Programa Psicologia Educativa II

Vygotsky, L. - La teoría de Piaget sobre lenguaje y pensamiento del niño


Extraído del libro Vygotsky, L. - "Pensamiento y Lenguaje"
Capítulo II


La psicología le debe aportes muy importantes a Jean Piaget y no creemos que sea una exageración decir que su obra revolucionó el estudio del pensamiento y lenguaje infantil. Fue él quien desarrolló el método clínico de exploración de las ideas que hasta ese momento había sido ampliamente utilizado; fue también el primero en estudiar sistemáticamente la percepción y la lógica en el niño. Aún más, aportó a este tema un enfoque renovador de una amplitud y audacia poco comunes. En lugar de registrar las deficiencias del razonamiento en la infancia comparado con el de la edad adulta, Piaget centró su estudio en las diversas características del pensamiento en el niño, en lo que éste tiene más que en lo que no posee. A través de estas vías de acceso positivas demostró que las diferencias entre el pensamiento en ambas etapas eran más cualitativas que cuantitativas.
Como otros grandes descubrimientos, el de Piaget es simple al punto de parecer evidente por sí mismo. Ha sido también expresado en las palabras de Rousseau que cita en su libro: «...el niño no es un adulto en miniatura y su mente no es la mente de un adulto en pequeña escala». Detrás de esta verdad, para la cual Piaget proporciona pruebas experimentales, se yergue otra idea simple, la de la evolución, que esparce una luz brillante sobre estudios.
A pesar de su grandeza, sin embargo, sus trabajos adolecen de la dualidad común a todos los trabajos contemporáneos de exploración en psicología. Este desdoblamiento es concomitante de la crisis por la que pasa la psicología mientras se desarrolla como ciencia en el exacto sentido del término. La crisis se origina en la aguda contradicción entre la materia fáctica de la ciencia y sus premisas metodológicas y teóricas, que han sido desde hace mucho tiempo tema de discusión en el mundo de las concepciones materialista e idealista. La pugna es quizá más aguda en psicología que en cualquier otra disciplina.
Mientras carezcamos de un sistema generalmente aceptado que incorpore a la psicología todos los conocimientos de que se dispone, cualquier descubrimiento importante de la realidad nos conducirá inevitablemente a la creación de una nueva teoría en la cual encuadrar los hechos recientemente observados. Tanto Freud como Levy-Bruhl o Blondel han creado su propio sistema. La dualidad dominante se refleja en la incongruencia entre las estructuras teóricas con sus resonancias metafísicas, idealistas y las bases empíricas sobre las cuales se construyen. Cotidianamente se efectúan grandes descubrimientos en psicología que lamentablemente se ocultan tras teorías ad hoc, precientíficas y semimetafísicas.
Piaget trata de escapar a esta dualidad imperiosa adhiriéndose a los hechos. Evita deliberadamente la generalización aún en su propio campo y tiene especial cuidado en no traspasar los dominios relacionados con la lógica de la teoría del conocimiento o la historia de la filosofía. El empirismo puro le parece el único terreno seguro. Nos dice que su libro es "primero y por sobre todo una colección de hechos y documentos, los nexos que unen los distintos capítulos no son más que aquellos que un método único puede proporcionar a diversos descubrimientos, de ningún modo los que corresponden a la exposición sistemática" 1. Realmente, su fuerte es el desentrañamiento de nuevos hechos, el análisis cuidadoso de los mismos, su clasificación -la habilidad, como lo ha puntualizado muy bien Claparède, de prestar atención a su mensaje. Desde las páginas de Piaget una avalancha de hechos, grandes o pequeños, que descubren nuevas perspectivas, o agregan algo a conocimientos previos, revolucionan la psicología infantil. Su método clínico prueba un instrumento realmente inapreciable para el estudio de los complejos conjuntos estructurales del pensamiento del niño en sus transformaciones evolutivas, éste unifica sus diversas investigaciones brindándonos imágenes coherentes y detalladas de la vida real.
Los nuevos hechos y el nuevo método conducen a múltiples problemas, algunos totalmente inéditos para la psicología científica, otros que se enfocan desde una nueva perspectiva. De los problemas nacen las teorías, no obstante la determinación de Piaget de evitarlas, siguiendo muy de cerca los hechos experimentales e impidiendo por el momento que la elección misma de los experimentos fuera determinada por las hipótesis. Pero los hechos se examinan siempre a la luz de alguna teoría y por lo tanto no pueden desembarazarse de la filosofía; esto es particularmente cierto con respecto a los hechos relativos al pensamiento. Para encontrar el fundamento del rico acopio de datos que Piaget efectúa debemos explorar primero la filosofía subyacente a su investigación de hechos y a su interpretación, la que él presenta sólo al final de su segundo libro 2, en un resumen de sus contenidos.
Encara esta tarea planteando el problema de la interrelación objetiva de todos los rasgos característicos que ha observado en el pensamiento infantil. ¿Estos rasgos son fortuitos, independientes o forman un todo organizado con una lógica propia alrededor de algún factor central, unificador? Piaget considera, que esto último es lo cierto. Al responder a la pregunta pasa de los hechos a la teoría, e incidentalmente muestra cómo su análisis de los hechos está influido por la teoría, aun cuando en su presentación esta última va en pos de los descubrimientos.
Según Piaget, el nexo que unifica todas las características específicas de la lógica en el niño es el egocentrismo de su pensamiento, y refiere a este rasgo central todos los otros que encuentra, como el realismo intelectual, el sincretismo y la dificultad para comprender las relaciones. Describe el egocentrismo como ocupando, genética, estructural y funcionalmente una posición intermedia entre el pensamiento autista y el dirigido.
La idea de la polaridad del pensamiento dirigido y no dirigido ha sido tomada de la teoría psicoanalítica. Piaget dice: "El pensamiento dirigido es consciente, persigue propósitos presentes en la mente del sujeto que piensa. Es inteligente, es decir se adapta a la realidad y se esfuerza por influir sobre ella. Es susceptible de verdad y error... y puede ser comunicado a través del lenguaje. El pensamiento autista es subconsciente, las metas que persigue y los problemas que se plantea no están presentes en la conciencia. No se adapta a la realidad externa, pero crea una realidad de imaginación y sueños. Tiende, no a establecer verdades, sino a satisfacer deseos, y permanecer estrictamente individual e incomunicable como tal, por medio del lenguaje, puesto que opera fundamentalmente con imágenes; para poder ser comunicado debe acudir a métodos indirectos, evocando por medio de símbolos y de mitos los pensamientos que lo guían" 3.
El pensamiento dirigido es social. A medida que se desarrolla, se ve influido cada vez más por las leyes de la experiencia y de la lógica propiamente dicha, El pensamiento autista, por el contrario, es individualista y obedece al establecimiento de leyes especiales propias. Entre estas dos formas contrastantes de pensamiento "hay muchas variedades con respecto a su grado de comunicabilidad. Estas variedades intermedias deben obedecer a una lógica especial. intermedia también entre la lógica del autismo y la de la inteligencia. Proponemos dar el nombre de pensamiento egocéntrico a la más importante de estas formas intermedias. 4. Aun cuando su función principal es todavía la satisfacción de necesidades personales, también incluye una forma de adaptación mental, semejante a la orientación de la realidad típica del pensamiento de los adultos. El pensamiento egocéntrico del niño «se encuentra a mitad de camino entre el autismo en el sentido estricto de la palabra y el pensamiento socializado». 5. Ésta es la hipótesis básica de Piaget.
Resulta de interés destacar que a través de su obra pone más de relieve los rasgos que el pensamiento egocéntrico tiene en común con el autismo que las características que lo separan de él. En el resumen que se encuentra al final de su libro dice enfáticamente: "Jugar, cuando todo está dicho y hecho es la ley suprema del pensamiento egocéntrico" 6. Encontramos la misma tendencia especialmente pronunciada, en su tratamiento del sincretismo, aun cuando hace notar que el mecanismo del pensamiento sincrético representa una transición entre la lógica de los sueños y la lógica del pensamiento.
Piaget sostiene que el egocentrismo permanece entre el autismo extremo y la lógica de la razón, tanto cronológica como estructural y funcionalmente. Su concepción del desarrollo del pensamiento está basada en la premisa tomada del psicoanálisis que establece que el pensamiento del niño es original y naturalmente autista y evoluciona hacia el pensamiento realista sólo bajo una prolongada y sostenida presión social. Señala que esto no desvaloriza el pensamiento infantil. "La actividad lógica no es todo lo que hace a la inteligencia." 7 La imaginación es importante para hallar soluciones a los problemas, pero no se ocupa de la verificación ni de la prueba que presupone la búsqueda de la verdad. La necesidad de verificar nuestro pensamiento -esto es, la necesidad de una actividad lógica- surge tarde. Este retraso no debe sorprendernos, dice Piaget, puesto que el pensamiento comienza por servir a satisfacciones inmediatas mucho antes que a la búsqueda de la verdad; la forma más espontánea de pensamiento es el juego, o las imágenes deseadas que hacen que lo anhelado parezca asequible. Hasta la edad de 7 u 8 años lo lúdico domina el pensamiento infantil hasta tal punto que es sumamente difícil distinguir la invención deliberada de la fantasía que el niño cree verdadera.
Para resumir diremos que el autismo es la forma original y primera del pensamiento; la lógica aparece relativamente tarde, y el pensamiento egocéntrico es el vínculo genético entre ellos.
Aunque esta concepción nunca fue presentada por Piaget en forma coherente y sistemática constituye, sin embargo, la piedra fundamental de su edificio teórico. En verdad, ha afirmado más de una vez que el supuesto de la naturaleza intermedia del pensamiento del niño es hipotético, pero también ha dicho que esta hipótesis se aproxima tanto al sentido común que muy difícilmente podría debatirse el hecho mismo del egocentrismo que, según él deriva de la naturaleza de la actividad práctica del niño y del desarrollo tardío de las actividades sociales, "Evidentemente, desde un punto de vista genético se debe comenzar por las actividades del niño para entender su pensamiento, y éstas son incuestionablemente egocéntricas y egotistas. El instinto social en sus formas bien definidas se desarrolla tarde, y su primer período crítico se produce hacia los 7 u 8 años." 8 Antes de esta edad tiende a ver el egocentrismo como penetrando en todos los aspectos. Considera la totalidad de los fenómenos de la rica variedad de la lógica infantil como directa o indirectamente egocéntricos. Dice inequívocamente que el sincretismo, una expresión importante del egocentrismo, invade todo el pensamiento del niño, tanto en la esfera verbal como en la perceptiva. Aún después de los 7 u 8 años, cuando comienza a configurarse el pensamiento socializado, las formas egocéntricas no se desvanecen súbitamente. Desaparecen de las operaciones perceptuales, pero permanecen cristalizadas en el área más abstracta del simple pensamiento verbal.
Su concepción de la prevalencia del egocentrismo en la infancia conduce a concluir que la naturaleza egocéntrica del pensamiento está tan íntimamente relacionada con la naturaleza psíquica del niño que resulta impermeable a la experiencia. Las influencias a las cuales los adultos someten a los niños "no se imprimen en ellos como en una placa fotográfica: son «asimiladas», vale decir, deformadas por las circunstancias a que están sometidas y que acaban integrando su propia sustancia, que es la sustancia psicológica del niño, o en otras palabras, la estructura y el funcionamiento peculiar del pensamiento infantil que hemos intentado describir y en cierta medida explicar." 9
