Searle, J. - Razones para Actuar



Extraído del Libro "Mente, Lenguaje y Sociedad" de Searl, J.

John Searle despliega una fuerte crítica contra lo que denomina el modelo clásico de racionalidad el cual, según sus propias palabras, sostiene que “la toma racional de decisiones tiene que ver con seleccionar medios que nos capaciten para lograr nuestros fines. Los fines tienen que ver enteramente con lo que deseamos. Llegamos a la toma de decisiones con un inventario previo de fines deseados, y la racionalidad tiene que ver con el cálculo de los medios para nuestros fines”. 


Para el filósofo norteamericano este modelo de racionalidad práctica se sustenta básicamente en seis principios: 
  1. las acciones, cuando son racionales, están causadas por creencias y deseos, 
  2. la racionalidad tiene que ver con obedecer reglas especiales que marcan la distinción entre conductas racionales e irracionales, 
  3. la racionalidad es una facultad cognitiva separada, 
  4. la akrasia sólo puede suceder en situaciones en las que hay algo erróneo en los antecedentes psicológicos de la acción, 
  5. la razón práctica inicia con un inventario de los fines primarios del agente los cuales no están sujetos a constricciones racionales, 
  6. el sistema total de racionalidad sólo funciona si el sistema total de deseos primarios es consistente.
Gran parte de la empresa crítica que Searle emprende contra el modelo clásico de la racionalidad descansa en lo que ha sido denominado ‘El fenómeno de la brecha’  que, como lo veremos, constituye uno de los temas principales del capítulo 3 del mismo libro. En el presente escrito intentaremos reconstruir la explicación que brinda Searle de este fenómeno mostrando cómo dicha concepción exige la postulación de un yo no humeano que permita dar cuenta de las acciones racionales. 
   
1. El fenómeno de la brecha 


Searle define el fenómeno de la brecha como “aquel rasgo de la intencionalidad consciente por el que los contenidos intencionales de los estados mentales no se experimentan por el agente como algo que establece condiciones causalmente suficientes para decisiones y acciones, incluso en los casos en los que la acción es parte de las condiciones de satisfacción del estado intencional”. 


Las creencias y deseos que posee un agente no son causalmente suficientes para la acción. No existe una cadena causal entre las razones del agente y las acciones que realiza, hay una brecha, un espacio que, como veremos más adelante, es llenado por el yo.  Para que podamos atribuir racionalidad a las acciones de un agente tenemos que presuponer que tiene la capacidad de escoger realizar o no la acción, esto es lo que garantiza el fenómeno de la brecha. Si sostenemos que las razones y las creencias del agente funcionan como causa eficiente de las acciones estaríamos negando la posibilidad de que éste escoja o no realizar dicha acción, en este caso, la tenencia de determinado deseo y determinada creencia causaría siempre la misma acción. El sustento de la racionalidad en el fenómeno de la brecha consiste en que para Searle sólo podemos hablar de racionalidad donde existe la posibilidad de la irracionalidad. 


Para Searle experimentamos al menos tres brechas: la primera de ellas se encuentra en la toma racional de decisiones y radica en que no hay una continuidad clara entre las razones que un agente tiene para tomar una decisión y la decisión que efectivamente toma. Así por ejemplo, un agente puede sentir mucha sed, tener la creencia de que la gaseosa quita la sed e incluso tener la intención de tomarse una gaseosa, pero esto no garantiza (causalmente) que su decisión sea la de tomarse una gaseosa. La segunda brecha se encuentra entre la decisión que el agente ha tomado y la acción que efectivamente realiza. Suponiendo que la decisión del agente haya sido tomarse una gaseosa, esto no implica (no es causa de) que efectivamente se la vaya a tomar. La tercera brecha se encuentra en las acciones que se extienden en el tiempo, en este caso el agente puede iniciar la acción pero esto no implica (no es causa de) que la vaya a terminar. “Podemos ver que las tres brechas muestran que la experiencia de actuar no se experimenta como algo que tiene condiciones causales suficientes que hacen que suceda”. La existencia de este tipo de brechas parece convencernos de que ninguna de las razones que un agente considera que tiene para actuar funciona como una causa suficiente para la acción. 


Ahora bien, Searle afirma que “el fenómeno de la brecha se pone de manifiesto en la vida real en el hecho de que cuando uno tiene varias razones para realizar una acción, o para elegir una acción, uno puede actuar sólo de acuerdo con una de ellas; uno puede seleccionar de acuerdo con qué razón actúa” . Regularmente cuando un agente toma decisiones siente que hay varias creencias y deseos que actúan sobre él y que, de la misma manera, puede escoger una de ellas para actuar. Así, por ejemplo, supongamos que un jugador de fútbol se para frente al balón para cobrar un tiro libre cerca al arco contrario. Él tiene varias razones para lanzar el balón por encima de la barrera (v. g. porque el arquero está mal ubicado, porque generalmente le da bien al balón desde esa distancia, porque los jugadores de la barrera son muy bajos, entre otras). Finalmente, decide lanzar el balón por encima de la barrera porque efectivamente los jugadores que hay en la barrera son de talla baja. Lo que le parece sorprendente a Searle de este tipo de situaciones es que evidencian que el agente tiene varias creencias y deseos (razones primarias en el lenguaje de Davidson) que operan sobre él, pero que no causan que se comporte siempre de una manera particular. En situaciones similares nuestro agente jugador de fútbol podrá realizar la misma acción pero motivada por otra razón o también podrá tener exactamente las mismas razones y aún así actuar de otra manera. En este sentido, para el filósofo americano, a diferencia de Davidson, el agente no es sólo un ‘lugar’ donde habitan razones primarias que son causas suficientes para las acciones, sino que es él mismo el que decide bajo qué razón actúa, cuál de todas esas razones que operan sobre él se hace efectiva. 


Como ya dijimos, el fenómeno de la brecha pone de manifiesto que no podemos seguir una línea causal entre nuestras acciones y nuestras razones. Cuando un agente actúa lo hace bajo el supuesto de la libertad, bajo el supuesto de que hubiera podido actuar de otra manera. Así, por ejemplo, nuestro futbolista siente que al momento de cobrar el tiro libre tenía la libertad de haberlo hecho de otro modo. En este aspecto las acciones se distancian ampliamente de las percepciones. “Si estoy sentado en un parque contemplando un árbol, hay un cierto sentido en el cual no depende de mi lo que estoy experimentando. Depende más bien de la manera de ser del mundo y de mi aparato perceptivo. Pero si decido alejarme caminando, o levantar el brazo o rascarme la cabeza, descubro un rasgo de mi acción libre que no estaba presente en mis percepciones”. Este rasgo consiste básicamente en que no tenemos la sensación de que los antecedentes de nuestras acciones (creencias, deseos e intenciones) establezcan condiciones causalmente suficientes para la acción. 


