Textos y Resúmenes de Psicología

Material de estudio para estudiantes de Psicología y carreras relacionadas.



Universidad Central de Venezuela. Apdo. 80394. Prados del Este. Caracas 1080-A. Venezuela 


Hacer un recuento de la evolución y estado actual de la Psicología Social en nuestra parte del continente americano no es tarea fácil, en el sentido de que la vastedad del territorio que cubre la América que ha sido llamada Latina, la dificultad de las comunicaciones y la pluralidad de centros académicos, de investigación y de intervención, hace que cualquier intento de cubrir el campo a cabalidad sea casi siempre utópico. Sin embargo, la periodicidad de los congresos interamericanos de Psicología, la labor de publicaciones periódicas tales como la Revista Latinoamericana de Psicología, la Revista interamericana de Psicología y el Boletín de la Asociación Venezolana de Psicología Social (AVEPSO), así como los aportes de otras publicaciones de carácter nacional, permiten establecer el curso seguido por esta rama de la Psicología en la región.

Orígenes

El inicio académico de la Psicología Social en América Latina puede fijarse, para la mayor parte del continente en la década del 50, surgiendo conjuntamente con la creación de la mayor parte de las Escuelas de Psicología y con el reconocimiento de la necesidad social de la profesión. En efecto, en 1952 se funda la primera escuela de Psicología de Cuba (Universidad Católica de Sto. Tomás de Villanueva); en 1953 aparece la primera en Brasil; en 1954 la primera de Venezuela (Universidad Central) y ya para inicios de la década del 60 (en 1962 aparece la primera en Chile y poco tiempo después se funda la primera del Perú), la disciplina está firmemente implantada en la mayoría de las universidades latinoamericanas, si bien en algunos países (Costa Rica, por ejemplo), ello no ocurre sino hasta los años 70 (Dobles, 1989).

Como ya se ha dicho antes (Casañas y otras, 1984; Montero, 1989), esta Psicología se caracteriza mayormente por su carácter dependiente y meramente reproductor de teorías, métodos y temas de estudio en boga en los EE. UU. (principalmente) y Europa; si bien hay ya en los años 50 el principio de una línea de investigación que ha probado ser sumamente fructífera en América Latina: el estudio de los efectos de la cultura sobre el comportamiento y sobre la identidad social de los habitantes de estas regiones, y a su vez, la relación entre esa identidad, condiciones estructurales y conciencia social, que se transformará en los años 70 en una fuente de producción de conocimiento estrechamente ligada al propio desarrollo de la subdisciplina.

Pero aún antes de la creación de las escuelas de Psicología, ya algunas cátedras de Psicología Social existían como asignaturas en otras carreras universitarias: educación, periodismo en Cuba (Casañas y otras, Op. Cit.), economía en Brasil (Ribeíro de Almeida, S.f.). Y el interés por el nivel psicosocial de explicación de muchos fenómenos sociales y psicológicos está presente desde mediados del siglo pasado, en ese campo a veces un poco impreciso que luego se delimitó en diferentes ciencias sociales: antropología, sociología, politología, Psicología Social. Así, en 1841, en su Resumen de la Historia de Venezuela, Rafael María Baralt dedicaba un capitulo al tema del carácter nacional usando argumentos que volveremos a encontrar a fines del siglo XIX en Le Bon; igualmente en algunos de los positivistas latinoamericanos que escribieron a principios de siglo se puede encontrar capítulos referentes a la Psicología Social de los pueblos. Y en 1916 Arthur Ramos, en Brasil, publicaba una obra titulada Introducción a la Psicología Social, pionera de los libros de texto latinoamericanos en esta disciplina. Pero transcurrirán cincuenta y cuatro años antes de que aparezca otra obra equivalente, la de Rodrígues (1972, otro brasileño, seguida en 1976 por la de Salazar y otros en Venezuela).

Es decir, que se necesitaron veinte años de trabajo sistemático a partir de la creación de escuelas de Psicología y de departamentos de Psicología Social; más el establecimiento de líneas de investigación con la consiguiente producción ligada a ellas; la formación y egreso de varias promociones de psicólogos y el entrenamiento en la práctica docente e investigativa, para que la Psicología Social latinoamericana empezase a producir medios de estudio surgidos de su propio seno. Hasta ese momento (y todavía hoy la práctica se mantiene en muchos centros académicos), la formación psicosocial se hacía exclusivamente a través de textos producidos casi siempre en los EE. UU. La Psicología Social estudiada era fundamentalmente la que esos textos presentaban; desde su perspectiva se analizaban los problemas de estudio, muchas veces también determinados por la influencia teórica y metodológica que de esos manuales se desprendía, cuando no directamente tomados de ellos.

Una segunda característica que marca los inicios de la Psicología Social es que, y ello parece inevitable, quienes comienzan a desarrollar una práctica psicosocial sistemática en muchos casos se habían formado en centros académicos estadounidenses y europeos, o bien debían su entrenamiento básico a ciencias afines: Sociología, Antropología, Filosofía, incluso Medicina. Esto supone por una parte la importación, a veces acrítica (hay algunas excepciones) de modelos, teorías, métodos y áreas de interés, y, por otra parte, sesgos provenientes de esas disciplinas de origen, que si bien aportaban enfoques de interés, en lugar de complementar, durante algún tiempo ocuparon el puesto que debía corresponder a tendencias y perspectivas surgidas dentro de la propia Psicología Social.

Pero como ya he dicho, algunas excepciones hay a esta configuración ajena del objeto de estudio. Las investigaciones relativas a autoimágenes y heteroimágenes de los miembros de la propia cultura, así como de otras; los estudios sobre estereotipos nacionales, que luego darán lugar a trabajos sobre los aspectos psicosociales del nacionalismo y la identidad social y nacional en particular; que si bien se inician marcados por el uso de modelos teóricos y metodológicos provenientes de otros ámbitos, pasarán más tarde a desarrollar sus propios modelos y a un uso crítico y selectivo de teorías y métodos.

Que sea esa línea de investigación la que primero adquiera una definición y configuración propias no es casual. En efecto, si se toma en cuenta la cantidad de obras relativas a la definición identificatoria del «carácter nacional», de la «Psicología de los pueblos americanos», es comprensible este desarrollo. Una vasta literatura de carácter sociopolítico y antropológico sirve de marco a este tipo de estudios. Muchas de esas obras fueron los textos que para bien o para mal orientaron la educación básica en nuestros países. Desde México hasta Argentina puede decirse que cada país latinoamericano ha tenido en algún momento de su existencia como nación uno o varios momentos de reflexión sobre esa problemática, con la consiguiente producción de tratados al respecto.

Tal literatura configura una protopsicología social, en la medida en que nociones tales como las de actitud, valores, creencias, imágenes, mentalidades y patrones sociales de conducta son tratadas en ellas en un nivel eminentemente psicosocial, ora histórico, ora filosófico, y lo psicológico es presenta como una derivación natural de la fundamentación desarrollada en esas obras. Al mismo tiempo, esa literatura muchas veces constituyó la expresión ideológica con la que se pretendió explicar el desarrollo frustrado de las naciones latinoamericanas, por comparación con modelos europeos y con el paradigma estadounidense.

Fases en el desarrollo de la Psicología Social en América Latina

Si los inicios de la Psicología Social están marcados por la dependencia teórica y metodológica y sus antecedentes por el carácter ideologizado de la perspectiva adoptada, esta situación comenzará a caminar a mediados de la década del 70. Una visión de conjunto del devenir de la subdisciplina en América Latina permite distinguir las siguientes fases en su evolución:

1. Fase de una protopsicología social, correspondiente a los antecedentes. Más que de una Psicología Social propiamente dicha se debe hablar aquí de un pensamiento de carácter sociopsicológico, difuso, muchas veces ideologizado, que cumple una función justificatoria para regímenes autoritarios, para políticas de inmigración y, en general, para el desarrollo de una conciencia e identidad social de carácter dependiente. Esta fase tiene sus primeras expresiones a mediados del siglo pasado y produjo una abundante bibliografía durante toda la segunda mitad del mismo y la primera del actual.

2. Fase de constitución y afirmación sistemática de la subdisciplina. Correspondiente a la implantación científica de la Psicología Social y a la creación de un nicho académico para la misma, no solo en ciencias afines sino dentro de la enseñanza e investigación psicológicas per se. Esta es la fase dominante durante la década del 50 y principios de los años 60.

3. Fase de consolidación de la psicología Social como disciplina académica y a la vez de reproducción dependiente de conocimientos producidos fuera del ámbito latinoamericano. Durante esta fase predomina una producción de conocimientos psicosociales marcada por la adopción acrítica de teorías y métodos surgidos en otras latitudes y por la desvinculación entre los problemas estudiados y la realidad social en que esos estudios se producen. Y a la vez, esta dependencia típica del carácter periférico de nuestros países, está marcada por el retraso informativo. Se siguen los modelos implantados desde fuera, pero siempre a la zaga. Se adoptan las teorías largo tiempo después que han sido entronizadas en los centros de producción del conocimiento y muchas veces cuando ya comienzan a ser superadas por nuevas propuestas, haciendo que la actividad realizada en nuestros países sea obsoleta desde su nacimiento, limitándola.