Este pasaje compendia la naturaleza de sus supuestos básicos y nos conduce al problema general de las uniformidades sociales y biológicas en el desarrollo físico, sobre las que volveremos en el parágrafo III de este capítulo. Primero permítasenos examinar la solidez de la concepción de Piaget sobre egocentrismo infantil a la luz de los hechos en los cuales se basa.
II
Puesto que la concepción del egocentrismo infantil tiene una significación fundamental en su teoría, debemos preguntarnos qué hechos lo condujeron no solamente a aceptarla como una hipótesis, sino a poner tanta fe en ella. Vamos entonces a considerarlos comparándolos con los resultados de nuestras propias experiencias. 10
La base fáctica de las afirmaciones de Piaget la proveen las investigaciones sobre el uso del lenguaje en la infancia. Sus observaciones sistemáticas lo llevan a establecer que todas las conversaciones de los niños encajan en dos grupos: el egocéntrico y el socializado. La diferencia entre ellos radica fundamentalmente en sus funciones. En el lenguaje egocéntrico el niño habla sólo sobre sí mismo, no toma en cuenta a su interlocutor, no trata de comunicarse ni espera respuestas, y a menudo ni siquiera le interesa si los otros le prestan atención. Es similar a un monólogo: piensa en voz alta, es como un acompañamiento a cualquier cosa que pueda estar haciendo. En el lenguaje socializado el niño intenta un intercambio con los demás, ruega, ordena, amenaza, transmite información, hace preguntas.
Las experiencias de Piaget indican que la mayor parte de la conversación del preescolar es egocéntrica. Llega a la conclusión que entre el 44 y el 47 % del total de las conversaciones registradas en la edad de 7 años eran de naturaleza egocéntrica.
Considera que este índice aumenta notablemente en los más pequeños. Investigaciones posteriores con niños entre 6 y 7 años probaron que aún en esta edad el lenguaje socializado no se encuentra totalmente libre de rasgos egocéntricos.
Además de los pensamientos que el niño expresa posee muchos más que quedan sin formular. Algunos de éstos, según Piaget, permanecen inexpresados precisamente porque son egocéntricos, es decir, incomunicables. Para transmitirlos debe poseer la capacidad de adoptar el punto de vista de otros. "Se podría decir que un adulto piensa socialmente aun cuando esté solo, y un chico de menos de 7 años piensa y habla egocéntricamente aún en sociedad." 11
Así, el coeficiente de pensamiento egocéntrico debe ser mucho más alto que el coeficiente de lenguaje egocéntrico. Pero son los datos del lenguaje, que pueden ser medidos, los que suministran las pruebas documentales sobre las que Piaget basa su concepción del egocentrismo infantil. Sus explicaciones del habla egocéntrica y del egocentrismo en general son idénticas. "En primer lugar, no existe una verdadera vida social sostenida entre niños menores de 7 u 8 años; en segundo término el lenguaje social real, esto es, el usado en la actividad básica del niño -el juego- es un lenguaje tanto de gestos, movimientos y mímica como de palabras." 12
Cuando a los 7 u 8 años se manifiesta el deseo de trabajar con otros, el habla egocéntrica se sumerge.
En su descripción del lenguaje egocéntrico y su desarrollo Piaget pone énfasis en que éste no predomina en forma total sobre cualquier función útil en el plano real del comportamiento del niño, y simplemente se atrofia a medida que se aproxima a la edad escolar. Nuestras experiencias sugieren una concepción diferente. Creemos que el lenguaje egocéntrico asume desde muy temprano un papel bien definido e importante en la actividad de la infancia.
Con el propósito de precisar qué causas lo determinan y qué circunstancias lo provocan organizamos las actividades de un modo semejante al que Piaget lo había realizado, pero agregando una serie de frustraciones y dificultades. Por ejemplo, cuando un niño se disponía a dibujar se encontraba súbitamente con que no había papel, o los lápices de color que necesitaba. Resumiendo, obstruíamos su actividad espontánea enfrentándolo con problemas. * Comprobamos que en estas situaciones difíciles el coeficiente de lenguaje egocéntrico llegaba casi a duplicarse en comparación con el índice normal que da Piaget para la misma edad, y también en comparación con nuestro propio índice para niños que no se enfrentaban con esas dificultades. El niño intentaba entender y remediar la situación hablando consigo mismo: "¿Dónde está el lápiz? Necesito uno azul. Pero no importa, pinto con el rojo y lo mojo con agua, se va a poner oscuro y va a parecer azul."
En las mismas actividades sin impedimentos, nuestro coeficiente de conversación egocéntrica fue apenas ligeramente más bajo que en las experiencias de Piaget. Nos parece legítimo suponer, entonces, que una desorganización en el fluir uniforme de la actividad es un estímulo de importancia para el lenguaje egocéntrico. Este descubrimiento concuerda con dos premisas a las que el mismo Piaget hace referencia en su libro varias veces. Una de ellas es la llamada ley de conocimiento y establece que un impedimento, un inconveniente en una actividad automática hace que el autor tome conciencia de esa actividad. La otra premisa es que el lenguaje es una expresión de ese proceso de toma de conciencia.
Nuestros trabajos nos indican que el lenguaje egocéntrico no permanece durante mucho tiempo como un simple acompañamiento de la actividad infantil. Aparte de ser un medio expresivo y de relajar la tensión se convierte pronto en un instrumento del pensamiento en sentido estricto, en la búsqueda y planeamiento de la solución de un problema. Un accidente ocurrido durante una de nuestras experiencias provee una buena ejemplificación de una forma en la cual el lenguaje egocéntrico puede alterar el curso de una actividad: un chico de 5 años y medio se encontraba dibujando un tranvía cuando se le quebró la punta del lápiz; trató, sin embargo, de terminar la circunferencia de una rueda, haciendo fuerte presión sobre el papel, pero no quedaba más que una profunda marca sin color; entonces murmuró para sí: "está rota"; apartó el lápiz, en su lugar tomó las acuarelas y comenzó a dibujar un tranvía roto, luego de un accidente. Continuó hablando consigo mismo de tanto en tanto sobre el cambio de dibujo.
La expresión egocéntrica del niño provocada accidentalmente afectó en tal forma su actividad que es imposible confundirla con un simple derivado, considerarla como un acompañamiento que no interfiriera la melodía. Nuestras experiencias muestran cambios de un alto grado de complejidad en la interrelación de actividad y lenguaje egocéntrico. Observamos cómo este último señalaba primero el resultado final de un punto cambiante en una actividad, luego se trasladaba gradualmente hacia el centro, y finalmente se ubicaba en el comienzo de la actividad para asumir una función directiva y elevar los actos del niño al nivel del comportamiento intencional. Lo que sucede aquí es similar a lo que ocurre en la bien conocida secuencia de desarrollo del nombre de los dibujos. Un niño pequeño dibuja primero, después determina qué es lo que ha dibujado; en la edad siguiente pone nombre al dibujo cuando está a medio hacer y, finalmente, decide de antemano qué es lo que va a dibujar.
La concepción revisada de la función del lenguaje egocéntrico debe también influir nuestra concepción de su destino posterior y llevarnos a considerar el problema de su desaparición en la edad escolar. Las experiencias pueden suministrar evidencia indirecta, pero no una respuesta definitiva sobre las causas de este fenómeno; sin embargo, los datos obtenidos parecen confirmar de modo dominante la siguiente hipótesis: la egocéntrica es una etapa de transición en la evolución que va del lenguaje verbal al interiorizado. Observamos que cuando los más pequeños encontraban obstáculos su comportamiento era muy distinto al de los mayores. Frecuentemente el niño examinaba la situación en silencio, y encontraba luego la solución. Cuando se le preguntaba qué estaba pensando daba respuestas que se hallaban muy cerca del pensamiento en voz alta del pre-escolar. Esto indicaría que las mismas operaciones mentales que los pequeños llevan a cabo a través del lenguaje egocéntrico se encuentran también relegadas al lenguaje interiorizado, sin sonido, en el escolar.
En la obra de Piaget no figura nada de lo dicho anteriormente, pues él cree que el habla egocéntrica desaparece de modo total. En sus trabajos se concede poca importancia a la elucidación específica del desarrollo del lenguaje interiorizado, pero desde que éste y el egocéntrico verbal cumplen la misma función, la implicación podría ser que, si como sostiene Piaget, la etapa del egocentrismo precede al lenguaje socializado, entonces el interiorizado debe preceder también al habla socializada, presunción insostenible desde el punto de vista genético.
El habla interiorizada del adulto representa su "pensamiento para sí" más que la adaptación social, tiene la misma función que el lenguaje egocéntrico en el niño. Y también las mismas características estructurales: fuera del contexto sería incomprensible porque omite "nombrar" lo que es obvio para "el que habla". Estas similitudes nos conducen a suponer que cuando desaparece el habla egocéntrica no es que se atrofia simplemente, sino que "permanece oculta", es decir se convierte en lenguaje interiorizado. Nuestra observación acerca de la edad en que este cambio tiene lugar, y enfrenta al niño con situaciones difíciles en que deben valerse ya del lenguaje egocéntrico, ya de la reflexión en silencio, indica que ambas pueden ser funcionalmente equivalentes. Nuestra hipótesis es que el proceso del lenguaje interiorizado se desarrolla y se torna estable aproximadamente al comienzo de la edad escolar y que este hecho causa la rápida caída del lenguaje egocéntrico que se observa en esta etapa.
Aunque los alcances de nuestros descubrimientos son limitados, creemos que sirven para enfocar con una perspectiva nueva y más amplia la dirección general del desarrollo del lenguaje y del pensamiento. En la concepción de Piaget las dos funciones recorren una trayectoria común, desde el lenguaje autista hasta el socializado y de la fantasía subjetiva a la lógica de las relaciones. En el curso de este cambio, la influencia de los adultos es deformada por los procesos psíquicos del niño, aunque finalmente resulta vencedora. El desarrollo del lenguaje es para Piaget una historia de la socialización gradual de estados mentales, profundamente íntimos, personales y autísticos. Aún el lenguaje socializado se presenta como siguiendo y no precediendo al lenguaje egocéntrico.
La hipótesis que proponemos invierte los términos de la anterior. Permítasenos detenernos a observar la dirección del desarrollo del pensamiento durante un período breve, desde la aparición del lenguaje egocéntrico hasta su desaparición, enmarcado en el desarrollo del lenguaje como totalidad.
Nosotros consideramos que el desarrollo total se produce en esta forma: la función primaria de las palabras, tanto en los niños como en los adultos, es la comunicación, el contacto social. Por lo tanto, el primer lenguaje del niño es esencialmente social, primero es global y multifuncional; más adelante sus funciones comienzan a diferenciarse. A cierta edad el lenguaje social del niño se encuentra dividido en forma bastante aguda en habla egocéntrica y comunicativa. (Preferimos utilizar el término comunicativo en lugar de la forma de lenguaje que Piaget llama socializado, pues considera que ha sido otra cosa antes de convertirse en social.) Desde nuestro punto de vista, las dos formas, tanto la comunicativa como la egocéntrica son sociales, aunque sus funciones difieran. El lenguaje social emerge cuando el niño transfiere las formas de comportamientos sociales, participantes a la esfera personal-interior de las funciones psíquicas. La tendencia del niño a transferir a sus procesos interiores, patrones de comportamiento que fueron anteriormente sociales, es bien conocida por Piaget. Él describe en otro contexto cómo los argumentos entre niños dan lugar a los comienzos de la reflexión lógica. Sucede algo similar, creemos, cuando el pequeño comienza a conversar consigo como lo ha estado haciendo con otros, cuando las circunstancias lo fuerzan a detenerse y pensar, él ya está listo para pensar en voz alta. El lenguaje egocéntrico, extraído del lenguaje social general, conduce a su debido tiempo al habla interiorizada, que sirve tanto al pensamiento autista como al simbólico.
