Estudio comparado de la Inquisición y el Movimiento de la Salud Mental”, un monumental estudio histórico dedicado a demostrar que-con el declinar de la cosmovisión teológica y del poder del Estado Teocrático(la alianza del Estado y la Religión), y el ascenso de la cosmovisión científica y del poder del Estado Terapéutico(la alianza del Estado y la Medicina y, en particular, la Psiquiatría-, el mito teológico de la herejía fue remplazado por el mito científico de la enfermedad mental, la persecución de brujas y herejes por la persecución de pacientes mentales y drogadictos, y la poderosa burocracia papal de la Inquisición por la poderosa burocracia estatal de la Psiquiatría Institucional.
En esta obra, que dio inicio a la nueva disciplina de la historia crítica de la psiquiatría (junto con la “Historia de la locura en la Era Clásica”, de Michel Foucault), Szasz define también los dos tipos de psiquiatría: la institucional y la contractual. 

  • La Psiquiatría institucional comprende todas las intervenciones impuestas a las personas por los demás. Estas intervenciones se caracterizan por la completa pérdida, por parte del denominado paciente, del control de la relación con el psiquiatra. Su aspecto económico más importante es que el psiquiatra es un empleado pagado por una entidad privada o pública. Su característica social más destacada es el uso de la fuerza o del engaño.


  • La Psiquiatría Contractual comprende todas las intervenciones psiquiátricas buscadas por las personas, motivadas por sus dificultades o problemas. Estas intervenciones se caracterizan por la completa retención, por parte del llamado paciente, del control de la relación con el psiquiatra. Su aspecto económico más importante es que el psiquiatra es un profesional privado pagado por la propia persona(en nuestros días, la situación se complica por la existencia de los seguros médicos). Su característica social más notoria es la evitación de la coacción o del engaño.

Al negar la validez científica del concepto de trastorno mental no se niega la realidad de los fenómenos a los que, desactualizadamente, mucha gente, tanto profesionales como legos, llama enfermedades mentales. Por lo general, se refieren a las siguientes:


1. Alteraciones involuntarias de conducta (por ejemplo alucinaciones, depresión, euforia, confusión, pérdida de la memoria y de la orientación temporo-espacial, y cambios importantes de la conducta o la personalidad) por enfermedades endocrinas, infecciosas, metabólicas, neurológicas o de otro tipo. Pero estas no son enfermedades mentales sino médicas.


2. La locura, ahora llamada esquizofrenia, o paranoia , o psicosis, u otro término psiquiátrico. La literatura sobre la esquizofrenia, considerada la más grave de las tales enfermedades mentales comprende ahora miles de publicaciones que adolecen de un serio error epistemológico: hablar de la esquizofrenia como si fuese una enfermedad genuina como la diabetes cuando, en realidad, se trata de un insulto psiquiátrico que justifica el internamiento forzado de los locos.
Por otra parte, los psiquiatras llevan un siglo alegando que la esquizofrenia es, en realidad, una enfermedad cerebral. Si es así, ¿por qué sigue siendo definida como una enfermedad mental y tratada por psiquiatras en vez de por neurólogos? Con relación a las anormalidades detectadas mediante técnicas de imagenología diagnóstica en los cerebros de los llamados esquizofrénicos, surgen enseguida dos inquietudes:
a) ¿Esas anomalías son causa o consecuencia de la conducta anormal?
b) Si la esquizofrenia es una enfermedad del cerebro como, digamos, la enfermedad de Parkinson , o la enfermedad de Alzheimer, o la esclerosis múltiple, ¿ cómo es que en muchos países hay leyes especiales de salud mental que obligan al internamiento o al tratamiento forzado de los llamados esquizofrénicos? Que yo sepa, no hay leyes especiales para el tratamiento coercitivo de las pacientes con Parkinson, Alzheimer y esclerosis múltiple.
Al señalar que la esquizofrenia es parte del mito moderno de la enfermedad mental, tampoco estoy negando la existencia de la locura. De hecho, la locura abunda dentro y fuera de los manicomios( ahora llamados hospitales mentales). Lo que estoy cuestionando es la veracidad científica de categorizarla y tratarla como una enfermedad legítima tan curable como una apendicitis o una neumonía. La locura, en su sentido clásico y literario, es más bien un asunto personal (locura individual) o político(locura colectiva).


3. El crimen y la violencia. El concepto psiquiátrico del crimen surgió en el siglo XX con la publicación de “El criminal, el juez y el público”(1929), de F. Alexander y H. Staub. Para estos autores, había dos clases de criminales: el normal y el anormal. Para el normal la penología tradicional era suficiente, en tanto que, para el anormal, Alexander y Staub recomendaban la abolición de los castigos y la implantación de tratamientos psiquiátricos.
Es importante tener en cuenta que esta tesis nació en la época del ascenso al poder de las ideologías totalitarias de la Italia fascista, la Alemania nazi y la Unión Soviética comunista, en las que los psiquiatras estaban dispuestos a cooperar con gobiernos dictatoriales en la represión de los ciudadanos.
Por su parte, Thomas Szasz, desde la publicación de “El derecho, la libertad y la psiquiatría”(1963), ha advertido que la Psiquiatría Institucional se ha convertido en una agencia represiva de control social .
Esta psiquiatrización del crimen ha dado origen al mito del paciente mental peligroso: con bastante frecuencia los medios masivos de comunicación informan sobre un crimen al que, enseguida y tras la entrevista a un psiquiatra o psicólogo, se le endilga el calificativo de trastorno mental. Aunque no hay ninguna evidencia de que los llamados pacientes psiquiátricos son más peligrosos que los normales(la situación actual apunta más bien a todo lo contrario), el mito del paciente mental peligroso se resiste a morir.


4. El consumo de drogas legales e ilegales. Aunque la humanidad ha usado(y abusado de) drogas tales como el alcohol, la coca, la marihuana, el opio y sus derivados, y el tabaco durante siglos, el llamado problema de la droga, o drogadicción, o farmacodependencia, o abuso de drogas fue una creación del siglo XX con la promulgación de las primeras leyes antidrogas , y la inclusión del uso de ciertas drogas en la lista oficial de trastornos mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana. Hasta ese entonces, no teníamos el llamado problema de la droga, ni la palabra drogadicción tenía la connotación peyorativa que hoy tiene. (De hecho, adicción quiere decir apego, dedicación como cuando decimos que Fulano es adicto al Partido Liberal, o Mengano es adicto al catolicismo).
Décadas más tarde, la guerra antidrogas, supuestamente ejecutada para erradicar el consumo, es llevada a cabo con tanta insensatez y ferocidad que sus terribles consecuencias(un ambiente de persecución inquisitorial, criminalidad, corrupción, daño ecológico y toxicidad agregada por la impureza) han terminado por afectar a toda la sociedad. Pero en vez de atribuir estas nefastas consecuencias a la ilegalidad y la guerra, los gobiernos las achacan a las drogas , los drogadictos y los traficantes.
Por mi parte, sugiero que prohibir ciertas drogas porque su abuso puede ser dañino para la salud es tan sensato como prohibir los automóviles porque su abuso puede ser perjudicial para la salud, y postulo que la guerra antidrogas nos está haciendo más daño que la denominada drogadicción. Por consiguiente el asunto no es cómo acabar con las drogas y los drogadictos sin cómo acabar con la persecución y la guerra.


5. Los conflictos personales e interpersonales. Por último, cuando seguimos hablando de trastornos mentales, tenemos en mente otros tipos de hechos: los conflictos personales e interpersonales tales como la angustia, el desempleo, las dificultades o desviaciones sexuales, la discordia marital o familiar, la estupidez, las fobias, la incultura, las inhibiciones y demás problemas de la condición humana. Se piensa entonces que la vida es armónica y que los conflictos son causados por psicopatologías subyacentes que es preciso curar para ser felices. Esta es la versión pseudocientífica actual de la psiquiatría y la psicología clínica convencionales. No obstante,me parece más realista aceptar de una vez por todas que la vida es, en sí, una ardua tragicomedia, y que lo que llamamos salud mental(que prefiero llamar virtud o salud espiritual) es un largo y tortuoso camino de aprendizaje cotidiano.


