Moya Santoyo, J. - Historia de la Psicología


ANTECEDENTES FILOSÓFICOS DE LA PSICOLOGÍA
 
I- La psicología en la antigüedad griega y latina.
El estudio de la Psicología comienza por la admiración del hombre ante: el mundo y su conciencia.
Si bien la primera labor de la conciencia es poner orden en el mundo, el problema surge cuando el hombre se enfrenta a su conciencia, que se resuelve con la aparición de la mitología o la reflexión filosófica.
Los filósofos presocráticos.
En el siglo IV a.C. el desarrollo del pensamiento médico reconoció la importancia del cerebro y los órganos de los sentidos, los griegos introdujeron la doctrina empirista en la Psicología, mientras que los estoicos utilizaron la expresión “tábula rasa” para referirse al lugar donde se escriben las experiencias.
La psique como objeto de la Psicología en la Grecia Antigua.
La idea del alma surgió con Pitágoras, más tarde Platón la desarrolló distinguiendo en ella las funciones nutritiva (plantas), sensitiva (animales) y racional (hombres), que representaban una jerarquía evolutiva.
Para Platón el alma (pura) está encarcelada en el cuerpo y va reconociendo las cosas a su alrededor. Las ideas son esencias existentes por lo que este conocimiento es metafísico y no trascendental.
La doctrina psicológica de Aristóteles.
La Psicología se constituye como ciencia gracias a Aristóteles quien le reconoce al cuerpo un alma que, según él efectúa la integración del organismo mediante sus movimientos apropiados con el cuerpo. Separa su teoría a la de Platón, ya que dice que hay que considerar el organismo como un todo (alma y cuerpo). Según el hilemorfismo la forma es el principio sustancial del ser.
Los procesos de conocimiento comienzan con la percepción de los objetos, éstos dejan su huella en los sentidos (imagen impresa) que es unida a otras por el sentido común para formar la imagen expresa.
El método de la Psicología aristotélica.
Aristóteles concibe la mente como una “tábula rasa” sonde no hay nada escrito sino que en ella se acumula la experiencia y gracias a la memoria se pueden traer imágenes del pasado al presente. Establece dependencias causales entre los hechos y dice que los sentidos sólo captan lo accidental, mientras que sólo con la inteligencia se puede conocer la esencia de las cosas. Identifica el hábito con la disposición señalando que el primero dura más y que la disposición es resultado de la repetición de actos. Afirma que el hábito es el elemento fundamental de la personalidad (ámbito social).
La psicología post–aristotélica.
En el siglo III d.C. Plotino describió la psicología como ciencia basad en la introspección y en la Edad Media se consideró (más o menos) como la teoría de Aristóteles y San Agustín.
II- Los comienzos de la ciencia moderna
Juan Luis Vives (1492 – 1540).
Rompió con la tradición escolástica de determinar la naturaleza del alma para centrar su estudio en sus fenómenos y manifestaciones a través de la introspección. Al hablar de la asociación de ideas introduce elementos motivacionales. Promovió un tratamiento más humanitario de los enfermos mentales, su psicología empírica contribuyó el desarrollo de la psicología posterior y se lo considera iniciador de la psicología española e inspirador del método inductivo aplicado a la ciencia psicológica.
Descartes (1596 – 1650)
Tratando de resolver el problema de la interacción cuerpo – mente, centró el estudio de la mente en las operaciones que ésta lleva a cabo, lo que permitió el posterior desarrollo de la psicología. Dice que el cuerpo se comporta mecánicamente frente a impulsos, en cambio la mente tiene capacidad de conciencia para conocer lo exterior (no lo puede hacer sin cuerpo) y de pensamiento que al ser inmaterial es libre.
Explica que una cualidad mental puede influir en el cuerpo: la mente puede producir una impresión en la glándula pineal que influya en la dirección del flujo de los animales hacia los músculos, de lo que resulta el movimiento.
Clasificó las ideas en:
•Adquiridas: se producen mediante un estímulo externo, por lo que son producto de la experiencia empírica.
•Innatas: las produce la mente o conciencia y son independientes de la experiencia aunque puedan ser actualizadas con experiencias concretas.
 
II- Influencia del evolucionismo en la Psicología
Orígenes del evolucionismo
A mediados del siglo XVIII y principios del siglo XIX resurgen las ideas evolucionistas y se asientan con solidez.
Pasos más importantes del evolucionismo en la biología cronológicamente:
•Leclerc (1707 – 1788): integró los hechos con desarrollo histórico y afirmó que las especies cambian en relación al medio.
•Erasmus Darwin (1731 – 1802): dijo que todos los animales de sangre caliente evolucionaban en función del ambiente y la herencia.
•Lamarck (1744 – 1829): difundió el evolucionismo relacionado con el comportamiento.
•En 1828 K. Ernst von Baer compara los embriones de un grupo de animales diferentes y nota que mientras más jóvenes son, más se parecen.
•En 1852 Spencer toma la evolución como principio explicativo de la diversidad de seres vivos pero asociando las bases biológicas y leyes de la herencia.
Charles Darwin (1809 – 1882)
En sus viajes por los Mares del Sur escribe:
1) En cada especie nacen más individuos de los que pueden sobrevivir (por los recursos).
2) Desde el nacimiento los individuos difieren al estar mejor dotados para sobrevivir.
3) En base al punto 1) los que sobreviven son los mejores dotados.
4) En esta lucha se ponen en juego habilidades que, con el ejercicio se desarrollan o dan lugar a otras nuevas, que posteriormente se pasarán a la descendencia.
En 1871 afirma que el hombre es descendiente del mono, valiéndose de datos tomados sobre el comportamiento de animales superiores en comparación con el de humanos inferiores. Sus influencias en la Psicología son:
• Al estudiar la vida como función adaptativa y no el contenido de la mente inicia el estudio de mecanismos de adaptación del individuo (conductismo).
• Rompe la barrera que Descartes puso entre hombres y animales iniciando la Psicología animal y entusiasmando sobre la psicología comparada.
• Al interesarse por la génesis de los rasgos, anima a los psiquiatras a hacer estudios etiológicos de las enfermedades mentales (nacen la Psicología Clínica y Psiquiatría Moderna).
• Esta actitud evolutiva de los rasgos sirve de base a la Psicología Evolutiva. Darwin observó el desarrollo de su hijo al igual que lo hicieron muchos científicos.
• El problema de la adaptación va a ser utilizado por la pedagogía moderna interesada en el aprendizaje.
• El hecho de la supervivencia por tener algo que antes no se poseía nos lleva al terreno de las diferencias individuales.

III- La Psicología Comparada
La psicología animal nace en Inglaterra ligada a la influencia de Darwin y al problema de la continuidad de la escala biológica.
En el desarrollo de la psicología comparada hay varios enfoques:
• Psicólogos ingleses determinaron que el animal tenía un cierto grado de inteligencia formando la escuela anecdotista o antropomorfista de Psicología Comparada.
• Otros afirmaban que el comportamiento animal dependía del instinto.
• Otros decían que el animal aprendía por casualidad o por ensayo – error éxito.
• Otros decían que el animal se mueve por un comportamiento tropista.
• Algunos significaban el comportamiento del animal según el ambiente y otros según su herencia individual.
La escuela anecdotista y otros psicólogos ingleses.
Se basa en la teoría de Darwin según la cual los animales superiores poseen una capacidad (rudimentaria) de razonamiento.
El primer libro de psicología comparada fue escrito por Romanes en 1882. Observó que los animales tienen la capacidad de formar “receptos” que obtienen a partir de una abstracción inconsciente basada en una asociación espontánea. Son como conceptos primitivos que no se desarrollan por carecer de lenguaje.
John Warden señala como aspectos para suponer un grado de inteligencia en animales:
• Utiliza lo mejor posible el medio ambiente para sus fines.
• Ciertos comportamientos raros exigen la presencia de inteligencia.
• Imitación del hombre u otros animales implica una inferencia racional.
• Intercomunicación de planes de acción: conciencia de cooperación.
• Reacciones sentimentales: altruismo, vergüenza, sentido de la justicia, etc.
Escuela Instintivista.
Spalding en 1870 comprueba la existencia del instinto privando pollos recién nacidos de la compañía de sus congéneres y actuando aún como si hubieran aprendido de ellos. En 1935 Lorenz hizo trabajos más importantes sobre este asunto. Hess y Holst y Saint Paul provocaron mecanismos básicos de la conducta instintiva mediante la estimulación eléctrica de distintos puntos del cerebro.
Escuela Experimentalista.
Morgan en 1878 trabajó experimentalmente sobre animales en su ambiente. Distingue reacciones innatas y adquiridas conseguidas por ensayo y error y refuerzo de reacciones exitosas. Admite la imitación como fuente de adquisición de experiencia. Los psicólogos experimentales trabajan en laboratorios equipados buscando en el comportamiento animal leyes válidas para el comportamiento humano, o haciendo estudios comparados de distintas especies.
Thorndike comprueba que los animales solucionan los problemas por ensayo – error y éxito sin intervención de actividad inteligente.
Yerkes creó los Laboratorios Yale de Biología de Primates en donde se estudió: reflejos condicionados, programas de refuerzo, conducta social, signos prelingüísticos, solución de problemas, aprendizaje de discriminación, etc.
Según Bitterman las leyes de aprendizaje no son comunes a todas las especies. Son famosos sus experimentos de aprendizaje de probabilidad, en donde algunos animales tienden a elegir siempre entre 2 estímulos, el que fue recompensado en primer lugar, mientras que otros eligen al azar.
Escuela Mecanicista.
A fines de 1800, Loeb esbozó la teoría del tropismo animal. El tropismo es un proceso dirigido de aproximación o alejamiento respecto a ciertos objetos del medio circundante. Lubbock, Bert, Graber y otros proponen un grado de conciencia que elige basándose en el principio de placer y de dolor.
Genetistas y Ambientalistas.
Para los ambientalistas, el factor determinante de la conducta es el ambiente.
Para los genetistas, el factor más importante es el código genético.
Etólogos.
En Europa, Lorenz forma la escuela de etiología animal que estudia el comportamiento de los animales en su medio habitual. Su estudio se centra en aquellas pautas de conductas no aprendidas, comunes a toda la especie, lo que siempre se llamó “instinto”.
 