Esta fase se caracteriza por la producción de una Psicología Social que, siguiendo la clasificación de Stryker (1983), es eminentemente psicológica, ya que surge en el campo de la Psicología, predomina en ella la perspectiva psicológica por encima de la social y tiene como paradigma metodológico el método experimental; si bien no sea ésta la estrategia de investigación predominante. Su duración cubre desde mediados de los años 60 hasta mediados de la década del 70.

4. Fase de crisis de la Psicología social, en la cual la enseñanza, producción, teorías y métodos de la subdisciplina comienzan a ser sometidos a análisis críticos en función de su relevancia y significación social en sociedades específicas. Los psicólogos sociales comienzan a sentir un intenso malestar en relación con las condiciones en que realizan su trabajo, en relación con las orientaciones que lo inspiran y, sobre todo, en relación con su utilidad y efectos. Comienzan a preguntarse a quién sirve y para qué sirve su quehacer y han acumulado ya suficiente experiencia como para haber constatado que ciertas explicaciones teóricas asumidas como el modo apropiado de comprender y aprender la realidad, no producen respuestas, o bien las que dan son irrelevantes o simplemente no funcionan, no sirven. Es el momento de las denuncias y es también el momento (y obviamente hay una relación en todo ello) en que convenzan a producirse los primeros libros de texto.

Y decimos que hay una relación entre denuncias y producción de textos, porque esta última exige una revisión del campo de estudio, que aún en los casos menos críticos, supone la contrastación con la realidad a fin de ejemplificar los principios y conceptos que en ella se contienen. Pero más aún, como coautora de uno de esos libros, producido en 1976, puedo decir que la motivación que nos impulsaba en aquel momento era la de producir nuestro propio libro de Psicología Social, ya que los que hasta cierto punto representaban «el estado del arte» en la materia para su lugar de origen, no nos permitían explicar la realidad en que vivíamos, no se referían a nada parecido a ella y nos parecía absurdo (¡también a nuestros alumnos!) hacer mención de casos ocurridos en Middletown o en Chattanooga o en Neverland y no a lo que sucedía a nuestro alrededor.

La especificidad de la cultura, las peculiaridades de la sociedad concreta escapaban y, al mismo tiempo, la investigación psicosocial se hallaba en un callejón sin salida, que en el mejor de los casos sólo permitía llegar a aproximaciones exploratorio descriptivas, muchas veces deformadas por el enfoque teórico subyacente, a menudo descontextualizadas y parceladas. No necesariamente esos textos subsanaron tales vicios, pero sí abrieron la puerta a nuevos temas, a nuevas perspectivas y coincidieron con el inicio de una nueva praxis marcada por la derivación cada vez más perceptible hacia una Psicología Social sociológica, más cercana -a teorías y puntos de vista provenientes de las ciencias sociales, pero sin sacrificar a ellas su nivel de análisis y de explicación y marcada también por la búsqueda de nuevos enfoques metodológicos.

El trabajo de Graciano (1976 en 1981) es una buena expresión de esta crisis. En él se denuncia la inexistencia, para el momento, de una Psicología Social brasileña, ya que la existente era importada, y la necesidad de «... determinar primero cuáles son los problemas importantes para los psicólogos sociales brasileños si es que algún día vamos a hacer una verdadera contribución a nuestra disciplina» (Op. Cit., p. 415). El trabajo de Ziviani (1976 en 1978) igualmente ilustra esta necesidad de generar «teorías de inspiración propia», que den relevancia social a esa Psicología Social, y de tomar en cuenta «... el dualismo y la naturaleza bidireccional de la interacción social» (p. 21).'Otro tanto hacíamos para la misma época (Montero, 1976) cuando analizábamos la producción psicosocial venezolana entre 1962 y 1975, mostrando su carácter acrítico y la ausencia casi total de explicaciones teóricas y metodológicas propias y reclamando la necesidad de hacer una Psicología Social que fomentara «... el conocimiento [] de la realidad para los sujetos que la construyen. Revelar los nexos entre las causas y los efectos, entre fenómenos aparentemente desligados e inconexos; situar al hombre y sus acciones en el contexto y reconocerlo como actor y como producto del mismo. Descubrir, no ocultar» (1976, p. 9). Nueve años después, en 1985, repetimos la investigación considerando los trabajos realizados entre 1974 y 1984. Los resultados mostraron que si bien seguían predominando las fundamentaciones teóricas externas, podía observarse ya una línea crítica por cuanto esas teorías muchas veces eran sometidas a análisis y examen en función de la problemática tratada, la cual derivaba de la realidad.

No obstante, no es ésta la única respuesta a la crisis, otra corriente propugna, a partir de la consideración del carácter universal de la ciencia y por ende, de la Psicología Social, la necesidad de replicar estudios en diferentes culturas, a fin de hallar los aspectos comunes (Rodrigues, 1979; 1989). Pero también subyaciendo a esta posición está la consideración de la preocupación por la relevancia de la investigación psicosocial y por el conocimiento de la realidad que se estudia (Rodrigues, Op. Cit.).

Situar cronológicamente esta fase es difícil, pues todavía hoy en día hay manifestaciones de ella, pero su momento de erupción comienza alrededor de 1976 (coincidiendo con la crisis denunciada también en otros ámbitos) y produce la mayor parte de sus manifestaciones hasta principios de los años 80.

5. Fase de desarrollo propio de la Psicología Social latinoamericana. El calificativo «propio» significa aquí producción autóctono, en función de problemas derivados de la realidad y con utilización crítica de teorías y métodos existentes, así como con aportes teóricos y metodológicos surgidos en ese quehacer psicosocial. Esta fase coincide con manifestaciones pertenecientes a las dos anteriores, ya que en un continente tan vasto como el americano, con 20 países latinoamericanos, algunos de ellos a su vez de gran extensión y población, es imposible pensar en un desarrollo homogéneo, cosa que de hecho difícilmente ocurre aún en un sólo país. Sin embargo, mirando la producción latinoamericana en su conjunto, podemos decir que la avanzada de la misma se encuentra desde 1983, aproximadamente, en esta fase, a la vez que mantiene una actitud de denuncia crítica.

Lo que caracteriza a esta fase quizá pueda resumiese por ese elemento crítico. La Psicología Social que se está produciendo puede tipificarse por su ubicación en la línea sociológica antes mencionada, marcada por esta perspectiva (no toda Psicología Social sociológica es crítica, ni toda Psicología Social psicológica es acrítica). Es una Psicología Social que se revisa a si misma, a sus objetivos, a sus fundamentos y a sus efectos, tanto desde la perspectiva marxiana cuanto desde perspectivas que pueden seguir otras corrientes filosóficas. Esa base social es muy clara en los trabajos producidos en los años 80: Durkheim, Marx, la teoría de la dependencia, Freire, Fals Borda, Habermas, Parsons, entre otros autores le suministran un marco teórico, pero siempre sometida a análisis y a la prueba de su capacidad para suministrar elementos capaces de interpretar y explicar fenómenos psicosociales. De hecho muchos autores prefieren hablar de una psicosociología y aún, más recientemente, del rescate y reconstrucción de una Psicología Colectiva (cf. Arciga Bernal, 1989 y Fernández Christlieb, 1989). Asimismo, una Psicología Sociológica de base marxiana se hace claramente presente en algunos países del continente (México, Brasil, Venezuela, Colombia), la cual presenta expresiones tanto críticas como acríticas. A su lado coexiste la Psicología Social marxista cubana.

Pero además es ésta una Psicología Social que busca un nuevo paradigma, y de hecho se inserta en él (Montero, 1989, 1991) ante la creciente incapacidad del que hasta entonces dominaba, para dar respuesta a los problemas que ahora enfrenta. Así, es una Psicología que reconoce el carácter histórico de los fenómenos que estudia (Montero, 1978; Martín-Baró, 1983; Jurema, 1985); que plantea una apertura metodológíca, en el sentido de aceptar métodos alternativos y una diferente relación entre quien investiga y su objeto de investigación (Montero, 1984), y rechaza el dominio absoluto del modelo de producción de conocimiento generado en el campo de las ciencias naturales, privilegiando la investigación en ambientes naturales sobre la de laboratorio (Marín, 1978); que reconoce el carácter activo de los sujetos de investigación, productores de conocimiento; que reconoce igualmente el carácter dinámico y dialéctico de la realidad social, y por ende de la condición relativa, temporal y, especialmente, del conocimiento producido; que amplia su objeto de estudio, incluyendo el nivel psicológico de fenómenos tales como la ideología y la alienación (en 1977, Salazar decía ya que la Psicología Social estudia la conducta y la ideología); que admite el carácter simbólico de la realidad expresado a través del lenguaje (Fernández Christlieb, 1986) y que asume explícitamente su compromiso político y social (Martín-Baró, 1986; 1987).