CONCLUSIONES


La historia de la ciencia está llena de teorías y modelos que fueron descartados una vez que se lograron avances que permitieron un conocimiento preciso de los fenómenos. No veo por qué no va a ocurrir lo mismo con la teoría de la enfermedad mental. Nos corresponde a los científicos la responsabilidad social de revisar crítica y constantemente el estado de nuestros conocimientos para así ponernos al día en nuestra labor.


La teoría de la enfermedad mental tuvo, pues, su utilidad histórica hasta el siglo pasado pero es, en la actualidad, científica y médicamente anticuada pues permite diagnosticar y tratar como enfermos mentales a pacientes con enfermedades cerebrales o de otro tipo que cursan con trastornos involuntarios de conducta; y es moral y políticamente dañina porque se ha vuelto una cortina de humo para toda una serie de problemas económicos, existenciales, morales y políticos que, estrictamente hablando, no requieren terapias médicas sino alternativas económicas, existenciales, morales y políticas.


La teoría de la enfermedad mental es científicamente anticuada pues permite diagnosticar como enfermos mentales a pacientes con enfermedades cerebrales; y socialmente dañina pues es una cortina de humo para una serie de problemas sociales. Hay dos tipos de psiquiatría: voluntaria e involuntaria. La psiquiatría involuntaria es incompatible con los principios de una sociedad democrática y libre, y debe ser abolida. Al negar la validez científica de la teoría de la enfermedad no estoy negando la realidad de las enfermedades neurológicas, la locura, el crimen, el consumo de drogas y los conflictos sociales.

Foucault, M. - Experiencias de la locura


En este texto Foucault, presenta una mirada distinta acerca de los fenómenos de internación, según el, no se trata de una historia de la locura de carácter continuo y evolutivo, de un progreso hacia la medicalización de la locura, donde los insensatos del Hotel dieu (especial para enfermos mentales) serian los que habrían recibido ya el estatuto de enfermos. La historia de la locura según Foucault no puede servir de justificación y como ciencia de apoyo a la patología de las enfermedades mentales. El internamiento no constituye un primer esfuerzo hacia la hospitalización de la locura. La locura en el devenir de su realidad histórica hace posible en un momento dado, un conocimiento de la alineación en un estilo de positividad que la cierne como enfermedad mental, pero este conocimiento no firma la verdad de esta historia ni la anima secretamente desde su origen 
De hecho en el renacimiento (S16) y antes , el loco antes de haber recibido su estatuto médico había adquirido una cierta densidad personal, una individualidad, del personaje sin duda mas que del enfermo, , el loco no ha necesitado de las determinaciones de la medicina para acceder a su reino de individuo, pero esta individualidad no ha seguido siendo inmóvil. Desde el fin de la edad media se ha encontrado solicitada a la solicitud de cierto humanismo médico, y bajo influencias del pensamiento árabe se han fundado hospitales para locos ( he aquí la experiencia de la locura como enfermedad)
Pero el loco desde el renacimiento es reconocido de otro modo, según una nueva unidad específica, que lo aísla del mundo sin darle exactamente un estatuto médico. Lo que ha caracterizado entonces al siglo 17 no es que se haya avanzado por el camino que conduce al reconocimiento del loco, se ha empezado al contrario a distinguirlo con menos claridad en todo caso, se le ha reabsorbida en una masa indiferenciada, el loco de la época clásica encerrado con los enfermos, los degenerados, los homosexuales, etc, ha perdido los indicios de su individualidad, se disipa en una aprehensión general de la sinrazón, la perspectiva se vuelve mas uniforme. Se hace pasar al loco del registro del hospital al de la corrección y dejando borrarse los signos que los distinguían, se le envuelve en una experiencia de la locura que es de una calidad totalmente distinta, y si hay médicos aquí es  para prevenir por ej pero no para curar a los locos...
Lo que se ha producido entre el final del renacimiento y el apogeo de la época clásica no es tan solo la evolución de las instituciones, es una alteración de la conciencia de la locura: son los asilos de internado, las prisiones y las correccionales, las que en adelante representarán esta conciencia. 
Puede haber alguna paradoja en encontrar en la misma época, locos en salas de hospital e insensatos en correccionarios y los prisioneros, pero ello esta lejos de ser el signo de un progreso en vías de completarse, de hecho los locos que están en el hospital encarnan, un estado de cosas superado, ellos nos remiten a esta época, fin de la edad media y hasta el renacimiento, en que el loco era reconocido y asilado como tal, no es el hospital lo mas reciente, sino que firma pro el contrario una sedimentación arcaica, aunque persistirán ambas experiencias


El reconocimiento de la locura en el derecho  canónico como romano estaba ligado a su diagnóstico por la medicina (aquí se da un ej de lo que dice un tal zachias en siglo 17) En síntesis los poderes de decisión se remiten al juicio médico, solo el puede introducir a alguien en el mundo de la locura, distinguir el criminal del alienado irresponsable. 
Ahora bien, la práctica del internamiento esta estructurada según un tipo totalmente distinto, no se ordena por una decisión medica, proviene de otra conciencia, es muy raro ver a los magistrados recurrir a un parte médico, lo que puede determinar y aislar al hecho de la locura no es tanto una ciencia médica como una conciencia susceptible de escándalo, la interdicción no comporta ningún peritaje médico es un asunto que debe arreglarse entre familias y la autoridad jurídica, parece que cada vez mas se tendió a prescindir del control médico que en el siglo 17 estaba previsto en el reglamento de ciertos hospitales, y a socializar cada vez mas el poder de decisión que debe reconocer la locura donde esta se encuentre. 
Vistas las cosas desde los resultados parece que ha habido una transición de una teoría jurídica de la locura, bastante elaborada para discernir con ayuda de la medicina, y una práctica social, casi policíaca que la capta de una manera masiva, transición que parece normal, pero que cobra mas importancia si pensamos que hablamos de dos conciencias distintas, pertenecen a dos mundos distintos, la una se deriva de la persona como sujeto de derecho, la otra como ser social. 
Aquí, Foucault sostiene que sobre el fondo de una experiencia jurídica de la alineación se ha constituido la ciencia médica de las enfermedades mentales, mientras que la conciencia social tendrá que ver con la otra experiencia del internamiento, mas reciente. 
La diferencia con los conceptos en vigor para la práctica del internamiento es profunda, asunto entendible ya que hay como dos niveles de elaboración de la medicina, en un caso pone en juego las capacidades de un sujeto de derecho, , en el otro caso se pone en juego la conducta del hombre social y prepara así una patología dualista en términos de normal/anormal, de sano y enfermo. 
Uno de los esfuerzos constantes del siglo 18 fue ajustar a la noción jurídica de sujetos de derecho ( que tiene que ver como se dijo con la versión mas “médica” la experiencia contemporánea del hombre social. Esos temas han guiado silenciosamente la elaboración del concepto de locura. La medicina positivista del siglo 19 hereda este esfuerzo. Admitirá como ya establecido y probado que la alineación del sujeto de derecho puede y debe coincidir con la locura del hombre social, en la unidad patológica.. 
La psicopatología del siglo 19 y quizá aun la nuestra cree situarse y tomar sus medidas por relación a un homo natura o a un hombre normal dado anteriormente a toda experiencia de enfermedad. De hecho ese hombre normal es una creación y si hay que situarlo no es en un espacio natural sino en un sistema que identifica el socius al sujeto de derecho.