Generalmente, cuando nos piden explicaciones acerca de nuestras acciones respondemos especificando el deseo, la creencia o intención que a nuestro modo de ver motivó dicha acción. Así, si a nuestro jugador se le preguntara por la razón para lanzar el balón por encima de la barrera, él responderá algo como: “porque me di cuenta que los jugadores que había en la barrera eran muy bajos”. Si bien es cierto que esta fue la creencia que motivó su acción, corresponde sólo a una explicación causal parcial de su conducta, pues no especifica una causa que sea suficiente para determinar sus acciones. Él podría seguir teniendo la creencia de que los jugadores que conformaban la barrera eran muy bajos y que esto facilitaría la entrada del balón al arco y, aún así, haber cobrado el tiro libre de otra forma. Si en realidad pensáramos que nuestras razones primarias son causas suficientes para nuestra acción, nos ahorraríamos un esfuerzo porque evitaríamos elegir y decidir, pues cada vez que tengamos cierto deseo acompañado de cierta creencia e intención tendríamos la seguridad de que actuaríamos de determinada manera. El problema está en que en la vida normal consciente no se puede evitar elegir y decidir, normalmente realizamos acciones bajo el supuesto de que somos libres, de que podríamos no haberlas realizado. “Incluso el rechazo a ejercitar la libertad sólo es inteligible para un agente si lo considera como un ejercicio de la libertad”. 

2. Un argumento trascendental para introducir la noción de ‘yo’

Hasta aquí hemos argumentado de varias maneras a favor de la existencia de la brecha. Hemos afirmado que las razones para la acción que posee un agente no son causalmente suficientes, de suerte que una explicación de una acción que apele a evidenciar las creencias, deseos e intenciones que tenía un agente al momento de realizarla sólo brinda una explicación causal parcial de su conducta. Pero ¿qué es entonces lo que rellena la brecha? Para Searle las acciones humanas, a diferencia de los eventos de la naturaleza, exigen una noción substancial (no-humeana) de yo. 

La explicación causal por medio de la cual nos referimos a los fenómenos naturales no es adecuada para explicar nuestras acciones. Tomemos, por ejemplo, los siguientes enunciados: 1) he tomado una gaseosa porque me dio sed, 2) me dio sed porque se me secó la garganta. A primera vista, 1 y 2 tienen la misma estructura lógica (causal), no obstante el ‘porque’ en cada uno tiene una connotación distinta. 2 tiene la forma ‘A causó B’ (la resequedad de la garganta causó que me diera sed). En este caso, la resequedad en la garganta es una causa suficiente para mi sentimiento de sed. En este tipo de explicaciones (causales estándar) el acontecimiento descrito por la oración que precede al ‘porque’ ocurre una vez dado el acontecimiento descrito a continuación del ‘porque’.
Claramente ‘A causó B’ no es la estructura lógica de 1, pues como ya dijimos, la sed no es una causa suficiente para tomarme una gaseosa. La explicación de 1, por el contrario, exige postular un yo que realice la acción. La forma lógica del enunciado 1 sería: “un yo S ejecutó la acción A y, en la ejecución de A, S actuó por la razón R”. La explicación de nuestros actos, en este sentido, exige postular la existencia de un yo no-humeano, que determine las acciones.

En varias partes de sus escritos Searle enfatiza claramente que el yo que debemos suponer para explicar nuestras acciones es uno de tipo no-humeano. Recordemos que Hume argumentó, desde un punto de vista radicalmente empirista, que el yo no es más que un ‘ramillete’ de experiencias. “Lo que quiere decir Hume –afirma Searle- es, según creo, no que no encuentre un yo cuando dirijo mi atención internamente, sino más bien que no hay nada que pudiera considerarse como la experiencia del yo, pues cualquier experiencia que tuviese sería simplemente eso, otra experiencia más”. Para nuestro filósofo americano hay una fuerte objeción a esta postura, inspirada en Kant, a la que algunos filósofos contemporáneos, incluyéndolo a él mismo, han intentado escapar. Dicha objeción tiene que ver básicamente con que no tenemos solamente una sola percepción a la vez, ni tampoco varias percepciones aisladas, sino que tenemos varias percepciones que se combinan en lo que se ha denominado un campo unificado de conciencia. La manera como se ha intentado escapar a esta objeción es afirmando que aunque hay ese campo de conciencia que unifica las percepciones, no tenemos una experiencia del yo además del campo unificado de conciencia. En otras palabras, no encontramos todavía un yo aparte del conjunto de experiencias unificado por el campo de conciencia. 

El yo humeano al ser sólo un haz de percepciones no explica las acciones de los agentes. Como ya dijimos, la forma lógica de explicación de una acción no es ‘A causó B’, sino ‘un yo S ejecutó la acción A y, en la ejecución de A, S actuó por la razón R’. En este sentido, el yo que necesitamos para explicar nuestras acciones es un yo agente (ejecutivo), uno que no sea simplemente un lugar donde se cruzan muchas percepciones, sino que sea un yo que rellene la brecha ejecutando, con base en las razones, una u otra acción. Por esta razón, aceptamos racionalmente explicaciones de acciones que no citan condiciones suficientes, pues en estos casos entendemos que las explicaciones no son acerca de yoes sobre los que las causas operan, sino sobre yoes racionales en su calidad de agentes. 

Cuando enunciamos algo como ‘me dio sed porque se me secó la garganta’ entendemos que la segunda parte de la oración basta para explicar causalmente mi sentimiento de sed, en este caso no se está presuponiendo ninguna noción de libertad, ni de elección. En cambio cuando enunciamos algo como ‘me he tomado una gaseosa porque me dio sed’ entendemos y aceptamos que la segunda parte de la oración no puede ser en ningún sentido una condición suficiente porque tenemos como trasfondo nuestras presuposiciones de libertad y racionalidad. La brecha causal, en este sentido, no implica una brecha en la explicación, pues en este terreno es rellenada por el yo. En el proceso de deliberación el yo es consciente de las razones y motivos que tiene para elegir realizar una u otra acción. 

Ahora bien, “si suponemos la existencia de un yo consciente substancial [ejecutivo] que actúa sobre la base de razones (…) podemos ahora dar sentido de la responsabilidad y de todas sus nociones anejas. Puesto que el yo opera en el fenómeno de la brecha sobre la base de razones para tomar decisiones es en él donde se localiza la responsabilidad”. El modelo clásico de la racionalidad al concebir que las razones primarias son las causas (en el sentido de ‘A causó B’) de las acciones, minimiza el campo de acción del agente y, con eso, crea la sensación de que no tenemos a quién responsabilizar o imputar por las acciones. La explicación que brinda Searle tiene la ventaja de escapar a este problema, garantizando la existencia de una entidad capaz de asumir, ejercer y aceptar responsabilidades. 

Otra ventaja que tiene esta noción substancial de yo es que, a diferencia del modelo clásico, permite explicar una de las cualidades que comúnmente se le atribuye a los agentes, a saber: un agente toma decisiones teniendo en cuenta la organización del tiempo más allá (pasado o futuro) del presente inmediato. “La introducción de la noción de tiempo –afirma Searle- nos capacita para ver que la racionalidad en la acción es siempre un asunto que tiene que ver con el hecho de que un agente razone conscientemente a lo largo del tiempo, bajo la presuposición de libertad, sobre qué hacer en el futuro”. El yo searleano, en este sentido, es un yo racional en la medida en que no sólo tiene en cuenta las acciones que ha realizado en el pasado, sino que también tiene la capacidad de realizar acciones planificando su futuro. 