IV- La Psicología Experimental
El triunfo de las ideas evolucionistas planteó problemas que se ignoraban como el de las diferencias individuales. Hasta entonces el afán de estaba puesto en buscar principios generales para el comportamiento humano.
Las almas son todas igualmente perfectas pero cada una habita un cuerpo distinto. Si en el cerebro prima el calor, se destaca la imaginación, si es la sequedad, la inteligencia y si prima la humedad, la memoria fácil.
Juan Huarte clasifica las ciencias y artes según precisen más memoria, inteligencia o imaginación.
Frenología, Fisiognomía y Tipologías.
Según la frenología las facultades de una persona pueden ser deducidas de la forma de su cráneo:
• Gaspar Lavater creía conocer el carácter del sujeto por los rasgos fisiognómicos.
• Cesare Lombroso hizo una categorización de los rasgos somáticos y craneanos que caracterizaban a los diversos tipos de delincuentes.
• Charles Goring comparó presidiarios con universitarios y notó que las diferencias anatómicas se debían a condiciones de vida precarias en la 1ª infancia.
• Giovanni llama “normotipo” al hombre equilibrado somática, funcional y psicológicamente, y “ectipo” al que representa las desviaciones del otro.
• Viola hace una distinción según la masa, la estatura o el desarrollo del tronco y a cada clasificación le atribuye un modo de ser psíquico determinado.
• Pende define a la biotipología como “ciencia que estudia lo anatómico, humoral, funcional y psicológico que hace que un individuo se distinga de los demás, alejándose del tipo humano genérico”.
• Sigaud considera que los grandes aparatos de la vida orgánica y la preponderancia de cada uno de ellos va a determinar al sujeto.
• Sheldon estudió fotografías de universitarios y obtuvo un esquema de 50 rasgos de los que se obtienen los 3 elementos que basan su tipología.
Estudios del tiempo de reacción.
En 1850 Helmholtz mide la velocidad del impulso nervioso y registra así el tiempo de reaccion fisiologico. Donders y De Jaeger comprueban la importancia de factores psíquicos y de planeamiento experimental en la reacción.
• Experimento de reacción sencilla: el sujeto debe responder rápido a un estímulo.
• Experimento de reacción de discriminación de Donders: al sujeto se le presentan varias clases de estimulo y tiene que responder rápidamente a uno.
• Experimento de reacción de elección: se le presentan dos estímulos a los que deberá responder a ambos, pero de distintas formas.
Con los datos, pretendían saber el tiempo invertido en la reacción simple en el proceso de discriminación y en el de elección según el estímulo presentado.
En los laboratorios de Leipzig estos experimentos sirven para estudiar los procesos mediadores entre estímulo y respuesta o para determinar qué puede alterar el retardo de respuesta, que interesan para profesiones como pilotos, conductores, etc.
Naturaleza y medidas de las habilidades.
Francis Galton creía que las características psíquicas eran heredadas y medibles. Investigo las líneas familiares de hombres excepcionales y determinó que las cualidades de estos genios las tenían también sus antepasados (del mismo talento).
Chrales Spearman trata de comprobar la hipótesis de Galton de que la capacidad intelectual está correlacionada con la diferencia de sensibilidad para apreciar tonos, colores, etc.
Llega a la conclusión de que cada habilidad depende de un factor general y de otro especifico de esa habilidad.
Thurstone y su esposa desarrollan la “técnica del análisis factorial múltiple” para detectar los factores de inteligencia, llegando a aislar 8 habilidades mentales primarias: comprensión verbal, espacial, razonamiento, numérica, fluidez verbal, memoria, velocidad receptiva y motora.
Mc Keen Cattell es un caso de aplicaciones práctica siendo un gran difusor de los test, término que él mismo puso en circulación.
Alfred Bidet con la ayuda de Simon, publica el primer test de inteligencia que contenía 30 pruebas de dificultad creciente. Cada grupo de pruebas podía ser resuelto exitosamente por niños de una edad determinada.

Koyré, A. - Galileo y la revolución cientifica del Siglo XVII

El hecho de que la física moderna tengo su prólogo y su epílogo en el cielo implica el abandono de la concepción clásica y medieval del cosmos (unidad cerrada de un todo, cualitativamente determinado y ordenado jerárquicamente en donde las partes que lo componen – Cielo y Tierra – están sujetas a leyes diferentes).
La física moderna, desde Galileo a Einstein, considera su ley fundamental la de inercia: un cuerpo abandonado a sí mismo permanece en su estado de movimiento o reposo tanto tiempo como no se someta a la acción de una fuerza exterior. Esto para los griegos y la Edad Media era absurdo, a pesar de que hoy parezca evidente. Estas nociones no serían tan claras y simples si no pertenecieran a un conjunto de conceptos y axiomas.
No se tienen que descubrir estas leyes, sino que se tiene que crear y construir un marco en el que sean posibles estos descubrimientos.
 

El libro de la naturaleza está escrito en caracteres geométricos” (Galileo Galilei)
Es paradójico su intento de sustituir el mundo real de lo cotidiano, por el geométrico, explicar lo real por lo imposible.
El sentido común es y ha sido siempre, medieval y aristotélico.
La física de Aristóteles se basa en la percepción sensible, por lo que es anti-matemática, se niega a sustituir por una abstracción geométrica hechos cualitativamente determinados por la experiencia y el sentido común. Tampoco admite la posibilidad de identificar el espacio concreto de su cosmos finito con el de la geometría, ni de aislar un cuerpo dado de su entorno físico.

Aristóteles y Tolomeo afirman que si la Tierra se moviera, este movimiento afectaría a los fenómenos que se desarrollan en la superficie:
a) La velocidad de este movimiento rotativo desarrollaría una fuerza centrífuga que lanzaría lejos los cuerpos que no estén unidos a ésta.
b) Este movimiento obligaría a los cuerpos no ligados a la Tierra lanzados al espacio a quedarse atrás.
Para destruir esta concepción hay que cambiar todo el sistema y crear una nueva definición de movimiento, el concepto de Galileo.

Copérnico argumenta su teoría de una forma bastante débil: dice que estas consecuencias deducidas por los Aristotélicos tendrían valor en caso de que el movimiento de la Tierra fuera violento. Sin embargo estos argumentos aplican a las leyes de la mecánica celeste a los fenómenos terrestres y abandona la vieja división del cosmos.

Bruno descubrió que la nueva astronomía debía sustituir la concepción de un mundo cerrado y finito por la de un universo abierto e infinito, abandonando la noción de lugares o movimientos naturales o violentos.

Para Kepler inercia significa la resistencia que los cuerpos oponen al movimiento y no como Newton, para el cual era del estado de reposo al de movimiento y viceversa.
Kepler rechaza la comparación del movimiento de la Tierra con el del navío porque dice que la Tierra atrae magnéticamente los cuerpos que transporta, el navío no.
Galileo sabe a lo que se enfrenta: autoridad, tradición y sobre todo, sentido común.
Es inútil explicar la diferencia entre velocidad lineal y de rotación, a quienes no están acostumbrados a pensar matemáticamente.

Es el pensamiento puro y no la experiencia sensible el que está en la base de la “nueva ciencia” de Galileo Galilei. La teoría precede al hecho. La experiencia es inútil porque antes de la experiencia poseemos todo el conocimiento que buscamos. Las leyes del comportamiento espacio-temporal son leyes matemáticas que no las encontramos en la naturaleza sino en nosotros mismos, en nuestra inteligencia.
Si se considera a la matemática una ciencia auxiliar porque trata de abstracciones y a la física una fundamental porque se basa en hechos de la experiencia, se es aristotélico. Si se le atribuye a las matemáticas un valor supremo y una posición clave en el estudio de las cosas de la naturaleza se es platónico.

Saforcada, E. - Calidad de vida y salud

Las concepciones y prácticas en salud
Todo conglomerado humano poseedor de una trama cultural alberga en dicha trama un saber y práctica médica autogenerados o, de lo contrario, tomados de otra cultura.
Cada una de las medicinas conocidas (incluida la medicina científica más actual, la europea) implica una propuesta de “estilo de vida”, como así también se apoya en una determinada concepción del hombre y de la sociedad.

Visión histórica del saber médico europeo
Debe esperarse al final de la edad Media y el comienzo del Renacimiento para ver surgir en la medicina europea las concepciones que se apartan de las explicaciones sobrenaturales para indagar en el campo de lo inherente al hombre en su devenir terrenal y en tanto en su condición de integrante de la naturaleza. Se consolida así un pensamiento clínico, el cual constituye así una medicina individual-reduccionista.
No obstante desde fines del siglo XVIII y hasta mediados del siglo XIX se produce en el pensamiento médico científico europeo una revolución que acompaña el desarrollo de las revoluciones liberal-burguesas e industrial. Dicha revolución implicó una expansión del pensamiento médico a partir de la comprensión de la multicausalidad de la enfermedad, dándole preponderancia a los factores socioculturales y económico-poético por sobre lo biológico. Se constituye así la medicina social.
Las dos líneas de conceptualización y búsqueda de solución a los problemas que plantea la salud, surgidas en la Europa renacentista y moderna, las cuales constituyen dos alternativas coexistentes en el campo médico-científico actual, pueden ser consideradas como alternativas complementarias o, por el contrario, excluyentes.