La locura en la época clásica ha quedado dentro de dos formas de hospitalidad: la de hospitales propiamente dichos y la del internamiento, ha quedado sometida a dos formas de localización, una tomada del universo del derecho y que usaba sus conceptos, la otra que pertenecía a las formas espontáneas de la percepción social. Y entre esos aspectos la conciencia médica no es inexistente pero tampoco es autónoma, simplemente está localizada en las prácticas de hospitalización, también ocupa un lugar en el análisis jurídico de la alineación pero no es lo esencial ni mucho menos, ella articula, hace comunicar las reglas del análisis jurídico y la práctica del envío de los locos a establecimientos médicos, en cambio difícilmente penetra en el dominio del internamiento y la sensibilidad social que en el se expresa. 
Cuando en el siglo 19 se decidirá internar en el hospital al hombre sin razón y cuando hará al mismo tiempo del internamiento un acto terapéutico destinado a curar a un enfermo lo hará por una medida de fuerza que reduce a una unidad confusa pero difícil de desanudar esos diversos rostros de la locura

Foucault, M. - Disciplina

Texto extraido del libro "Vigilar y Castigar"

LOS CUERPOS DÓCILES  

Comienzos del S XVII: El soldado representa un cuerpo apto según determinadas características (vigor, valentía, buena marcha, cabeza erguida, estómago levantado, etc). Segunda mitad del S XVIII: El soldado se ha convertido en algo que se fabrica, de un cuerpo inepto se ha hecho la máquina que se necesitaba.
Ha habido en el curso de la edad clásica un descubrimiento del cuerpo como objeto y blanco de poder. El gran libro del Hombre-máquina ha sido escrito en dos registros:

  • ·el anátomo-metafísico, del que Descartes había compuesto las primeras páginas, y que médicos y filósofos continuaron (óptica médica y filosófica). Se trata aquí de funcionamiento y explicación; de un cuerpo analizable.
  • ·el técnico-político, que estuvo constituido por reglamentos (militares, escolares, hospitalarios) y por procedimientos empíricos y reflexivos. Se trata aquí de sumisión y utilización; de un cuerpo manipulable.
Estos dos registros se hallan unidos por la noción de docilidad. Es dócil un cuerpo que puede ser sometido, utilizado, transformado y perfeccionado.
Por lo tanto, la disciplina son los métodos que permiten el control minucioso de las operaciones del cuerpo, que garantizan la sujeción constante de sus fuerzas y les imponen una relación de docilidad-utilidad. Estas han llegado a ser, en el transcurso de los S XVII y XVIII fórmulas generales de dominación.
La disciplina fabrica así cuerpos sometidos y ejercitados, cuerpos "dóciles"..

EL ARTE DE LAS DISTRIBUCIONES
 

La disciplina procede a la distribución de los individuos en el espacio. Para ellos emplea varias técnicas.
  1. La clasura, la especificación de un lugar heterogéneo a todos los demás y cerrado sobre sí mismo.
  2. La localización elemental o división en zonas, espacios. A cada individuo su lugar. Se trata de saber dónde y cómo encontrar a los individuos, poder en cada instante vigilar la conducta de cada cual, apreciarla, sancionarla, medir las cualidades. La disciplina organiza el espacio analítico, el espacio celular.
  3. Los emplazamientos funcionales. Se trata a la vez de distribuir a los individuos en un espacio en el que es posible aislarlos y localizarlos; pero también de articular esta distribución sobre un aparato de producción que tiene exigencias propias, hacer espaciosos útiles
  4. El rango. La unidad aquí no es pues ni el territorio (unidad de dominación), ni el lugar (unidad de residencia), sino el rango: el lugar que se ocupa en una clasificación. Así y en estos alineamientos obligatorios, cada alumno de acuerdo a su edad, a sus adelantos y a su conducta, ocupa un orden determinado, un rango. Movimiento perpetuo en el que los individuos sustituyen unos a otros en un espacio ritmado por intervalos alineados.
La primera de las grandes operaciones de la disciplina es pues la constitución de "cuadros vivos" que transforman las multitudes confusas, inútiles o peligrosas, en multiplicidades ordenadas. El cuadro en el S XVIII es una técnica de poder y un procedimiento de saber. Se trata de organizar lo múltiple.
Permite a la vez la caracterización del individuo como individuo, y la ordenación de una multiplicidad dada. Es condición primera para el control y el uso de un conjunto de elementos distintos: la base para una microfísica de un poder celular.

EL CONTROL DE LA ACTIVIDAD

  1. El empleo del tiempo Sus tres grandes procedimientos –establecer ritmos, obligar a ocupaciones determinadas, regular los ciclos de repetición– coincidieron muy pronto en colegios, talleres, hospitales..Pero esto no es lo más nuevo. Otros procedimientos son más característicos de las disciplinas.
  2. La elaboración temporal del acto.Se define una especie de esquema anátomo-cronológico del comportamiento. El acto queda descompuesto en sus elementos; la posición del cuerpo, de los miembros, de las articulaciones se halla definida. El tiempo penetra el cuerpo, y con él todo los controles minuciosos del poder.
  3. Establecimiento de correlación del cuerpo y del gesto: el buen empleo del cuerpo, que permite un buen empleo del tiempo, nada debe permanecer ocioso o inútil. Un cuerpo disciplinado es el apoyo de un gesto eficaz. Ejemplo: una buena letra supone toda una rutina cuyo código riguroso domina el cuerpo por entero
  4. La articulación cuerpo-objeto. La disciplina define cada una de las relaciones que el cuerpo debe mantener con el objeto que manipula. (Aquí Foucault da el ejemplo de la división en tres tiempos que se debe seguir para el manejo de un arma, según una ordenanza de 1766).El poder viene a deslizarse sobre toda la superficie de contacto entre el cuerpo y el objeto que manipula; los amarra el uno al otro. Constituye un complejo cuerpo-arma, cuerpo-instrumento, cuerpo-máquina. Este carácter del poder disciplinario tiene una función de síntesis, de vínculo coercitivo (que sujeta, que contiene) con el aparato de producción.
  5. La utilización exhaustiva. El principio subyacente en el empleo del tiempo en su forma tradicional era esencialmente negativo; principio de no ociosidad (no derrochar el tiempo). La disciplina procura una economía positiva.  A través de esta técnica de sujeción, se está formando un nuevo objeto. Este objeto nuevo es el cuerpo natural, el cuerpo susceptible de operaciones especificadas, que tienen su orden, su tiempo, sus condiciones internas, sus elementos constitutivos. El cuerpo, al convertirse en blanco para nuevos mecanismos del poder, se ofrece a nuevas formas de saber aunque, opone y muestra condiciones de funcionamiento propias de un organismo. El poder disciplinario tiene como correlato una individualidad no sólo analítica y "celular", sino natural y "orgánica"

LA ORGANIZACIÓN DE LA GÉNESIS
 

Las disciplinas, que analizan el espacio, que descomponen y recomponen las actividades, deben ser también comprendidas como aparatos para sumar y capitalizar el tiempo utilizando cuatro procedimientos (claramente ejemplificados en la organización militar).
  1. Dividir la duración en segmentos, sucesivos o paralelos, cada uno de los cuales debe llegar a un término especificado.. Por ej. aislar el tiempo de formación y el período de la práctica (como en nuestra facultad).
  2. Organizar estos trámites de acuerdo con un esquema analítico: sucesiones de elementos tan simples como sea posible, combinándose según una complejidad creciente. Lo cual supone que la instrucción abandone el principio de repetición analógica.
  3. Finalizar estos segmentos temporales, fijarles un término marcado por una prueba que tiene por triple función indicar si el sujeto ha alcanzado el nivel estatutario, garantizar la conformidad de su aprendizaje con el de los demás y diferenciar las dotes de cada individuo.
  4. Disponer series de series; prescribir cada una, según su nivel, su antigüedad y su grado, los ejercicios que le convienen.
El poder se articula directamente sobre el tiempo, asegurando su control y garantizando su uso.
Los procedimientos disciplinarios hacen aparecer un tiempo lineal, un tiempo evolutivo cuyos momentos se integran unos a otros. Al mismo tiempo, las técnicas administrativas y económicas de control hacían aparecer un tiempo social de tipo serial, orientado y acumulativo; descubrimiento de una evolución en términos de "progreso. Progreso de las sociedades, génesis de los individuos, estos dos grandes "descubrimientos" del siglo XVIII son quizás correlativos de las nuevas técnicas de poder y de una nueva manera de administrar el tiempo y hacerlo útil al segmentarlo. Una macro y una microfísica de poder han permitido la integración de una dimensión temporal, unitaria, continua, acumulativa en el ejercicio de los controles y la práctica de las dominaciones. La historicidad "evolutiva" tal como se constituye entonces está vinculada a un modo de funcionamiento del poder.