El lenguaje egocéntrico como forma lingüística aparte, es un eslabón genético sumamente importante en la transición desde la forma verbal a la interiorizada, una etapa intermedia entre la diferenciación de las funciones del lenguaje verbal y la transformación final de una parte de éste en lenguaje interiorizado. Este papel transicional del habla egocéntrica es el que le confiere tan gran interés teórico. La concepción total del desarrollo del lenguaje difiere profundamente de acuerdo a la interpretación que se le dé al papel del lenguaje egocéntrico. Hasta ese punto nuestro esquema de desarrollo (primero social, luego egocéntrico, más adelante lenguaje interiorizado) contrasta tanto con el tradicional esquema conductista (lenguaje oral, cuchicheo, lenguaje interiorizado) como con la secuencia de Piaget (desde el pensamiento autista, no verbal al lenguaje socializado y al pensamiento lógico a través del pensamiento y lenguaje egocéntricos). En nuestra concepción la verdadera dirección del desarrollo del pensamiento no va del individual al socializado, sino del social al individual.
III
Dentro de los limites del presente estudio no es posible evaluar todos los aspectos de la teoría de Piaget sobre el desarrollo intelectual, nuestro interés se centra en su concepción del papel del egocentrismo en la relación relativa al desarrollo del lenguaje y del pensamiento. Sin embargo, puntualizaremos brevemente aquellos de sus supuestos básicos teóricos y metodológicos que consideramos erróneos, así como los hechos que deja de tener en cuenta en su caracterización del pensamiento en el niño.
La psicología moderna en general, y la infantil en particular, revelan una propensión a combinar los problemas psicológicos y los filosóficos. Un sujeto del psicólogo alemán Acht resumió esta tendencia al exclamar después de finalizada una sesión: "¡Pero esto es filosofía experimental!" Asimismo muchos problemas en el complejo campo del pensamiento en la infancia incursionan en el terreno de la teoría del conocimiento, en el de la lógica especulativa y de otras ramas de la filosofía. Sin advertirlo, Piaget se acerca repetidamente a uno u otro de estos campos, pero con una consistencia admirable se detiene e interrumpe el acercamiento. No obstante, a pesar de su intención manifiesta de evitar la teorización no logra mantener su trabajo dentro de los límites de la ciencia fáctica pura. El hecho de evitar deliberadamente un planteo filosófico es en sí mismo una filosofía, y esta filosofía puede complicar a sus proponentes en muchas contradicciones. Un ejemplo de esto es la opinión de Piaget sobre el lugar que corresponde a la explicación causal en la ciencia. Intenta abstenerse de considerar las causas al presentar sus descubrimientos. Al hacer esto llega peligrosamente cerca de lo que él llama "precausalidad" en el niño, a pesar de que éste puede examinar su abstención como una etapa sofisticada "supracausal", en la cual el concepto de causalidad ha sido sobrepasado. Propone reemplazar la explicación del fenómeno en términos de causa y efecto por un análisis genético en términos de secuencia temporal y por la aplicación de una fórmula concebida matemáticamente de la interdependencia funcional del fenómeno. En el caso de dos fenómenos interdependientes A y B, A puede ser considerado como una función de B, o B como una función de A. El investigador se reserva el derecho de organizar su descripción de los datos en la forma que mejor sirva a sus propósitos en ese momento, aun cuando usualmente brindará una posición preferencial a los primeros fenómenos que corresponden al desarrollo, pues son más útiles a las explicaciones en el sentido genético. Esta substitución de la interpretación causal por la funcional despoja al concepto de desarrollo de cualquier contenido real. Aun cuando Piaget, al discutir los factores biológicos y sociales, reconoce que el estudioso del desarrollo mental está moralmente obligado a explicar la relación entre ellas y a no olvidar ninguna, la solución es la siguiente: "para comenzar es necesario elegir uno de los idiomas en desmedro del otro. Nosotros nos el derecho de volver sobre el enfoque biológico del pensamiento hemos decidido por el sociológico, aunque queremos enfatizar que no hay nada exclusivo con respecto a estos, nos reservamos infantil y traducir a sus términos la explicación que aquí intentamos". 13 Esto hace, asimismo que el enfoque total de Piaget se convierta en una materia de elección netamente arbitraria.
El armazón básico de su teoría se apoya en el supuesto de una secuencia genética con dos formas opuestas de ideación descriptas por la teoría psicoanalítica como estando al servicio del principio del placer y del de la realidad. Desde nuestro punto de vista el camino para la satisfacción de necesidades y el de la adaptación a la realidad no pueden ser consideradas como separados y opuestos uno al otro. Una necesidad sólo puede ser realmente satisfecha a través de una determinada adaptación a la realidad. Más aún, no existe nada que pueda considerarse como una adaptación misma; siempre está dirigida por la necesidad. Éste es un axioma inexplicablemente descuidado por Piaget.
Él comparte con Freud no sólo lo concepción insostenible de un placer fundamental que precede al principio de realidad, sino también el enfoque metafísico que eleva el deseo de placer de su verdadero lugar como factor subsidiario biológicamente importante al de una fuerza vital independiente, fuente del desarrollo psíquico. Una vez que ha separado la necesidad y el placer de la adaptación a la realidad, la lógica fuerza a Piaget a presentar el pensamiento realista como permaneciendo aparte de las necesidades, intereses y deseos concretos, como "pensamiento puro" cuya función es la búsqueda de la verdad por la verdad misma.
El pensamiento autista -el opuesto original del pensamiento realista en el esquema de Piaget- es, en nuestra opinión, un desarrollo tardío, un resultado del pensamiento realista y de su corolario, el pensar con conceptos, que conducen a un grado de autonomía con respecto a la realidad y permite, así, satisfacer en las fantasías las necesidades frustradas en la vida. Esta concepción del autismo es consistente con la de Bleuler 14 . El autismo es uno de los efectos de la diferenciación y polarización de las diversas funciones del pensamiento.
Nuestras experiencias añadieron al anterior otro punto importante también descuidado hasta aquí, el papel de la actividad del niño en la evolución de sus procesos de pensamiento. Hemos visto que el lenguaje egocéntrico no está suspendido en el vacío, sino relacionado directamente con los comportamientos prácticos del niño con el mundo real. Dijimos también que ingresa como una parte constituyente en el proceso de la actividad racional, incluyendo la inteligencia, por decirlo así, desde el momento en que las acciones del niño comienzan a ser intencionadas, y que sirve en forma creciente a la solución de problemas y a su planeamiento a medida que las actividades se tornan más complejas. Las acciones del niño ponen en marcha este proceso; los objetos con los cuales entra en relación dan forma y realidad a sus procesos intelectuales.
A la luz de estos hechos, las conclusiones de Piaget exigen aclaración con respecto a dos puntos importantes. Primero, las peculiaridades del pensamiento infantil, discutidas por Piaget, tales como el sincretismo, no ocupan un área tan amplia como él cree. Nos inclinamos a pensar (y nuestras experiencias lo confirman) que el niño piensa sincréticamente sobre materias en las cuales no tiene conocimiento o experiencia, pero no recurre al sincretismo en relación a cosas familiares o que se encuentran dentro de los alcances de la comprobación práctica -y el número de estos objetos depende del método de educación. También dentro del sincretismo debemos esperar encontrar algunos precursores de las futuras concepciones causales que Piaget menciona al pasar. Los mismos esquemas sincréticos, a pesar de sus fluctuaciones, conducen al niño gradualmente hacia la adaptación; su utilidad no puede ser desestimada. Tarde o temprano, a través de una selección estricta, de reducción, de adaptación mutua, se aguzarán hasta convertirse en excelentes instrumentos de investigación en áreas donde se usan las hipótesis.
El segundo punto que consideramos limitado y por lo tanto revisable es, en general, la aplicabilidad de los descubrimientos de Piaget con respecto a los niños. Sus trabajos lo conducen a creer que el niño es impermeable a la experiencia. Él mismo traza una analogía que consideramos esclarecedora: el hombre primitivo, dice, aprende por experiencia sólo en unos pocos y limitados casos especiales de actividad práctica, y cita como ejemplos de estos casos raros la agricultura, la caza y los objetos manufacturados. "Pero este contacto parcial y efímero con la realidad no afecta en lo más mínimo el curso general de su pensamiento. Esto mismo es cierto también para los niños." 15 No podemos decir que la agricultura y la caza sean contactos insignificantes con la realidad en el caso del hombre primitivo, pues constituían prácticamente toda su existencia. La opinión de Piaget puede ser verdadera para el grupo particular de niños que él estudió, pero no tiene significación universal. Él mismo nos dice la causa de la especial cualidad de pensamiento que observó en sus niños: "El niño nunca se pone real y verdaderamente en contacto con las cosas porque no trabaja. Juega con ellas, o las da por sentadas." 16 Las uniformidades en el desarrollo establecidas por Piaget se aplican al medio dado, bajo las condiciones de su estudio. No son leyes de la naturaleza, pero están histórica y socialmente determinadas. Piaget también ha sido criticado por Stern por no tomar suficientemente en cuenta la importancia de la situación social y el medio ambiente. Que la conversación del niño sea más egocéntrica o más social depende no sólo de su edad, sino también de las condiciones circundantes. Piaget observó niños jugando juntos en un jardín de infantes particular, y sus coeficientes son válidos sólo para este medio ambiente especial. Cuando la actividad de los niños es solamente el juego, éste se acompaña de extensos soliloquios. Stern pone de relieve que en un jardín de infantes alemán en el que se desarrollaban más actividades de grupo, el coeficiente de egocentrismo era algo menor, y que en el hogar la conversación de los niños tiende a ser predominantemente social desde edad muy temprana. Si esto es verdad para los niños germanos, la diferencia entre los niños soviéticos y los del jardín de infantes de Ginebra será aún mayor. Piaget admite en su prólogo a la edición rusa de su libro que es necesario comparar el comportamiento de niños de diferentes medios sociales para poder distinguir lo social de lo individual en su pensamiento. Por esta razón da la bienvenida a la colaboración con los psicólogos soviéticos. Nosotros también estamos convencidos de que el estudio del desarrollo del pensamiento en niños procedentes de diferentes medios sociales, y especialmente de niños que, a diferencia de los de Piaget, trabajen, nos conducirán a resultados que permitirán la formulación de leyes que tendrán una esfera de aplicación mucho más amplia.