Por supuesto, y como se desprende de la diferencia de impulso y dirección que la subdisciplina tiene en el continente latinoamericano, hay paralelamente una Psicología Social que sigue un rumbo más tradicional o apegado a los dictámenes de algún centro académico europeo o estadounidense, y que está produciendo un buen número de investigaciones acordes a las líneas usuales.

Hay también quien mira las manifestaciones de cambio con escándalo y aún temor, pero ante los resultados, ante el conocimiento producido y su aplicabilidad, no se puede explícitamente negar su relevancia social y su capacidad de dar alguna respuesta a los álgidos problemas que afectan a nuestra América. De hecho, la principal crítica a esta posición, dirigida a la posibilidad de introducir sesgos valorativos establecidos por el compromiso (Rodrigues, 1989) no parece hallar fundamento hasta ahora, por cuanto la adopción de un nuevo paradigma no ha significado el desligarse de la producción científica en general, ni mucho menos establecer un corte que sería ahistórico. Lo que busca esta Psicología Social es ocupar un lugar per se en la producción de conocimiento, aún a costa de abandonar el «privlegiado» lugar en la cola del león (no exenta de pulgas).

Consecuencias inmediatas del desarrollo de una Psicología Social latinoamericana

El «despegue» de la Psicología Social en la América Latina ha tenido evidentes consecuencias para sí y para su inserción social. En el primer caso debemos más bien hablar de relación de interacción mutua entre crisis, reestructuración y desarrollo distintivo como ciencia. En efecto, la toma de conciencia de la Psicología Social respecto de su rol real, de su rol asignado y de su rol posible en las sociedades latinoamericanas, condujo a una inmediata organización del campo profesional en el sentido de suscitar la creación de una organización internacional, la ALAPSO (Asociación Latinoamericana de Psicología Social de considerable actividad en la segunda mitad de la década del 70 y principios de los años 80, que la llevó a organizar algunos encuentros científicos y a publicar cuatro números de una revista, entre 1981 y 1982. Se crearon, asimismo, asociaciones nacionales tales como AVEPSO (Asociación Venezolana de Psicología Social); ABRASO (Asociación Brasileña de Psicología Social); ACHIPSO (Asociación Chilena de Psicología Social); AMEPSO y SOMEPSO (Asociación Mexicana de Psicología Social y Sociedad Mexicana de Psicología Social), las cuales, con mayor o menor éxito, han logrado crear Publicaciones periódicas (el Boletín de la AVEPSO, publicando cuatrimestralmente desde 1978, es un buen ejemplo de ello) y realizar reuniones científicas en sus respectivos países. Aumenta significativamente el número de publicaciones en el área, no sólo por la existencia de Boletines y Revistas, sino por la producción de libros sobre temas específicos y de recopilaciones de artículos (p. e. La Psicología Social en Latinoamérica, volúmenes I y II, recopilados por G. Marín).

Por otra parte, en muchos países de América Latina, desde fines de la década del 70, profesionales de la Psicología Social empiezan a ocupar cargos relevantes en equipos de planificación, públicos y privados. ¿Ha generado alguna diferencia la presencia de psicólogos en cargos ejecutivos? ¿Ha sido socialmente relevante esa presencia? Nuestra información no permite hacer generalizaciones para toda América Latina, pero si nos permite señalar, por ejemplo, que en el caso venezolano, por ejemplo, una ministra de Estado, psicóloga, logró importantes reformas legales en el sentido de reconocer igualdad de derechos civiles a la mujer.

Pero quizá donde más clara se ve la relación entre desarrollo propio de la Psicología latinoamericana y relevancia social, sea al examinar qué áreas o campos de acción dentro de esa Psicología se han fortalecido más, e incluso surgido, en los últimos treinta y cinco años. Para ello hicimos una revisión de 928 trabajos producidos en la Psicología social latinoamericana desde 1956 en adelante (siete libros de texto; 16 recopilaciones; 38 obras independientes; cinco publicaciones seriales de diversos centros académicos y diversos números de 56 publicaciones periódicas). Revisión que no pretende ser ni exhaustiva ni representativa, pues para cumplir cualquiera de esas dos condiciones habría que establecer cuál es la población de publicaciones en el área, tarea que supone recursos y tiempo fuera de nuestro alcance actualmente. No obstante, creemos que la revisión refleja bien la producción fundamental de la región, ya que 16 países están representados; sí bien la producción de unos tiene mayor divulgación que la de otros, en parte por mayor posibilidad de comunicación de la autora con centros académicos de esos países, pero también porque autores de los mismos publican más en revistas internacionales y aún en revistas nacionales de otros países latinoamericanos, lo cual es un índice de mayor producción e información, entre otros aspe os. Como toda clasificación, la que hemos hecho es arbitraria en algunos puntos; específicamente en aquellos en los cuales los datos no revelaban claramente una tendencia y debimos imponer algún criterio para agruparlos.

Los resultados son los siguientes:


Como vemos en la tabla precedente, cuatro áreas tienen la mayor representación: la Psicología Política, que en América Latina se desarrolla como una rama de la Psicología Social y que debe, probablemente, su alta frecuencia a la asunción por parte de grupos de psicólogos sociales altamente productivos, dei reto y el compromiso de estudiar la realidad en que viven, aún con riesgo de sus vidas. Las condiciones políticas de muchos de nuestros países han inclinado la balanza hacia este campo, en el cual la descripción, explicación e intervención han llegado a ser no sólo necesarias, sino a veces la tarea más urgente y a la vez la más difícil de realizar. Su nivel de producción y desarrollo hacen previsible que muy pronto se desgaje del tronco psicosocial común.

Encontramos luego lo relativo a la definición de la propia disciplina, a la crítica a su quehacer, a la revisión de su enseñanza, a su carácter histórico, sus tendencias y su método. Es ésta una presencia lógica, pues toda ciencia que quiere construirse necesita pensarse a sí misma, definir su objeto y su método y someterse continuamente al autoanálisis.

En cuarto lugar está el abigarrado campo de los constructos relativos a lo que se ha llamado cognición social (actitudes, valores, creencias, representaciones sociales, autoconcepto, atribuciones, entre otros aspectos), que ha comenzado recientemente a transformarse en una Psicología Social del Conocimiento. Esto puede estar respondiendo a las características del desarrollo de la disciplina en general y en parte también a la herencia que la Psicología Social arrastra desde fines de los años 60 e inicios de los 70, marcados por la influencia de las teorías del equilibrio en los EE.UU. y su contrapartida europea, el modelo de las representaciones sociales. En el caso de las actitudes no hay que olvidar, además, que dese el surgimiento mismo de la Psicología Social, ellas han ocupado un lugar preponderante como objeto de estudio.

Luego se presenta la Psicología Social comunitaria, cuyo desarrollo, relevancia social y producción cobran cada día mayor alcance. Este dato confirma una tendencia ya prevista por Rodrígues (1979) y por Escovar (1980), que se venía perfilando desde las postrimerías de los años 70 (evidente en el XVII Congreso Interamericano de Psicología, cuando se origina un Comité Gestor de Psicología Comunitaria dentro de la Sociedad Interamericana de Psicología, liderizado por Luis A. Escovar), se afirma desde inicios de los 80, para constituir hoy día un área de la Psicología per se.

Los procesos colectivos, denominación en la cual incluimos las migraciones, el gregarismo, la socialización, los conflictos sociales y las organizaciones, siguen en orden de frecuencia. Las demás áreas, de interés decreciente, constituyen cada una un subcampo de la Psicología Social, por derecho propio: Psicología Social de la comunicación (intersubjetiva, de masas, no verbal); Psicología Ambiental, a la cual unimos los incipientes estudios en lo que se está denominando como Psicología Urbana, y los pocos que encontramos sobre calidad de vida; Psicología Social de la salud; Psicología Social de la educación; Psicología Social y lenguaje; grupos; Psicología Social del trabajo y Psicología Social de la familia.

Siguen los estudios sobre los efectos psicosociales de la cultura (no sobre identidad social, nacional y nacionalismo, incluidos en el área de la Psicología Política) y las comparaciones transculturales. Luego están los estudios sobre la aplicación de la Psicología Social y generación de tecnología social; sobre el cambio social y el desarrollo social y sobre la Psicología Social criminológica y relativa al estudio de las desviaciones sociales.