Modelo clínico
Contexto teórico:
1-Marco teórico biológico y/o psicológico.
2-Reduccionismo científico privilegia la ciencia clásica
3-Hipótesis etipatogénicas, apoyadas en el marco teórico de la clínica.
Estrategias terapéuticas que solo comprenden dimensiones de la tríada ecológica: el agente y el huésped, excluyendo la consideración y el  manejo de la tercer dimensión: el ambiente.
4-La formación profesional se sustenta en la búsqueda del máximo operante, junto a la consideración de los problemas de salud en su globalidad y como entidades abstractas desconectadas de la realidad contextual.
Contexto operativo:
5-Orientado hacia la enfermedad, tratada como entidad abstracta.
6-Orientado hacia la prevención secundaria de la enfermedad, substrayéndola del sistema social.
Contexto valorativo:
7-Centrado en el  profesional, su marco teórico-científico y su tecnología académicamente legitimada.
Contexto actitudinal:
8-La posición del efector es autocrática, la verdad está del lado de la teoría médica o psicopatológica y en la vinculación que el profesional establece entre los signos que percibe y dicha teoría. El efector prescinde del contexto social.
9-El efector se orienta hacia la rehabilitación, lo que implica el desarrollo de actitudes de reparación.
A este tipo de actitudes está asociado el efecto iatrogénico.

Modelo sanitarista
Contexto teórico:
1-El sistema conceptual es social. “La medicina es una ciencia social”.
2-Concepción de cada ser humano como una entidad bio-psico-socio-cultural-económico-político. Sistemas conceptuales y orientadores de la naturaleza transdisciplinaria.
3-Hipótesis etiológico-integral, sintetiza información biológica, psicológica, ecológica y social. Las estrategias terapéuticas toman en cuenta las tres dimensiones de la triada ecológica, integrándolas en una dinámica sistemática.
4-Se apoya en la determinación de mínimos operantes para el objetivo de salud, los cuales prevendrán de descomponer los problemas de salud en objetivos parciales, cuya obtención irá integrando la solución del problema global.
Contexto operativo:
5-Hacia la salud y la prevención primaria de la enfermedad, tomándola en cuanto a su dimensión y naturaleza sociales.
6-Orientando hacia la protección y promoción de la salud entendiéndola como un emergente de la dinámica y el equilibrio ecológico humano.
Contexto valorativo:
7-Centrado en la sociedad, sus problemas y dicha solución es incorporada al ámbito académico para reformular teorías y técnicas.
Contexto actitudinal:
8-La posición del efector es relativista, cultural. Tanto los marcos referenciales del efector como los del demandante de prestación tiene valor teórico práctico en relación al contexto cultural. El efector opera en el contexto social, integrándose a él y generando la participación en la solución de los problemas de salud.
9-La orientación del efector es hacia la habilitación o potenciación de lo positivo existente, lo que implica generar actitudes de protección y fomento que sólo puede ponerse en acto frente a los sanos.

La segunda alternativa implica una expansión en el poder explicativo y en la capacidad resolutiva de los problemas pertinentes, dado que incluye los logros de la medicina individual-reduccionista resignificándolos al integrarlos en contextos más amplios, las dos grandes dimensiones de lo económico/político y lo psico/sociocultural. El modelo sanitarista no ha desplazado al modelo clínico.

Relaciones entre calidad de vida y salud
Los conceptos de “estilo de vida” y “calidad de vida” son parte integrante de las concepciones en salud. No obstante, ambos conceptos, son cargados de significaciones, metas y comportamientos totalmente diferentes según sea la orientación, desde la cual sean analizados los fenómenos.
El espectro se extiende desde las opiniones que sinonimian “calidad de vida” con “nivel de vida”, hasta aquellas en que se implica en el contexto de calidad la autorealización  plena del individuo en tanto ser social.
Esta última posición frente a la salud sólo es concebible desde una perspectiva ambientalista que privilegia los fenómenos psico-socio-culturales y económicos-políticos como único espacio y fuente de autorealización.

Bercherie, P. - La primera psiquiatría clínica. Las especies del genero Locura: Pinel

Si se quiere apreciar la importancia que tuvo Pinel para sus contemporáneos, el carácter fundante que atribuyeron a su obra y la tradición que origina en él la psiquiatría moderna, es necesario considerar no los aspectos positivos de su obra, sino el espíritu de su trabajo.
En efecto, ni en el plano clínico, donde no agrega nada esencial a las descripciones de los Antiguos o de sus predecesores inmediatos, ni en el plano nosológico, ni en el plano institucional y terapéutico en el que toda la época instituyó nuevas prácticas sólo se encuentra en Pinel un espíritu claro y sintético muy dotado para la observación y provisto de un dinamismo poco común.
En cambio, en el plano del método, veremos que funda una tradición: la de la Clínica, como camino consciente y sistemático.
Pinel se vincula con el grupo de los Ideólogos, que representa en Francia la síntesis de las comentes de pensamiento renovadoras y radicalizantes que marcaron el siglo XVIII Comparte con ellos los principios metodológicos que les parecen estar en la base de todo trabajo verdaderamente científico. Herederos de la tradición nominalista, consideraban que el conocimiento es un proceso cuya base es la observación empírica de los fenómenos que constituyen la realidad. A esos fenómenos, materiales brutos de la percepción, el sabio debe agruparlos y clasificarlos en función de sus analogías y de sus diferencias; constituirá así clases, géneros, especies, evitando introducir en ese trabajo de análisis y síntesis su subjetividad propia bajo la forma de "ídolos", cuyo origen Bacon denunció en el linde de la edad clásica: los ídolos de la tribu, antropomorfismo espontáneo del pensamiento; los ídolos de la caverna, inercia que no cuestiona las nociones inculcadas por la educación, es decir la cultura ambiente; los ídolos del foro, seducción de las palabras y de la retórica, pero también clasificaciones establecidas del lenguaje vulgar; los ídolos del teatro, prestigio de los grandes sistemas filosóficos.
En la cima del edificio, las categorías obtenidas de la experiencia recibirán finalmente el nombre que les da existencia en la ciencia. Este es el sentido del aforismo de Condillac:
"la Ciencia no es más que una lengua bien hecha". En efecto, una lengua que funcionase correctamente nombraría a lo real y no a los ídolos que son una herramienta sospechosa para el conocimiento.
Una disciplina sirve de modelo y de ideal a esta investigación: la historia natural y, Particularmente, la obra de Bufón 2. En toda la obra de Pinel se encontrará el llamado a un método finalmente "histórico" en la consideración de la locura, a "el espíritu de orden y de investigación que reinan en todas las partes de la historia natural"3. Se dedicará a la aplicación rigurosa de la doctrina en el campo completo de la práctica médica: en el campo clínico, es su obra Medicina clínica o la medicina hecha más precisa y más exacta por la aplicación del Análisis; en la nosología, es la gran Nosografía Filosófica o el Método del Análisis aplicado a la Medicina; finalmente, en el dominio particular de la alienación, es el "Tratado médico-filosófico de la Alienación Mental".
La filosofía de la que se trata, el análisis, es el método del cual acabamos de hablar, tal como los ideólogos lo reciben de Locke y de Condillac. Es interesante saber que es con su maestro, el médico Sydenham, con quien Locke, que también se inició en la profesión médica, encuentra los lineamientos de su teoría. Sydenham es uno de los iniciadores del retorno a Hipócrates que marca todo el siglo XVIII, es decir, del retorno, más allá de los dogmas explicativos de Galileo, a la observación empírica y clínica. Ciertamente, el galenismo surge de la sistematización de las doctrinas de Hipócrates, pero éstas estaban en equilibrio en Hipócrates con un verdadero culto de la observación clínica, que desaparece en Galeno detrás del sistema. Sydenham transmitirá a Locke4 una confianza en la observación y una desconfianza en la teoría que volvemos a encontrar en Pinel, vía Condillac y los Ideólogos, y cuyo último avatar será el positivismo de Auguste Comte: el hombre puede confiar en sus facultades de observación y de análisis; los fenómenos tal como se le aparecen no son la esencia de la realidad última, pero son suficientemente "paralelos" a ella como para que pueda fundar en ellos un saber a la vez siempre aproximativo y, sin embargo, valedero. No conocerá jamás, empero, verdaderamente lo real (tal como Dios lo conoce) y es por lo tanto inútil que se consuma en vanos sistemas explicativos. Por el contrario, conocerá suficientemente lo que se le presenta de lo real, para obtener de él un conocimiento pragmáticamente eficaz y esto es lo único que importa.
En el plano metodológico entonces se encontrará en Pinel un llamado a la frecuentación lo más extensa posible de lo real, es decir, en este caso, de la clínica, a esto se debe su confianza en las opiniones de hombres "sin saber" como Pussin, el inspector de Bicétre. Al mismo tiempo, recomienda formarse mediante el estudio de la historia natural y la práctica de las matemáticas5 en el espíritu de análisis, pues una observación simplemente empírica sigue siendo intuitiva, no adquiere ningún estatuto en la ciencia, no es acumulativa: debe pasar al lenguaje, adquirir una estructura enunciable; la clínica debe devenir progresivamente una lectura, un texto escrito en la "lengua bien hecha" de Condillac6. Al mismo tiempo, la clínica debe crearse un lenguaje, palabras nuevas, de sentido preciso que, a diferencia de las palabras imprecisas y demasiado sometidas al deslizamiento de sentido de la lengua vulgar, evocarán inmediatamente los fenómenos que engloban. Por el análisis progresivo, por la frecuentación asidua del campo de la observación, se constituirá un saber, cada vez más preciso aunque siempre limitado al campo de los fenómenos.
Naturalmente es válido interrogarse sobre esta epistemología un poco ingenua, pero queda en pie un hecho: Pinel abre la exploración sistemática de un campo y el ordenamiento de los fenómenos que lo constituyen. Este camino ha sido el fundamento sobre el cual se constituyó después el saber realmente positivo de la psiquiatría, una vez que, como a menudo en el nacimiento de las ciencias, un hallazgo inesperado habrá suministrado un método nuevo para explorar y clasificar los fenómenos. El postulado sobre el que reposa la doctrina que Pinel, antes que Comte, retoma de Sydenham, Locke y Condillac, se muestra, en efecto, sistemáticamente erróneo frente al avance del conocimiento científico: la incognoscibilidad de la esencia real de los fenómenos es una verdad asintótica; en cada etapa del progreso de los conocimientos, parte de lo que parecía constituir el problema de la esencia en la etapa precedente cae en el orden de lo conocido y de lo explicado. El postulado positivista conducirá a Comte a rechazar, entre otros, el conocimiento de la constitución físico-química de los planetas, que la espectroscopia permitirá algunos años más tarde; pensará lo mismo en lo referente a la constitución física de la materia, la matematización y los estudios microscópicos en biología, etc... Igualmente, lo que parecía inaccesible a Pinel, fundará un conocimiento concreto en la segunda mitad del siglo XIX.
Desde este punto de vista, la psiquiatría seguirá con un retraso de medio siglo la evolución de la medicina: Pinel fue de aquellos que constituyeron la clínica médica como observación y análisis sistemático de los fenómenos perceptibles de la enfermedad; resultado de ello es su Nosografía. Allí aisló las grandes clases sintomáticas en las cuales la anatomía patológica no juega más que un papel secundario en la clasificación: las flegmasías o las hemorragias son clasificadas según el lugar donde se producen en el cuerpo. Pero esto no constituye un elemento del nivel causal, sino uno de los síntomas del proceso mórbido, el que permanece inaccesible. Menos de diez años más tarde, Bichat planteará el principio de base del método anátomo-clínico: la lesión local explica el cuadro clínico y éste no hace más que manifestarla en el exterior. Michel Foucault, que presenta un notable cuadro de la evolución de los conocimientos y de las doctrinas en medicina durante este período, opone demasiado estas dos etapas: una surge de la otra; Bichat invoca a Pinel y la organización de la clínica ha suministrado tan sólo las bases necesarias al método anátomo-clínico que, por otra parte, no hace caducar a la primera. El camino empírico sigue siendo una condición previa necesaria para la investigación; debe reconocerse, sin embargo, que cambia de aspecto al volverse orientado (hacia la investigación de signos focales).
De la misma manera, veremos a Falret y su descendencia (Laségue, Falret hijo, Morel, Kahlbaum) desbordar y conmocionar la clínica de Pinel y de Esquirol. Sin embargo, por una parte, es sobre este fundamento como pudo realizarse la "revolución" de la segunda mitad del siglo XIX; por la otra, y esto proviene de la especificidad del campo psiquiátrico, la observación pura permanecerá al menos sectorialmente válida: sigue siendo la condición necesaria, sino la finalidad última, del conocimiento.