Vygotsky, L. - Aproximación al problema


Extraído del libro Vygotsky, L. - "Pensamiento y Lenguaje"

Capítulo I
Aproximación al problema

En el estudio del pensamiento y el lenguaje, la comprensión de sus relaciones funcionales es una de las áreas de la psicología a la que debe prestarse mayor atención. Hasta tanto no entendamos la interconexión de pensamiento y palabra, no podemos responder, ni siquiera plantearnos correctamente, ninguna de las cuestiones específicas de este tema. Aunque parezca extraño, esta relación nunca fue investigada sistemáticamente y en detalle. En general, las conexiones interfuncionales no recibieron todavía la atención que merecen. Las formas de análisis atomistas y funcionales, dominantes durante la década pasada, trataron aisladamente los procesos psíquicos. Los métodos de investigación fueron desarrollados y perfeccionados con miras al estudio de las funciones por separado, mientras su interdependencia y su organización en la estructura de la conciencia como una totalidad, permanecieron fuera del campo de investigación.
La unidad de la conciencia y la interrelación de todas las funciones psicológicas eran, en realidad, aceptadas por todos; se suponía que las distintas funciones operaban inseparablemente, en conexión ininterrumpida unas con otras. Pero en la vieja psicología la premisa irrecusable de la unidad se combinaba con el establecimiento de afirmaciones tácitas que la anulaban para cualquier propósito práctico. Se daba por sentado que la relación de dos funciones dadas no variaba nunca, que la percepción, por ejemplo, estaba conectada siempre de un modo idéntico con la atención, la memoria con la percepción, el pensamiento con la memoria. Como constantes, estas relaciones podían ser, y eran, descompuestas en factores, e ignoradas en el estudio de las funciones separadas. Puesto que las relaciones, de hecho, permanecían inconexas, el desarrollo de la conciencia era visto como determinado por' el desarrollo autónomo de cada una de las funciones. Sin embargo, todo lo que se conoce sobre el desarrollo psíquico indica que su verdadera esencia se halla en el cambio de la estructura interfuncional de la conciencia. La psicología puede convertir estas relaciones y sus cambios evolutivos en su problema principal, en su punto focal de estudio, en lugar de postular solamente la interrelación general de todas las funciones. Este cambio de enfoque es un imperativo para el estudio fecundo del lenguaje y el pensamiento.
Si echamos una mirada a los resultados de investigaciones anteriores, veremos que las teorías ofrecidas desde los primeros estudios hasta nuestros días se encuentran entre estas alternativas: identificación o fusión de pensamiento y lenguaje, por una 'parte, y por otra la disyunción y segregación igualmente absoluta y casi metafísica. Tanto si se deciden por uno de estas extremos en su forma pura, o los combinan, es decir, eligen una posición intermedia, pero siempre en alguna parte a lo largo del eje entre los dos polos, las diversas teorías sobre pensamiento y lenguaje permanecen dentro de los límites de este círculo.
Podemos delinear la concepción de la identidad del pensamiento y el lenguaje a partir de la especulación de la psicología lingüística, que establece que el pensamiento es "habla sin sonido", hasta las modernas teorías de los psicólogos americanos y los reflexólogos, que lo consideran un reflejo inhibido en su parte motora. En todas estas teorías la cuestión de la relación entre pensamiento y lenguaje pierde significado. Si constituyen una y la misma cosa no puede darse ninguna relación entre ellos. Quienes los identifican cierran simplemente la puerta al problema. A primera vista, los que se adhieren al punto de vista opuesto parecen encontrarse en mejor posición. Al considerar el lenguaje como una manifestación externa, una simple vestidura del pensamiento, y al tratar de liberar (como lo hace la escuela de Würsburgo) el pensamiento de todos los componentes sensorios incluyendo las palabras, no sólo se plantean un problema, sino, que, a su manera, intentan solucionar el de la relación entre estas dos funciones.
Sin embargo, no se lo plantean de un modo que les permita una solución real. Han considerado al lenguaje y al pensamiento como independientes y "puros", y los han estudiado por separado; de este modo, forzosamente, ven la relación entre ellos como algo simplemente mecánico, como una conexión externa entre dos procesos distintos. El análisis del pensamiento verbal en dos elementos separados, básicamente diferentes, preludia cualquier estudio de las relaciones intrínsecas entre lenguaje y pensamiento.
De este modo el error se encuentra en los métodos de análisis adoptados por los investigadores anteriores. Para capear con éxito el problema de la relación entre pensamiento y lenguaje, debemos preguntarnos primero cuál de los métodos de análisis es el que mejor puede garantizar la solución.
Para estudiar las estructuras psicológicas se pueden utilizar dos formas de análisis esencialmente diferentes. Una de ellas nos parece la responsable de los fracasos que han entorpecido la labor de los investigadores anteriores de este viejo problema que nosotros abordaremos, y consideramos que la otra es el único modo correcto de aproximarse a él.
El primer método analiza las complejas totalidades psicológicas separándolas en elementos. Puede ser comparado al análisis químico del agua que la descompone en hidrógeno y oxígeno, ninguno de los cuales tiene las propiedades del total, y cada uno de ellos posee cualidades que no están presentes en la totalidad. Los estudiosos que apliquen este método buscar la explicación de alguna propiedad del agua, por qué extingue el fuego, por ejemplo, descubrirán con sorpresa que el hidrógeno lo enciende y el oxígeno lo mantiene. Estos descubrimientos no los ayudarían mucho en la solución del problema. La psicología cae en el mismo tipo de callejón sin salida cuando analiza el pensamiento verbal en sus componentes, pensamiento y palabra, y los estudia aislados. En el curso del análisis desaparecen las propiedades originales del pensamiento verbal, y al investigador no le queda otro remedio que tratar de descubrir, al continuar la búsqueda, la interacción mecánica de los dos elementos, a la espera de reconstruir en una forma puramente especulativa las desvanecidas cualidades del todo.
Este tipo de análisis traslada el problema a un nivel casi total de generalización; no provee las bases adecuadas para un estudio de las concretas relaciones multiformes entre pensamiento y lenguaje que surgen en el curso del desarrollo y funcionamiento verbal' en sus diversos aspectos. En lugar de permitirnos examinar y explicar las instancias y fases especificas y determinar las regularidades delimitadas en el curso de los hechos, este método da como resultado generalidades pertenecientes a todo el pensamiento y a todo el lenguaje. Aún más, nos conduce a cometer serios errores por el hecho de ignorar la naturaleza unitaria del proceso en estudio. La unión vital de sonido y significado que llamamos palabra se escinde en dos partes, que se supone se unirán sólo por conexiones mecánicas asociativas.
La opinión que establece que el sonido y el significado de las palabras son elementos separados, que tienen por lo tanto vida aparte, ha sido un grave obstáculo para el estudio de los aspectos tanto fonéticos como semánticas del lenguaje. El estudio más. concienzudo de los sonidos del lenguaje, considerados meramente como sonidos, aparte de su conexión con el pensamiento, tiene escasa relación con su función como lenguaje humano, puesto que no revela las propiedades físicas y psicológicas 'peculiares del habla, sino sólo las comunes a todos los sonidos existentes en la naturaleza. Del mismo modo el significado, divorciado de los sonidos de las palabras, puede ser estudiado solamente como un acto puro de pensamiento, que cambia y se desarrolla independientemente de su vehículo material. Esta separación de sonido y significado ha sido en gran parte responsable de la aridez de la fonética y la semántica clásicas. También en la psicología infantil han sido estudiados separadamente los aspectos fonéticos y semánticos del desarrollo del lenguaje. La evolución fonética se ha examinado con gran detalle, aunque todos los datos acumulados proporcionan escasa contribución para entender el desarrollo lingüístico como tal, y permanecen esencialmente sin relación con los descubrimientos referentes al desarrollo del pensamiento.
En nuestra opinión, el camino a seguir es el del otro tipo de análisis, que puede ser denominado análisis por unidades. Cuando hablamos de unidad nos referimos a un producto del análisis que, contrariamente al de los elementos, conserva todas las propiedades básicas del total y no puede ser dividido sin perderlas. La clave para la comprensión de las cualidades del agua no se encuentran en su composición química, sino en la interconexión de sus moléculas. La verdadera unidad de análisis biológico es la célula viviente, que posee las propiedades básicas del organismo vivo.
¿Cuál es la unidad de pensamiento verbal que reúne estos requerimientos? A esta pregunta respondemos que se puede hallar en el aspecto interno de la palabra, en su significado. Muy pocas investigaciones sobre el aspecto interno del habla han sido llevadas tan lejos, y la psicología suministra escasos aportes acerca del significado de las palabras, que, por otra parte, no pueden aplicarse en igual sentido a todas las otras imágenes y actos del pensamiento. La naturaleza del significado como tal no está clara, aunque es en él que el pensamiento y el habla se unen para constituir el pensamiento verbal. Es, entonces, en el significado donde pueden hallarse las respuestas a nuestras preguntas sobre la relación entre inteligencia y palabra.
Nuestra investigación experimental, así como el análisis teórico, sugieren que tanto la Gestalt como la psicología asociacionista han estado buscando la naturaleza intrínseca del significado de las palabras por caminos equivocados. Una palabra no se refiere a un solo objeto, sino a un grupo o a una clase de objetos, y cada una de ellas es, por lo tanto, también, una generalización. Esta última constituye un acto verbal del pensamiento y refleja la realidad en un sentido bastante distinto del que la reflejan la sensación y la percepción; tal diferencia cualitativa está implicada en la proposición de que existe un salto dialéctico no sólo entre la ausencia total de conciencia (en la materia inanimada) y la sensación, sino también entre sensación y pensamiento. Hay diversas razones que nos hacen suponer que la distinción cualitativa entre sensación y pensamiento es la presencia, en el último, de un reflejo generalizado de la realidad, el cual constituye también la esencia del significado de las palabras; y consecuentemente ese significado es una parte inalienable de la palabra como tal, que pertenece, de este modo, tanto al dominio del lenguaje como al del pensamiento. Una palabra sin significado es un sonido vacío, no una parte del lenguaje humano. Puesto que el significado de las palabras es tanto pensamiento como habla, encontramos en él la unidad del pensamiento verbal que buscamos. Claramente, entonces, el método que debemos seguir en nuestra exploración de la naturaleza del pensamiento verbal es el del análisis semántico -el estudio del desarrollo, el funcionamiento y la estructura de esta unidad que contiene al pensamiento y al lenguaje interrelacionados.
Este método combina las ventajas del análisis y la síntesis, y permite el estudio adecuado de los totales complejos. Como ilustración, permítasenos hablar de otro aspecto de nuestro tema, también olvidado sin razón en las investigaciones anteriores. La función primaria del lenguaje es la comunicación, el intercambio social. Cuando se estudiaba el lenguaje a través de su análisis en elementos, esta función estaba disociada también de su función intelectual, eran tratadas como pi fueran funciones separadas, aunque paralelas, sin prestar atención a su evolución estructural y evolutiva; no obstante, el significado de la palabra es una unidad de ambas funciones. Para la psicología científica es un axioma que el entendimiento entre las inteligencias resulta imposible sin una expresión mediatizadora. En ausencia de un sistema de signos lingüísticos u otros, sólo es posible el más primitivo y limitado' tipo de comunicación; ésta, que se manifiesta por medio de movimientos expresivos, observados fundamentalmente entre los animales, no es tanto comunicación como expresión de afecto. Un ganso asustado que se da cuenta súbitamente de un peligro y excita a toda la bandada con sus gritos, no les cuenta a los otros lo que ha visto, pero les contagia su miedo.
La transmisión racional, intencional, de la experiencia y el pensamiento a los demás requiere un sistema mediatizador, y el prototipo de éste es el lenguaje humano nacido de la necesidad de intercomunicación durante el trabajo. De acuerdo con la tendencia dominante, la psicología ha descripto el problema, hasta hace muy poco tiempo, de un modo extremadamente simplificado. Se considera en primer lugar, que el me dio de comunicación es el signo (la palabra o sonido) ; 'que a través de sucesos simultáneos un sonido puede asociarse con el contenido de alguna experiencia, y servir entonces para transmitir el mismo contenido a otros seres humanos.
Un estudio más preciso del desarrollo de la comprensión y la comunicación en la infancia, sin embargo, ha llevado a la conclusión de que la verdadera comunicación requiere significado, o sea, tanto generalización como signos. De acuerdo a la penetrante descripción de Eduardo Sapir el mundo de la experiencia puede ser ampliamente simplificado y generalizado antes de traducirse en símbolos. Sólo de esta forma se hace posible la comunicación, puesto que la experiencia individual reside únicamente en su propia conciencia, y es, estrictamente hablando, no comunicable. Para convertirse en transmisible debe ser incluida en una determinada categoría, que por convención tácita, la sociedad humana considera como una unidad. De este modo, la comunicación verdadera presupone una actitud generalizadora, que es una etapa avanzada en el desarrollo del significado de las palabras. Las formas superiores del intercambio humano son posibles sólo porque el pensamiento del hombre refleja una realidad conceptualizada, y ésta es la razón por la cual ciertos pensamientos no pueden ser comunicados a los niños, aunque estén familiarizados con las palabras necesarias, pues puede faltar el concepto adecuadamente generalizado que asegure la comprensión total. Tolstoi dice en sus escritos sobre educación, que, a menudo, los niños tienen dificultad para aprender una nueva palabra, no a causa de su pronunciación, sino del concepto al cual se refieren. Cuando el concepto ha madurado, casi siempre hay una palabra disponible.
La concepción del significado de la palabra como una unidad que comprende tanto el pensamiento generalizado como el intercambio social, es de un valor incalculable para el estudio del pensamiento y el lenguaje; permite el verdadero análisis causal-genético, el estudio sistemático de las relaciones entre el crecimiento de la capacidad de pensamiento del niño y su desarrollo social. La interrelación de generalización y comunicación puede considerarse como el segundo punto de nuestro estudio.
Consideramos necesario mencionar aquí algunos de los problemas comprendidos en el área del lenguaje que no fueron investigados específicamente en nuestros trabajos. El primero de ellos es la relación entre el aspecto fonético y su significado. Creemos que los importantes avances recientes, acaecidos en el campo de la lingüística, se deben en gran medida a los cambios introducidos en el método de análisis. Los lingüistas tradicionales, con su concepción del sonido como un elemento independiente del habla, lo consideraron aislado, como unidad de análisis; en consecuencia, lo concentraron más en la fisiología y en la acústica que en la psicología del lenguaje. Los lingüistas modernos utilizan el fonema, la más pequeña unidad fonética indivisible que afecta al significado y es, por lo tanto, característica del habla humana, distinta de otros sonidos. Su introducción como unidad de análisis ha beneficiado tanto a la psicología como a la lingüística. El valor de la aplicación de este método se pone de manifiesto a través de los beneficios concretos alcanzados por su intermedio. Esencialmente, es idéntico al método de análisis de unidades, diferente del de elementos, usado en nuestra propia investigación.
La fecundidad de nuestro método se demuestra también en otros problemas como los concernientes a las relaciones entre funciones, o entre la conciencia como totalidad. y sus partes. Una breve referencia al menos sobre uno de ellos indicará la dirección que seguirán nuestros estudios futuros, y señalará, al mismo tiempo, la importancia del presente. Consideraremos la relación entre la inteligencia y el afecto, cuya separación como objetos de estudio es el punto más débil de la psicología tradicional,' puesto que hacen aparecer el proceso de pensamiento como una corriente autónoma de "pensamientos que se piensan a sí mismos", segregada de la plenitud vital, de los intereses y necesidades personales, de las inclinaciones e impulsos del sujeto que piensa. Tal pensamiento segregado debe ser visto ya como un epifenómeno sin significado, incapaz de cambiar nada en la vida o en la conducta de una persona, o más aún como una especie de fuerza primitiva que ejerce influencia de un modo inexplicable y misterioso sobre la vida de los individuos. De este modo se cierra la puerta al tema de la causa y el origen de nuestros pensamientos, puesto que el análisis determinista requiere aclaración de las fuerzas motrices que dirigen el pensamiento dentro de uno u otro cauce. Del mismo modo, el viejo enfoque impide cualquier estudio fecundo del proceso inverso, la influencia del pensamiento sobre los procesos afectivos y volitivos.
El análisis de las unidades señala el camino hacia la solución de estos problemas vitalmente importantes. Demuestra la existencia de un sistema dinámico de significados en el cual se encuentra la unidad afectiva e intelectual. Muestra que cada idea contiene una actitud afectiva transmutada hacia el trozo de realidad al cual se refiere. Avanzando, nos permite delinear la trayectoria que va desde las necesidades e impulsos de un individuo hasta la dirección específica que toman sus pensamientos, y el camino inverso de éstos hacia su conducta y actividad. Este ejemplo puede ser suficiente para mostrar que el método utilizado en este estudio del pensamiento y el lenguaje es también una herramienta promisoria para investigar la relación entre el pensamiento verbal y la conciencia como un todo y con sus otras funciones esenciales.