En términos generales, el argumento de Searle trata de poner de manifiesto que las nociones que comúnmente relacionamos con la racionalidad práctica  (p. ej. decisión, acción libre o voluntaria, responsabilidad, planificación temporal) exigen la postulación de un yo que rellene la brecha de la que somos conscientes y, a partir de razones, tome decisiones y realice las acciones. Esto no significa que deba haber algún objeto que se experimente como yo, más bien, lo que quiere decir es que la postulación del yo es condición de posibilidad de las acciones racionales. 

Mannoni, M. - La primera entrevista con el psicoanalista




Especificidad del psicoanálisis
La psicotecnia 
Su formación es extremadamente polimorfa, y todos los métodos empleados tienen una justificación experimental y presentan fracasos y éxitos. En la actualidad, la psicotecnia está muy difundida, tanto que por así decirlo, no hay ningún niño de las grandes ciudades que, en el transcurso de su escolaridad, no sea sometido en algún momento a tests individuales o colectivos.


El Psicoanálisis 
En todas partes se habla de él, tanto en la prensa fácil como en la filosofía.
La mayor parte de las personas, al igual que muchos médicos, creen aún que el psicoanalista va hacer esto o aquello, va influir, moralizar, estimular, razonar, en suma, va a actuar con sus palabras como un remedio; mediante una especie de sugestión, para llevar al sujeto a que se comporte “bien”.


El psicoanálisis es y sigue siendo el punto de impacto de un humanismo que se beneficia, con el descubrimiento de los procesos inconscientes, que actúan sin que el sujeto lo sepa y limitan su libertad. El psicoanálisis terapéutico es un método de búsqueda de verdad individual más allá de los acontecimientos, mediante el método de decir todo a quien todo lo escucha, el paciente en análisis se remota a los fundamentos organizadores de su afectividad de niño o niña.


Especificidad del psicoanalista
El psicoanalista no da la razón ni la niega; sin juzgar, escucha. Las palabras que los pacientes utilizan son sus palabras habituales, sin embargo la manera de escuchar encierra un llamado a la verdad que los compete a profundizar su propia actitud fundamental frente al paso que están dando y que muestra ser completamente diferente a todo otro contacto con psicólogos, educadores o médicos.


Hasta el primer encuentro con el psicoanalista, el problema, en consecuencia, es abordado solo a nivel del objetivo de la consulta, y esta se plantea siempre en relación con fines de carácter negativo para el medio.



Para los psicoanalistas lo que importa no son los síntomas positivos o negativos en si mismos, no es la satisfacción o la angustia de los padres ante un niño del que se sienten responsables, sino lo que el síntoma significa para el que, con tal o cual conducta, actualiza el sentido fundamental de su dinámica, y las posibilidades de su futuro que, para este sujeto, el presente prepara, preserva o compromete.


Un ser humano, desde su vida prenatal ya está marcado por la forma en que se lo espera, por lo que luego representa su existencia real para las proyecciones inconscientes de sus padres.


Donde el lenguaje se detiene lo que sigue hablando es la conducta, cuando se trata de niños perturbados, es el niño quien mediante sus síntomas, encarna y hace presentes las consecuencias de un conflicto viviente familiar o conyugal, camuflado y aceptado por sus padres.


El niño es quien soporta inconscientemente el peso de las tensiones e interferencias de la dinámica emocional sexual inconsciente de los padres, cuyo efecto de contaminación mórbida es tanto mas intenso cuando mayor es el silencio y el secreto q se guardan sobre ellas. En resumen, el niño o adolescente se convierte en portavoz de sus padres. De este modo, los síntomas de impotencia que el niño manifiesta constituyen un reflejo de sus propias angustias y procesos de reacción frente a la angustia de sus padres.


En la primera infancia casi siempre los trastornos son de reacción frente a dificultades de los padres y también ante trastornos de los hermanos o del clima interrelacional ambiente. 


Cuando se trata de trastornos de la segunda infancia o de la adolescencia, y en la primera infancia no se hayan manifestado perturbaciones, los trastornos pueden originarse en los conflictos dinámicos intrínsecos del niño frente a las exigencias del medio social y las dificultades del complejo de Edipo normal, sin embargo suele suceder que sus consecuencias den lugar a una reacción de angustia en los padres, impotentes para solucionarlos o avergonzados por la crisis de inadaptación del niño a la sociedad. El niño o el joven, que ya por si mismo debe enfrentar duras pruebas, no encuentra más seguridad en su medio social y tampoco en sus padres, tal como sucedía en las situaciones en las lejanas épocas en que el recurrir a ellos en las situaciones de peligro constituía la suprema fuente de protección.


Podemos decir q la única condición para que los conflictos inherentes al desarrollo de todo ser humano puedan resolverse de forma sana es que el niño no haya sido tomado por uno de sus padres como sustituto de una significación aberrante, incompatible con la dignidad humana o con su origen genético.


Para que esta condición sea posible, estos adultos deben haber asumido su opción sexual genital en el sentido amplio del término, emocional, afectivo y cultural, independientemente del destino de este niño. Ello quiere decir que el sentido de su vida está en su cónyuge, en los adultos de la misma edad, en su trabajo, y no en el hijo o los hijos, quiere decir que el pensamiento o la preocupación por este niño, el amor hacia él, no dominan nunca su vida emocional.


Toda vez que antes de la edad de la resolución edipica (6-7 años como mínimo) uno de los elementos estructurantes de las premisas de la persona es alterado en su dinámica psicosocial (presencia o ausencia de uno de los padres en un momento necesario, crisis depresiva de uno de ellos, muerte que se esconde, características antisociales de su conducta) la experiencia psicoanalítica nos muestra que el niño esta informado de ello en forma total e inconciente y q se ve inducido a asumir el rol dinámico complementario regulador como en una especie de homeostasis de la dinámica triangular padre-madre-hijo. Esto es lo patógeno para él.