Ahora que el pensamiento de Pinel nos es más familiar, que hemos captado que el último error que debe cometerse en relación a su obra es tratarla como un sistema explicativo8, podemos comenzar a estudiar sus ideas positivas, las tesis muy prudentes y bastante eclécticas que constituyen su doctrina psiquiátrica.
Pinel considera la alienación mental como una enfermedad en el sentido de las enfermedades orgánicas, una perturbación de las funciones intelectuales, es decir, de las funciones superiores del sistema nervioso9. Por eso las ubica en la clase de las neurosis 10 es decir, de las afecciones del sistema nervioso "sin inflamación ni lesión de estructura", y que por lo tanto no entran ni en la clase de las flegmasías, ni en la de las hemorragias o las lesiones orgánicas: son también afecciones sin fiebre. Debe indicarse sin embargo que, tanto para la alienación mental como para las otras neurosis, cita numerosas causas lesionales junto a alteraciones idénticas de la función sin lesión perceptible: lo importante es que la lesión no es constante y que por lo tanto representa un elemento contingente. En el capítulo de las lesiones orgánicas, sólo encontraremos un capítulo sobre "las lesiones del cerebro y de sus meninges" a partir de la quinta edición (1813); incluso sólo tiene cinco páginas y un contenido puramente crítico (en particular para la doctrina de Gall) que volveremos a encontrar después en el Tratado de la alienación mental.
La alienación mental forma parte de las neurosis cerebrales, siendo el cerebro el asiento de la mente; estas neurosis cerebrales son de dos tipos: abolición de la función (afecciones comatosas), perturbación de la función (vesanias). Las vesanias comprenden la alienación mental, la locura propiamente dicha y algunas otras "enfermedades mentales" que no hacen del sujeto un alienado en sentido estricto:
la hipocondría: cuya perturbación no supera la interpretación permanente e inquieta de las sensaciones viscerales que Pinel considera como suficientemente reales, atribuyéndoles frecuentemente un fundamento orgánico.
el sonambulismo: que es una locura corta, una locura limitada al período del sueño; Pinel, por otra parte, incluye en él a la pesadilla. la hidrofobia: es decir la rabia, que en la primera edición había incluido dentro de las neurosis espasmódicas a causa del espasmo laríngeo, y que termina clasificando dentro de las vesanias, a causa de los trastornos psíquicos excitados y depresivos que constata en la misma. Es entonces una transición hacia las neurosis motrices y viscerales, así como la hipocondría es una transición, por sus múltiples parestesias, hacia las neurosis de los sentidos. Efectivamente, una clasificación adecuada incluye clases de transición entre sus gran des divisiones, siendo la naturaleza un continuo de formas.
Además, es necesario precisar que la alienación mental no forma una clase en la nosografía, se vuelve a encontrar simplemente las cuatro especies que la constituyen en las vesanías. Ella no es, en efecto, más que una categoría empírica, social, (las enfermedades mentales crónicas justifican la internación), a eso se debe su dispersión en el seno de una obra específicamente clasificatoria como la nosografía.
Ubicado el lugar y el estatuto de la locura, veamos su estudio concreto. En primer lugar las grandes clases en las que se reparten las manifestaciones mórbidas:
La manía propiamente dicha, en la que el delirio es general, es decir, que concierne a todos los objetos, estando lesionadas muchas de las "funciones del entendimiento" (percepción, memoria, juicio, afectividad, imaginación, etc.) y que se acompaña de una viva agitación.
Pinel distingue, no obstante, una subvariedad que será la prenda de importantes batallas futuras: la "manía sin delirio" o "manía razonante", en la que las funciones del entendimiento están intactas y en la que no subsisten más que la alteración de la afectividad y la excitación, a menudo furiosa.
La melancolía, en la que el delirio está limitado a un objeto o a una serie particular de objetos, las facultades mentales permanecen intactas fuera de ese "núcleo" delirante y el comportamiento sigue siendo coherente y comprensible, si se tiene en cuenta las ideas delirantes. El estado afectivo y el tema del delirio pueden ser de naturaleza triste o de naturaleza alegre y exaltada.
La demencia o abolición del pensamiento, y Pinel precisa que alude como tal al pensamiento en el sentido de Condillac, es decir, el juicio. La demencia es entonces la incoherencia en la manifestación de las facultades mentales, el desorden y la movilidad, la existencia "automática"; la destrucción de la función de síntesis, se habría dicho un poco más adelante. El idiotismo u obliteración de las facultades intelectuales y afectivas, es decir, la supresión más o menos completa de la actividad mental, quedando el sujeto reducido a una existencia vegetativa, con restos esporádicos de actividad psíquica (ensoñaciones dulces, sonidos semiarticulados, crisis de excitación). Puede ser congénita o adquirida, y entonces a menudo transitoria.
Subrayemos enseguida el error profundo que constituiría toda tentativa de identificar estas categorías, puramente sintomáticas, con nuestras entidades actuales. Los términos que sobrevivieron podrían fácilmente inducir al error, y todavía se ve a historiadores según los cuales Pinel habría descripto la melancolía o la manía, pero no habría aislado la paranoia o habría confundido esquizofrenia e idiotez. Pinel, naturalmente, vio todo, pero no con nuestra mirada; su nosología apunta a crear grandes clases fenoménicas, de comportamientos, persuadido como está de que esas grandes divisiones recubren algo de la esencia de lo real. Nosotros pensamos con categorías muy diferentes: son para nosotros los pequeños signos los que importan y los que definen el fenómeno. La manía de Pinel (e inclusive, excluyendo la manía sin delirio) incluye los estados de agitación, ya sea los que consideramos actualmente maníacos o epilépticos, confusionales, esquizofrénicos, delirantes, ansiosos, histéricos. Por otra parte, estas categorías pueden "complicarse": accesos maníacos en la demencia, el idiotismo, o la melancolía, idiotismo terminando la manía o lo contrario, etc.
Es la misma concepción que hace de la alienación mental una unidad, pues empírica y metodológicamente forma un grupo homogéneo de fenómenos, claramente diferente de las otras enfermedades y, por ende, detrás de los fenómenos corresponden a algo de las esencias. Es el lugar para precisar un punto que tendrá una cierta importancia en lo que sigue: la Nosografía clasifica las enfermedades mentales en grandes categorías, sirviéndose para ello de los síntomas más notorios; es entonces con las fiebres en parte y sobre todo con las flegmasías (inflamaciones: segunda clase) donde es clasificado el delirio febril agudo, siendo allí el delirio un síntoma y no el fenómeno esencial. Por lo tanto, sin que el problema esté bien explicitado, Pinel mismo comienza el trabajo de separación de las locuras sintomáticas y de las locuras idiopáticas o esenciales que continuará como veremos a lo largo de todo el siglo XIX a través de Georget, Baillarger, Magnan y finalmente Kraepelin.
Para el trabajo de descripción clínica que emprende y que debe proseguirse, a partir de las grandes clases que ha definido, hacia una precisión y una fineza cada vez más grande, Pinel recomienda continuamente utilizar, tanto como se pueda, el trabajo de los psicólogos y en particular el de Locke y Condillac. Para estudiar en su detalle las perturbaciones de las funciones mentales en la locura, lo mejor es empaparse con sus observaciones, con el análisis que realizaron de las funciones de la mente normal, lo que facilitará la descripción de los trastornos de esas funciones en el alienado.
Así, lo que no constituía más que un pequeño capítulo de la primera edición del tratado  se transformará en la segunda sección de la segunda edición, ancestro de todos los capítulos de semiología de los tratados posteriores, donde se examinan las perturbaciones de las diversas facultades del entendimiento: sensibilidad, percepción, pensamiento, memoria, juicio, emociones y afecciones morales, imaginación, carácter. La división es tomada de los análisis clásicos de esas facultades en aquella época. Incluso allí, Pinel da pruebas de prudencia y eclecticismo y, por ejemplo, no se privará, a propósito de la manía sin delirio, de criticar a Locke, a pesar de su 'justa admiración" por haber supuesto siempre una lesión intelectual, es decir, una idea delirante como fuente de la locura. El horror a los sistemas no se limita en él a los de sus adversarios: aconseja para evitar "las divagaciones del Ideologismo" no pedir prestado a esas ciencias "accesorias" ideas sino "con una suerte de sobriedad, sólo tomar aquellas que son las menos cuestionadas" y agregarles la observación.
 