Por debajo de estos temas, la representación es pobre, bien porque se trate de campos que apenas comienzan a surgir (caso. de la Psicología Colectiva, que se plantea como redefinición de la Psicología Social, desde una perspectiva política), o que son estudiados en pocos lugares en América Latina (Psicología Vial, para la que sólo encontramos estudios en Venezuela, Brasil y Cuba); o categorías en la que agrupamos trabajos que no cabían en otras debido a su carácter meramente descriptivo de situaciones o de tipos específicos de sujetos.

La tabla que comentamos revela las áreas que predominan como objeto de estudio en la Psicología Social latinoamericana y nos permite vaticinar el posible surgimiento a partir de ellas, de nuevos campos en un futuro próximo, marcados por el carácter interdisciplinario, al igual que la disciplina madre. Revela, también importantes ausencias. A saber: no encontrarnos estudios en el campo de la Psicología Social económica (apenas un estudio sobre creencias de los consumidores hacia productos nacionales o importados), área que se desarrolla actualmente en otras regiones del mundo y que tendría mucho que hacer en estos países de economías tan maltrechas. Tampoco la Psicología Social, hasta ahora, ha generado en nuestros países un área dedicada a la Psicología Forense o Jurídica, a pesar de existir algún interés por los aspectos criminológicos (hasta donde sabemos hay algún trabajo sobre el tema en Argentina solamente).

En lo relativo a roles sexuales, estereotipos ligados al género y en general feminidad y masculinidad, decidimos incluir los estudios producidos en este campo en la cuarta categoría, donde como puede verse, tienen una buena representación, ya que se privilegió el carácter cognoscitivo de los mismos.

Nuestros hallazgos comprenden las áreas encontradas por Pick de Weiss (1986) en México. Esa investigación encontró que para ese momento predominaban en la Psicología Social mexicana los siguientes temas: comunicación; desarrollo humano, entendido como creencias acerca del carácter social del mexicano, de su filosofía y estilo de vida; Psicología Social de la salud; Psicología Social poblacional; transcultural; ambiental, criminológica, de las organizaciones y psicometría en Psicología Social, entendiendo en este rubro lo relativo a método y técnicas. Asimismo, se cubren casi totalmente nuestros propios hallazgos de 1985, cuando encontramos los siguientes temas en Venezuela: procesos mediadores (constructos sociocognoscitivos); comunicación; política; vial; comunitaria; ambiental y socialización.

A modo de conclusión

Este recorrido panorámico de la Psicología Social muestra que en sus casi cuarenta años de existencia sistemática y académica en América Latina, la subdisciplina ha logrado establecer un campo que si bien es reconocible y reconocido, no está claramente delimitado (y creemos que nunca lo estará), ya que parece ser su sino el engendrar nuevas áreas (comunitaria, política, ambiental) y el desarrollar otras de carácter interdisciplinario (salud, educación, trabajo, por ejemplo).

Al mismo tiempo, la existencia de esta Psicología está marcada por una intensa producción, desarrollada casi totalmente a partir de los años 70, así como una marcada participación en eventos científicos. Si se observa bien el panorama, se constata que muchos nombres se repiten una y otra vez en publicaciones y en programas de congresos, a la vez en publicaciones y en programas de congresos, a la vez que los mismos nombres están en el inicio de algunas de las principales líneas de investigación. Y más aún, en la organización de muchas publicaciones. Y esto revela un hecho evidente: no son tantos los psicólogos sociales en América latina, pero si puede decirse que son muy activos y que hacen sentir su voz y conocer sus puntos de vista y resultados de investigación.

Quizá ello se deba a que, después de varias décadas de consolidación como subdisciplina, de establecimiento reproductivo y de crisis, y después de haber logrado en muchos casos el objetivo de trabajar por una realidad concreta, el objeto de estudio ha sensibilizado a los psicólogos sociales de tal manera que, comprendiendo la relevancia social del mismo, no puedan permanecer silentes ante sus hallazgos. Pero no podemos asumir que todos los trabajos psicosociales que se llevan a cabo en la región respondan a un compromiso social, ni siquiera a una clara concepción del rol del psicólogo en sociedades periféricas. Sin embargo, en términos globales si es posible señalar que la Psicología Social latinoamericana ha comprendido y definido su rol fundamental, y en la disyuntiva de responder a una realidad y plantearse no sólo el dar respuesta, sino también, como quería Graciano en 1976, el plantearse las preguntas, en lugar de asumir las soluciones dadas, el conocimiento desligado del objeto, premasticado, ha entendido que la manera de hacer una ciencia relevante socialmente es atendiendo a los problemas concretos de la vida cotidiana. Que sólo cuando estudiamos aquello que vivimos hacemos ciencia transcendente, pues cuando se estudia al ser humano en situación se produce conocimiento para la humanidad.



Introducción

Es una situación bastante común en el universo académico de la psicología, encontrarse con el hecho de que al tocar temas teóricos en donde se aborden las prácticas concretas, se deba realizar primero un recorrido de la historia de las ideas psicológicas. Esto muestra la necesidad de tener referentes epistemológicos a partir de los cuales contextuar un quehacer concreto. Podría decirse que, además, muestra las dificultades que la misma psicología tiene para clarificar su territorio de acción.
El problema de la definición del nivel o enfoque con el cual se interrogue una práctica no es un tema menor, cosa que se ve en la necesidad de aclarar la historia y las diferencias en las ideas. En un curso de posgrado, el conferencista muestra esa preocupación expresando: "que la psicología cognitiva no es una teoría, pero si es una meta teórica, es decir, nos dice qué estudiar; no solo comportamiento, sino qué son las operaciones mentales"(2). La cuestión que surge es: ¿hasta donde una "meta teórica" no implica "una teoría"?. Desde ya, no es posible responder definitivamente a esta cuestión, pero el objetivo del presente trabajo es desmenuzar el problema, para poder clarificar lo que se plantea como una hipótesis: que siempre se trabaja con preconceptos, los que de una manera u otra condicionan el pensamiento. Asimismo, es intención de este trabajo poner a dialogar diferentes niveles conceptuales, para ver si en la coyuntura, se puede definir una nueva y más rica forma de interrogación. En estas líneas, se trabajará fundamentalmente sobre el enfoque cognitivo -sostenido en la metodología experimental- y se lo cruzará con algunas hipótesis provenientes del campo clínico del psicoanálisis. En síntesis, no solo se confrontarán teorías, sino distintos enfoques: uno "experimental" y el otro, lo que se podría denominar una clínica a partir de "un ser vivo en situación vital y hablando de su sufrir".