Código de Etica de la Federación de Psicólogos de la República Argentina


El Código de Ética de la Federación de Psicólogos de la República Argentina (Fe.P.R.A.) tiene como propósito proveer tanto principios generales como normativas deontológicas orientadas a las situaciones con que pueden encontrarse los psicólogos en el ejercicio de su profesión, estableciendo así las reglas de conducta profesional que han de regir su práctica.
Consta de una Introducción, un Preámbulo, una Declaración de Principios y una sección de Disposiciones deontológicas.
La Introducción expresa la intención y alcance de aplicación del Código de Ética.
El Preámbulo y la Declaración de Principios constituyen objetivos deseables que guían a los psicólogos hacia los más elevados ideales de la Psicología; expresan así el espíritu de este Código y si bien no son en sí mismos reglas obligatorias deben ser considerados prioritariamente ya que constituyen el fundamento mismo del actuar ético de los psicólogos.
Las Disposiciones deontológicas establecen reglas de conducta profesional, las que expresan deberes que afectan a todos los profesionales psicólogos, considerando que descuidar estos deberes atenta contra los derechos de los receptores de los servicios profesionales.
En el proceso de toma de decisiones relativas a su conducta profesional, los psicólogos deben considerar este Código de Etica y el de la Organización en que se encuentran matriculados o asociados, además de las leyes vigentes.
Si el Código de Etica establece un principio superior al exigido por la ley o a las que pudieran emanar de Instituciones en las que presta sus servicios, los psicólogos deben cumplir con el principio ético más elevado
En caso de contradicción, aun parcial, entre dos bienes protegidos los psicólogos procederán siempre según el criterio ético de optar por el que ocupe el lugar más alto en la escala valorativa. Si una cuestión no puede ser resuelta por el presente Código, ni por el Código de Etica del Colegio o Asociación a que pertenecen, los psicólogos deberán considerar otras instancias de consulta específicamente idóneas y representativas.
Si bien este Código no sustituye a los Códigos de Etica de las Organizaciones nucleadas en la Federación, se entiende que es apropiado que en el caso de que un psicólogo sea sancionado por faltas áticas en la Organización a la que pertenece, la sanción sea comunicada para que las mismas tomen conocimiento y actúen Según los principios que emanan del presente código.
La Federación de Psicólogos de la República Argentina (Fe.P.R.A.) invita a las Entidades que la constituyen a que tomen este Código de Etica como referencia a la hora de revisar los propios o de redactados en los casos en que aún no los tuvieran.
Para la redacción se tuvieron como documentos base los Códigos de Etica de los Colegios provinciales el de la Asociación de Psicólogos de la Ciudad de Buenos Aires. Se consultaron también los Códigos de los psicólogos de Chile, Brasil y E.E.U.U., el anteproyecto del Código de Etica de los psicólogos de Perú y el Código Deontológico de los psicólogos españoles.
DECLARACIÓN DE PRINCIPIOS
El Código de Etica de la Federación de Psicólogos de la República Argentina (Fe.P.R.A.), hace suyos los siguientes Principios Generales, acordados por los países miembros y asociados del Mercosur en la ciudad de Santiago de Chile. 7 de noviembre de 1997:
A. - Respeto por los derechos y la dignidad de las personas
Los Psicólogos se comprometen a hacer propios los principios establecidos por la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Asimismo, guardaran el debido respeto a los derechos fundamentales, la dignidad y el valor de todas las personas, y no participarán en prácticas discriminatorias. Respetarán el derecho de los individuos a la privacidad, confidencialidad, autodeterminación y autonomía.
9. Competencia
Los Psicólogos se comprometen a asumir niveles elevados de idoneidad en su trabajo. Asimismo, Reconocen las fronteras de sus competencias particulares y las limitaciones de su pericia. Proveerán solamente aquellos servicios y técnicas para las que están habilitados por su formación académica, capacitación o experiencia. Tendrán en cuenta que las competencias que se requieren en la asistencia, enseñanza, y/o estudios de grupos humanos, varían con la diversidad de dichos grupos.
Los Psicólogos se mantendrán actualizados en el conocimiento científico y profesional, relacionado con su ejercicio, reconociendo la necesidad de una educación continua. Asimismo, harán un uso apropiado de los recursos científicos profesionales técnicos y administrativos,
C. Compromiso profesional y científico
Los Psicólogos se comprometen a promover la Psicología en cuanto saber científico. En su trabajo, asumirán sus responsabilidades profesionales, a través de un constante desarrollo personal, científico, técnico y ético.
D. Integridad
Los Psicólogos se comprometen a promover la integridad del quehacer científico, académico, y de práctica de la Psicología. Al informar acerca de sus antecedentes profesionales y curriculares, sus servicios, sus honorarios, investigaciones o docencia, no harán declaraciones falsas o engañosas. Se empeñarán en ser sumamente prudentes frente a nociones que degeneren en rotulaciones devaluadoras o discriminatorias.
Asimismo, se empeñarán en ser conscientes de sus sistemas de creencias, valores, necesidades y limitaciones y del efecto que estos tienen sobre su trabajo.
En su accionar científico profesional clarificarán a las partes acerca de los roles que están desempeñando y funcionarán según esos mismos roles.
E. Responsabilidad social
Los psicólogos se comprometen a asumir su responsabilidad profesional y científica hacia la comunidad y la sociedad en que trabajan y viven. Este compromiso es coherente con el ejercicio de sus potencialidades analíticas, creativas, educativas, críticas y transformadoras.
Los psicólogos ejercen su compromiso social a través del estudio de la realidad y promueven y lo facilitan el desarrollo de leyes y políticas sociales que apunten, desde su especificidad profesional, a crear condiciones que contribuyan al bienestar y desarrollo del individuo y de la comunidad.
NORMAS DEONTOLÓGICAS
La mayoría de las reglas fueron redactadas en términos generales, de manera que puedan adecuarse a las distintas situaciones regionales y ser aplicadas a todos los psicólogos, independientemente del ámbito profesional en que desempeñen su labor, pudiendo la aplicación de una regla variar según el contexto. Las reglas que se establecen en el presente Código deben ser consideradas como directivas generales; en tanto que no son exhaustivas; no implican la negación de otras no expresadas que puedan resultar del ejercicio profesional consciente y digno. La ausencia de disposiciones expresas no debe interpretarse como admisión de prácticas y actos incompatibles con la vigencia de los principios enunciados; por el contrario, confrontados con tal situación, los psicólogos deben conducirse de manera coherente con el espíritu de este Código.
Las siguientes son reglas que los psicólogos deberán observar en relación con:
1.- Consentimiento informado
1.1. - Los psicólogos deben obtener consentimiento válido tanto de las personas que participan como sujetos voluntarios en proyectos de investigación como de aquellas con las que trabajan en su práctica profesional. La obligación de obtener el consentimiento da sustento al respeto por la autonomía de las personas, entendiendo que dicho consentimiento es válido cuando la persona que lo brinda lo hace voluntariamente y con capacidad para comprender los alcances de su acto; lo que implica capacidad legal para consentir, libertad de decisión e información suficiente sobre la práctica de la que participará, incluyendo datos sobre naturaleza, duración, objetivos, métodos, alternativas posibles y riesgos potenciales de tal participación. Se entiende que dicho consentimiento podrá ser retirado si considera que median razones para hacerlo.