El rechazo de todo sistema totalizante no impide a Pinel profesar una doctrina bastante precisa sobre la alienación mental, que ahora resumiremos.
Hemos visto que, como Cabanis, es partidario de una concepción materialista psico-fisiologista: la mente es una manifestación del funcionamiento del cerebro y las "relaciones de lo físico y de lo moral en el hombre"  le parecen fundamentales y permanentes. La locura, la concibe entonces como un desarreglo de las facultades cerebrales, y propondrá a ese desarreglo cierto número de causas:
1) causas físicas primero:
—directamente cerebrales: un golpe violento sufrido en la cabeza, una conformación viciosa del cráneo (mantiene en particular esta causa para algunos casos de idiotismo congénito, a los que consagra la séptima sección de la segunda edición del tratado).
—simpáticas, es decir que alcanzan el cerebro como consecuencia de sus lazos con los otros órganos del cuerpo: supresión brusca de un exutorio o de una hemorragia, de una afección cutánea o de un herpes, gota, consecuencias de diversas fiebres.
Se relacionan con este orden de causas, las causas fisiológicas (partos, edad crítica de las mujeres) y el hábito de la ebriedad.
La herencia, a la cual Pinel le otorga un lugar destacado, ya que es el primer parágrafo del capítulo de causas.
Finalmente, las famosas causas morales, que se pueden ordenar en dos rúbricas, en constante interacción por otra parte:
—las pasiones intensas y fuertemente contrariadas o prolongadas.
—los excesos de todo tipo, las irregularidades de las costumbres y del modo de vida y la "institución" (en el sentido de maestro: la educación) viciosa, ya sea por molicie o por dureza excesiva, que es factor predisponente .
Todavía debe precisarse cómo comprende Pinel la acción, de las causas morales que considera como las más numerosas y las más importantes en la producción de la alienación mental: les atribuye más de la mitad de los casos. Actúan por la acción que ejercen sobre los órganos de la "economía", es decir, sobre el organismo considerado como un todo funcional, perturbándolos. Pinel cita aquí extensamente a Crichton (o Crighton) quien elabora un catálogo de los efectos diversos ejercidos por las pasiones tales como la alegría, la cólera, el miedo, la tristeza, sobre el estado de las vísceras y de las grandes funciones: circulación y respiración . Una vez adquirida esta perturbación visceral, el cerebro se altera por vía de "simpatías", de modo que las causas morales son una rúbrica de las causas físicas simpáticas. La perturbación parte "de la región del estómago y de los intestinos desde donde se propaga, como por una especie de irradiación, la perturbación del entendimiento". Además de retomar el viejo tema hipocrático (melancolía = bilis negra), las posiciones doctrinales materialistas de los Ideólogos se expresan aquí. Las perturbaciones de los sentimientos afectivos y del carácter constituyen uno de los síntomas más importantes de la locura (cf. la tesis de Esquirol), que tiene frecuentemente los rasgos de una exaltación pasional.

Puede subrayarse que las causas no son en ningún caso específicas para los diferentes tipos de locura, exceptuando, quizá, el idiotismo congénito, pero éste es tan solo una parte del idiotismo. Pinel tiende más bien a atribuir la forma del acceso a la "constitución" del individuo, es decir, al tipo físico: color de los cabellos o de los ojos, conformación física, sexo; así los hombres robustos de cabellos negros tienen una mayor predisposición a los accesos de excitación, las mujeres, sobre todo rubias, estarían más inclinadas a la melancolía. La alienación aparece aquí como uno de los tipos de reacción del organismo.

Las mismas ideas fundarán la concepción general del tratamiento. Por lo menos, al igual que los dogmas y los sistemas que florecían todavía en aquella época, (humorismo galénico, solidismo de Willis y Boorhave, iatroquimismo de Paracelso, animismo de Stalh, etc...) Pine condena a los empíricos y a su búsqueda de un remedio "específico" por vía del azar, con toda la charlatanería que esto puede implicar. Rechaza el activismo terapéutico, el intervencionismo desatado e intempestivo de ambos, y la práctica de la época no podía más que reforzarle esas ideas: las purgas y los vomitivos sistemáticos de los antiguos (eléboro) habían sido suplantados por la sangría y, regularmente, Pinel recibía del Hotel-Dieu alienados exangües y moribundos; si escapaban al tratamiento, a menudo quedaban dementes e incurables. De Hipócrates retomará la idea de que la enfermedad tal como se nos presenta es esencialmente una reacción saludable del organismo contra la acción de causas que perturban su equilibrio, cuya terminación natural es la cura. Citemos un poco más extensamente, por una vez, un pasaje que resume todo lo que hemos dicho hasta aquí de la naturaleza de la locura: "Una afección intensa o, para hablar más generalmente, un estimulante cualquiera actúa fuertemente sobre el centro de las fuerzas epigástricas, produce en ellas una conmoción profunda que se repite sobre los plexos abdominales, provocando encogimientos espasmódicos, una constipación pertinaz, ardores de las entrañas. Inmediatamente después se excita una reacción general más o menos fuerte, de acuerdo con la sensibilidad individual; el rostro se colorea, la circulación se vuelva más animada, el centro de las fuerzas epigástricas parece recibir una impulsión secundaria de una naturaleza totalmente diferente de la primitiva, la contracción muscular está llena de energía; generalmente se excita una fogosidad ciega y una agitación incoercible; el entendimiento mismo es arrastrado en esa suerte de movimientos saludables y combinados. Sus funciones se alteran, muchas a la vez o parcialmente, y a veces redoblan la vivacidad. En medio de esta perturbación tumultuosa cesan las afecciones gástricas o abdominales, luego de una duración más o menos prolongada; la calma llega, y trae consigo en general una cura que es más sólida cuanto más violento ha sido el acceso, como lo demuestran las observaciones más reiteradas. Si el acceso está por debajo del grado de energía necesaria, la misma escena puede renovarse en un orden periódico, pero a menudo los accesos así repetidos disminuyen en intensidad y terminan por desaparecer". Es fácil comprender las consecuencias de una tal posición: es el "método expectante" de Hipócrates. El médico debe abstenerse al máximo de toda intervención que fuera a perturbar el desarrollo del ciclo natural de la enfermedad. Cuando el organismo haya desarrollado su reacción sobrevendrá "crisis", por la cual la enfermedad finalizará, por la eliminación de la "materia mórbida". Pinel consagra así un parágrafo a un caso de cura por erupciones cutáneas "críticas". Sin embargo, al médico le queda un papel importante: la ayuda que pueda brindar a lo largo del ciclo mórbido; podrá utilizar allí los medicamentos en el momento oportuno para ayudar al organismo en su tarea. Purgantes, evacuantes, vesicatorios, antiespasmódicos, baños fríos o tibios, e incluso sangrías, tienen de este modo un papel que cumplir, a condición de ser "moderados" y de ir en la dirección de la naturaleza; ya no se trata de tratamientos empíricos, utilizados sistemáticamente, sino de indicaciones terapéuticas limitadas y cuidadosamente regladas en base a la observación del caso individual, en la gran tradición de Hipócrates .
 
El tratamiento moral, en cambio, cuenta con todo su apoyo y su nombre quedó ligado a él. Si se debe dejar el cuerpo librado a su reacción natural, por el contrario, en la alienación mental, la mente alterada puede ser conducida nuevamente a la razón con ayuda de la institución curativa, pues finalmente se pueden relacionar las concepciones de Pinel  con un concepto de ese orden. Aún una vez más la Ideología funda la teoría, en particular el sensualismo por el cual, siguiendo a Locke y a Condillac, explica el origen de las ideas y en el que funda su confianza en la maleabilidad y, por ende, en la perfectibilidad de la mente humana. Los contenidos de la mente dependen de las percepciones y de las sensaciones y modificando éstas, se modifica, por intermedio, obviamente, de las pasiones, de la afectividad, único motor humano, todo el estado mental. El medio ambiente del alienado jugará entonces un papel capital en la cura. Es necesario aislarlo en una institución especial, primero para retirarlo de sus percepciones habituales, de aquellas que han engendrado la enfermedad o al menos acompañado su inicio; luego para poder controlar completamente sus condiciones de vida. Allí será sometido a una disciplina severa y paternal, en un mundo completamente regulado por la ley médica. Por el juego dosificado de las amenazas, las recompensas y los consuelos, por la demostración a la vez de un gran cuidado y de una gran firmeza, se lo someterá progresivamente a la tutela médica y a la ley colectiva de la institución, al "trabajo mecánico"  y a la "policía interior" que la reglan. El objetivo es "subyugar y domar al alienado poniéndolo en estrecha dependencia de un hombre que, por sus cualidades físicas y morales, sea adecuado para ejercer sobre él un poder irresistible y para cambiar el círculo vicioso de sus ideas". Para obtener este resultado, es necesario conducirse de una manera que suscite el respeto del alienado y su confianza; y para obtener esa "transferencia paterna" Pinel no carece de ideas. Primero, si a menudo es necesario intimidar al alienado, por ejemplo con demostraciones de fuerza es necesario, sin embargo, no emplear nunca la violencia ni los métodos degradantes: la dulzura y la comprensión bastarán a menudo; los agitados, por ejemplo, los furiosos, no serán encadenados, sino que se los dejará "divagar" por el parque del asilo, munidos simplemente del chaleco de fuerza, o en el peor de los casos, se los encerrará en celdas.
En ciertos casos, se montan estratagemas: representaciones diversas que "realizan" más o menos el delirio del enfermo, como ese melancólico convencido de que estaba en la lista de sospechosos de la Convención y a quien tres hombres disfrazados de jueces van a darle un certificado atestiguando su patriotismo.
A veces es el sarcasmo, el miedo, la confianza, un contrato firmado con el enfermo, la visita inesperada y cuidadosamente calculada de personas queridas que determinan el choque afectivo buscado y que sacan brutalmente al sujeto de su delirio. Otras veces, la vida regular del asilo, el aislamiento y el reposo, las ocupaciones que distraen (trabajo, la recuperación del pasatiempo favorito después de una larga interrupción) bastan.
 