El pequeño continuo temporal de la individualidad-génesis parece ser como la individualidad-célula o la individualidad-organismo, efecto y objeto de la disciplina. Y en el centro de esta seriación del tiempo se encuentra un procedimiento que es, para la disciplina, se trata del "ejercicio": técnica por la cual se imponen a los cuerpos tareas a la vez repetitivas y diferentes, pero siempre graduadas. Influyendo sobre el comportamiento, el ejercicio permite una perpetua caracterización del individuo. Garantiza un crecimiento, una observación, una calificación

LA COMPOSICIÓN DE FUERZAS
 

Desde fines S XVII se busca hacer útil a cada individuo y rentable la formación de las tropas. Pero estas razones económicas han llegado a ser determinantes a partir de la invención del fusil: permitía explotar la potencia de fuego al nivel individual; e inversamente, hacía de todo soldado un blanco posible, exigiendo por ello una mayor movilidad; ocasionaba, por tanto, la desaparición de una técnica de masas en provecho de las unidades. De ahí la necesidad de inventar una maquinaria cuyo principio no fuera ya la masa móvil o inmóvil, sino, una geometría de segmentos divisibles cuya unidad de base fuera el soldado móvil con su fusil.
Aparece así una exigencia nueva para la disciplina: construir una máquina cuyo efecto se llevará al máximo por la articulación concertada de las piezas elementales de que está compuesta. La disciplina no es ya simplemente un arte de distribuir cuerpos, de extraer de ellos y de acumular tiempo, sino de componer unas fuerzas para obtener un aparato eficaz. Esta exigencia se traduce de diversas maneras.

  1. El cuerpo singular se convierte en un elemento que se puede colocar, mover, articular sobre otros (combinación de los cuerpos). Su fuerza no es ya la variable principal que lo define, sino el lugar que ocupa, la regularidad. 
  2. Piezas igualmente, las diversas series cronológicas que la disciplina debe combinar para formar un tiempo compuesto, de manera que la cantidad máxima de fuerzas pueda ser extraída de cada cual y combinada en un resultado óptimo Esta combinación cuidadosamente medida de las fuerzas exige un sistema preciso de mando.
La disciplina fabrica a partir de los cuerpos que controla cuatro tipo de individualidad, o más bien, una individualidad dotada de cuatro características: es celular (por el juego de la distribución espacial), es orgánica (por el cifrado de las actividades), es genética (por la acumulación del tiempo), es combinatoria (por la composición de fuerzas). Y para ello utiliza cuatro grandes técnicas: construye cuadros; prescribe maniobras; impone ejercicios; en fin, para garantizar la combinación de las fuerzas, dispone "tácticas". La táctica, arte de construir, con los cuerpos localizados, las actividades codificadas y las aptitudes formadas, unos aparatos donde el producto de las fuerzas diversas se encuentra aumentado por su combinación calculada, es la forma más elevada de la práctica disciplinaria. En este saber, los teóricos del S XVIII veían el fundamente general de la práctica militar.
Es posible que la guerra como estrategia sea la continuación de la política. La "política" ha sido la continuación del modelo militar como medio fundamental para prevenir la alteración civil. La política ha tratado de utilizar el dispositivo del ejército perfecto, de la masa disciplinada.

Foucault, M. - El cuerpo de los condenados

Extraido del libro "Vigilar y Castigar"

Fines del siglo XVIII y principios del XIX:

Transformación en la economía del poder punitivo. Desaparición de un estilo punitivo: el suplicio. Época de innumerables proyectos de reforma; nueva teoría de la ley y del delito, nueva justificación moral o política del derecho a castigar, redacción de los códigos modernos, etc. La desaparición de los suplicios, de esta forma de castigo, se ha atribuido a una “humanización de las penas” pero el autor se alza en contra de esta tesis. Sostiene que los castigos menos inmediatamente físicos y la discreción en el arte de hacer sufrir junto con otros cambios es producto de reordenamientos más profundos.

En esta transformación han intervenido dos procesos:

1. La desaparición del espectáculo punitivo: la ceremonia de la pena tiende a entrar en las sombras para no ser mas que un acto de administración o procedimiento. Esto lleva consigo varias consecuencias; el castigo abandona el dominio de la percepción casi cotidiana para entrar en el de la conciencia abstracta (es la certidumbre a ser castigado y no ya el teatro abominable lo que debe apartar el crimen, la mecánica ejemplar del castigo cambia sus engranajes), la justicia no toma sobre sí públicamente la parte de violencia vinculada a la ejecución de las penas. Se da publicidad y luz a los debates y sentencias pero no a la ejecución que tiende a convertirse en un sector autónomo, al mismo tiempo en que se da esta distinción administrativa opera una denegación teórica quye sostiene que lo esencial de la pena que inflingen los jueces no es para castigar sino para “corregir”, reformar, curar, es decir que serviria como una técnica de mejoramiento. Sostiene Foucault que hay en la justicia moderna una vergüenza de castigar.

2. El relajamiento de la acción sobre el cuerpo del delincuente: desaparece el cuerpo como blanco mayor de la represión penal. Aunque la prisión, la reclusión, los trabajos forzados, la deportación entre otras, son penas “físicas” y recaen sobre el cuerpo, la relación de éste con el castigo no es la mismas que la que se da en los suplicios. El cuerpo se encuentra aquí en situación de instrumento o de intermediario, si se interviene sobre él es para privar al individuo de una libertad considerada a la vez como un derecho y un bien. El sufrimiento físico, el dolor sobre el cuerpo mismo no son ya elementos constitutivos de la pena. El castigo ha pasado de un arte de las sensaciones insoportables a una economía de los derechos suspendidos. Como efecto o consecuencia de este cambio o nueva modalidad de ejercer el castigo los técnicos (medicos, vigilantes, psiquiatras, educadores, capellanes) relevan de su cargo a los verdugos, garantizando que el cuerpo y el dolor no son los objetivos últimos de la acción punitiva. Ejemplo de ello es que hoy un médico debe vigilar la salud de un condenado a muerte. Ha tomado como objeto principal la pérdida de un bien o un derecho. A la expiación que causa extragos en el cuerpo debe sucederle un casigo que actua en profundidad sobre el corazón, el pensamiento , la voluntad, las disposiciones del hombre. El objeto de la operación punitiva se ha transformado ya no es el cuerpo sino el alma. Bajo el nombre de delito o crímenes se sigue juzgando objetos jurídicos definidos por el código pero se juzga a la vez pasiones, instintos, anomalías, inadaptaciones. Son estas sombras detrás de los elementos de la causa las efectivamente juzgadas y castigadas. Son juzgadas por el juego de todas las nociones que han circulado entre medicina y jurisprudencia desde el siglo XIX y con el pretexto de explicar el acto son modos de calificar a un individuo. La economía interna de las penas esta destinada no solo a sancionar la infracción sino a controlar al individuo, a neutralizar su estado peligroso.

El estudio obedece a cuatro reglas generales:

1) No centrar el estudio de los mecanismos punitivos solo en sus efectos represivos, sino reincorporarlos a toda la serie de efectos positivos que pueden inducir, considerar el castigo como una función compleja.

2) Analizar los métodos punitivos no como consecuencias de reglas del derecho sino como técnicas específicas del campo mas general de los demás procedimientos de poder, adoptar en cuanto a los castigos la perspectiva de la técnica política.

3) Situar la tecnología del poder en el principio tanto de la humanización de la penalidad como del conocimiento del hombre, ambas pertenecer a un proceso de formación epistemológico jurídico.

4) Examinar si la entrada del alma en la escena de la justicia, y con ella la introducción de todo un saber científico, no será efecto de la transformación de la manera en que el cuerpo está investido por las relaciones de poder.

Tratar de estudiar la metamorfosis de los métodos punitivos a partir de una tecnología política del cuerpo donde pudiera leerse una historia común de las relaciones de poder y de las relaciones de objeto. Esta nueva tecnología del poder ha venido a doblar el crimen como objeto de la intervención penal y como un modo específico de sujeción, ha podido dar nacimiento al hombre como objeto de saber para un discurso con estatuto científico.