1.2- La obligación y la responsabilidad de evaluar las condiciones en las cuales el sujeto da su consentimiento incumben al psicólogo responsable de la práctica de que se trate. Esta obligación y esta responsabilidad no son delegables.
1.3. En los casos en los que las personas involucradas no se encuentran en condiciones legales, intelectuales o emocionales de brindar su consentimiento, los psicólogos deberán ocuparse de obtener el consentimiento de los responsables legales.
1.4. - Aún con el consentimiento de los responsables legales, los psicólogos procurarán igualmente el acuerdo que las personas involucradas puedan dar dentro de los márgenes que su capacidad legal, intelectual o emocional permita y cuidarán que su intervención profesional respete al máximo posible el derecho a la intimidad.
1.5.- En los casos en los que la práctica profesional deba ser efectuada sin el consentimiento de la persona involucrada, como puede ser el caso de algunas intervenciones periciales o internaciones compulsivas, los psicólogos se asegurarán de obtener la autorización legal pertinente y restringirán la información al mínimo necesario.
1.6.- El consentimiento de las personas involucradas no exime a los psicólogos de evaluar la continuidad de la práctica que estén desarrollando, siendo parte de su responsabilidad interrumpida si existen elementos que lo lleven a suponer que no se están obteniendo los efectos deseables o que la continuación podría implicar riesgos serios para las personas involucradas o terceros.
2.- Secreto profesional
2 1.- Los psicólogos tienen el deber de guardar secreto de todo conocimiento obtenido en el ejercicio de su profesión. Este deber hace a la esencia misma de la profesión, responde al bien común, protege la seguridad y honra de los consultantes y sus familias y es garantía de la respetabilidad del profesional; cualquiera sea el ámbito profesional de desempeño.
2.2- Los informes escritos o verbales sobre personas, instituciones o grupos deberán excluir aquellos antecedentes entregados al amparo del secreto profesional y ellos se proporcionarán sólo en los casos necesarios cuando, según estricto criterio del profesional interviniente constituyan elementos ineludibles para configurar el informe; en el caso de que puedan trascender a organismos donde no sea posible cautelar la privacidad, deberán adoptarse las precauciones necesarias para no generar perjuicios a las personas involucradas.
2.3- La información que se da a padres y/o demás responsables de menores de edad o incapaces y a las instituciones que la hubieran requerido, debe realizarse de manera que no condicione el futuro de los mismos y que no pueda ser utilizada en su perjuicio.
2.4. - Los psicólogos no deben intervenir en asuntos que puedan obligarlos a revelar conocimientos amparados por el secreto profesional. Tampoco les esta permitido usar en provecho propio las confidencias recibidas en el ejercicio de su profesión.
2.5.- La obligación de guardar secreto subsiste aún después de concluida la relación profesional. La muerte de los consultantes no exime a los psicólogos de su obligación frente a la confidencialidad.
2.6.- Cuando los psicólogos comparten información confidencial como resultado del trabajo en equipo o por características de la Institución en que se desempeñan, la obligación de guardar secreto se extiende a todos los profesionales participantes.
2.7- Los psicólogos garantizarán una apropiada confidencialidad al crear, almacenar, acceder, transferir y eliminar registros bajo su control, con los recaudos apropiados a si son impresos, digitalizados, videograbados, etc. Los psicólogos mantienen y eliminan los registros de acuerdo con las reglamentaciones vigentes y en un modo que permita cumplir con los requisitos de este Código de Ética.
2.8.- Límites del Secreto Profesional:
2.8.1.- Los psicólogos podrán comunicar información obtenida a través de su ejercicio profesional sin incurrir en violación del secreto profesional:
2.8.1.1.- cuando así lo exija el bien del propio consultante, debido a que este, por causas de su estado, presumiblemente haya de causarse un daño o causarlo a otros.
2.8.1.2- cuando se trate de evitar la comisión de un delito o prevenir los daños que pudieran derivar del mismo.
2.8.1.3.- cuando el psicólogo deba defenderse de denuncias efectuadas por el consultante en ámbitos policiales, judiciales o profesionales.
En todos los casos la información que comunique debe ser la estrictamente necesaria, procurando que sea recibida por personas competentes y capaces de preservar la confidencialidad dentro de límites deseables.
3.- Responsabilidad en las relaciones profesionales
3,1.- Con los consultantes.
3.1.1.- Los psicólogos deberán ser conscientes de la posición asimétrica que ocupan frente a sus consultantes y no podrán hacer uso de su influencia más que con fines benéficos para estos.
3.1.2.- Siempre establecerán las relaciones profesionales sobre la base de los principios éticos y la responsabilidad profesional., absteniéndose de satisfacer intereses personales en detrimento de los objetivos por los cuales han sido requeridos sus servicios.
3.1.3.- Los psicólogos evitarán establecer relaciones que desvíen o interfieran los objetivos por los que fueran requeridos sus servicios.
3.1.4.- Los psicólogos no recibirán otra retribución por su práctica más que sus honorarios. No buscarán otras gratificaciones de índole material o afectiva, ni deberán hacer uso de la relación profesional para el logro de fines ajenos a la misma.
3.1.5.- Los psicólogos no iniciarán ninguna relación profesional con sus familiares, amigos, colaboradores cercanos u otros cuando esto pudiera evitarse. Si por razones especiales (como las que pudieran resultar de la urgencia o de que no hubiera otros psicólogos en la región) la intervención profesional no pudiera delegarse, se reducirá al mínimo necesario y sólo hasta poder efectuar la derivación conveniente.
3.1.6.- Los psicólogos no se involucrarán sexualmente con consultantes actuales de sus prácticas profesionales.
3.1.7.- Los psicólogos no aceptarán como consultantes a personas con las cuales han mantenido vínculos sexuales, afectivos, comerciales, laborales o de otra índole que pudieran afectar de manera negativa el objetivo primordial de su práctica.
3.1.8.- Si no obstante los recaudos tomados surgiera una relación afectiva importante entre consultante y psicólogo, que obstaculizara el alcance de las metas profesionales, el psicólogo deberá realizar una derivación del consultante a otros profesionales.
3.2.- Con los colegas
3.2.1.- Los psicólogos mantendrán sus vínculos con colegas siempre dentro del respeto mutuo y sin intromisión en los limites de la especialidad ajena. Las divergencias que pudieran surgir deberán ser tratadas por medios coherentes con la competencia científica y la responsabilidad profesional.
3.2.2.- Los psicólogos tendrán la obligación de cobrar honorarios que estén de acuerdo con la dignidad profesional y que no constituyan un factor de competencia desleal..
3.2.3.- Los psicólogos no se valdrán de las circunstancias de intervenir en actividades político-gremiales para obtener ventajas profesionales y/o personales.
3.2.4.- Propenderán a que la selección de profesionales para cargos públicos y privados sea a través de concurso y no remplazaran a colegas que fueran cesanteados, suspendidos o disminuidos en categoría sin los requisitos del sumario previo, cesantía justificada o exoneración ajustada a la ley.