Los modos en que la pregunta define una Psicología

En la necesidad de sentar ciertos principios básicos, se propone pensar a la psicología como un territorio en el cual, el modo de preguntarse, la manera en que interroguemos a nuestro objeto teórico, no dejará de tener consecuencias en la definición del universo teórico y por ende en la manera en que se intervendrá en las operaciones que aquel permita.
Existe por un lado, una psicología que jerarquiza la observación objetiva de los hechos y que rechaza las especulaciones o la estrategia inferencial y que solo propone como sinónimo de ciencia la posibilidad de mensurar, verificar y de repetir sus experiencias. La influencia del positivismo en la búsqueda de regularidades, del pragmatismo en sus requerimientos de aplicaciones útiles y del evolucionismo en su jerarquización del concepto de adaptación, fueron las bases en donde el comportamentalismo sostuvo su propuesta, la que tiende a preguntarse: ¿cómo hace un organismo -así se considera a lo humano- para adaptarse al medio y poder sobrevivir? En una síntesis apretada este enfoque se caracteriza por poner énfasis en el aprendizaje humano análogo al animal; por destacar las señales o estímulos presentes en la situación de aprendizaje y no en causas internas de la conducta; por ser mecanicista en sus leyes del aprendizaje; por resaltar la descripción objetiva de los eventos del medio ambiente y por el control experimental sobre el objeto de estudio, es decir: ¿cuáles son los acontecimientos que efectivamente ocurren en el medio que posibilitan que el organismo responda apropiadamente a los aspectos relevantes de éste?. Es posible ver que el eje teórico sobre el que se sostiene este modo de interrogación se apoya en un marcado determinismo, es decir la causación de la conducta por medio del ambiente presente y pasado (esto último como cadena de condicionamientos o historia de refuerzos); por un destacado antimentalismo, es decir, la exclusión del lenguaje básico de la psicología de los predicados referidos a fenómenos o entidades mentales, fundamentalmente la imposibilidad metodológica de realizar inferencias; y un antiguestaltismo, lo que implica el uso de un conjunto de conductas independientes entre si -elementales- que son respuestas especificas a estímulos específicos y conductas complejas entendidas como compuestas por las elementales. Se puede reconocer en lo anterior, el hecho de brindar una posición destacada a las ideas de individuo, organismo, ambiente, adaptación, conexión, condicionamiento, reflejos; las que actuaran como soporte del concepto de conducta.
Por otro lado, la necesidad de rescatar la especificidad del programa cognitivo de cada especie (cosa negada por el comportamentalismo), es decir establecer una cierta sistematización de la pregunta: ¿cómo conocemos el mundo?, llevo a la psicología a preguntarse por los eventos internos, es decir mentales. En este punto, no interesa tanto el comportamiento, como las aptitudes que hacen que éste sea posible. Este enfoque construirá modelos conceptuales de las estructuras y de los procesos internos a partir de inferencias. Asimismo se plantean responder a una interrogación básica: ¿qué se supone ocurre en la cabeza de alguien cuando se le muestra un objeto y se le pide que lo nombre? Esto los lleva, en primer lugar, a tener que poseer una teoría psicofísica para el color, textura, forma y el movimiento, además de saber como se integran todos estos niveles; y en segundo lugar, a plantear la necesidad del concepto de representación tanto como el de memoria para poder reconocer un objeto. Destacan, que este nivel representacional marca diferencias, por un lado, con el neuronal que habla de células nerviosas y por el otro con el histórico y antropológico, más centrados en la influencia de la cultura.
La forma de interrogar el territorio conceptual que presenta el conductismo, ha entrado -y entra- en permanente colisión con la propuesta representacional de "la pregunta por el conocer". Criticaran que la representación es un postulado que hace más mal que bien, y por lo tanto insistirán en referirse a estructuras neurológicas o conductas manifiestas, tanto como a disposiciones a comportarse en vez de recurrir a ideas, conceptos, reglas o aptitudes internas[2].
Más allá de estas claras diferencias de enfoque -que determina formas de intervención específicas-, ambas estrategias presentan algunos puntos en común. Si bien el conductismo está del lado del monismo y el cognitivismo más del dualismo, ambos enfoques comparten la importancia del enfoque empírico y del método experimental. Si bien el primero se adscribe más al positivismo clásico y el segundo, en el uso de inferencias y de la posibilidad de la modelización de constructos teóricos, más al método hipotético deductivo. Asimismo, ambos recurren a la noción de individuo como propuesta sobre la cual trabajar. Esta noción se basa en el concepto biológico de unidad. La unidad es algo que no se puede volver a dividir y suele relacionárselo con el elemento último, aquello que es el sustrato sobre el que lo demás se construye. Este concepto tiene mas presencia en el universo de la biología, donde el individuo es equivalente al organismo.
Desde esta perspectiva, el concepto de "individuo/unidad" puede ser "imaginarizado"con el modelo topológico de la esfera, es decir, con un adentro y un afuera y sus posibles intercambios. Estos cuerpos que entran en contacto unos con otros, claro en el conductismo, se caracterizan por sufrir influencias del medio y por responder de manera automática o refleja. Si a éstas esferas se les atribuyen "mente", o sea aptitudes internas, ya se habla de cuerpos psíquicos, con estructuras internas, que procesan las influencias del medio. Estos últimos tienen intencionalidad -por lo tanto representaciones- y son capaces de actuar activamente sobre su entorno. Estas propuestas incluyen de manera implícita la idea de un hombre como un ser aislado (una esfera) que con dificultad se relaciona con otros (otras esferas). Una disyuntiva clásica en la psicología se manifiesta: por un lado, la que piensa al ser humano como un ser aislado (unidad/individuo) que asimila con esfuerzo y gradualmente la relación con otros individuos (su socialización) y por el otro, la que lo piensa como un ser social, que es solo en función de los otros y que lo que debe ser explicado es cómo puede diferenciarse psíquicamente, como puede llegar a ser una singularidad, ya que lo que lo caracteriza en su origen es la mas absoluta dependencia.
Este último punto sirve para introducir otra forma de interrogar a la psicología y es la que deriva de la teoría psicoanalítica.
Sigmund Freud generó un pensamiento al que ubicó dentro del campo de la ciencia y pretendió que el mismo se mantuviera siempre en ese campo y al enfrentarse en la clínica con pacientes que la ciencia de su época no podía ayudar, las famosas histéricas de fin del siglo XIX, probó distintas técnicas para poder modificar esos síntomas que no reconocían causas orgánicas y que comprometían seriamente a los sujetos en su existencia. En estas maniobras exploratorias, encuentra que la hipnosis, como técnica, lograba que la gente pudiera recordar cosas que de otra manera no recordaban y que esas cosas sorpresivamente, tenían que ver con una especie de fuerza que hacia persistir algo que estaba impregnando de sufrimiento la vida cotidiana de sus pacientes. Entonces esto lo llevó a construir un esquema en capas de la mente humana. Un primer estrato al que se tenia acceso directo vía introspección y otro que no era accesible directamente por la conciencia y que solo era accesible bajo ese estado llamado hipnosis. Tuvo que complejizar la mente humana: consciente, preconsciente y fundamentalmente la hipótesis de lo inconsciente, porque había determinaciones de los actos y de los sufrimientos humanos que escapaban a la posibilidad voluntaria o consciente de actuar En el párrafo anterior se puede destacar varias cosas. Por un lado el mentalismo que el psicoanálisis mantuvo como hipótesis de trabajo durante los años de marginación propias del pensamiento comportamental, hasta el actual redescubrimiento por parte del cognitivismo y por otro, el hecho que los constructos freudianos se realizaban a partir de la experiencia clínica, es decir de seres humanos que hablaban de su sufrir en su vida cotidiana. La teoría y la clínica psicoanalítica nacen en el campo médico frente a demandas concretas de los pacientes para poder mejorar sus vidas. Desde esta perspectiva es posible caracterizar a la interrogación que guió a Freud toda su vida como dos preguntas que pueden ser definidas como las fundamentales en esta teoría: una es ¿cómo funciona, cuál es la dinámica de la psique humana? , es decir, ¿qué es el inconsciente y cómo un sujeto vive el placer y el dolor?; y la otra se refiere a ¿cómo opera un análisis, cómo es posible que alguien que escucha a otro pueda provocar cambios en ese otro? Es necesario resaltar que la intención de Freud fue siempre mantener su pensamiento dentro del campo de la ciencia, cuestión ésta siempre problemática para él.
Retomando el modelo de las esferas, se puede ver en una posible lectura de la obra de Freud, como dice Bercherie, Paul, "Freud construye una teoría del aparato psíquico basada en un individualismo fundamental de una concepción de psiquismo que siempre se centra en el ‘organismo-sujeto’ como una monada, al principio virtualmente autosuficiente y que después descubre el mundo y se adecua a él más o menos bien"[3]. Esta idea de organismo-sujeto se acerca a la idea de individuo que se desarrolló anteriormente, con el agregado de que las determinaciones de ésta "esfera" caen bajo una hipótesis denominada lo inconsciente y se relaciona con la condición humana de ser seres de lenguaje atravesados por el placer y el dolor.
El ejemplo de las esferas intenta demostrar que preguntarse por la interacción con el ambiente, es decir una esfera reactiva a las determinaciones del entorno, difiere del preguntarse por otra que es depositaria por evolución de aptitudes que hacen que los comportamientos sean posibles, como así también la intencionalidad, concepto que -a este nivel-de por si implica la problemática de la conciencia y por ende de lo no-consciente. Pero por otro lado, de un campo no experimental, pero sí clínico, es decir con referentes observables, aporta esta posible lectura de la obra de Freud, de una "esfera" en donde la determinación inconsciente, lo que no es igual a lo no-consciente, habla de un "saber" inaccesible a la conciencia del sujeto, pero que tiene que ver con lo más íntimo de su ser, un ser que se define por su condición de sexuado y hablante.
Hasta acá se puede observar las diferentes perspectivas teóricas y las diferentes posibilidades de intervención que brindan estas tres formas de interrogarse sobre el hombre y que de una manera o de otra, pareciera que siempre se está conformando un campo de acción desde un nivel teórico, se tenga o no conciencia de ello.