Todo esto implica cierto número de recomendaciones institucionales: la proscripción de la violencia y de las vejaciones inútiles (cadenas, visitas de extraños) ciertamente, pero también la existencia de un personal numeroso y bien entrenado, habituado a observar y a comprender a los enfermos, un supervisor jefe que controle perfectamente a sus hombres y que esté totalmente consagrado al médico, locales que permitan aislar las diferentes variedades de alienados entre sí, sustraer a los idiotas de la mirada, espacio, posibilidades de trabajo para los enfermos. En suma, el asilo debe ser un centro de reeducación modelo y "panóptico"  en el que la sumisión es el primer paso hacia la cura; como lo hemos visto anteriormente, una educación mal hecha predispone a la locura; en el asilo, por el contrario, el sujeto adquirirá una educación modelo que se prolongará en los consejos profilácticos para evitar una recaída.
Vemos nuevamente perfilarse aquí las posiciones, éticas esta vez, de los Ideólogos: su movimiento es esencialmente filantrópico y social. En todos los dominios apunta a una reforma de las costumbres, a una sociedad sana y reglada, lejos de la decadencia del Ancien Régime o del tumulto revolucionario. Creyeron un instante haber encontrado en el primer cónsul al hombre que realizaría sus grandes proyectos sociales. De todas maneras, estuvieron en el origen de un vasto movimiento de asunción y de regulación del espacio social, por ejemplo, en el dominio de las prisiones.

Para concluir, comentaremos la posición de Pinel en relación a la anatomía patológica de la alienación mental. Esta posición está determinada por su desconfianza hacia los sistemas explicativos. Como reacción contra la opinión más corriente de la época, Pinel rechaza las teorías que dan cuenta de la locura por un daño material en el cerebro, o más bien rechaza la extensión a todo caso de locura de algunas constataciones aisladas: las autopsias que practicó no le mostraron nada constante ni específico; si existían lesiones, ellas podían deberse a la enfermedad que causó la muerte y no tener ninguna relación con la locura, le sucedió encontrar lesiones en personas que no habían presentado manifestaciones delirantes; finalmente, la mayoría de las veces ninguna lesión era perceptible en la locura. Concluye entonces que es probable que en la inmensa mayoría de los casos (exceptuados los idiotismos congénitos en los que una malformación cráneo-encefálica le parece frecuente), la locura está exenta de daño material del cerebro. Esta toma de posición tiene una primera consecuencia, la de proporcionar a la idea de la curabilidad de la locura una base teórica: el cerebro no está dañado, la mente solamente está alterada en su funcionamiento, de donde surge la acción posible del tratamiento moral y la curabilidad potencial de la locura en una proporción que estima muy elevada, al menos para la manía y la melancolía no complicada. En la demencia y el idiotismo las curas son raras: el entendimiento está tan disociado que el sujeto permanece inaccesible a las percepciones exteriores y, por lo tanto, a las influencias exteriores, éstas son sin embargo, posibles, especialmente en el idiotismo adquirido, mediante el uso del tratamiento físico estimulante. Pinel se yergue así contra el dogma de la incurabilidad de la locura, bastante extendido en esa época, y es esto lo que hace que le otorgue tanta importancia a la "manía" intermitente que constituye el tema de su primera memoria psiquiátrica (1797); aquella que versa sobre el tratamiento moral, y no es una coincidencia, es del año siguiente; la intermitencia es, en efecto, el modelo y la prueba de la curabilidad. Precisemos que la "manía" intermitente tiene aquí el sentido amplio de alienación mental; Pinel no ha separado, todavía, sus categorías nosológicas: cita allí, por ejemplo, cinco insensatos aquejados de una suerte de obliteración de las facultades del entendimiento o de lo que se puede nombrar una "demencia de imbecilidad". Se trata del género de casos que denominará más tarde idiotismo adquirido: ¡aquí lo da como ejemplo de manía intermitente! Entonces, no se puede comprender aquí manía más que en el sentido amplio de locura, es lamentable que Pinel mismo, en la memoria nosológica de 1799, remita, en el parágrafo sobre la manía (esta vez en el sentido restringido), a la memoria sobre la manía intermitente para establecer el carácter típico de un acceso de manía periódica para la manía en general. Es probablemente este género de imperfecciones debidas a la constitución heterogénea de la primera edición del tratado lo que llevará a su reestructuración completa en la segunda edición.
Pero, esta desconfianza hacia la anatomía patológica tendrá una consecuencia más importante a mediano plazo; la de colocar muy rápidamente a Pinel contra la corriente del gran movimiento anátomo-patológico que Bichat inauguró. Su posición escéptica en relación a la clase de las fiebres le valdrá los ataques furiosos de Broussais y finalmente una derrota completa. En relación a las neurosis y, por lo tanto, a la locura, será muy rápidamente atacado por el mismo Broussais  y abandonado por una parte de sus alumnos. Sin embargo, por un tiempo su posición permanecerá más sólida, pues se corresponde más con la realidad objetiva. Veremos cómo Bayle tendrá finalmente razón, con bastantes dificultades, por otra parte. Pero es importante ubicar la suerte de hiato que se introduce entre Pinel y su escuela psiquiátrica por un lado y el resto de la medicina de la época por otro. Puede ser atribuido en gran medida a la especificidad de los problemas que plantea el campo psiquiátrico y que, como veremos, es el factor dinámico de su organización en saber.

Por el momento retengamos sobre todo la distancia que Pinel introduce entre la observación de los fenómenos y el ensayo de presentar una teoría explicativa sobre los mismos, que oriente el comportamiento del practicante. Esa distancia fundamental y la jerarquía que se introduce así entre observación y explicación es la que funda la clínica y la que constituye la ruptura que opera, con una consciencia aguda de su originalidad, Philipe Pinel. Rompe así, en efecto, con esa suerte de unidad sincrética que hacía interpenetrarse sin límite neto la forma mórbida y el concepto que daba cuenta de ella.

Saviani, D. - Educación y posmodernidad

1. Posmodernidad
La posmodernidad es algo que ya se va configurando a partir de la década de 1950 y que está centrado en el problema de la informática, es decir, en una sociedad altamente automatizada, una sociedad de consumo de masas, referenciada por los medios de comunicación, por los signos; es, por lo tanto, un período en que los hombres se relacionan más con los símbolos que con la propia realidad. La posmodernidad lleva esa marca.
Lo moderno está ligado a una revolución centrada en las máquinas, en la conquista del mundo material, es decir, en la producción material, en la producción de nuevos objetos, en tanto que la posmodernidad está centrada en la producción de comunicación, en la producción de informática y, por ende, en la producción de símbolos. En vez de experimentar como lo hacía la modernidad, para ver como se comporta la naturaleza, la posmodernidad simula en modelos; es decir, toma una teoría, simula las consecuencias de esta teoría y utiliza básicamente para esta simulación las computadoras, y de acuerdo con el resultado de esa simulación, se producen o no los objetos. El mundo posmoderno está, pues, impregnado por la cibernética, por la robótica industrial, por los circuitos electrónicos, etc.
Desde la década de 1950 no solo comienza a circular la expresión “posmoderno”;, también se difunden las expresiones “posliberal”, neoliberal”, o “neocapitalismo”. Estas concepciones llevan la marca de una supuesta realidad estructuralmente nueva, o sea, de una sociedad nueva. El anonimato, aspecto vinculado con la cultura de masas, la sociedad de masas, la sociedad de consumo, los de comunicación de masas, está en la base de la organización de la empresa actual. Y esta forma de las sociedades anónimas es interpretada por la ideología neoliberal como si configurase la socialización del capital: el capital está socializado, porque está distribuido en un número infinito de capitalistas, ya que la sociedad anónima es justamente lo contrapuesto a la sociedad limitada.
Hoy, la clase dominante no sería ya la de los capitalistas, porque no son los capitalistas quienes determinan los rumbos de la empresa; son, ahora los gestores, los administradores, los ejecutivos, en otras palabras los tecnoburócratas.
La expresión “socialización del capital”, aplicada al mecanismo de las sociedades anónimas, es un bluff. La expresión esconde el fundamento real de dichas sociedades; ellas no se basan en la socialización del capital, sino por el contrario, en su concentración. Es la monopolización del capital lo que hace que la organización de las empresas adopte predominantemente la forma de sociedades anónimas. A medida que el capital se concentra, surgen los grandes monopolios que tienden a eliminar la competencia. Cuando una gran empresa se convierte en el fenómeno denominado multinacional, al inaugurar una filial en otro país, elimina a los competidores. Los pequeños capitalistas, que ven inviabilizados sus negocios, se tornan socios minoritarios, pasan a obtener dividendos del gran emprendimiento que es controlado por el gran capital y, en ese sentido, asumen un carácter parasitario.
Los gestores constituyen una franja social de ejecutores de las directivas que emanan de los intereses del gran capital. Quien dirige es el capital mayoritario; el ejecutivo tiene una relativa autonomía de decisiones ya que si estas entran en conflicto con los intereses del capital dominante tienden a ser apartados de sus cargos.
El fenómeno de las multinacionales implica una normalización, es decir, una igualación del consumo en las diferentes regiones del globo. Esta normalización también es un elemento del concepto posmoderno que se extiende desde el ámbito de la economía al ámbito de la cultura. Y la fase del capitalismo monopolista es un período culturalmente problemático.
El hecho de que la cultura fuera impulsada y tuviera un gran avance en los orígenes de la época moderna, de la sociedad moderna, de la sociedad capitalista, se debió a que la burguesía se había constituido como clase revolucionaria y, en ese sentido, era portadora de una nueva fase de humanidad que implicaba también un avance cultural. Pero, en la medida en que se va consolidando en el poder, la burguesía se esteriliza desde el punto de vista cultural. Surge un período en que la cultura se normaliza, pierde su creatividad, su vigor, su sistematicidad y se torna fragmentada. Esta fragmentación y superficialidad es una de las características de la denominada posmodernidad, y plantea, a su vez, un fenómeno peculiar de este período, el cual es el de la contradicción, el contrapunto, a veces paradojal, entre el avance material y esta especie de estagnación (esa palabra no es un error de tipeo! Jeje) cultural.
Con el ingreso a la denominada era de la automatización, estaríamos en el umbral de aquello que, con Marx y Gramsci, denominamos el “reino de la libertad”. Y ¿qué es el reino de la libertad? Es aquel período en que la humanidad consigue transferir las formas de producir su propia existencia hacia procesos objetivos. En ese sentido, la humanidad se libera y dispone de tiempo para usufructuar, para cultivar el propio espíritu, para disfrutar según sus deseos, sus gustos. Entonces, lo estético aflora plenamente. Grandes porciones de la población mundial mueren de hambre. Toda esa problemática queda oscurecida por la denominada posmodernidad, que significa gozar el ahora.
Hoy el período de la posmodernidad sustituye la frase de Descartes “pienso, luego existo”, por esta otra: “digito, ergo sum” (“tecleo, luego existo”). La posibilidad de objetivar los procesos de razonamiento corresponde a la fase en que el hombre sustituye por máquinas no solo las operaciones manuales sino también las operaciones mentales. Pero, lo que la ideología poscapitalista, la ideología de la posmodernidad enmascara o esconde es justamente el hecho de que todo ese proceso es producto de la mente humana, es un producto de la acción de los hombres en la Historia.
Lo que ahora ocurre, como ocurrió en la era de la máquina, es un proceso de fetichización
En el período de la modernidad, que tenía como referencia a las máquinas, se forjó  la ilusión de que las máquinas dominaban. Por eso los proletarios, durante la revolución industrial, eran inducidos a destruirlas porque las identificaban con sus enemigos. Las máquinas se volvían contra los trabajadores porque eran propiedad privada de los capitalistas.
En la época de la posmodernidad existe un fenómeno semejante, es decir, hay una identificación y hay una subordinación de los hombres a las máquinas actuales, a las computadoras.