Sirvent, M. - Las perspectivas, los sujetos y los contextos en Investigación Educativa



Conferencia Inaugural: “La Educación y las múltiples pobrezas en un
contexto cultural de sometimiento, resistencia y creación. Desafíos para
la investigación educativa y la Intervención”

Muchas de las cosas que deseo compartir, mis últimas reflexiones, lo que no
significa que sean nuevas en absoluto y que hacen tanto a cuestiones de investigación
como lo que hace a cuestiones de descripción o diagnóstico de esto que llamamos los
contextos y los sujetos; es producto por un lado de mucha de la gente y compañeros que
están acá con los que hemos compartido los espacios de enseñanza de las maestrías y
también de la gente joven que forma parte de nuestros equipos de investigación.
Lo que había pensado como título es “La educación y múltiples pobrezas en un
contexto cultural de sometimiento, resistencia y creación. Desafíos para la investigación
educativa y de intervención”.
En el título aparecen dos partes. Por un lado lo que implica una descripción del
contexto en términos de estos conceptos y por el otro lado, lo que hace a la
investigación educativa y a la intervención.
He dado vuelta el título y voy a comenzar con algunos ítems para compartir con
ustedes desde la perspectiva de la investigación, para poder luego articularlo con
algunas cuestiones de nuestros contextos actuales.
Quería señalar ciertos puntos de partida que quizá ayuden a entender la hilación
que estoy intentando dar entre las perspectivas epistemológicas y metodologías en la
investigación y el análisis de las situaciones contextuales y de los sujetos de nuestro
aquí y ahora y de nuestra sociedad.

Esta mañana las colegas que hablaron situaron excelentemente a la investigación
como una práctica de generación de conocimiento científico, sobre lo cual no tengo
absolutamente nada que agregar.
Lo que estoy colocando es la percepción de lo que señalaron las colegas en
términos de percibir a la investigación como un proceso de construcción, que lo
sabemos, pero de construcción de un objeto científico.
Cuando hablamos de proceso siempre tenemos en mente que este concepto
implica un movimiento y acción desde un punto de partida hacia uno de llegada.
Siempre en mis oídos resuenan muchas de las angustias que recibimos en los espacios
de grado o de posgrado referido a cómo se inicia una investigación, cuál es la génesis.
Por eso traigo, para poder después relacionar la visión o la perspectiva de la
génesis de la investigación con la descripción de nuestros contextos y de nuestros
sujetos, la presentación del movimiento que hace a la investigación en términos de
dónde partimos: desde algo que podemos denominar un objeto real.