La Psicología Cognitiva y lo experimental

Si bien la psicología cognitiva no se interesa por el comportamiento en si mismo y sí por las aptitudes que hacen que un comportamiento -el lenguaje por ejemplo- sea posible, plantean que para poder inferir capacidades abstractas es necesario partir de lo observable. La pregunta: ¿qué se suponer sucede en la cabeza de alguien cuando nombra un objeto?, guía en la dirección de aclarar qué tipo de observable se tienen en consideración. Se centran en estudiar las capacidades del sistema cognitivo necesarias para poder analizar propiedades, color, textura, forma, movimiento; así como las representaciones y la capacidad de almacenamiento necesario para poder reconocer el objeto en cuestión. Asimismo se interesan por el poder de atribuir categorías semánticas, por el nivel léxico-fonológico para poder pronunciarlo y por el aspecto articular que permite la acción concreta del nombrarlo. No es posible nombrar un objeto sin realizar todos los pasos anteriores y la psicología cognitiva pretende dar cuenta de ese recorrido.
La Psicología Cognitiva suele plantear que no interesa tanto el comportamiento como las operaciones mentales que lo explican. Estas operaciones comenzaron a ser pensadas como forma de operaciones computacionales. En principio sólo interesaba la mente computacional como procesadora de información y no la fenomenológica. Consideran a la primera como susceptible de ser explicada experimentalmente, por lo menos modelizada, y no lo es la segunda, caracterizada por la experiencia subjetiva no transmisible.
Desde esta vertiente computacional de la mente, interesó primeramente el estudio del programa lógico, es decir del software, ya que no era posible, o no se ganaba nada estudiando la maquinería, es decir el hardware. Hoy en día piensan que no es posible separar el sistema lógico del sistema físico. Fue este un punto débil del cognitivismo, ya que si se acepta que la cognición refleja la acción del cerebro, es lógico tratar de entender las relaciones de las propiedades cerebrales con las propiedades cognitivas.
El riesgo del dualismo sobrevuela esta posición, aunque hay autores (por ejemplo Seguí, J.C.) que proponen posiciones diferentes: "Hay que salir del sistema dualista, no podemos separar organización cerebral de organización perceptual y por lo tanto hay que tomar en cuenta tres factores: 1- el medio, 2- el sistema cerebral y 3- el sistema perceptual". Plantea que el cerebro selecciona -por evolución- potencialidades, las que sin las condiciones apropiadas no pueden desplegarse. Al nacer el sistema fonológico tiene la potencialidad para adquirir cualquier sistema lingüístico, pero luego de seleccionar una lengua particular se restringe la potencialidad original, es decir ya no se aprende otra lengua de la misma forma que la "materna" original. Si bien esto no es estrictamente un determinismo, si plantea restricciones de tipo general.

El problema de la visión y los niveles de interrogación

El problema de la visión no es un tema menor en la psicología cognitiva y es un campo lleno de interrogantes. Al respecto, surge el interrogante: ¿que patrón sigue la luz que reflejan los objetos en las superficies? Es un problema bien planteado en la óptica y puede resolverse del mismo modo en que pueden resolverse los conjuntos de ecuaciones. Pero a la visión le ocurre lo contrario que a la óptica. Tiene que establecer que clase de objetos causaron los patrones de luz proyectados en la retina. "Este es un problema casi imposible de resolver -dice Johnson-Laird[4]- porque hay demasiadas incógnitas, demasiadas maneras diferentes en que puede haberse creado el patrón de luz." y sigue el autor citado: "Cuando la mente resuelve una tarea aparentemente imposible, es porque debe tener algún arma secreta, y como ya indiqué, esa arma secreta es el conocimiento". El planteo del investigador describe al conocimiento con dos características: la vertiente "arriba....>abajo", es decir, la que surge de la evolución, aquel implantado en el sistema nervioso, encapsulado y que no descubre a la introspección su modo de operar y el "abajo....>arriba" caracterizado por incrementarse a lo largo de la vida del individuo, y es el que se obtiene a través de la experiencia con los objetos y se aprende de sus formas. Esto muestra, según Johnson-Laird, que la identificación de los objetos no puede producirse sin el uso del propio conocimiento y que la acumulación de este conocimiento dependerá del aprendizaje y de la habilidad para recordar lo que se ha aprendido. En estas dos formas de conocimiento podría diferenciarse entre la pura percepción y la específica cognición.
En el comienzo se planteaba la inquietud: ¿hasta donde hablar de metas teóricas no implica una teoría? En el desarrollo posterior, se destacó los presupuestos que los diversos enfoques "psicológicos" presentaban, incluyendo en estos al conductismo, la psicología cognitiva y el psicoanálisis. Ya se dijo que los dos primeros participan del modelo empírico y experimental, cosa que supone siempre la observación, o los eventos observables como condición necesaria. En relación al tercero, Bucci W.[5] expresa: "El universo del psicoanálisis es emoción y mente, en donde la representación de la experiencia privada emocional es comunicada a otra persona y es transformada en el tratamiento. Mientras la teoría del psicoanálisis debe ser sobre el significado de las emociones privadas, la ciencia trata sobre eventos observables. Este ha sido el dilema central para el campo psicoanalítico, el que Freud y otros se han esforzado en resolver en una variedad de formas". Más allá de lo cuestionable -que lo es- de la definición de Bucci del psicoanálisis como universo de emoción y mente, interesa lo que la lleva a plantear la necesidad de relativizar lo "observable" del campo científico. Al respecto plantea que el campo de la ciencia cognitiva y sus disciplinas vinculadas, usando toda las relaciones con la ciencia moderna, ha introducido el sentido por el cual una teoría puede ser desarrollada, es decir, que en la ciencia cognitiva, representaciones y procesos mentales -conscientes o inconscientes- son tratados como constructos hipotéticos definidos en términos de otros conceptos e inferidos de eventos observables en el contexto de estructuras teóricas generales. Continua Bucci: "Las entidades psicológicas definidas de esta manera, tienen el mismo estatus teórico que las partículas y los quarks, que la materia oscura, el Big Bang y la vida en la Edad de Bronce. Todas son entidades teóricas que no son observables directamente, pero son definibles en varios niveles, a través de conexiones de unas con otras y con eventos observables. El sentido subjetivo tiene un rol en una empresa científica cuando es considerado como una entidad teórica, la que no puede ser estudiada científicamente sin una estructura. Esta es la posibilidad que otorga la estructura teórica que permite a ciencias del sentido subjetivo, como es el psicoanálisis, ser construidas"[6]. La autora intenta objetivar de alguna manera lo subjetivo de "alguien", por medio de constructos teóricos. Esta posición va en dirección contraria a los planteos del filósofo cognitivo Chalmers, D.S., quien define a lo subjetivo como imposible o como uno de los problemas difíciles en la ciencia cognitiva. Este autor manifiesta que el problema de los estados mentales caracterizados por una cualidad interior, no van ha poder ser resuelto.
Seguí de acuerdo con Chalmers, sostiene que "los tipos de 'experiencia consciente', visuales, auditivas, de calor, frío, de imágenes mentales son intransmisibles y por esa razón, los psicólogos se interesan en las capacidades de hacer algo y no en qué pasa cuando se siente algo". Esas últimas experiencias escapan a la posibilidad de un estudio serio. Como se vio antes, Bucci propone una nueva posibilidad para pensar ese problema.