Hay que situar los sistemas punitivos en cierta economía de los cuerpos, ya que estos están inmersos en un campo político, las relaciones de poder operan sobre él, este cerco político del cuerpo va unido, de acuerdo con unas relaciones complejas y recíprocas, a la utilización económica del cuerpo. Su constitución como fuerza de trabajo sólo es posible si se halla prendida en un sistema de sujeción. El cuerpo solo se convierte en útil cuando es cuerpo productivo y sometido.

Goffman, E. - Estigma e identidad social

Estigma se refiere a signos corporales con los cuales se intentaba exhibir algo malo y poco habitual en el status moral de quinen los presentaba. Sera utilizado para referirse a un atributo desacreditador en un individuo. La sociedad establece los medios para categorizar a las personas y el complemento de atributos que se perciben como corrientes naturales en los miembros de cada una de esas categorías. El medio social establece las categorías de personas que en él se pueden encontrar.
Es probable que al encontrarnos ante un extraño las primeras apariencias nos permitan prever en que categoría se halla y cuáles son sus atributos, su identidad social. El carácter que atribuimos es una identidad social virtual. La categoría y atributos que, según puede demostrarse, le pertenecen, es una identidad social real. El extraño que está presente ante nosotros puede demostrar ser dueño de un atributo que lo vuelve diferente de los demás (dentro de la categoría de personas a la que él tiene acceso) y la convierte en alguien menos apetecible. Dejamos de verla como una persona total y corriente para reducirlo a un ser inficionado y menospreciado. Es un estigma. A veces se llama defecto, falla o desventaja. Esto es una discrepancia entre la identidad social virtual y la real. Un individuo puede ocultar su defecto físico, por temor a que su pretendido status físico se vea desacreditado. Un estigma es realmente una clase especial de relación entre atributo y estereotipo. Hay 3 tipos: Las abominaciones del cuerpo. Defectos de carácter del individuo. Estigmas tribales de la raza, nación o religión. En los tres tipos están los mismos rasgos sociológicos: un individuo que podía haber sido fácilmente aceptado en un intercambio social corriente posee un rasgo que puede imponerse a la fuerza a nuestra atención y nos lleva a alejarnos de él cuando lo encontramos, anulando el llamado que nos hacen el resto de sus atributos. Las actitudes y medidas que los normales adoptan hacia los estigmatizados son conocidas. Y la acción social intenta suavizar y mejorar. Creemos que la persona que tiene un estigma no es totalmente humana y así practicamos diversos tipos de discriminación, mediante la cual reducimos en la práctica, sus posibilidades de vida. Construimos una ideología del estigma para explicar su inferioridad y dar cuenta del peligro que presenta esa persona. El estigmatizado tiende a sostener las mimas creencias sobre la identidad que nosotros, la sensación de ser una persona normal.
El rasgo central que caracteriza la situación vital del individuo estigmatizado está referido a la aceptación. Las personas que tiene trato no logran darle el respeto y la consideración que los aspectos no contaminados de su identidad social habían hecho prever y que el había previsto recibir, se hace eco del rechazo cuando descubre que alguno de sus atributos lo justifican. El estigmatizado le será posible intentar corregir lo que considera el fundamento objetivo de su deficiencia. Debe mencionarse, la tendencia a la virtualización resultante del peligro que para el estigmatizado significa caer en manos de servidores fraudulentos que le venden los medios para corregir la elocución, etc. Esto revela los extremos en que están dispuestos a llegar los estigmatizados. Este también puede intentar corregir su condición en forma indirecta, dedicando un enorme esfuerzo personal al manejo de áreas de actividad que por razones accidentales o físicas se consideran inaccesibles para quien posea su defecto. Una persona estigmatizada puede reaccionar a su problema aislándose, carente de feedback (intercambio social con los demás) y podrá volverse desconfiada, depresiva, hostil, ansiosa y aturdida. Tener conciencia de la inferioridad significa que uno no puede dejar de formularse cierto sentimiento crónico del peor tipo de inseguridad, y eso trae como consecuencia ansiedad o algo peor. El temor a que los demás puedan faltarle el respeto a  una persona por algo que esta exhibe significa que se sentirá siempre insegura en su contacto con otra gente. Proviene de algo que ese individuo sabe que no puede arreglar, la inferioridad. Por lo tanto, la gente tendrá más aversión y no se sentirá seguro con ellos. El estigmatizado puede descubrir que se siente inseguro acerca del modo en que los normales lo identifican y reciben. Aparece en él la sensación de no saber qué es lo que los demás piensan realmente de el.
El igual y el sabio
La persona estigmatizada es aislada por la sociedad de modo que pasa por ser una persona desacreditada frente a un mundo que no lo acepta. Casi siempre advertirá que existe gente sensible dispuesta a adoptar su punto de vista en el mundo y a compartir el sentimiento de que es humano y esencialmente moral. Hay que considerar dos categorías. El grupo de personas benévolas es el que comparte su estigma. Y Conocedoras por experiencia propia.
Entre sus iguales, el estigmatizado puede usar su desventaja como base para organizar su vida, debiendo resignarse a vivir en un mundo incompleto. Los integrantes de una categoría particular de estigma tienden a reunirse en pequeños grupos sociales. Estos comparten su estigma, y se definen como iguales. El otro grupo es de los sabios, personas normales cuya situación especial los lleva a estar íntimamente informadas acerca de la vida secreta de los individuos estigmatizados y a simpatizar con ellos y que gozan de cierto grado de aceptación y de cortes pertenencia al clan. Las personas sabias son hombres marginales ante quienes el individuo que tiene el defecto no necesita avergonzarse ni ejercer autocontrol, porque sabe que será considerado como una persona corriente. Un tipo de persona sabia es la que cuya sabiduría viene de sus actividades en un establecimiento, que satisface las necesidades de los que tienen estigma como las medidas que la sociedad adopta respecto de estas personas. Otro tipo de persona sabia es la que se relaciona con un individuo estigmatizado a través de una estructura social; esta relación hace que en algunos aspectos, el resto de la sociedad más amplia considere a ambos como una sola persona (ej. padre del invalido) están obligados a compartir parte del descredito de la persona estigmatizada con la cual nos une la relación.