Hacia dónde vamos: hacia la construcción de un objeto científico. Bourdieu diría
de un objeto pensado, no porque el objeto real no se piense, sino en relación justamente
a la construcción que realizamos como investigadores y profesionales de este proceso
fascinante de amasar, según procedimientos metodológicos, fundamentalmente dos
tipos de relaciones:
1- amasar la confrontación o la articulación de un mundo, de un universo o un
cuerpo teórico por un lado y de un mundo, de un universo o un cuerpo empírico por el
otro.
2- amasar una relación entre un sujeto que investiga y un objeto investigado.
La manera en que adoptemos, la forma que demos a cómo trabajamos teoría y
empiria, cómo nos ubicamos como sujeto de investigación que investiga frente a actores
que son los objetos y también sujetos de nuestra investigación, la forma en que nos
posicionamos frente a ésto y la manera en que pongamos en acto esas relaciones en la
cocina de la investigación va a determinar los diferentes modos de hacer ciencia de lo
social.
Hoy, una de las colegas de la mesa de apertura hablaba de dos modos de
investigar que se asume en general en las políticas científicas. Esta es otra perspectiva
de ninguna manera en oposición ni en exclusión, sino simplemente otra perspectiva que
analiza o sitúa los diferentes modos de hacer ciencia de lo social según como
relacionemos estas relaciones o confrontaciones.
En mi caso personal y junto con otros colegas estamos colocando en la mesa del
debate y la polémica la presencia en este momento de tres modos de hacer ciencia de lo
social, tres modos legítimos y no contradictorios pero si diferentes en cuanto a la cocina
de la investigación y en cuanto a los principios epistemológicos.
Uno sería el tan conocido modo verificativo o modo de medición. No voy a
entrar en ellos pero los menciono simplemente para poder ubicar hacia donde voy con
esta diferenciación.
Por el otro lado, y que implica una determinada relación de teoría y empiria y
sobre todo una determinada ubicación del investigador en relación con el objeto, que de
alguna manera esta mañana se hizo referencia cuando hablábamos de un investigador
que según el principio de esta manera de ver la investigación, cuanto a más distancia
esté del objeto investigado mejor investigador va a ser para medirlo y para poder
identificar en ese objeto ciertas verdades generales.
El segundo apasionante modo de investigar que introduce en la historia de los
paradigmas es el paradigma hermenéutico, es otro modo de hacer ciencia de lo social
comúnmente llamado cualitativo, que no es una expresión fértil y que tiene que ver con
buscar una manera de hacer ciencia, de construir el objeto científico buscando trabajar
con los significados que una población le atribuye a su entorno inmediato.
Esto es muy importante porque los elementos de investigación que después voy
a traer fundamentalmente se apoyan en un aspecto de esta manera de investigar.
Esto implica una vuelta de 180 grados no solamente en la relación teoría y
empíria sino sobre todo en la ubicación del sujeto que investiga con el objeto
investigado, porque entra a tallar en esa historia fascinante de los debates científicos la
posibilidad de aceptar no solamente la subjetividad del otro sino nuestra subjetividad
intentando conocer a ese actor sufriendo y, sintiendo en mi ser como investigador, como
el investigado siente, sufre, se alegra, llora o se ríe. Acá empieza a destruirse esa
relación de externalidad del primer modo.
El tercer modo de investigar que también se hizo referencia esta mañana cuando
se hablaba de investigación-acción y sobre todo de la participación de la investigación-
acción participativa, es cuando históricamente se llega a superar esa distancia. Tanto en
la externalidad como en la internalidad siempre existe la distancia entre el sujeto que
investiga y el objeto investigado.
Cuando se introduce en la historia de las ciencias la posibilidad de la
participación en investigación, significa que ese objeto investigado puede pasar a ser
investigador de su entorno, de su realidad, de su escuela, de su familia, de su barrio y de
sus vecinos.
Los que tenemos mi edad hemos tenido el privilegio de poder ser testigos de
todo este fascinante devenir, no solamente en las diferentes maneras de amasar la teoría
y la empíria sino principalmente el devenir desde una visión a distancia del investigador
a una posibilidad de que ese objeto investigado pase a ser parte, constructor de este
objeto científico.
He intentado armar esta dialéctica de por un lado un movimiento de intervención
de ese objeto real para conocerlo a través de los procedimientos metodológicos, que es
también una intervención.
Pero lo que propiamente se denomina intervención tanto en el título como desde
el punto de vista de la rigurosidad de los términos, es cuando se da la posibilidad no
solamente de construir el objeto científico, el objeto pensado, de conocer este objeto
real, de partir de las apariencias para horadar ese objeto real y poder identificar ciertas
esencias sino, además, cuando este conocimiento se articula con la posibilidad de
intervenir en el objeto real del punto de partida para modificarlo hacia un cambio que
depende del desideratum y los valores de deseabilidad del investigador y de la
población con la que está trabajando.
Esta visión de la investigación como este movimiento de un objeto real a un
objeto científico, a la luz de los procedimientos metodológicos de los diferentes modos
del hacer ciencia de lo social, intenta responder esas tres preguntas que todos
conocemos y que son la columna, el alma y el corazón de la investigación: qué se
investiga, para qué se investiga y cómo se investiga.
Estas tres preguntas también tienen respuestas diferenciadas según el modo en
que yo investigador me posiciono para poder construir este amasado.
Por eso es que me he centrado fundamentalmente, para poder articular esta
presentación general con los contextos, los sujetos y las perspectivas, en qué se
investiga, es decir, en la pregunta que a veces con angustia recibimos en los espacios de
trabajo, la pregunta sobre cuál es la génesis de una investigación o cómo se comienza.

Hay una primera repuesta que también ha sido producto de un debate
epistemológico. Hay muchas cosas que recibimos y que ya lo hemos adoptado en
nuestro sentido común profesional y a veces es importante situarlas en un debate. Si uno
pregunta cuál es la génesis de este proceso creo que a esta altura de los avances de todos
nosotros, sobre todo después de la Dictadura Militar, donde hemos avanzado en
nuestras formaciones y enriquecimientos, casi nadie dudaría de responder: es la
problematización.
A esta altura nadie duda de que el origen de una investigación es la posibilidad
de problematizar. Ahora bien, ¿problematizar qué? Sobre eso ha habido un debate en la
década del 70, un debate que para mí está vigente.

Cuando decimos que la investigación se inicia con la identificación de un objeto
real que pretendemos horadar en su apariencia, ¿cuál es el primer paso en la cocina de la
investigación para comenzar a tornar este objeto real, llámese “la violencia en la
escuela” en un objeto científico?.

Cuando queremos identificar ese objeto real hay un primer procesamiento
teórico empírico que implica la problematización como punto de partida. Y cuando
hablo de la problematización de lo real justamente esto se ubica en una visión de la
investigación. En primer lugar, concebir la investigación como una práctica social que
está anclada en un contexto de descubrimiento. Caracterizamos al contexto de
descubrimiento como el conjunto de factores sociales, políticos, económicos,
psicológicos, institucionales, teóricos, personales, que describen el contexto socio -
histórico donde surge y tiene anclaje una investigación. Es decir que abarca desde
aspectos socio-históricos, aspectos referidos a los paradigmas vigentes en la ciencia en
determinado momento histórico, hasta aspectos personales, de cada uno de ustedes.
Este contexto de descubrimiento da cuenta de las elecciones que nosotros hacemos en
cuanto a qué investigar, para qué y cómo.
Fijense que recién estaba hablando que en este momento, en nuestro contexto de
descubrimiento, asumimos que existen minimamente tres maneras de investigar que se
apoyan en tres paradigmas de las ciencias sociales: el positivismo, el hermenéutico y la
teoría social crítica, que nos están hablando de paradigmas diferenciados frente a los
cuales el investigador se posiciona.
Hace 40 años atrás, en el contexto de descubrimiento no existía, por ejemplo, el
asumir con la claridad de ahora un pluralismo metodológico que tiene su anclaje en la
vigencia de paradigmas diferenciados.
Situar la génesis de una investigación en la problematización de lo real significa
asumir la legitimidad de hablar de un contexto de descubrimiento que condiciona la
investigación.
Históricamente, esto fue de profundo debate con este gran epistemólogo que
respeto, aunque mi posición es diferente, que fue Karl Popper. Era muy claro en toda la
época de Popper y de sus seguidores discutir con otros epistemólogos ingleses que se
dieron en llamar “los amigos del descubrimiento”: para qué interesaba el contexto socio
histórico si ese problema, que el investigador identificaba, era producto de su
genialidad. Un día se despertaba el investigador y decía “Eureka” y ahí estaba el
problema, conjuntamente con la hipótesis. Lo que preocupaba no era como una idea se
originaba sino cómo era rigurosamente testeada, comprobada.
En relación con todo esto surge un debate, también de la década del 70, de
confrontación entre el contexto de descubrimiento y el contexto de verificación.
Asumir epistemológicamente, en términos de la construcción de este objeto, que
para problematizar este objeto real lo tengo que ubicar en un contexto socio-histórico y
académico determinado es un posicionamiento epistemológico importante. Ese
posicionamiento nos lleva a que cuando hablo de problematizar lo real estoy implicando
problematizar esa realidad, poner el cuerpo de uno como investigador en esa realidad
para poder identificar desde mi perspectiva qué es lo que me preocupa de esa realidad,
qué es lo que no me gusta, qué es lo disonante, que es lo qué me hace enfrentar con algo
fascinante que es la ignorancia. Sin ignorancia no hay ciencia, porque ciencia de lo que
se sabe no es ciencia.
Buscar la problematización en lo real ha sido otro debate que aún en muchos
círculos académicos continúa.
El documento del debate entre Popper y Adorno, que puede leerse en La Lógica
de las Ciencias Sociales, tuvo un papel importante en lo que ahora para muchos de
nosotros es una posición consensuada: que la problematización de la investigación es
problematización de una realidad y que esta problematización no se da solamente en el
mundo de las ideas.

Popper no se niega en su posición epistemológica a que la investigación, la
ciencia, se inicia en una problematización, el asunto es: ¿problematización de qué?
Esto tiene sus consecuencias en la cocina de la investigación y es mi lucha
ahora, que es la cuestión del “gran tema”. Les debe pasar que llegan los alumnos y dicen
“profesor, tengo este gran tema, ¿cómo hago para empezar una investigación?”.
Desde mi perspectiva, que espero poder justificarlo en algún momento, esa
visión que muchos tienen o hemos tenido acerca de que una investigación se inicia en
un gran tema como punto de partida está basada en una visión de que la investigación se
inicia en ese mundo discursivo de las ideas.
Y los que trabajamos en la cocina de la investigación y sobre todo en la
formación de los investigadores jóvenes sabemos que es difícil o es imposible poder
devenir de ese “gran tema” un foco de investigación.
Mi conclusión es que allí, en el mundo de las ideas, no está solamente el origen
de una investigación y en ese sentido asumo la posición epistemológica de los clásicos
de la teoría crítica, como dice Adorno, que “la ciencia se inicia problematizando una
realidad”.

Es a través de la problematización de la realidad, del contexto de descubrimiento
que busco identificar la situación problemática génesis de la futura focalización de mi
investigación.
Una situación problemática es el conjunto de cuestiones que a un
investigador le preocupa, le fascina, le asombra, le angustia, lo enfrenta con su
ignorancia, lo deja perplejo y lo empuja, lo motiva para investigar. Es la situación de la
realidad que preocupa al investigador. Es lo que no se sabe.
Hay algo más que introduce la teoría social crítica: su perspectiva dialéctica, otra
mirada que es mi posicionamiento; fundamentalmente orientada a identificar una
situación de la realidad, una situación problemática que me conmueve hasta las vísceras
y me estimula para investigarla y que implica, además, poder identificar contradicciones
de esa realidad.
Cuando nosotros buscamos describir una situación problemática en la cocina de
la investigación hay una serie de elementos, de los cuales desde esta perspectiva aparece
uno clave que es la identificación de los aspectos que componen esa realidad pero
fundamentalmente de sus contradicciones, es decir, de aquellos aspectos de la realidad
que se confrontan, que se oponen, no solamente que se excluyen sino que incluso se
contradicen.
Acá también hay un posicionamiento teórico y epistemológico porque
concebimos que la realidad es una totalidad que se mueve no de manera lineal sino en
función de un crecimiento en espiral a través del movimiento y el juego de sus
contradicciones.

En este primer paso de identificación o búsqueda del “qué se investiga”,
trabajando con este objeto real para su conversión en objeto científico y que está
implicando la identificación de la situación problemática, en esta descripción del
contexto y de la situación problemática, ya está ese interjuego entre un universo teórico
y uno empírico.
Esta llamada percepción primera nunca es ateórica, porque los seres humanos no
somos ateóricos desde el momento en que comenzamos a funcionar con esta cuestión
hermosa que es el pensar.
Por eso la importancia de ser concientes y de objetivar que desde el momento en
que describo un contexto e identifico una situación problemática en ese contexto, ya
estoy haciendo ese interjuego de lo real en términos de lo que me aparece ante mis ojos
y de la mirada de mi trayectoria, de mi posicionamiento teórico, de mis ideologías y de
mis valores.
En estos últimos días he vuelto a leer “El Principito”, donde está la frase que
muchos recordarán “lo esencial es invisible a los ojos”. Como en realidad este devenir
del objeto real al objeto científico implica poder descubrir lo esencial de ese objeto, de
esa realidad por detrás de las apariencias, el primer paso es la visión de una situación
problemática desde una perspectiva dialéctica en términos de la búsqueda de
contradicciones, porque esa perspectiva asume que lo esencial de esa realidad solo
puede ser comprendido a través de esa identificación.
A partir de esta identificación podemos encontrar el foco de nuestra
investigación, qué voy a investigar, transitando por el camino de la focalización.