Retomando el tema de la percepción, es necesario poder determinar los espacios pertinentes y los limites del enfoque a realizar, ya sea que se ubique dentro de una posición experimental -el laboratorio- o que lo haga desde el punto de vista de un humano en "situación vital", es decir en una experiencia concreta -pero no fenomenológica- que se define como propiamente humana: lo que implica una relación con los otros, dimensionada por una historia e inmersa en un universo de sentido.
El mismo Johnson-Laird afirma que el tipo de conocimiento necesario para producir una cognición -el abajo...>arriba- depende de lo que se incrementa a lo largo de la vida del individuo y se aprende de las formas y de la experiencia que se tiene con los objetos. Esto lleva a preguntarse si no está hablando de lo que justamente se entiende por experiencias subjetivas, pero habría que aclarar que experiencia subjetiva no se la usa en el sentido de lo que "está sintiendo en su cabeza" (lo fenomenológico), sino, de como en el acto de definir una percepción determinada, alguien lo hace desde una historia singular, cosa que por otra parte implica toda la historia vincular no solo con los objetos, sino también con los otros, los semejantes. Es necesario destacar que desde el punto de vista del psicoanálisis, esta historia será dimensionada desde de un universo de sentido fundamentada en la condición de hablantes de los seres humanos. Por lo tanto, se puede tener un modo de abordaje del problema de la percepción en el laboratorio (caso de"blind sight"o visión ciega), lo que puede decir cosas muy interesantes sobre la relación del cerebro y el "ver", y por otro lado puede haber otro modo de enfocar el tema como es hacerlo desde "una historia"(I). Si bien esto -la historia- implica una singularidad, como diría Bucci, ésta será dimensionada desde una red de constructos teóricos que permitirán darle un sentido. Estos dos enfoques plantean el desafío de cuales son sus límites y posibilidades.
El modo de preguntarse determina un campo teórico; por ejemplo, si se interroga: ¿cómo está compuesta la materia?, se contestará en términos propios de la física, es decir, de moléculas, átomos, partículas, quarks, etc. Si la pregunta concierne a lo que es, o sucede, en un evento llamado "partido de fútbol"; se tendrá dos niveles absolutamente diferentes de enfoque. Lo que nadie podría negar, es que para que un partido de fútbol se lleve a cabo, es necesario que todos aquellos elementos de los cuales dan cuenta los constructos teóricos que son pertenecientes a la física, estén funcionando a pleno. Es decir, que la materia este "en orden". Pero tampoco a nadie se le puede ocurrir la posibilidad de relatar un evento deportivo en términos de la mecánica cuántica. Esto describe, lo obvio del nivel de especificidad. Pero si bien es claro en el ejemplo, ya que nadie confundiría un nivel de abordaje físico con uno netamente social, no parece tan claro cuando se habla de psicología. Y esto es lo que sucede cuando se define la tarea de la psicología como el interés por "la capacidad de hacer algo" versus "la capacidad de sentir algo". Es posible -en esto acordando con Bucci- que el ámbito de las teorías psicológicas pueda ocuparse de lo que se llama "sentir algo", siempre y cuando éste "sentir" sea expresado en el relato. Ahora bien, es necesario destacar el hecho que el relato implica siempre un espacio relacional, un encuentro con el otro. Aunque éste no necesariamente se encuentre físicamente, lo está de modo virtual en el relato.
La ciencia cognitiva misma, con su punto de vista de "asamblea de neuronas", el cual funda el enfoque denominado Procesamiento Distribuido en Paralelo -PDP- ofrece una interesante analogía con el problema que se intenta describir. Al respecto Resnick L.B. y otros expresan: "La metáfora de los sistemas cognitivos como sistemas sociales, tanto en los modelos conexionistas (Rumelhart & Mc Clelland, 1986) como en el modelo de sociedades de agentes mentales (Minsky, M. 1986) hace a la comunidad de la ciencia cognitiva más abierta que una década atrás a la idea del conocimiento como distribuido a través de varios individuos cuyas interacciones determinan decisiones, juicios y soluciones"[7]. En la misma dirección están las afirmaciones de Perret-Clermont, Perret y Bell (1991)[8] quienes siguiendo este giro aperturista plantean la necesidad de abandonar el enfoque únicamente "individual" -en este caso se refieren al estudio de la inteligencia- destacando los errores en el campo experimental, de interpretar algunos comportamientos como producto de las características cognitivas individuales, cuando en realidad la causalidad de éstos está relacionada con la particular interacción entre el sujeto y el experimentador. Nuevamente se ve el lugar destacado que se da al espacio relacional, como ya se resaltó más arriba. El enfoque denominado "holísticos" de PDP, muestra que los sistemas cognitivos se pueden entender más bien como generadores de procesos emergentes los que constituyen actos cognitivos en "contextos determinados". Por último, el estudio de Hutchins, Edwin (1995) sobre la navegación en un helicóptero anfibio de transporte, lo lleva a afirmar que muchas de las funciones normalmente asociadas con la mente están distribuidas fuera del cerebro Ejemplifica con la memoria, la que es normalmente pensada como una función psicológica interna al "individuo", sin embargo para él, las tareas de memoria en la cabina pueden ser realizadas por un sistema funcional (el instrumental)el cual trasciende las fronteras del actor individual. Los procesos de memoria pueden estar distribuidos entre agentes humanos o entre agentes humanos y representaciones generadas externamente.
A partir de lo anterior, es posible establecer las diferencias de enfoques que surgen en relación a la pregunta: ¿que sucede en la cabeza de alguien?, así como también ver como el concepto de "individuo-esfera" muestra sus limitaciones teóricas.
Un impresionante accidente de aviación puede servir como ejemplo de lo expresado. En el mismo, un jet de proporciones, al no poder despegar de la pista de un aeropuerto situado en el centro de una gran ciudad (Buenos Aires, aeropuerto Aeroparque), continuó su descontrolada carrera (200/250 km. por hora) cruzando una gran avenida de intenso tránsito y destruyendo todo lo que encontraba a su paso. Pocos metros mas adelante estalla en una inmensa bola de fuego produciendo una escena dantesca. El hecho curioso que sucedió en esa desgraciada situación, fue la casualidad que el semáforo de la gran avenida que bordea al aeropuerto, estaba en rojo, cosa que motivó la detención de decenas de automovilistas que fueron espectadores no deseados del cruce alocado de la gigantesca maquina por la avenida y su posterior destrucción. Lo que interesa para este trabajo, fueron las declaraciones de esos testigos "oculares" del accidente. Todos coincidían -aunque eran entrevistados en distintos lugares y por diferentes canales de TV -en la imposibilidad de creer lo que estaban viendo y recurrían a frase como: "sentía que estaba en una película de Hollywood", "esperaba verlo aparecer a Schwarzenegger", "era como ver los efectos especiales del cine", "no entendía que estaba pasando" etc. Vemos que en su "relato" se apela a lo que más arriba describíamos como "conocimiento" en Johnson-Laird, o posteriormente como "actos cognitivos en contextos determinados". Da la impresión que ésta escena, por ser tan desapropiada al contexto, era una "percepción descontextualizada" y por lo tanto todos recurrían a su historia perceptual (imágenes cinematográficas), es decir su conocimiento, para poder, de alguna manera, pasa de una percepción a una cognición.
En síntesis, se puede decir que desde el punto de vista de los cognitivistas citados anteriormente, la cognición claramente está encarnada en el cerebro, las manos, los ojos y también distribuida entre varias tecnologías compartidas grupalmente, por lo tanto: la mente es más que el cerebro, es más que "lo que sucede en la cabeza de alguien".