Nietzsche, F. - La genealogía de la moral

 
INTRODUCCIÓN
Según Sigmund Freud, Friedrich Nietzsche se conocía a sí mismo más profundamente que cualquier otro hombre que haya vivido o que es posible que viva. Este hondo autoconocimiento es patente en una serie de libros que han superado la prueba del tiempo tanto en lo literario como en lo filosófico. Estos libros son idiosincráticos, fragmentarios, enloquecedores y a veces estimulantes. Sencillamente desafían cualquier análisis y ningún resumen haría justicia a la riqueza y variedad de su contenido. Muchos incluyen pasajes que, debe decirse, son poco más que la perorata de un loco y anuncian su posterior derrumbamiento moral. Sobre todos arroja una sombra el hecho de que los antisemitas y los fascistas, entresacándolas, han encontrado citas que apoyan sus opiniones; no obstante, las ideas que algunos nazis encontraron tan atractivas son, en su mayor parte, caricaturas de la filosofía de Nietzsche.
LA GENEALOGÍA DE LA MORAL, una de las obras más importantes de Nietzsche, es de todas la más próxima, en el estilo a un tratado de filosofía al uso, al menos a primera vista. En otros libros, como ASÍ HABLÓ ZARATRUSTRA, Nietzsche recurrió a los aforismos: observaciones cortas y expresivas que obligan al lector a detenerse y reflexionar y que requieren una lectura especial. LA GENEALOGÍA DE LA MORAL, por el contrario, consta de tres ensayos, todos sobre un tema afín. El tema central es el origen de la moralidad: la traducción literal del título del libro sería SOBRE LA GENEALOGÍA DE LA MORALIDAD, aunque a veces se ha traducido por SOBRE LA GENEALOGÍA DE LAS COSTUMBRES. La argumentación que lleva implícita que los conceptos morales que hemos heredado de la tradición cristiana son actualmente obsoletos e inferiores a sus predecesores paganos. Nietzsche había proclamado la muerte de Dios en un libro anterior, LA GAYA CIENCIA, «Dios ha muerto; pero dado el modo de ser de los hombres, seguirá habiendo durante miles de años cavernas donde se mostrará su sombra» (La gaya ciencia, sección 108). LA GENEALOGÍA DE LA MORAL es, en parte, una elaboración de las implicaciones que tiene la ausencia de cualquier Dios y sus consecuencias para la moralidad. Hemos heredado conceptos morales pasados de moda y basados en las falsas creencias del cristianismo. Poner al descubierto que los orígenes de estos conceptos son emociones de amargo resentimiento, parece creer Nietzsche, nos permitirá verlos como los preceptos paralizadores del alma que son, y seremos libres para sustituirlos por una perspectiva que engrandezca la vida. Todo esto, debe recalcarse, va implícito y no se explicita en el texto: la mayor parte del libro se dedica a analizar los orígenes tanto psicológicos como históricos de varios conceptos morales clave.
Pero el objetivo de Nietzsche no es simplemente la sustitución de una moralidad por otra; quiere poner en cuestión el valor de la moralidad como tal. Si la bondad moral es poco más que el producto de emociones envidiosas y resentidas, y de la respuesta de los grupos concretos a sus circunstancias, en lugar de ser una parte inmutable del mundo natural, ¿qué valor tiene, en último término? No está claro que Nietzsche de respuesta a la pregunta, pero ese es su propósito. Fundamentalmente, su metodología es genealógica. Pero ¿qué quiere eso decir?
LA GENEALOGIA
La genealogía es, literalmente, la acción de rastrear los orígenes familiares para establecer un árbol genealógico. Nietzsche la utiliza con el significado de rastrear los orígenes de determinados conceptos, en buena medida examinando la historia de los cambiantes significados de las palabras. Su formación en filología (el estudio de las lenguas y de los orígenes de las palabras) lo equipaba para rastrear los significados cambiantes de las palabras que investiga. Su aplicación del método genealógico en LA GENEALOGÍA DE LA MORAL tiene por objeto demostrar que las opiniones recibidas sobre las fuentes de la moralidad están equivocadas y que, desde el punto de vista histórico, conceptos tales como la bondad moral, la culpabilidad, la piedad y la abnegación se han originado a partir de sentimientos rencorosos contra los demás o contra uno mismo.
No obstante, se pretende que la genealogía no sólo aporte una historia de estos conceptos, sino también una crítica de los mismos. Al revelar sus orígenes, Nietzsche intenta poner al descubierto su dudoso pedigrí y, por lo tanto, cuestionar el prominente lugar que ocupaban en la moralidad de su tiempo. El hecho de que los conceptos morales tengan historia anula la opinión de que sean absolutos y se apliquen a todas las gentes de todos los tiempos. Este enfoque de la filosofía moral, como la mayor parte del pensamiento de Nietzsche, es muy discutible, tanto por la metodología como atendiendo a sus supuestos hallazgos.
PRIMER ENSAYO: «BUENO Y MALVADO», «BUENO Y MALO».
En el primero de los tres ensayos que componen el libro, Nietzsche expone su teoría sobre los orígenes de nuestro esencial vocabulario moral para aprobar y desaprobar: las palabras «bueno» y «malvado», utilizadas en un contexto moral. Desarrolla estas opiniones mediante la crítica de las opiniones de los psicólogos ingleses que sostienen que «bueno» se aplicaba en un principio  a las acciones altruista, no tanto porque las acciones fueran en sí mismo buenas, sino porque eran útiles para quienes se beneficiaban, aquellos a quienes se les hacía bien. Poco a poco la gente olvidó los orígenes de la palabra y pasó a pensar que las acciones altruistas eran buenas en sí mismas, en lugar de serlo por sus efectos.
Nietzsche ataca esta versión que, al igual que la suya, es una genealogía de un concepto moral. Sostiene que el término «bueno» lo usaba al principio la nobleza, que se lo aplicaba a sí misma para distinguirse de los plebeyos. Apreciaban su propia valía; el que no pudiera vivir a la altura de sus nobles ideales era evidentemente inferior y «malo». En este ensayo Nietzsche utiliza siempre la distinción entre bueno/malo (contraponiéndola al bueno y el malvado) desde el punto de vista de la nobleza: las acciones de los nobles son buenas, las de los plebeyos, por el contrario, malas.
Su versión de cómo la palabra «bueno» pasó a significar altruista, gira alrededor del ‘ressentiment’. Nietzsche utiliza la acepción francesa que significa resentimiento para referirse a los orígenes de los usos modernos de los términos «bueno» y «malvado». Obsérvese que cuando Nietzsche señala la oposición entre «bueno» y «malvado», (oponiéndola a la de bueno y malo), ve las cosas desde el punto de vista de los plebeyos más que desde el de la nobleza: se refiere al uso moderno de «bueno» para las acciones altruistas y «malo» para las egoístas.
‘RESSENTIMENT’
El ‘ressentiment’ es la emoción que siente el oprimido. Tal como lo utiliza Nietzsche ‘ressentiment’, es sinónimo de «resentimiento»; o más bien es una clase especial de resentimiento. Es la imaginaria venganza a que se entregan quienes son incapaces de reaccionar contra la opresión mediante la acción directa. Del odio y el deseo de venganza sentido por quienes fueron tenidos a raya por la nobleza proceden los elevados valores de la compasión y el altruismo, según Nietzsche. Con ello se pretende hacer una descripción histórica de lo realmente ocurrido y penetrar en la psicología de quienes lo llevaron a cabo. Los plebeyos que no podían aspirar al estilo de vida de la nobleza invirtieron, en su frustración, el sistema de valores de lo bueno y lo malo. En lugar de la perspectiva noble sobre la moralidad, los plebeyos pusieron la propia, que subvertía el statu quo. Según la moralidad de los plebeyos la visión noble de la vida, basada en el poder y en los valores de los guerreros, era malvada: los maltratados, los pobres y los humildes eran los buenos.
Nietzsche atribuye esta «radical revalorización de los valores de los enemigos» a los judíos y a la tradición cristiana, y la califica de primera revolución de la moralidad realizada por los esclavos. Sin darnos cuenta, hemos heredado las consecuencias de esta revuelta, revuelta que ha servido a los intereses de los oprimidos. Para Nietzsche, la moralidad no es algo determinado para siempre y que debe ir desvelándose en el mundo; más bien es una creación humana y, por consiguiente, los términos morales tienen su historia. Historia que está influida por la psicología humana, así como por los intereses de los distintos grupos. En la metáfora de Nietzsche, los corderos decidieron que las aves de presa eran malvadas, con lo que consideraron que ellos, que eran lo contrario de las aves de presa, debían ser buenos. Es absurdo, comenta, negar a quienes son poderosos la natural manifestación de su poder. El lenguaje que utiliza en el libro deja claro que sus simpatías están con las aves de presa antes que con los corderos.
SEGUNDO ENSAYO: LA CONCIENCIA