2. El libro didáctico
El libro didáctico está obviamente ligado a la escuela. Vamos a referirnos a la historia de la educación para llegar a la problemática de la escuela, un fenómeno típico de la modernidad.
 El origen de la educación se confunde con el origen del propio hombre. A medida que el hombre se diferencia de la naturaleza, tiende a superarla, a transformarla para poder existir. El hombre comienza así su proceso educativo en estrecha relación con la realidad, con la materia, actuando sobre la naturaleza. En esos orígenes había un modo de producción comunal: los hombres se apropian colectivamente de los medios de existencia, se apropian de la naturaleza, primero bajo la forma de recolección y después bajo la forma de producción agrícola y de crianza de animales., el pasaje de la primera forma, de la forma primitiva, a la fijación a  la tierra como principal medio de producción, da origen a las clases y ahí se sitúa el origen de la escuela. Hasta entonces la educación se confundía con el proceso de la existencia.
A partir del momentos en que los hombres se fijan a la tierra surge la apropiación privada de la tierra. Se produce la constitución de las clases: una clase de propietarios de la tierra y una clase de no propietarios. De ahí surge la posibilidad de vivir son trabajar. Es en ese contexto que surge la escuela. Escuela en griego significa “lugar de ocio”. La escuela esa el local en que se reunían  los ociosos, ya que podían disponer de tiempo libre y dedicarse a las tareas que, por entonces, constituían la escuela. La clase que disponía de ocio se dedicaba  a los ejercicios físicos. Ese es el origen de la palabra gimnasio. Aquellos que tenían que trabajar para proveer al propio sustento y al del señor, es decir, los esclavos, esos no practicaban gimnasia, esos no hacían ejercicios físicos, o mejor, hacían ejercicio físicos, pero el ejercicio era el trabajo mismo. Por consiguiente, en sus orígenes la forma escolar era una forma subordinada, periférica de la educación. La educación propiamente dicha, la educación que abarcaba  a la mayoría de la población, era el trabajo mismo. La escuela era algo restringido porque se refería solo a una parcela privilegiada que vivía del ocio.
Esa misma situación se mantiene en la Edad  Media. Surgieron en la Edad Media las escuelas parroquiales, las escuelas monarcales y las escuelas catedralicias. Las escuelas catedralicias constituyen el origen de las universidades.
 “Ocio con dignidad”. Significaba pues ocupar el tiempo libre de una forma digna en lugar de dedicarse a las actividades consideradas indignas.
Pero ¿qué sucede con el surgimiento de la sociedad moderna, de la sociedad capitalista? Sucede que el eje de la organización social se desplaza del campo hacia la ciudad, de la agricultura a la industria. En la Edad Media la ciudad se subordinaba al campo, la industria se subordinaba a la agricultura. La modernidad desplaza el eje de este proceso desde el campo a la ciudad. Los excedentes producidos en la Edad Media posibilitan una intensificación de los intercambios, de las actividades mercantiles; esto configura, entonces, determinados centros de trueque, las ferias, que son el origen de las ciudades en la época capitalista,
Las ferias se convierten en ciudades. Se pasa entonces de una fase de intercambio de mercancías a una fase de producción para el comercio. Si hasta entonces hubo una sociedad fundada en lazos naturales, es decir, en las ideas de comunidad, ahora, la idea de comunidad es superada por la idea de sociedad, es decir, algo construido por los hombres y que ya no es considerado como producto, como una prolongación de la propia naturaleza. En la organización de la sociedad moderna, aparece el derecho positivo en lugar del derecho consuetudinario. Siendo la ciudad un hecho artificial, de ahí deviene no solo la sociedad contractual sino también la exigencia de generalización de aquellos elementos que integran la vida de la ciudad; entonces, la generalización de la escritura es considerada como una exigencia de este tipo de sociedad. Y es así que la forma escolar de la educación deja de ser la forma secundaria y subordinada y pasa a ser una forma dominante de la educación. Educar pasa a ser escolarizar. No es casual que sea precisamente la sociedad burguesa la que va a levantar la bandera de la escuela pública, universal, gratuita, obligatoria y laica.
Hoy hemos llegado a una situación en que podemos pensar a la escuela sin la educación, pero ya no podemos pensar a la educación sin la escuela. Para ser más preciso: podemos pensar en la educación extra-escolar pero no podemos pensarla sin la escuela.
Puesto que educación escolar es definida positivamente, se puede efectuar la eliminación de uno de los términos y hablar simplemente de escuela, y todo el mundo entienda que se trata de educación; o se puede hablar de educación sin añadir el adjetivo escolar  y todo el mundo entiende en seguida que el término educación evoca por sí la cuestión escolar.
La escuela está hipertrofiada, tanto vertical como horizontalmente. En sentido vertical existe no solo la tendencia a ampliar el tiempo de escolaridad de nivel secundario hasta la universidad, del grado al posgrado, y así sucesivamente, sino también una tendencia a ampliarla anticipando su inicio: la educación denominada pre-escolar o educación infantil
La escuela es, por lo tanto una expresión de modernidad. Este fenómeno de la tendencia a la hipertrofia de la escuela está asociado a una tendencia contraria, que podríamos denominar de atrofia escolar. Es una situación en cierto modo paradojal: porque, por un lado, hace mucho tiempo que existe una reivindicación expansiva de la escuela y, por otra parte, hay una tendencia a su vaciamiento, a su desvalorización.
Esta desvalorización de la escuela tiene que ver con la dificultad que el período neo-capitalista, la era posmoderna, encara al lidiar con la cuestión de la cultura. Como ya se ha señalado, esta es una época de decadencia, de crisis cultural. Y consiguientemente, también es una época de crisis para la educación y para la escuela.
La decadencia de la cultura se expresa en la mencionada crisis de la educación y de la escuela.
Ciertos ejemplos muestran el vaciamiento del trabajo pedagógico en la escuela y eso está relacionado con la crisis cultural característica de la era de la posmodernidad. La escuela se impregnó de la atmósfera propia del “nuliverso posmoderno”.
Clásico es lo que resistió a los embates del tiempo, lo que aunque haya surgido en un tiempo determinado, sobrevive a esa época, tiene un carácter en cierto modo permanente  y, por eso mismo, se mantiene válido para épocas posteriores. Lo que es contemporáneo también puede alcanzar el status de clásico. Y lo clásico en la escuela es la transmisión-asimilación del saber sistematizado. Un currículum es, pues, una escuela funcionando, es decir, una escuela que desempeña la función que le es propia. Por lo tanto, el contenido del libro didáctico no debe estar constituido por lo antiguo o lo tradicional ni por lo moderno o posmoderno: su criterio debe ser lo clásico.
¿Cuál es la marca distintiva de la época moderna? Es la revolución industrial. ¿Y cuál es la marca de la revolución industrial? La máquina a vapor, las locomotoras. Y puesto que los medios de comunicación y de transporte fueron revolucionados por la introducción de la máquina a vapor, ¿hubiera tenido sentido pensar en llevar la máquina a vapor al salón de clase, en llevarla adentro de la escuela? Obviamente, no se trata de eso. La escuela debe garantizar la comprensión de las nociones, de los conocimientos, de los principios científicos que hicieron posible la construcción de la máquina a vapor. La cuestión de la relación entre la computadora y la escuela se plantea de forma semejante. La función de la escuela no es enseñar a teclear. Le corresponde, eso sí , garantizar la comprensión de las bases, es decir, proporcionar un dominio más sólido con respecto a aquello que fundamente a la posibilidad de existencia de las computadoras de modo tal que, a partir de allí, el hombre pueda lidiar con ellas y comprender sus mecanismos. Colocar a los individuos en contacto directo con estos artefactos puede dar lugar a una relación muy familiar; pero una familiaridad obtenida por identidad, por indiferenciación, una relación fetichizada.