Lo que puede aportar la hipótesis psicoanalítica

Un encuentro entre dos referentes institucionales del psicoanálisis Horacio Etchegoyen -presidente, en el momento de la entrevista ,de la Asociación Internacional de Psicoanálisis- y Jacques-Alain Miller -máxima autoridad de la Asociación Mundial de Psicoanálisis- sirve para mostrar dos maneras posibles de decir psicoanálisis[9]. En la entrevista Etchegoyen expresa:" el desarrollo de la investigación sobre el cerebro parece que se acerca más a la forma en que nosotros comprendemos la mente que a la forma en que se creía que se la iba a comprender. Hay algunos puentes significativos entre el psicoanálisis y la neurociencia, en la memoria por ejemplo.", a lo cual Miller replica: "Pensemos en los fenómenos que estudiamos nosotros, como el fenómeno perceptivo en la Acrópolis de la cual habla Freud. La estructura molecular del cerebro no puede dar cuenta del hecho de que para el sujeto, el espectáculo del mundo se sostiene en una estructura simbólica. Para nosotros lo importante es distinguir el significante del significado, el sonido del sentido. Estudiar lo que se juega entre esos dos niveles parece mucho más cercano a nuestra experiencia cotidiana que esas consideraciones sospechosas e inoperantes sobre la estructura del cerebro y el psicoanálisis. Lo más difícil para nuestro contacto científico, quizás sea que tu Etchegoyen, miras hacia la neurociencia y yo hacia lo que se podría llamar logociencias, es decir la ciencia de la comunicación y del lenguaje". Si bien los dos parten de los textos de Freud, lo hacen desde bases teóricas de lectura diferentes. En principio podríamos decir que el primero se sostiene en la idea de la "esfera" a la que nos referimos al comienzo del articulo y que tan bien Bercherie define como "el organismo-sujeto", es decir la idea del individuo que "tiene" un inconsciente y que -en parte- se enmarca en la primera de las dos preguntas con que se definió la pertinencia psicoanalítica: por el aparato psíquico. Al respecto, el mismo Freud, en el articulo "Un trastorno de la memoria en la Acrópolis" (1936)[10] dice: "Mi labor científica tiene por objeto aclarar las manifestaciones singulares, anormales o patológicas de la mente humana. Reducirlas a las fuerzas psíquicas que tras ellas actúan y revelar al mismo tiempo los mecanismos que intervienen". Si bien en principio parece que Freud habla de la mente humana como sostenida en la idea del individuo (la esfera), se puede con una lectura más atenta del mismo articulo -el que por otro lado cita Miller- ver que "fuerzas psíquicas" y "mecanismos que intervienen", son conceptos que pueden tener varias interpretaciones posibles. Más adelante se volverá sobre este punto.
Retomando el mismo artículo que Freud escribe (carta abierta al poeta Romain Rolland en ocasión de su septuagésimo aniversario), sobre el trastorno de memoria en la Acrópolis, lo que el autor llama "un pequeño incidente". En dicho escrito, hace referencia a un hecho que le sucedió estando parado frente a la Acrópolis, abarcando el paisaje con la mirada. Cuenta que fue asaltado por un pensamiento extraño: "¡De modo que todo esto realmente existe tal como lo hemos aprendido en el colegio!". Al respecto, destaca la sensación de extrañamiento, a la que describe como un fenómeno poco comprendido y que siendo más que sensaciones los llama fenómenos complejos, los que según Freud, "están vinculados con determinados contenidos y relacionados con decisiones relativas a esos mismos contenidos". Pero lo interesante, es que una parte de la realidad, una parte de si mismo le es extraña al sujeto. El extrañamiento, Freud lo enfoca desde dos perspectivas: una, es que sirve a la finalidad de la defensa, es decir, tratar de mantener algo repudiado, alejado del yo y éste peligro puede provenir del mundo exterior (relacionarlo con tema accidente del avión: "no lo puedo creer") o del mundo interno, pensamientos e impulsos; la otra, es su dependencia del pasado, del caudal mnemónico del yo y de vivencias penosas pretéritas, quizás reprimidas. Es necesario destacar la relación que esto puede tener con los planteos del "conocimiento" de Johnson-Laird. Es en relación a este último punto que Freud describe los vínculos existentes entre su escolaridad, la pobreza familiar, el deseo de viajar y la idea de que Atenas representaba el imposible de que él pudiera "llegar tan lejos". En alguna medida Freud, sintetiza estas reflexiones, con la idea de que viajar estaba relacionada con el cumplimientos de deseos tempranos y que los mismos arraigaban en la insatisfacción con el hogar y la familia. En su cadena asociativa, se detiene en el recuerdo de un comentario atribuido a Napoleón cuando era coronado Emperador en Notre Dame. En el mismo, se cuenta que durante la ceremonia, éste le comento a su hermano: "¿Qué diría de esto nuestro padre si pudiera ahora estar aquí? frase que según Freud, manifiesta la satisfacción de "llegar tan lejos" y que él relacionara -como caso general- con los sentimientos de culpabilidad ya que pareciera que lo esencial del éxito consistiera en "llegar más lejos que el padre", y que al mismo tiempo, tratar de superarlo fuese algo prohibido.
En su caso particular, la referencia a Atenas y la Acrópolis contiene una alusión a la superioridad de los hijos, ya que su padre había sido comerciante y no había gozado de instrucción secundaria, la que ellos si habían tenido, por lo que Atenas no podía significar gran cosa para él. Concluye Freud con la propuesta que la perturbación del viaje se debió a un sentimiento de piedad con respecto a su propio padre.
A modo de comentario final sobre este escrito, debemos destacar que el mismo hecho del "escrito" implica una forma de dialogo con un otro, en este caso alguien que entró en la vejez y que también "llegó lejos", como es el caso de Romain Rolland; pero además, es posible pensar que el haber escrito esa carta abierta sobre un acontecimiento que sucedió en 1904, es decir 32 años atrás, puede mostrar a un Freud al final de sus días, dialogando todavía con su propio padre, y tal vez, de manera culposa.
Se podrá decir que lo anterior es un texto que hace referencia a un evento "fenomenológico", pero no interesa lo que el otro "sintió" concretamente, sino que esas "fuerzas psíquicas" y "mecanismos que intervienen" importan por el acto de ponerse en juego con los otros, cosa que sucede en el relato y en ese universo simbólico en el cual -como dice Miller- se sostiene el espectáculo del mundo. Este modo de pensar el psicoanálisis, es decir la perspectiva que plantea Jacques Lacan[11], se basa fundamentalmente en que "la naturaleza" humana esta sostenida en la experiencia con la palabra. Este último autor propone salir del monismo implícito en la definición del hombre-maquina inspirado en el pensamiento de La Mettrie, lo que retorna en el reduccionismo potencial derivado de la neurofisiología y los estudios sobre el genoma y del dualismo cartesiano. Lo que Lacan propone es una estructura triádica llamada Real, Simbólico e Imaginario, lo que permite pensar al ser humano como en un entrecruzamiento de "lo real" del tejido anudado en cada uno de sus puntos a "lo imaginario", es decir a ese primer estrato en el que trabaja la psicología de la conciencia y que se vio anteriormente fue parte del primer intento de aparato psíquico freudiano, más "lo simbólico" que sería ese segundo estrato descubierto por Freud y que se denomina "la hipótesis de lo inconsciente", estrato éste que tiene que ver con el universo del lenguaje, pero entendiendo por lenguaje mucho más que la palabra hablada. Donde el lenguaje también sería aquel orden por el cual un humano es "humanizado", es decir la forma en que fue alimentado, higienizado, amado, o sea, el lenguaje del cuerpo, ya que no hay ninguna actividad fisiológica que no esté pautada por un orden cultural. Lo anteriormente expuesto transcurre siempre dentro de lo que se llama "la estructura de una relación social", es decir un espacio "entre", el que no hace referencia a una interioridad /exterioridad, propio del modelo "esfera", sino a un vínculo llamado "discurso", donde la topología mas apropiada seria la llamada "banda de Moebius"[12]. En esta particular forma de ver el psicoanálisis, lo esencial es lo que alguien dice y esto significa separarse de la dimensión de los hechos para entrar en la dimensión del dicho. Pero ir de los hechos al dicho no es suficiente, como no lo es para entender las escenas: lo que dice alguien que "ve", lo que expresaban haber "visto" los reporteados en el accidente del avión o el mismísimo Freud exclamando su frase de extrañeza frente a "la visión" de la Acrópolis- Es esencial un segundo paso, y es el cuestionar la posición que toma aquel que habla con relación a sus propios dichos. Lo esencial es que a partir de los dichos se pueda localizar el decir del sujeto, es decir, la posición que, aquel que enuncia, toma en relación al enunciado. Con respecto a esto se vio como Freud en el análisis de su frase -su enunciado- frente a la Acrópolis deriva en una dimensión de su historia, inimaginable en un principio, pero que "restringía" en una determinada dirección su percepción en Atenas, y como eso tenía que ver con lo más íntimo de sus vínculos familiares. Además se ha podido ver como la propia lectura del escrito freudiano, pudo ser direccionada a localizar ese plus -enunciación- que surge del mismo acto de escribir ese articulo y que también es de la dimensión de lo inconsciente.

A modo de final

El sentido de este trabajo está fundamentalmente dirigido a poder reflexionar sobre los límites que impone una determinada manera de enfocar un problema. Al respecto los estudios de laboratorio, que aportan una dimensión útil para definir formas y niveles de abordaje de una función o de un determinado problema, muestra que no es suficiente esa perspectiva, en un tema como el de la percepción. La interrogación sobre el acto del "ver" brinda la oportunidad de destacar las dificultades que encontraron, por ejemplo, los investigadores de la Inteligencia Artificial (el núcleo duro de la ciencia cognitiva) cuando al intentar reproducir "la visión" en la vida cotidiana se encontraron con el típico problema de no poder saber si la determinación en el acto perceptual era arriba/abajo, o abajo/arriba. Es decir, detectaron que en buena medida la percepción del mundo se daba dentro de coordenadas simbólicas, las que tienen que ver con la experiencia concreta o con lo que este enfoque -aportando la visión del psicoanálisis- llama "una historia". Aspecto que fue destacado en el punto sobre "Un trastorno de memoria en la Acrópolis".
Asimismo, surge el interrogante sobre cómo es posible diferenciar la experiencia de un "organismo" sometido a determinada experiencia, por caso el de estar recostado en una cámara PET(**), con algo tan diferente como es el hecho de alguien recostado en un "diván", hablando sobre una percepción en la que -por ejemplo- frente al espejo, se "ve" gorda, cuando la balanza indica que tiene 20 kg. menos del peso normal. ¿Desde donde se "mira"para que vea lo que "ve"?.
Lo que interesa es establecer la posibilidad de preguntarse si es posible reducir la distancia entre el interrogante propio del PET, es decir, del laboratorio; con el otro, el cual interpela desde la vida real, fundamentalmente desde la dimensión vincular. Y en el caso de que no, saber más claramente porqué.
En relación a lo anterior existen posiciones que plantean que "si no es un problema, no podemos hacer nada"; afirmación que tiene una lógica que intenta acotar los interrogantes para así aumentar la posibilidad de avanzar en el estudio de un área determinada, tratando de evitar las eternas discusiones metafísicas. Si bien tiene un costado positivo, también implican un riesgo. El mismo conductismo utilizó este criterio, ya que no era posible acceder con los recursos de "la ciencia" (concepto de ciencia del momento) a todo lo que pudiera ser pensado como "aptitudes interiores", es decir mentales. Los mismos avances en la ciencia, por ejemplo el recurso a la cibernética, neurociencia, etc. (ver simposio de Hixson en California, década del '40), posibilitó que lo que no podía considerarse un problema en un momento, pudiera empezar a serlo en otro. Se dijo más arriba que la inteligencia artificial, en su intento de recrear una mente artificial, define como "su problema", las cuestiones de la vida cotidiana, ya que el objetivo es que el sistema artificial pueda funcionar correctamente en ese ámbito. Lo curioso es que al hacerlo, se topa con las mismas preguntas y en muchos casos similares problemas con los que se ha encontrado otras disciplinas del campo "psi", entre las que se encuentra el psicoanálisis mismo. Para ésta última disciplina son pertinentes las cuestiones del tipo: ¿puede un sistema comprenderse a si mismo?, o el problema de determinar ¿hasta qué punto una percepción es una creación?, o ¿cuánto tiene que ver la historia singular de alguien en el acto perceptual? Temas estos que se intentaron recorrer en este articulo, con la intención de poder colaborar a esclarecer el problema.