El tema principal del segundo ensayo es la evolución de la conciencia y, en especial, de la mala conciencia. Mala conciencia es el sentido de la culpabilidad con que carga la humanidad moderna todavía y que es necesaria para la vida en sociedad.
La esencia de la argumentación de Nietzsche es que el origen psicológico del sentimiento de culpa es la frustración del instinto. Instintivamente los seres humanos obtienen placer de sus acciones de fuerza, de su poder, y en especial de ocasionar sufrimiento. Pero cuando, gracias a la socialización, se impide que actuemos siguiendo nuestros deseos de ser crueles con los otros, la manifestación de ese deseo se inhibe y se interioriza. Nos torturamos interiormente a nosotros mismos con sentimientos de culpabilidad porque la sociedad nos castigaría si pretendiéramos torturar a otras personas. Este es un ejemplo concreto del principio general de Nietzsche según el cual todos los instintos que no se proyectan hacia el exterior se vuelven hacia el interior, principio que más adelante elaboraría Freud.
En el curso del examen del origen de la conciencia, Nietzsche señala que el castigo era originariamente independiente de toda noción de responsabilidad de las propias acciones: se era castigado simplemente por haber roto un acuerdo fuera o no la culpa de uno. El significado de la palabra alemana correspondiente a culpa era «deuda». Los culpables eran quienes no devolvían sus deudas. Sin embargo, «culpa» se ha convertido en un concepto moral. La historia oculta del concepto que Nietzsche desvela, pone de manifiesto la contingencia del uso moderno: podría haber sido distinto y no se trata de «algo dado» por la naturaleza. Lo que se quiere decir sin decirlo en éste y en otros análisis sobre el origen de la palabra «bueno» parece consistir en que el origen de los conceptos morales clave no están establecidos de una vez para siempre, sino que son susceptibles de transformación mediante actos de voluntad inmensamente creativos.
TERCER ENSAYO: EL ASCETISMO
El tercer ensayo está menos centrado que los dos primeros y va serpenteando de un asunto a otro. Sin embargo, el tema central resulta razonablemente claro. Nietzsche se plantea la cuestión de cómo pudo surgir el ascetismo, la filosofía de la vida que postula la abstinencia y el sacrificio. Es característico de los ascetas que defiendan la castidad, la pobreza, la autoflagelación, (sea literal o metafórica), etcétera; deliberadamente dan la espalda a los placeres y satisfacciones que ofrece la vida. Nietzsche especifica los impulsos ascéticos de los artistas, de los filósofos y de los sacerdotes. De hecho sugiere que, visto desde una estrella lejana, nuestro planeta parecería estar atestado de seres que sienten aversión y asco de sí mismos, cuyo único placer sería el de infligirse tano daño como les sea posible; no unos a otros, sino a sí mismos. ¿Cómo se ha desarrollado semejante tendencia general? ¿Cómo se ha podido volver la vida contra sí misma?
Nietzsche responde, una vez más, en términos de genealogía. El odio por sí mismo fue el último recurso de los casi impotentes. Frustrados en sus tentativas de ejercer influencia sobre el mundo, más que cesar por completo de desear, dirigieron sus fuerzas contra sí mismos. Una de las intuiciones psicológicas más características de Nietzsche es el gozo que experimentan los seres humanos al ejercer la crueldad. Esta crueldad no se dirige exclusivamente a los demás; incluso gozamos al ser crueles con nosotros mismos. El impulso ascético, que para Nietzsche es una pulsión aparentemente absurda y autodestructiva, es una especie de autotortura que constituyó el último recurso de quienes no eran capaces de ejercer su voluntad en el mundo, pero se ha convertido en un ideal que se debe celebrar.
CRÍTICA DE NIETZSCHE
La falacia genética
 Una crítica fundamental a la metodología que se sigue en LA GENEALOGÍA DE LA MORAL es que incurre en una falacia genética. La falacia genética es el incierto método de razonamiento que va de lo que algo era en un determinado momento a lo que es ahora. Por ejemplo, del hecho de que la palabra «nice» (‘bonito’, ‘agradable’), originariamente significara ‘fino’, ‘delicado’, en el sentido de finas o delicadas distinciones, no se deduce que sirva para poner de manifiesto nada sustancial sobre el actual uso de la palabra. O bien, en otro ejemplo, del hecho de que los robles procedan de las bellotas no se puede concluir que los robles son pequeñas semillas verdosas, ni que tengan gran cosa en común con las semillas. Algunos críticos han argumentado que el método genealógico siempre utiliza esta falacia, de modo que arroja poca o ninguna luz sobre los usos actuales de los términos morales.
No obstante, aunque en algunos pasajes de LA GENEALOGÍA DE LA MORAL, Nietzsche parece decir que puesto que determinados conceptos morales se originaron a partir de sentimientos rencorosos, su valor último queda muy atenuado (y, por lo tanto, cabe acusarlo aquí de incurrir en la falacia genética); en gran parte el método se utiliza para poner de relieve que los valores morales no son absolutos y que tal como han sido revaluados en el pasado pueden volver a revaluarse. El método genealógico es especialmente eficaz para poner de relieve que algunos valores que damos por fijados para siempre pueden cambiarse. Este uso del método no conlleva falacia genética. Para arrojar dudas sobre el carácter absoluto de los usos morales de la palabra ‘bueno, por ejemplo, basta sencillamente con mostrar que se ha aplicado de forma muy distinta en el pasado. No hay necesidad de proponer que, puesto que se ha utilizado de forma distinta en el pasado debe afectar de alguna manera a sus usos actuales. 
Falta de datos
Una crítica más seria al enfoque de Nietzsche en LA GENEALOGÍA DE LA MORAL es que en cada uno de los tres ensayos aporta escasas pruebas en apoyo de las hipótesis. Incluso aceptando que ‘bueno’ pudo utilizarse de forma distinta en el pasado, o bien que la consciencia y el ascetismo han evolucionado a partir de deseos frustrados, los datos que presenta Nietzsche al recrear estas genealogías son extremadamente parcos. Pese a la sagacidad psicológica, sus análisis, en cuanto descripciones históricas, prácticamente no se apoyan en nada. Sin datos históricos que respalden sus afirmaciones sobre el origen de los conceptos morales, no tenemos ninguna razón para creer que su relato refleje lo verdaderamente ocurrido. Todo lo que puede decirse de la defensa que hace Nietzsche de esta cuestión es que ha presentado unas descripciones razonablemente plausibles de lo que podría haber ocurrido, y ha conseguido sembrar la duda sobre la supuesta fijeza e inmutabilidad de los conceptos morales que hemos heredado. Quizá lo importante sea comprender que los conceptos morales pueden cambiar de significado, que son creaciones humanas y no forman parte de un mundo natural que aguarda a ser descubierto.
Malos usos de sus ideas 
Quizá la crítica más frecuente a la filosofía de Nietzsche es haber sido citada con aprobación por antisemitas y fascistas. Por ejemplo, hubo nazis que pensaban que las ideas del filósofo estaban en concordancia con las suyas. Algunos pasajes de LA GENEALOGÍA DE LA MORAL, si se toman aislados, podrían considerarse antisemitas: aunque demuestra de mala gana su admiración por la revalorización de los valores realizada por los judíos, recalca que fue el último recurso de los débiles. No puede ocultar su simpatía por la moralidad aristocrática de los poderosos. Y en su obra filosófica ensalza repetidas veces el poder, incluso a expensas de los débiles.
No obstante, hay que examinar dos cuestiones importantes a propósito de la utilización de sus ideas con fines perversos. En primer lugar, muchos de los que han utilizado la filosofía de Nietzsche en este sentido han tenido que distorsionarla para lograrlo. Por ejemplo, aunque frases sueltas de los textos de Nietzsche podrían considerarse antisemitas, han de contrapesarse a otros pasajes donde se opone explícitamente al antisemitismo. La segunda cuestión consiste en que el hecho de que sus ideas parezcan glorificar el poder, eso no demuestra que sean erróneas. Una de las razones de que la lectura de la obra de Nietzsche sea tan sugerente es que no deja de carcomer nuestras creencias más preciadas. Aun si no ha conseguido arruinarnos estas creencias, sus escritos nos obligan a reflexionar sobre los fundamentos y supuestos en que se cimienta nuestra  vida.
GLOSARIO
«Altruismo»: Lo que beneficia a otras personas
«Ascetismo»: La renuncia como forma de vida
«Genealogía»: El método de explicar un concepto mediante el análisis de su linaje
«Mala conciencia»: Sentimiento de culpa que nace de la frustración instintiva, autotortura interior.
«Ressentiment»: La clase especial de resentimiento que sienten los oprimidos. La imaginaria venganza a que se entregan quienes son impotentes para actuar contra su opresión.