Bonicatto, E. - Detras de los muros, siempre hay otros. No mas pretextos para conservarlos.

Este trabajo es la continuación de otras propuestas sobre el campo educativo, realizadas en otros encuentros nacionales e internacionales.

Nuestra actividad como docentes, terapeutas y ciudadanos, nos hace reflexionar sobre los acontecimientos que en esos campos ocurren, como también en los extracampos de los mismos. Siempre tratando de encontrar los rizomas que los conectan, para de esa forma aproximarnos a leer las políticas que allí se despliegan.

Durante los últimos años, entre muchas cosas, se nos invita, sutilmente, a quedarnos reducidos a espacios cerrados o a espacios semiabiertos. A no mezclar lo público con lo privado y viceversa, si no es a partir de determinados mandatos, los cuales cuentan con reglas y modas específicas.

Se intenta que los espacios públicos, como es la universidad, sea cerrado, por un lado sobre si misma y por el otro hacia la comunidad, un espacio este que es público y abierto. A pesar de que en la realidad se intente mostrar otra cosa distinta y se elaboren estrategias que así lo avalan, las mismas no son más que una simulación al desplegarlas.

Las formas de negación de todos los espacios para sí mismos, como para con los otros, no es casual. Esto se da en pequeñas instituciones comunales, municipales, nacionales y de las distintas regiones de nuestro continente.

El encubrimiento de estas formas de esclavismo sutiles, se disimulan a partir de las políticas, no tan recientes, de la denominada globalización, la cual regula y administra, su pensamiento único, ante las multiplicidades de políticas educativas que se pueden oponer a ella.

Las políticas del pensamiento único, pueden ser adjetivadas de varias maneras, consideramos que para no abundar en ello, elegimos  algunos términos, los cuales no intentan clausurar las posibles definiciones de aquel. Tan sólo para graficar esto mencionaremos tres: perversión, paranoia y simulación, los cuales remiten a un gran menú de signos, en los cuales podremos encontrar el reflejo de las realidades en la que nos encontramos, seamos del lugar que seamos, pertenezcamos al sector social que nos toca, seamos sujetos singulares, particulares o colectivos.

Nos preguntamos aquí si la mega especialización de los análisis que se realizan de las situaciones que atraviesan los distintos sujetos sociales, no son más que intencionales en muchos casos, ya que en la mayoría, sus necesidades, la solución a las mismas, casi nunca o nunca llegan, es acaso una forma más de la sutileza corporativa, que administra los recursos de la caridad y orienta hacia quien se destinará, esto también afecta la educación, en sus estilos formales y no formales, en qué se debe y cómo investigar en este mundo.

Para abrir los muros de las instituciones, permitiendo que los flujos internos y externos se conecten y comuniquen, aplicamos en nuestro trabajo cotidiano, como docentes, un doble encuentro. Por un lado llevando a nuestros alumnos a lugares abiertos y públicos, como son las plazas del barrio donde se encuentra la facultad. De esa forma, los  alumnos, nosotros y la gente, se ponen en contacto, haciendo conocer cada uno sus necesidades y plantearnos cómo inventar soluciones para ello. De esta manera se disuelve el planteo dualista que nos propone el sistema vigente, el cual cuenta con muchos años de antigüedad, dado que desde Platón hasta la fecha, la formas de relacionarlos y ver las cosas son duales. Los puntos de vista de cada uno, se deben dejar de lado, sean estos del orden que sea y sea quien sea el que los propone.

El reduccionismo dualista es el que nos hace entender que la gente muere por que es mortal simplemente, pues bien "el hombre no muere porque es mortal (ni tampoco miente porque es "mentiroso", ni tampoco ama porque es "amor"): muere porque no come suficientemente, porque lo reducen al estado de animal, porque lo matan", como nos dice Chatelet.

Las comunidades cuentan con saberes y las universidades con otros, debemos establecer formas de comunicación que disuelvan los muros de políticas bipolares que los intentan separar en forma sistemática y permanente, infectando  las currículas con estrategias e información que terminan enfermando la lógica de los alumnos y docentes, y desarrollan políticas de distanciamiento y desconfianza mutua.

La otra forma que llevamos adelante para conectar a la comunidad con la institución facultad y sus alumnos, es la de que ellos realicen representaciones, que ellos mismos inventan, en donde hacen intervenir la realidad y sus protagonistas, enfrentándola a los textos que tienen que estudiar. En cada una participan no sólo los alumnos, sino también, una serie de extras, como lo son los docentes de distintas instituciones educativas, las madres de los mismos alumnos, y el conjunto de actores sociales que la realidad y los mismos textos invocan o sean necesarios para el fin de la representación.

Ambas formas de conexión, logran ubicar a los alumno, a los docentes y a todo aquel que participa, de una forma totalmente nueva frente a la realidad, no sólo del pasado sino de todos los días y con sujetos con los que se puede dialogar y confrontar todos los puntos de vista que surgen, para ir encontrando planos de soluciones o de aproximaciones a las mismas. En donde el cuerpo de todos, no queda en el lugar que se le destino desde los mandatos pasivos y anacronizantes, sino el de activos y participantes.

Se intenta lograr corregir, ampliándola con esto, las políticas de extensión universitaria, mostrando que si es posible otras formas de llegar a la comunidad y de ella a nosotros.

Entre muchos saberes que vienen y circulan en estas formas de encuentro, pasan desde aprender a hacer pan, a que los padres que sólo pudieron participar en la educación de sus hijos se remonta a sus niñez, puedan hacerlo ahora en un momento no previsto ni por ellos, ni por sus hijos y mucho menos por las instituciones educativas universitarias a las que acuden.

Consideramos que estos sencillos ejemplos, como todos los que no mencionamos por razones de espacio y tiempo, sirvan para que se inventen otros y se puedan intercambiar a partir de la materialización de múltiples redes de comunicación, que se debe dar entre las distintas comunidades del cono sur de américa y de todas aquellas que quieran hacerlo, respetando todos los puntos de vistas, sin ningún tipo de recetas de laboratorio, para encontrar soluciones y las instituciones educativas de todos los niveles.

Todos los elementos y formas en que las redes se inventen para la comunicación, no deben ser siempre fijas, así no quedarán  dependientes de las mismas los sujetos que en ella circulan. Y esto por qué. Porque la fijación implica inmovilidad, comodidad, pasividad, dependencia. Para dar un ejemplo, diremos que la utilización de las pistas de Internet, son hoy por hoy muy útiles, sumamente rápidas, pero no tienen por que ser la única forma de comunicación potencialmente vital, a pesar de contar con un elemento básico que caracteriza a nuestro tiempo, el de la velocidad. Cada comunidad debe inventar y encontrar esas formas que hacen posible su comunicación con los otros y no olvidar que lo que se comunican son experiencias donde el cuerpo está en contacto con el otro y que ese otro no es una metáfora, una ficción, una virtualidad, un holograma, es un ser humano como cada uno de nosotros.

Consideramos que las múltiples redes que se inventen para comunicarnos, contemplen a todas las comunas, municipios y naciones de esta región continental.

Sugerimos que se realicen encuentros para elaborar currículas educativas, donde se muestren todas las problemáticas de los distintos pueblos de la región, para que se pueda colaborar en las soluciones, en conocer a partir de la producción de conocimiento colectivo, particular y singular las culturas diversas y reflotar aquello perdido y necesario para reafirmar nuestras identidades. Con la educación formal, con la invención de nuevas redes de comunicación y la utilización de las que tenemos, debemos elaborar documentos que se intercambién, dejándolos en todos aquellos lugares que sean accesibles, para ser consultados y discutidos en forma permanente, sobre cómo mejorar nuestra educación en el sentido más abierto posible.

Nos vamos a referir muy brevemente a la educación no formal. Para ello hemos elegido, los juegos con los que la gente se entretiene dentro y fuera de su casa, sin hacer ningún tipo de diferenciación de la población que los consume. Estos juegos a los que nos referimos son los denominados "simuladores", como ejemplo de ello mencionaremos al "simcity", que surgieron en la última década del siglo pasado. Estos juegos son totalmente educativos y por el otro lado entretenidos, ellos transmiten no sólo una currícula enlatada, sino también, una serie de valores y de consignas, para poder llegar a ganar, que se asemejan a las formas en las que los organismos internacionales financieros se relacionan con nuestras naciones. Un arsenal de límites se le imponen al jugador, el cual debe disponer de cierta cantidad de elementos, entre los cuales se encuentra el dinero, de cierta eficiencia, de cierta maldad, que lo pone al límite de su propia subjetividad. Cuando son consultados sobre sus juego, para ellos, es sólo eso un juego, pero a la hora de reflexionar, sobre la relación de los mismos con la realidad, muchos siguen entendiendo que es sólo un juego, una simulación, que la realidad es otra cosa y no hay conexión posible. En realidad son decires patéticos, que en última instancia no acusan recibo de nada, lo cual lo hace  más grave aún. Es la misma literatura de ciencia ficción, el mismo cine el que nos permite ver que todo ejercicio imaginario de simulación, termina muchas veces siendo una realidad siniestra. Esta forma educativa que recibimos de simulación nos remite a entender que detrás de ella se juega la falsedad, el fingimiento, el doblez, el simulacro, todos antónimos de la verdad y de la sinceridad.

Nos educamos por muchas vías, por donde se determinan y fijan normas y valores que tienen que ver con la ficción, la gatería, la hipocresía, la farsa, el disfraz, la maniobra, la deslealtad.

Debemos tratar de encontrar redes múltiples de educación, donde circulen por ellas la verdad, la realidad, la honradez, la candidez, la franqueza, la claridad, la justicia.