Esto que estoy planteando también está anclado no solamente en estos debates
de contexto de descubrimiento vs. contexto de verificación, no solamente en este debate
de problematización de qué investigar; sino también en este concepto de contradicción.
Considero que una de las obras clásicas sobre la contradicción es la de Mao Tse
Tung “Cuatro ensayos de filosofía”, visto desde la perspectiva filosófico-teórica.
Sigue siendo muy iluminador en referencia a cuando hablo de contradicción de qué
hablo, en el plano científico, teórico y epistemológico.
El otro punto en esta concepción implica también un posicionamiento en un
debate clásico que fue muy bien trabajado en un libro del sociólogo alemán Norbert
Elias, que se llama “Compromiso y distanciamiento”.

Cuando digo y asumo que desde el momento en que describo el contexto de
descubrimiento me estoy jugando con mi posicionamiento, deseos, valores, etc., estoy
aceptando el compromiso. Estoy aceptando asumir un compromiso teórico, ideológico y
social en el investigador y saber después cómo tomo distancia. Porque ese es el dilema,
el meterse y salir, porque si uno no sale no investiga. Ese dilema está basado en el
reconocimiento de la subjetividad, tanto del otro como del investigador.
Elías, en el primer capítulo, tiene una aseveración muy importante, que dice “el
problema que se plantean los científicos sociales no puede solucionarse mediante una
sencilla renuncia a las funciones de miembros de grupo a favor de la de investigador.
Los científicos sociales no pueden dejar de tomar parte en los asuntos políticos y
sociales de su grupo y de su época ni pueden evitar que estos le afecten. Además su
participación personal, su compromiso, constituyen una de las condiciones previas para
comprender el problema que han de resolver como científicos”.
Hoy decían las colegas de la mesa de apertura que este encuentro está basado en
perspectivas, contextos y sujetos, por eso estoy trayendo aquí esta perspectiva mía y de
muchos colegas, que denominamos “contexto de descubrimiento” y de lo que llamamos
“la génesis de una investigación puesta en una situación problemática”.

A la luz de lo que intenté compartir antes, la visión desde nuestra perspectiva
está parada en posicionamientos y en miradas también referidas a ese contexto de
descubrimiento. Una de ellas es concebir el hecho educativo de una manera holística o
totalizadora, trasvasando los límites de la escuela.
Se, porque he visto, que todavía la mayoría de las investigaciones en educación
tienen el sello, y es legítimo que lo tengan, de una visión epistemológica del hecho
educativo circunscripto a la escuela.
Nadie va a negar la importancia de la educación formal, obligatoria y universal
para todos los ciudadanos, pero lo que trae esta visión holística del hecho educativo es
también el introducir, en el campo de la investigación educativa, los procesos sociales
de aprendizaje más allá de la escuela, tanto lo que hace a los espacios menos formales
de la educación de jóvenes y adultos más allá de la escuela como así también la
inclusión de todos esos procesos sociales fascinantes que se dan en la calle, en los
movimientos sociales, en las huelgas, en los cortes de ruta y en todo lo que nosotros
vivimos a nuestro alrededor.
La visión del contexto y de la situación problemática que trabajamos asume esta
concepción del hecho educativo, por eso tenemos investigaciones en el ámbito escolar
propiamente dicho, investigaciones en los barrios, en las villas y en otros contextos
sociales referidas a los procesos de aprendizaje en movimientos sociales u
organizaciones populares asumiendo obviamente las diferencias de naturaleza de ese
proceso de aprendizaje pero dándole tanto a la escuela como a este fascinante universo
más allá de la escuela, la misma importancia epistemológica para la investigación
educativa.
También tomamos como focalización las contradicciones que se dan en el
mundo de la educación en cuanto a la educación formal. Pero para nosotros es de igual
importancia poder descubrir la esencia de ese fenómeno como también descubrir lo que
está pasando actualmente a nivel de los procesos de aprendizaje con movimientos
sociales. Sobre todo porque, como decimos los defensores de la educación permanente,
pasamos fuera de la escuela mucho tiempo hasta que nos morimos y hasta tenemos que
aprender como morirnos.
Por el otro lado, la otra visión que también está en el título es la de una sociedad
surcada por múltiples pobrezas.

Este es un trabajo que hemos armado, también, con algunos gruposbarriales y
movimientos sociales, que es el resultado de una larga investigación que comienza
después de la dictadura militar y que es parte de nuestra visión de este contexto de
descubrimiento más amplio que es analizar ese contexto de descubrimiento en términos
de un devenir histórico de múltiples pobrezas.
Cuando hablamos de múltiples pobrezas es toda una perspectiva teórica que
implica asumir, además de la pobreza material, otro mundo de necesidades no
satisfechas y que de no serlo pueden generar, según nuestros estudios y la teoría de base
sobre esto, patologías colectivas. Muchos de nosotros pensamos que varias de las
manifestaciones de violencia en nuestra sociedad tienen que ver con esta visión de las
múltiples pobrezas.
Esto es una visión histórica donde podemos ir viendo como se ha dado el
devenir. Por ejemplo, cuando hablamos de pobreza de protección nos estamos refiriendo
a la vulnerabilidad de los ciudadanos en contextos sociales que no le brindan la
protección y el continente necesario para su desarrollo.
En este sentido, unos de los elementos de nuestra historia que nos ha hecho
profundamente vulnerables y profundamente cargados de insatisfacción de esta
necesidad humana de protección es, entre las huellas de la dictadura, el miedo.
En nuestras investigaciones hemos ido recorriendo, por ejemplo, como en estos
tres periodos se manifestó el miedo como marca de la dictadura después de ésta, como
se agudizó en la década del 90 por como se apelaba al miedo desde la estructura de
poder y el miedo que generaba el desempleo, incluso para luchar por las
reivindicaciones de los trabajadores, el miedo a perder el empleo.
Si hay algo que utilizo la mal llamada transformación educativa contra nosotros,
los docentes es el miedo a la persecución, a quedar sin empleo, acompañado por el dedo
acusador, obviamente sumado al miedo a la represión. Decíamos en el año 2001, ¿No es
acaso esta desprotección la que enfrenta el educador en su desasosiego frente a cambios
que descalifican su saber cotidiano, que no se apoyan en sus visiones de las situaciones
problemáticas, que muchas veces lo señalan como el único culpable y que incluso
colocan en zona de riesgo su estabilidad profesional?
Con respecto a la pobreza de participación, se refiere a una sociedad que por un
lado no genera instancias de participación real en las decisiones que nos afectan a todos
y por el otro, una sociedad que ha generado el miedo a la participación y sobre todo el
desconocer su importancia.

En el 84 y 89, en nuestras investigaciones, identificamos este interjuego entre el
deseo que todos teníamos de salir adelante y estas marcas, estaba ese juego de
contradicciones.
Esto se agudiza en la década del 90 al 2001 porque el neoliberalismo o
neoconservadurismo implicó un clima hostil para la participación social. 
Y no era casualidad este clima hostil para la participación. La noción de participación real
entraba en franca contradicción con la filosofía política neoconservadora, como dicen
sus espíritus rectores que plantean en sus escritos una lucha entre dos principios
irreconciliables: el mercado y la organización popular. Se visualiza una "enemistad mortal”
que no conoce camino intermedio. Evidentemente, miseria y libertad no son compatibles.
El mercado se torna
excluyente de la organización social. Se profundizan los
mecanismos antiparticipativos y aparecen participaciones de emergencia como
expresiones fugaces de una necesidad que rápidamente se desvanece en el tiempo y en
el espacio.
Después tendríamos la pobreza de entendimiento, que se nos aparecía en el 84 y
el 89 como un cercenamiento, como huellas de la dictadura a nuestro pensar reflexivo y
se agudiza en la época de la década del 90 a través de lo que todos sabemos del
pensamiento único, la naturalización de las injusticias, las victimas convertidas en
victimarios.
Esta realidad de múltiples pobrezas nosotros las trabajamos desde un enfoque
psicosocial, es decir, que buscamos en nuestras investigaciones poder describir y
comprender de qué manera el entorno sociohistórico impacta en nuestras mentes, en
nuestras maneras de pensar, como dicen los psicólogos sociales, en nuestra construcción
de la subjetividad. Esta es la materia gris de la psicología social y es nuestro enfoque
también, pero a esto le agregamos nuestro métier como educadores que es tratar de
poder descubrir en la esencia de esos procesos psicosociales como juegan los procesos
de aprendizaje.
Esto si es materia nuestra: analizar los procesos psicosociales y los procesos de
aprendizaje que pueden dar cuenta de las huellas que ese entorno social va marcando
en nuestras mentes, en nuestras maneras de pensar, en cualquier momento histórico.
Porque en nuestros genes no nacimos con miedo, no nacimos desconociendo la
importancia de la participación, no nacimos sumisos; todo eso se fue construyendo
como impacto de un entorno.

Ese impacto lo estudian maravillosamente nuestros colegas de psicología social.
Esta mirada que también nos apoya a nosotros desde la perspectiva de la investigación
educativa que queremos o intentamos descubrir, como se dan los procesos de
aprendizaje en ese entorno, en esos mecanismos de poder para hacernos pensar cosas
con la cual beneficiamos al grupo dominante, son procesos de aprendizaje en la escuela
y más allá de la escuela.
Nosotros tenemos una frase célebre, “lo que se aprende se desaprende”, porque
si no es genético y si es producto incluso de nuestro papel como educadores en la
escuela, la familia, la asamblea barrial, la biblioteca popular, entonces, lo que se ha
aprendido puede ser desaprendido y ahí está nuestra intervención también.
Pero para poder desaprender lo que aprendimos es necesario investigar no
solamente lo que se ha aprendido sino cómo se ha aprendido. Y esto va acompañado de
algo que a mi me fascina que es un visión histórica de la cultura popular; la cultura
popular en términos de prácticas cotidianas y de representaciones sociales de un grupo
social; cultura internalizada que se refleja en los modos de conducta de un grupo social:
qué hace, qué siente, qué valora en forma compartida, como se representa su mundo,
como lo concibe, como lo piensa. Cultura popular también mirada como un espacio
contradictorio de lucha
entre la aceptación y la resistencia; como un terreno de
conflictos políticos y sociales.
Esta visión de una cultura popular como un campo de lucha es consistente con
las otras visiones que habíamos visto de los clásicos de la teoría social crítica que
perciben la contradicción como un elemento fundamental para comprender la realidad.
Stuart Hall decía que para él la única manera de estudiar y comprender la
cultura popular es desde la perspectiva de la contradicción y de la lucha en esa misma
cultura entre aspectos de resistencia, de creación, de organización versus aspectos de
reproducción que nos llevan a la sumisión. Decía Stuart Hall: “ La cultura popular es
uno de los escenarios de esta lucha a favor y en contra de los poderosos: es también lo
que puede ganarse o perderse en la lucha. Es el ruedo del consentimiento y la
resistencia. Es en parte el sitio donde la hegemonía surge y se afianza”