Marx, K. - Fetichismo de la mercancía


La Fetichización de la mercancía es la materialización de las relaciones de producción inherentes a la economía mercantil basada en la propiedad privada sobre los medios de producción.
Esta materialización posee un carácter objetivo. Los nexos sociales entre los productores privados únicamente se manifiestan en el mercado, en el proceso del cambio de sus mercancías. Nadie controla ni regula conscientemente estos nexos, que se desarrollan espontáneamente. Las relaciones entre los productores aparecen como relaciones entre los productos del trabajo humano. Esta forma específica de la expresión de las relaciones sociales se halla condicionada por el peculiar carácter social del trabajo que produce mercancías. En la producción mercantil basada en la propiedad privada, los frutos del trabajo son productos de trabajos privados independientes entre si. Al mismo tiempo, entre los productores privados existe una estrecha conexión y dependencia recíproca basada en la división social del trabajo. El trabajo de cada productor de mercancías representa una partícula del trabajo social global, mas este carácter social de su trabajo únicamente se pone de manifiesto en el mercado, donde el productor comprueba si su mercancía es necesaria y por ende, si es necesario su trabajo para la sociedad. Resulta, pues, que toda mercancía, para obtener un reconocimiento social, ha de ser equiparada a otra mercancía por ejemplo al oro con el que ha de ser cambiable en una determinada proporción. Subjetivamente, los productores de mercancías ven dicha materialización de las relaciones de producción como una facultad misteriosa e independiente de ellos mismos que posee una cosa de cambiarse por otras en unas determinadas relaciones cuantitativas
El carácter misterioso de la forma mercancía estriba en que proyecta ante los hombres el carácter social del trabajo de estos, como si fuese un carácter material de los productos de su trabajo. Las relaciones entre los productores cobran la forma de relación social entre los propios productos de su trabajo
Los economistas  han descubierto lo que se esconde detrás del valor pero no se han preguntado porque este contenido reviste aquella forma, porque el trabajo toma cuerpo en el valor, y la medida del trabajo según su tiempo de duración se traduce en magnitud de valor producto del trabajo, formula que lleva estampado su estigma de formula de un régimen de sociedad donde el regimen de producción manda sobre el hombre, pero la conciencia burguesa lo considera como algo lógico y evidente”
La determinación de la magnitud de valor por el tiempo de trabajo socialmente necesario es el secreto que se esconde detrás de los valores relativos de las mercancías” Los trabajos privados que se realizan independientemente los unos de los otros, aunque guarden relacion de interdependencia, como eslabones de la división del trabajo, pueden reducirse constamente a su grado de proporción social, porque en las proporciones fortuitas y sin cesar oscilantes de cambio de sus productos se impone como ley natural reguladora el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción
Para esta sociedad de productores de mercancías el regimen de producción social consiste en comportarse frente a sus productos como mercancias, es decir como valores, y  relacionan sus trabajos privados revestidos de esta forma material, como modalidades del mismo trabajo humano.
EL ESPEJISMO DEL CAPITALISMO
Marx nos dice que, si la riqueza de las sociedades en las que domina el modo de producción capitalista se presenta bajo la forma de un "cúmulo de mercancías", es conveniente ocuparse de la mercancía antes de encontrarla en el mercado, pues allí se ocultan las relaciones que atraviesan a la mercancía y que, precisamente la definen como tal.
¿Qué es la mercancía? Es un objeto exterior que en virtud de sus propiedades satisface necesidades humanas, por lo tanto es útil, posee un valor de uso. Este valor de uso se hace efectivo en el uso o en el consumo y siempre debe ser social, útil para otros. Estos valores de uso son el contenido material de la riqueza y en el modo de producción capitalista, son portadores materiales de valor de cambio.
El valor de cambio se presenta como una relación cuantitativa, surge del intercambio entre valores de uso cualitativamente diferentes. El intercambio de mercancías expresa que hay algo que permanece inalterable, y que es común a los distintos valores de cambio. Para llegar a ese algo común, se debe abstraer el valor de uso de la mercancía (ya que es la abstracción lo que caracteriza el proceso del trabajo humano. Al abstraer las propiedades sensibles, concretas de ese trabajo, sólo queda trabajo abstractamente humano, trabajo humano indiferenciado. Sólo queda el gasto de fuerza de trabajo humana. Entonces lo común que se manifiesta en el intercambio de las mercancías, es su valor como materialización de trabajo humano abstracto: sólo por él un valor de uso posee valor.
Habiendo encontrado lo que determina el valor en una mercancía, sabemos cómo medir su magnitud por la cantidad de trabajo contenida en ella, esta cantidad la medimos por su duración en el tiempo. Entonces, es el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción de un valor de uso lo que determina la magnitud de su valor. Este tiempo de trabajo varía con todo cambio en la fuerza productiva de trabajo. Entonces, para que una cosa sea mercancía tiene que ser un valor de uso social (producir valores de uso para otros) y debe transferirse a través del intercambio.
El mismo proceso de abstracción que se realiza con la mercancía, Marx lo realiza para dilucidar la naturaleza del trabajo. Asó, por un lado, tenemos trabajo concreto orientado a un fin que produce valores de uso y, por el otro, gasto de fuerza de trabajo humana abstracta que produce valor. No se debe perder de vista el carácter social permanente de este trabajo abstracto, que justamente produce valor porque ha sido homogeneizado, organizado socialmente.
En cuanto al dinero: Un poseedor de mercancías accede al mercado porque su propia mercancía carece de valor de uso para él. Solo posee valor de uso para otros .A través del proceso histórico de extensión y universalización del intercambio (la repetición constante que hace de él un proceso social regular), proceso que consolida estas relaciones sociales se crea la necesidad de encontrar un equivalente general socialmente reconocido a todas las mercancías.
La forma de equivalente general quedará adherida a una clase particular de mercancías: el dinero. La cristalización de la forma dinero consolida la antítesis entre valor de uso y valor. Es el dinero la expresión de esa antítesis que oculta la doble transformación: los productos del trabajo en mercancía, y las mercancías en dinero. Así las mercancías adoptan o se presentan como cosas exteriores y con vida propias, separadas de los hombres. La expresión más acabada de este ocultamiento la realiza el dinero, ya que el carácter específicamente social de los trabajos privados se manifiestan en el intercambio.
La transformación del dinero en capital se producirá cuando el poseedor de dinero compra la mercancía fuerza de trabajo, cuyo valor de uso, tiene la propiedad de ser fuente de valor, de crear valor.
El capitalista produce valores de uso solo porque son portadores de valor. Pero no solo quiere producir valor, sino plusvalor. El valor de una mercancía está determinado por el tiempo socialmente necesario para su producción. El capitalista compra el uso de una jornada de trabajo, donde el valor creado supera el valor diario de la fuerza de trabajo. O sea el que crea el valor y el plusvalor es el trabajador. Se añade un plusvalor y el dinero se transforma en capital.
El proceso de valorización no es otra cosa que la prolongación del proceso de formación de valor; el plusvalor surge como un excedente cuantitativo de trabajo solo por haberse prolongado la duración del proceso de trabajo.
La transformación del dinero en capital está mediada por la circulación en tanto es en ella donde se compra la fuerza de trabajo, pero no ocurre en ella porque el proceso de valorización tiene lugar en la esfera de la producción. El plusvalor no se produce en la esfera de la circulación sino que se realiza en ella porque es el lugar donde se encuentran y relacionan los poseedores de distintas mercancías. En la esfera de la producción se "produce", en la esfera de la circulación se "realiza", relacionándose en una el capital/trabajo asalariado y en otra propietarios de distintas mercancías. Así, esta relación se nos presenta como la ficción jurídica donde propietarios libres y jurídicamente iguales intercambian distintas mercancías. Si se visualiza solo la esfera de la circulación, queda oculta la relación de explotación que enfrenta al capital/trabajo asalariado. La compra y la venta de fuerza de trabajo se presenta como intercambio de equivalentes: el salario de un obrero aparece como precio del trabajo, y no como valor de la fuerza de trabajo, encubriendo la división de la jornada de trabajo en trabajo necesario y plustrabajo  y la apropiación gratuita de este por parte del capitalismo. Esta ilusión de equivalencia, donde los individuos son igualados socialmente, no sólo encubre la relación real, sino que refuerza la conciencia de "libertad e igualdad" de los sujetos del intercambio.
Las condiciones históricas de existencia del capital surgen cuando el poseedor de medios de subsistencia y de medios de producción encuentra en el mercado al trabajador despojado como vendedor de su fuerza de trabajo.
El proceso histórico muestra la separación del hombre de sus condiciones objetivas de existencia, la escisión de la unidad originaria hombre-naturaleza.
El desarrollo de una fuerza material va a separar la unidad originaria, entendiendo al individuo como lo indivisible: objetividad y subjetividad. Un grupo se apropia de las condiciones objetivas de otro, relacionando a un sujeto dominador con un sujeto productivo. La dominación va cobrando formas particulares en el proceso de escisión, que también es un proceso de enfrentamientos.