3.2.5- Son actos contrarios a la Etica desplazar o pretender hacerlo a un colega de un puesto público o privado por cualquier medio que no sea el concurso.
3.2.6.- Está vedado a los psicólogos difamar a un colega, calumniarlo o tratar de perjudicarlo por cualquier medio en el ejercicio profesional, incluidas las formulaciones de denuncias calumniosas o infundadas y cualquier referencia a su vida privada.
3.2.7.- Los psicólogos no colaborarán con colegas que resulten sancionados por los órganos disciplinarios colegiales (con suspensión o cese de matrícula); mientras se mantenga dicha situación.
3.2.8.- Los psicólogos deberán abstenerse de efectuar comentarios respecto del trabajo profesional de sus colegas, salvo cuando estos lo soliciten como interconsulta o cuando la acción profesional del colega le merezca reparos fundados ética o científicamente. En este último caso intentará razonar con él sobre el punto. O, si fuera lo indicado, efectuará la denuncia pertinente. En todos los supuestos la crítica deberá ser constructiva, comprobable y de entera responsabilidad de su autor.
3.2.9.- Cuando los psicólogos reciben la responsabilidad de un trabajo que anteriormente fue atendido por un colega, éste deberá colaborar proporcionando la información que se le solicite y considere pertinente.
3.2.10.- Es obligación de los psicólogos ayudar a la formación de sus colegas, no reservándose conocimientos o técnicas útiles para el desempeño de sus funciones como tales.
3.2.11.- Los psicólogos no se vincularán con personas asistidas por colegas salvo en los siguientes casos.
3.2.11.1.- cuando sea una respuesta a la solicitud del profesional que conduce la intervención.
3.2.11.2.- cuando la urgencia así lo requiera, tras lo cual dará inmediato conocimiento al profesional responsable.
3.2.11.3.- cuando el consultante, en condiciones adecuadas de autodeterminación, interrumpa voluntaria y definitivamente el vínculo con el primer profesional.
3.3.- Con la profesión y la comunidad
3.3.1.- En tanto que profesionales los psicólogos deberán armonizar los intereses propios con el bien común, reconocer a la comunidad como destinataria legítima de sus servicios profesionales, propender al desarrollo científico y profesional de la psicología y conducirse siempre de manera coherente con los Principios que este código indica.
3.3.2.- En el ejercicio de su profesión los psicólogos no harán ninguna discriminación en función de nacionalidad, religión, raza, ideología o preferencias sexuales de sus consultantes.
3.3.3.- Los psicólogos deberán conducirse de forma proba, con firme sentido del honor en el ejercicio de su profesión. Cooperarán con su formación y actualización continua en el avance de su práctica profesional y en el beneficio de la comunidad.
3.3.4.- No aplicarán o indicarán técnicas psicológicas que no sean avaladas en ámbitos científicos, académicos o profesionales reconocidos.
3.3.5.- Los psicólogos prestarán sus servicios profesionales eficientemente, con sumo cuidado de no incurrir en negligencia o impericia.
3.3.6.- Los psicólogos evitarán emprender actividades profesionales cuando sepan o debieran saber que sus problemas o conflictos personales puedan interferir con su eficacia.
3.3.7.- Los psicólogos tienen la obligación de estar alertas para detectar tempranamente si sus problemas personales afectan su desempeño. Si ello sucede, tomarán medidas adecuadas, tales como consultar u obtener ayuda profesional y determinar si deben limitar, suspender o concluir su actividad.
3.3.8.- Los psicólogos tienen la obligación de denunciar.
3.3.8.1.- el ejercicio ilegal de la profesión, en cualquier forma que ocurra.
3.3.8.2.- la práctica profesional de los psicólogos que no se efectúe en el plano y nivel científico propios de la psicología.
3.3.8.3.- el curanderismo y cualquier otra práctica carente de fundamento científico, cualquiera sea su forma.
3.3.9.- Los psicólogos no usarán su posición profesional o sus relaciones, ni permitirán que sus conocimientos y que sus servicios sean usados por otros, con fines que no concuerden con los valores que se desprenden de este Código de Etica.
3.3.10.- Los psicólogos respetarán siempre el derecho de los consultantes a la libre elección del profesional, tanto en el ejercicio particular como en los servicios brindados en instituciones, públicas o privadas.
3.3.11.- Los psicólogos prestarán la colaboración que le sea requerida por las autoridades en caso de epidemia, desastres y otras emergencias.
3.3.12.- Los psicólogos no participarán, ni activa ni pasivamente, en acciones, formas de tortura y todo aquello que atente contra los derechos humanos internacionalmente reconocidos.
4.- Investigación
4.1.- La investigación psicológica perseguirá el avance del conocimiento científico y/o el mejoramiento de las aplicaciones profesionales. Esta finalidad estará siempre subordinada a la obtención de resultados humanitariamente benéficos y al respeto por los derechos de los sujetos que participen en la investigación.
4.2.- La investigación psicológica se efectuará en acuerdo con las normas éticas reconocidas para la investigación y con las leyes nacionales y provinciales pertinentes; se planificará y realizará enmarcada en proyectos de investigación de instituciones reconocidas; respetará las pautas de diseño, desarrollo y validación propias del conocimiento científico; será coherente con las valoraciones propias del paradigma utilizado; estará abierta a control de instituciones públicas dedicadas a (o relacionadas con) la investigación científica.
4.3.- Los psicólogos responsables de proyectos de investigación obtendrán el consentimiento de los sujetos o de sus representantes legales, con especial atención cuando la investigación pueda implicar consecuencias desagradables o daños potenciales. No será exigible el consentimiento cuando la investigación se asiente en encuestas anónimas u observaciones naturalísticas (no creadas en forma experimental); pero se tendrá particular cuidado en que el uso de tales técnicas así como la eventual publicación de los resultados no dañe la intimidad de las personas involucradas.
4.4.- Cuando la investigación involucre a sujetos en relación de subordinación con los investigadores (estudiantes, empleados, subalternos, presos, internados en instituciones de salud, etc.) se les asegurará la libertad de poder participar o retirarse, sin que esto último pueda derivar en sanciones, perjuicio o menoscabo alguno. Si participar de la investigación fuera un requisito (para promoción jerárquica, egreso, calificación, etc.) deberán preverse actividades alternativas que la suplanten.
4.5.- Cuando las características de una investigación hagan desaconsejable brindar una información completa a los sujetos al comienzo de la misma, el psicólogo responsable del proyecto brindará lo antes posible a los sujetos una información acabada y explicará también las razones por las que no se brindó información completa al comienzo de la experiencia. De cualquier modo, el psicólogo no incurrirá en omisión de información ni recurrirá a técnicas de engaño sin asegurarse previamente de que: a) no existan procedimientos alternativos que no impliquen engaño y b) el uso esté justificado por el valor científico o profesional de la investigación proyectada.
4.6.- No se llevarán adelante proyectos de investigación que impliquen consecuencias desagradables o riesgo de ellas para los sujetos participantes.
4.7.- Se deberá informar a los sujetos sobre el modo de comunicarse, una vez finalizada la investigación, con el psicólogo responsable de la misma para el caso en que pudieran aparecer, a posteriori, consecuencias indeseadas.