Esto es lo que ya desde Gramsci se hablaba de ruptura y continuidad en un
proceso histórico. Para Stuart Hall el análisis que debe hacerse es el de la lucha de
clases en la arena cultural desde esta perspectiva de la contradicción entre resistencia,

creación y sometimiento. “De otra manera - confiesa Stuart Hall,- si he de decirles la
verdad, la cultura popular me importa un pito (sic)”.
Además, es consistente con la visión epistemológica de la génesis de la
investigación. En este sentido, en nuestros trabajos actuales percibimos que
efectivamente tenemos en nuestras investigaciones varias evidencias, de cómo, a partir
del 2001 en los barrios, a nivel de este espacio de educación se comenzaron a aprender
muchas cosas.
Es una contradicción especifica muy fuerte entre el crecimiento en la conciencia
y en la defensa de nuestros derechos, porque eso no lo podemos negar ni a nivel de los
docentes ni a nivel de la población, pero en lucha con una continuidad. La continuidad
de la presencia de los fantasmas de mecanismos de poder tanto a nivel macro como
micro que intentan controlar, neutralizar, ahogar este crecimiento. Esa es una
contradicción descubierta en nuestros trabajos en terreno y trabajos de colegas.
Hay frases de una asamblea barrial que son evidencias del crecimiento en el
reconocimiento de la participación y en el reconocimiento de la necesidad de
participación. Por ejemplo, evidencias de enfrentamiento al miedo y de reconocimiento
del miedo como producto histórico, que es un aprendizaje sensacional que comienza a
aparecer.

Después, en cuanto a la participación, evidencias de ruptura del no
reconocimiento de la necesidad de participación y de por tanto, emergencia del
reconocimiento de la necesidad de participación.
Por ejemplo esta frase: “La sensación general era esto no da para más, no le
creemos a nadie, nos cagaron la vida, algo hay que hacer, tenemos que tomar las cosas
en nuestras manos; hoy rescato de eso el reconocimiento general que hubo de la
necesidad de participación por parte de la gente. Se vio la experiencia acumulada de
mucha gente que en los 90, durante el menemismo, habían estado metidos para adentro.
Lo que más me llamaba la atención era el sentir general de que si no nos involucramos
nos van a seguir cagando, dice suavemente esta vecina. Hay que buscar los puntos
neurálgicos, uno veía como todo afloró. Hay que participar activamente, si no nos
metemos nos van a seguir cagando, la lucha forma parte de nuestro modo de vida”.
Esto fue cercano al 2002, pero a partir de eso empezamos a ver en las
investigaciones como las fuerzas, que ya habíamos detectado en los periodos anteriores,
de la coaptación, el clientelismo, etc. siguen apareciendo y muy fuertemente.


Colegas, maestrandos de la Maestría en Psicología Social de la Universidad
Nacional de Tucumán, hablando de uno de los movimientos, decían: “Actualmente –
este año- existe una fuerte diferenciación y rivalidad entre organizaciones y grupos que
pertenecen a una misma clase social y en un pasado habían encontrado espacios de
encuentro o conformaban una misma organización. Hay un clima de desconfianza,
desilusión, miedo, agresión, confusión tanto hacia otras organizaciones como hacia
adentro de una misma organización. En los sujetos se vuelve a presentar el miedo ante
la falta de sostén y ante la posibilidad de traición llevando a mecanismos defensivos, a
veces inexplicables, ante un posible agresor identificado con un compañero, cuando en
otros momentos esta precaución se presentaba ante representantes del gobierno o ante
personas de una clase social”.
Hay otros ejemplos de estrategias implementadas a nivel de los grupos de poder,
de control y de desarticulación de estos espacios de participación comunitaria, incluso
expresiones de un documento de una organización barrial que dice “es aquí donde
vislumbramos los procesos de contradicción y lucha que contribuyen a la configuración
de la identidad de quienes forman parte de estas organizaciones”.
En nuestros trabajos en terreno están apareciendo contradicciones muy fuertes
entre planes, incluso de organizaciones de los derechos humanos, de construcción de
viviendas o de ayuda social en los barrios mas carenciados y como viven a estas
acciones los vecinos. Tengo cantidad de testimonios donde los vecinos nos hablan de
imposición, de mecanismos de poder como el clientelismo o como la coacción física
para comprar casas o terrenos o de alguna manera obligar al vecino a hacer lo que se
impone a la fuerza, tal vez con la muy buena intención de poder lograr una mejora
material de las poblaciones carenciadas.
Pero la población carenciada lo está viviendo como una imposición, como un
clientelismo y sobre todo como coaptación. Como dijo una vez un miembro de
agrupaciones barriales haciendo referencia a la coaptación “... el que te paga te posee”
Con esto quiero dejar otro concepto fundamental que es el de coaptación, del
que se habla mucho pero que tiene una tradición en ciencias sociales que se remite a
varias décadas atrás.
Les había traído las fichas de algunos textos de autores, cientistas políticos
críticos de la tradición anglosajona que investigaron teórica y empíricamente desde la
década del 70´ como actuaban los procesos de coaptación para lograr que nada cambie.

Por ejemplo, Peter Bachrach y Morton Baratz en su libro “Power and Poverty” - Poder
y Pobreza del año 1970.
El término “coaptación” fue introducido por Philips Selznick en 1948 y alude al
mecanismo usado por una organización a través del cual se incorpora la oposición para
mantener su estructura y estabilidad. Este proceso es usado para absorber nuevos
elementos en la estructura política o de liderazgo, como medio para prevenir amenazas a
su estabilidad o existencia. Para Selznick el proceso de coaptación brinda a la oposición
la ilusión de tener una voz que en verdad no existe. De esta manera es posible sofocar la
oposición sin cambiar la política institucional. Este autor diferencia, asimismo dos tipos
de coaptación: coaptación formal y coaptación informal. La coaptación formal hace
referencia al reconocimiento formal de nuevos elementos de la oposición que son
incorporados en la estructura de liderazgo de una organización. A estas personas con
quienes el poder es compartido le son asignados cargos de autoridad. La coaptación
informal
se refiere a situaciones donde el poder es compartido dentro de una
organización en respuesta a determinadas presiones sin reconocimiento formal de los
nuevos líderes (Philip Selznick)
Para nosotros, uno de los fenómenos que deberíamos analizar con más
profundidad es preguntarnos qué aprende el joven y el ciudadano al enfrentarse a
situaciones de contradicción entre la emergencia de manifestaciones de resistencia
creativa por parte de la población y mecanismos de poder que tienden a neutralizarlas,
debilitarlas o controlarlas. ¿Qué pasa frente a fenómenos sociales como estos que, por
un lado, tienen el deseo de una propuesta de mejora para una población pero por el otro,
aparecen como aristas contradictorias este otro lado de la coaptación o de la represión o
de buscar neutralizar una fuerza realmente de cambio? .
En una investigación empírica realizada por Bachrach y Baratz en la ciudad de
Baltimore en el año 1965, comunidad dominada por los blancos de clase media, se
enteran que una organización defensora de los derechos humanos que está luchando por
la igualdad de los negros, estaba iniciando un trabajo para organizar a la población
negra pobre y comenzar a consolidar un poder negro desde la base.
Cuando la estructura de poder y la clase blanca se enteran, dicen incluso los
autores que lo investigaron, de una manera muy inteligente, y tan rápida que asombró
incluso a la organización de los derechos humanos por los negros, inmediatamente el
intendente organizó lo que ellos llaman fuerzas de tareas para hacer un diagnóstico
rápido de la pobreza y poder generar propuestas a la población pobre.


Dicen los investigadores que la conclusión fue: lo planeado por la organización
de los derechos humanos de los negros nunca se llegó a realizar. Se abortó, se ahogó,
antes del comienzo.

A nosotros esta mirada nos está preocupando. Entonces, desde la perspectiva de
esta mirada con muchas evidencias empíricas, es que pensé para un encuentro de
educación educativa: ¿Qué emerge como pregunta para un investigador en educación?.
Si esto fuera así, si esta mirada que creemos nosotros nos está orientando a este
diagnóstico y a esta situación problemática de contradicción entre ciudadanos que
crecemos frente a nuestra creatividad y la existencia todavía de estructuras de poder que
intentan neutralizar o controlar ese crecimiento?
Si me posiciono como investigador en educación, qué me preguntaría, por
ejemplo: ¿cómo repercute este mundo real en nuestros pensamientos?
Tenemos pruebas de los chicos, en nuestros trabajos, que les decimos “si queres
charlar con nosotros”, la respuesta es “¿me va a pagar por esto?”. ¿Cómo repercute en
los pensamientos de los jóvenes? ¿Hasta qué punto se aprende o se va aprendiendo
maneras de ver la realidad que tal vez estén estimulando el sometimiento vs la
resistencia y la creación?
No lo sabemos, es nuestro olfato, porque así trabaja un investigador, es un
supuesto de anticipación de sentido basado en las evidencias empíricas de las colegas
que están trabajando en esto.


¿Cómo juegan los diferentes espacios de aprendizaje en esta dialéctica de
resistencia vs sometimiento? ¿Cómo juega la escuela si juega? ¿Cómo juega la familia
si juega? ¿Como juega el barrio?, etc.
Eso desde la perspectiva de la pregunta. Creo que en función de lo que les
presentaba, desde mi perspectiva, son preguntas que pueden orientar una investigación
educativa en relación a esa visión de contexto que desde nuestra perspectiva es muy
importante.
El para qué, y aquí vuelvo a cómo concebían los clásicos de la teoría social
crítica y cómo la conciben a la ciencia como un instrumento de emancipación,
refiriéndose a la posibilidad de trabajar con la población el descubrimiento y la
investigación de su propia realidad.


La emancipación está referida a lo que llamamos la praxis de pensamiento, es
decir, la construcción de nuestro pensamiento de una manera que apoye a una acción de
organización y de participación social.
Esto es una visión de percibir la ciencia y la investigación buscando en este
“para qué” de la construcción del objeto científico un “para qué” que tiene que ver con
la posibilidad de actuar en lo más valioso que nosotros como educadores tenemos, que
es el pensamiento.
Y por último el cómo. Y acá si desde nuestra perspectiva la consistencia de este
“qué” con este “para qué” tiene un “cómo” esencial, que es el envolvimiento del objeto,
de los actores, en la construcción de conocimiento científico sobre su realidad y esto es
posible en cualquier investigación. No es necesario hacer toda una investigación- acción
participativa que a veces no se puede, sino simplemente tener en cuenta las instancias de
trabajo y de retroalimentación con la población que mínimamente posibiliten - que el
objeto estudiado se convierta en sujeto de descubrimiento de su propia realidad, es
decir, objetivice su realidad de una manera diferente - Eso para nosotros es la semillita
de la emancipación de los otros y de nosotros también.