4.8.- En la investigación con animales se asegurarán las medidas de protección e higiene en su mantenimiento y eventual eliminación y se evitarán o disminuirán al mínimo indispensable la incomodidad, dolor o enfermedad que la investigación pudiera acarrearles.
4.9.- Los psicólogos no tergiversarán ni omitirán datos, aunque pudieran contrariar sus expectativas. Del mismo modo, no fabricarán ni falsearán los resultados y/o conclusiones.
5.- Docencia
5.1.- Los psicólogos que desempeñan funciones en la formación, capacitación, entrenamiento, supervisión de grado o postgrado de profesionales psicólogos, sea en forma regular o esporádica, en instituciones públicas, privadas o a titulo personal, deberán guiarse por las siguientes reglas:
5.1.1.- No delegarán ninguna de sus funciones como docente en personas no capacitadas para cumplirlas.
5.1.2.- Garantizarán el nivel académico de los docentes involucrados en la enseñanza, capacitación y entrenamiento.
5.1.3.- Serán cuidadosos en el empleo de la influencia que, por la asimetría de los roles, pueden tener sobre sus estudiantes y supervisados.
5.1.4.- Promoverán en los alumnos el conocimiento y observancia de la ética profesional.
5.1.5.- Mantendrán buenas relaciones con los alumnos sobre la base de un nivel adecuado de exigencia y del respeto mutuo.
5.1.6.- Los psicólogos enseñarán el uso de técnicas y procedimientos psicológicos solamente a profesionales con titulo habilitante para el ejercicio de los mismos o a estudiantes de las carreras que conducen a tal habilitación, con la salvedad que esto no autoriza a los estudiantes al ejercicio profesional.
5.1.7.- Cuando en la formación de grado se requiera que los alumnos administren, empleen o evalúen técnicas y procedimientos psicológicos se arbitrarán los medios para asegurar que los sujetos implicados hayan brindado su consentimiento en forma directa o de manera implícita por haber sido informados de que la institución en la que se los atiende tiene convenios para la formación de alumnos de grado.
5.1.8.- En el empleo que los psicólogos hacen de casos como material ilustrativo se extremarán los cuidados necesarios para mantener la reserva sobre los datos que pudieran identificar a los involucrados..
6.- Declaraciones públicas
6.1.- Publicidad
6.1.1- En la promoción de sus servicios profesionales, lo que incluye anuncios pagos o gratuitos, gráficos, radiales y audiovisuales y curriculum, los psicólogos respetarán las siguientes pautas:
6.1.1.1- Los psicólogos que publicitan sus servicios deberán anteponer siempre las normas profesionales a sus intereses comerciales. Cuando en la creación o colocación de esa publicidad participen otras personas, los psicólogos asumirán la responsabilidad por los mismos.
6.1.1.2.- La publicidad deberá hacerse en forma mesurada, incluyendo los datos indispensables para la información útil; en ningún caso deberá ser exagerada de modo que tergiverse en algún sentido la índole y eficacia de los servicios.
6.1.1.3.- Los psicólogos no ofrecerán recursos o actividades relativas a técnicas psicológicas que no estén reconocidas por la comunidad profesional. Tampoco utilizarán el precio o gratuidad del servicio como forma de propaganda.
6.1.1.4.- La participación que los psicólogos pudieran tener en medios de comunicación masiva será con fines educativos y divulgativos. Los psicólogos no participarán, como tales, en avisos que recomienden la adquisición o uso de un determinado producto.
6.2.- Divulgación
6.2.1.- Las declaraciones u opiniones profesionales que los psicólogos deban formular con fines de información al público deberán plantearse siempre con rigor científico, sin perjuicio de adecuarse al nivel de comunicación que corresponda.
6.2.2.- Los psicólogos deberán abstenerse de hacer declaraciones públicas que sean falsas, engañosas, desorientadoras o fraudulentas, ya sea por lo que ellos establecen, transmiten o sugieren, o por lo que omiten, en relación con su investigación, práctica u otras actividades laborales o referidas a personas u organizaciones con las que están asociados.
6.2.3.- Cuando los psicólogos expresen opiniones o comentarios a través de cualquier medio, directo o indirecto, de divulgación tomarán precauciones razonables para asegurar que las declaraciones estén basadas en la práctica y la bibliografía psicológica apropiada.
6.2.4.- La divulgación de los trabajos científicos que se haga por medio de publicaciones en la prensa, televisión u otros medios de índole no científica deberá realizarse en forma que no se tergiverse su verdadero sentido y alcance.
6.2.5.- Es inconveniente realizar publicaciones con referencias técnicas o procedimientos profesionales en medios de difusión no especializados si previamente no han sido sometidas a consideración en su ámbito especifico.
6.2.6.- Cuando los psicólogos dan información acerca de procedimientos y técnicas psicológicas, deberán establecer con claridad que sólo pueden ser indicados y/o aplicados por profesionales competentes para ello.
6.2.7.- Los psicólogos cuidarán que su aparición, personal o referida, en actos públicos y/o en medios de difusión, sea dentro del máximo respeto por su calidad profesional, por su propio prestigio y el de su profesión.
6.3.- Publicaciones
6.3.1.- Es inherente a la práctica de los psicólogos comunicar y discutir sus experiencias, el producto de su investigación y, en general, su producción científica, dentro del ámbito de las instituciones correspondientes a su campo de acción y a través de la publicación de sus trabajos en revistas de su especialidad profesional.
6.3.2.- En la publicación de sus trabajos científicos o profesionales los psicólogos mantendrán siempre su compromiso con la veracidad, por lo cual incluirán todos los datos pertinentes, aunque estos pudieran contrariar sus hipótesis o sus intereses. Citarán las fuentes y autores en que basan su trabajo y no se atribuirán expresamente o por omisión de las referencias, producciones que no les son propias.
6.3.3.- Toda discrepancia científica o profesional deberán discutirla en los ámbitos apropiados, evitando que su difusión al público pueda provocar errores de interpretación, confusión de ideas o desconfianza.
6.3.4.- En las publicaciones que sean producto de un trabajo compartido deberán incluirse los nombres de todos los participantes y precisar su grado de responsabilidad, participación y colaboración.
6.3.5.- Los Psicólogos deberán obtener autorización expresa de los autores cuando se utiliza información de fuentes particulares que no han sido publicadas.
6.3.6.- En todas sus publicaciones los psicólogos omitirán y/o alterarán cualquier dato que pueda conducir a la identificación de las personas y/o instituciones involucradas.
6.3.7.- Los psicólogos que recopilen el material de otros para su publicación deberán reconocer y mencionar todas las fuentes de origen y las contribuciones recibidas e incluirán su propio nombre como editor.
Nota final: El estudio comparativo de los documentos de base y la redacción del presente Código de Etica fueron efectuados como parte del Proyecto de Investigación "Estudio comparativo de las norma Uvas deontológicas de los psicólogos del Mercosur", a cargo de un Grupo de Investigación "Enseñanza y Profesionalización de la psicología en el Cono Sur de América’; de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional de Mar del Plata y en el marco de un convenio entre esta Facultad y la Fe.P.R.A. El Grupo de Investigación está integrado por los Licenciados en Psicología Alberto Vilanova, Orlando Calo, Ana María Hermosilla, Marcela Losada, Rosalía Varela y Celia Leranoz y el documentalista Profesor Gustavo Liberatore.
Mar del Plata, 12 de septiembre de 1998.-

Duschatsky, S.; Corea, S. - "Chicos en Banda". Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones.



Para una mirada instituida según los hábitos estatales, los chicos sin instituciones están en banda, a la deriva. Y sin familia portadora de ley, sin escuelas productoras de ciudadanía y sin Estado protector, se preguntan ¿cómo se puede ser un chico?

La exclusión social se define por fuera del orden social, se pone el acento en un estado. La exclusión nos habla de un estado en el que se encuentra el sujeto.
En cambio la idea de expulsión social se refiere a la relación entre ese estado de exclusión y lo que lo hizo posible. Mientras que el excluido es meramente un producto un dato, un resultado de la imposibilidad de integración, el expulsado es resultado de una operación social, una producción, tiene carácter móvil.

La expulsión social, entonces,  mas que denominar un estado cristalizado por fuera, nombra un modo de constitución social. el nuevo orden mundial necesita de los integrados y de los expulsados. Estos ya no serian una disfunción de la globalización, una falta, sino un modo constitutivo de lo social.
La expulsión social provoca un desexistente, un “desaparecido” de los escenarios públicos y de intercambio
Retoman además la noción de Agamben “nuda vida” para conceptualizar a aquellos sujetos  que han perdido visibilidad, nombre, palabra y que transitan por una sociedad que parece no esperar nada de ellos. Cuando un sujeto deja de realizar en sus inscripciones múltiples, trabajador, mujer, hombre, hijo, padre, artista, estudiante, etcétera, se aproxima a la nuda vida.

Son conocidos los descriptores de la expulsión social: desempleo, estrategias de supervivencia que rozan con la ilegalidad, violencia, deserción del sistema educativo, desprotección, disolución de vínculos familiares, consumo de drogas.
Se preguntan por las subjetividades que emergen en relación con un  Estado que se ha ausentado  en su función – como la de un buen padre de familia dice la ley - normatizadora, de regulación, contención y amparo  y  su sustitución por el mercado. Ya no se trata de ciudadanos sino de consumidores.

El mercado se dirige a un sujeto que solo tiene derechos de consumidor, y no los derechos y obligaciones conferidos al ciudadano. El consumo, entonces no requiere la ley ni los otros, dado que es en relación con el objeto y no  con el sujeto donde se asienta la ilusión de satisfacción. El consumo no es un bien repartido-equitativamente; no obstante; lo que importa es que el mercado instituye, para consumidores y no consumidores.
En otro párrafo , señala que para estar integrado dependo de mi capacidad de gestionarme dado que es aquí, en la gestión del si mismo y no en el lazo donde se fila la ilusión de posibilidad. Esta idea aparece en Durkeim en la “División  del Trabajo social”, retomando a Darwin (lucha por la vida), cuando indica que en la división del trabajo social no hay que  eliminarnos unos a otros sino especificarnos para poder vivir. 

El otro como espejo, como límite, como lugar de deseo, se opaca. Nuestra época está inundada de mandatos -de goce- en los que el otro es prescindible. Para la satisfacción - del deseo- de consumo necesito del objeto y no del sujeto, para trabajar necesito que el azar recaiga en mi y no sobre el otro, porque no hay lugar para dos, para estar feliz no es al otro al que necesito, sino de  un objeto protésico, - como la  droga, las siliconas o el último modelo de algo.
Luego Duschatzky y Corea, exponen que en el marco de estas condiciones emergentes la “legitimidad” social, encontramos que la violencia es la marca que permea la vida de los que habitan la periferia de la ciudad.

Aquí nos encontramos con lo  que caracteriza a la posmodernidad, lo cual lo señala Jean- François Lyotard:  el agotamiento y la desaparición de los grandes relatos de legitimación, especialmente el relato religioso y el relato político. Se asiste incluso a la disolución de las fuerzas sobre las que se apoyaba la modernidad clásica. Que no dejan de tener relación con lo que conocemos bajo el nombre de neoliberalismo, ilustran la mutación actual en la modernidad: lo posmoderno es a la cultura lo que el neoliberalismo es a la economía.
Por lo tanto hay una  "pérdida de referentes entre los jóvenes"  una nueva condición subjetiva cuyas claves nadie posee, tampoco los responsables de su educación.
Y resulta ilusorio creer que algunas lecciones de moral a la antigua puedan bastar para atajar los daños.

Esto ya no funciona porque la moral hay que impartirla "en nombre de". Pero, precisamente, ya no se sabe en nombre de quién o de qué. La ausencia de un enunciante colectivo creíble está caracterizando la situación del sujeto posmoderno, que debe a hacerse a sí mismo sin contar con los recursos para ello, y sin ningún antecedente histórico o generacional con legitimidad para remitirse a él. Ya que no hay sujeto desde los orígenes debe haber Otro que es condición y posibilidad de subjetivación.
 
Como indica Duschatzky y Corea, el Estado- nación, mediante sus instituciones principales, la familia y la escuela, ha dejado de ser el dispositivo de la “moralidad” del sujeto. Todo parece indicar que  la violencia con el otro, la violencia a modo de descarga o pulsión descontrolada es el índice de la incapacidad del dispositivo para instituir una subjetividad regulada por la ley simbólica.

Parece que todos por lo tanto  las anteriores figuras del Otro de la modernidad, son ciertamente posibles y están disponibles, pero ya ninguno de ellos tiene el prestigio necesario para imponerse. Todos se han visto afectados por los mismos síntomas de decadencia. La decadencia de la figura del Padre en la modernidad occidental.
Por ello, el análisis del devenir decadente del Otro en el período posmoderno debe incluir los tiempos neoliberales que vivimos, definidos por la "libertad" económica máxima acordada a los individuos. Lo que se llama el "mercado" no vale en absoluto como nuevo "Otro", este pretende  hacerse cargo del conjunto del vínculo personal y el vínculo social

Como afirma Galende, las grandes instituciones que en la modernidad iluminista mediatizaron la realización de la razón histórica como progreso se han visto crecientemente desinvestidas por los individuos en su función de agrupar, unificar y ordenar los proyectos del conjunto. Aun cuando persisten sus funciones burocráticas, cada vez mas los individuos están en ellas para su realización personal ya no para el progreso o la defensa de lo colectivo. Además este autor agrega que el empobrecimiento de la vivencia de un tiempo histórico, dando lugar en grandes grupos humanos a la presencia de una experiencia del tiempo como vacío, homogéneo, en el cual se borra el sentido del porvenir y se incrementa el puro estar en repetición. Repetición que expresa la perdida de la experiencia de lo colectivo, el empobrecimiento del deseo, el crecimiento de la autodestructividad y también de la agresividad especular con  el semejante.

Esta la violencia  se traduce como  la falla de lo simbólico que intenta ser una respuesta de urgencia a estas situaciones de emergencia. Podría plantearse que la violencia emerge como una modalidad de socialización, como un estar “con” los otros o buscar a los otros, una forma incluso de vivir la temporalidad. Vale también recordar lo que plantea Winnicott12 (1998) en relación a la esperanza que hay en juego en una conducta antisocial.

Los adolescentes expresan y actúan una violencia a la manera de un espejo deformante de la degradación global de los vínculos humanos, degradación que   remite al procesamiento de lo simbólico y a las fallas de su  transmisión. La destrucción de los  lazos simbólicos que entraman las relaciones humanas está en el centro de la violencia contemporánea que nos sacude y la desligazón pulsional está en el centro del despliegue de una violencia que se desencadena en la realidad cada día de manera más impactante.